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Rosa no sabe pedir perdón. Si hubiese aprendido, quizá ella y yo aún estaríamos juntos.
No pide perdón ni perdona. Buenas tardes.
Buenas tardes, raúl. ¿querías hablar conmigo, papá?
Si no quisiera hablar contigo, no habrías vuelto a pasar por esa puerta. Todos estos son sospechosos, señora.
Tienen más o menos la edad del hombre que le disparó. Obsérvelos con calma.
Hay tiempo, señora. Sí.
Creo que debo dejarlos solos. No te enfades, pero mi hijo y yo necesitamos platicar a solas.
No, no, ¿por qué voy a enfadarme? Entre padres e hijos se necesitan diálogos que no deben de tener testigos.
Hasta luego. Hasta mañana.
Hasta mañana, ricardo. Siéntate.
Bueno. ¿puedo pedirle a amalia que me sirva un trago?
En esta casa ya no hay tragos. No deja de ser una mala noticia.
¿para qué me mandaste llamar? Hola, hijo.
Hola, papá. ¿y paulette?
No ha regresado. ¿salió temprano?
Sí, con ana de ubiges. Vuelve a buscar a su hija.
Ay, pobre paulette. Ojalá pudiera encontrarla.
Sí, sería lo mejor, porque nuevamente está muy nerviosa. Mi hija y no encontrarla.
Quiero que me digas, ¿qué es lo que ha pasado entre rosalía y rosa garcía y tú? ¿entre rosa garcía y yo?
Qué rápido corren los chismes. ¿qué te contaron?
Tengo buenas fuentes de información. Así es que, por favor, no vayas a empezar con negativas.
Hasta ahora no he negado nada. Viste a rosa en la fonda que está cerca de la juguetería.
Sé que estaban ustedes hablando. ¿cómo se atreve a pensar eso de mí?
¿cómo es posible que piense usted eso de mí? Pronto ella te tiró la comida encima.
¡migroso, coñón! ¡migroso, desgraciado!
No creo que te extrañe. Tú la conoces.
Rosa nunca reacciona a través de un capricho. Le habrás dado un motivo.
¿cuál fue? ¿está usted segura, señora?
Creo que es él. La verdad, lo pude ver solo unos segundos.
Señora, ya sé que para usted debe ser una molestia por su estado, pero mañana tendrá que ir a las oficinas de la procuraduría a reconocer al individuo. La verdad, tengo miedo.
¿miedo? De enfrentarme otra vez con ese rufián.
Quédese tranquila. Usted podrá verlo a él, pero él no podrá verlo a usted.
Entonces, hasta mañana, señora. Solo le pedí que intercediera contigo para que me levantaras el castigo.
¿por qué acudiste a rosa? Papá, hablemos como personas civilizadas.
Todos saben cuánta influencia tiene rosa garcía sobre ti. Óyeme, ¿qué quieres decir?
Bueno, no es que yo haga caso a murmuraciones, pero tu debilidad por ella es evidente. Evidente.
Evidente y acabo de despedirla. Suele suceder cuando un hombre consigue algo de una mujer y termina cansándose de ese algo.
Quiere quitársela de encima. ¿eso le dijiste?
¿eso le diste a entender? Está solo, todavía eres joven.
Si te hace falta la compañía de una mujer, ¿quién puede reprochártelo? No eres mi hijo.
Eres mi vergüenza. Pues tú le rezas a la virgencita de guadalupe y dices que te ayudará.
Siempre me ha ayudado. Sin embargo, bien ingrata que fuiste con ella.
¿por qué ingrata? Pues la virgencita te consigue esa chamba de la juguetería y la pierdes por tu carácter de peleonera.
Se me ofendieron. Me ofendieron, me llegó muy adentro.
¿en serio? Tanto que ya ni me mordí para callarme.
Pues, ¿sabes qué, manina? Yo tengo una idea.
Ay, mija, tú y tus ideas. ¿qué se te ha ocurrido, rosa?
Es que, bueno, siempre que paso por ahí, a dos cuadras de la juguetería, hay unas oficinas de aviones. Bueno, ¿y eso qué?
Bueno, pues, ¿cómo que qué? Pues mañana me voy a dar una vuelta por allí.
A lo mejor agarro chamba. Ay, mija.
Pero, ¿qué vas a hacer tú en un lugar de esos? Pues, ¿cómo?
De azafata allí. ¿de qué?
Ay, hija, pues de las veas que van ahí dentro de los aviones. Están sirviendo el café a la gente, a la que se sube a los aviones y viaja.
¿a poco no la has visto en las películas? ¿eh?
¿sabes qué? Me voy a ir con el vestido nuevo que me compré ese para navidad y, pues, a ver.
Pero esos se llaman aeromozas. No, también se llaman azafatas, hija.
Entonces, me voy a poner el vestidito y voy a ver si consigo chamba, ¿no? ¡peligro, peligro!
Déjate de echar la sal, ¿eh? ¡peligro, peligro!
Peligro lo tienes tú, fíjate, hijo, porque siga... En un de esos te voy a dejar sin plumas, ¿eh?
Te voy a hacer mole. Papá, no te exaltes.
Estás enfermo. Puede hacerte daño.
¡manchaste a la muchacha más limpia! ¡me obligaste a ser injusto con ella!
¡eres un cerdo! Cuidado, papá.
Podrías obligarme a que me defendiera. ¡fuera!
¡fuera de mi casa! ¡fuera!
¡lárgate para siempre! Mamá dejó algún dinero y nunca me diste cuenta.
¿alguna vez vamos a hablar de ello? Fuera.
¡fuera! Ay, señor, ¿qué tiene, señor?
Parece mentira. ¿ya no te vas a comer un postrecito?
Es que pienso en rosa. Aunque la despidieron, no puedo ni pasar bocado.
Yo también estoy triste. Y esta vez no es por mi novio.
¿pero qué pudo haberle pasado el viejo para que la pusiera de patitas en la calle? Rosa no dio explicaciones.
Ella nunca da explicaciones. Es un pedazo de pan, pero cuando se mete en ella misma no la sacas de ahí ni con una yunta de bueyes.
Hasta le rompió la cara a manrique el sobre con la lana. Y al fin y al cabo era de ella.
Tiene el orgullo de los pobres. Bueno, pues, a lo mejor me quita la pena el comerme un postrecito, ¿no?
Bueno, ¿sabe qué? Tráigame, por favor, unos chongos, unas natillas y una bola de nieve de limón.
Nada más una, si ves que no tengo mucha hambre. Enseguida.
Virgencita, te lo pido. Échame la mano.
Yo quiero servir para aeromoza. Pero lo necesito.
A ricardo ya se le hizo costumbre faltar a la hora de cenar. Tenía cosas que hacer.
Me podía haber avisado. No, ten un poco de paciencia.
Pronto te casas con él y entonces lo tendrás contigo. Hasta cansarte.
Dios mío, qué milagro es este. La señorita cándida ha bajado a cenar.
Sí, es un milagro. ¿cenarás con nosotros?
Si nadie ha borrado mi lugar en la mesa. Tu lugar en la mesa siempre te ha esperado.
Y es una suerte que vuelvas a ocuparlo. José de jesús, pon cubiertos en el lugar de la señorita cándida.
Sí, señor. Siempre encerrada en tu recámara.
Es una buena idea que te reintegres a la familia. Te ves muy guapa hoy.
Una mujer siempre debe ponerse guapa para recibir a su hijo. Vanessa.
¿qué? Te agradezco la cena.
No tienes por qué. Marido y mujer sentados a la mesa cenando.
No es lo natural. Es que hay algo natural entre nosotros.
Ay, eduardo. Tengamos la fiesta en paz.
Fiesta. Alguna vez supe lo que quería decir esa palabra.
De todas maneras, gracias. Aunque me haga una pregunta.
¿cuál? ¿esto es una cena o una comedia?
Perdóname. El perdón tengo que pedirlo yo.
Cándida, ¿qué hijo? A veces pienso que voy a tener un hijo.
Siempre me olvido. No lo tendré.
No lo tendré. ¿qué haces, mija?
Ay. Me estaba probando el vestido que me compré el otro día.
Es que la oficina de los aviones es muy elegantiosa. No puedo llegar así en jeans, tenis y gorrita.
Ay, rosa. ¿cuántas ilusiones te haces?
Pues así soy, marina. Si cada vez que pierdo una ilusión, pues gano otra.
Pero si tienes toda la vida por delante para pensar así. Pues por mí no va a quedar, ¿eh?
Porque voy a hacer todo lo posible por conseguir esa chamba en los aviones. En esto sí hay muy poca clientela.
Desde que rosa se fue, ha bajado mucho. Deberías de decirle que volviera nuevamente.
No. No va a querer.
Y hace muy bien después de todo. ¿ustedes otra vez?
Venimos a buscar al muñoz. Muñeco, ¿pero qué pasa ahora?
¿no lo tuvieron que soltar porque no había pruebas suficientes en mi contra? Tendrás que acompañarnos otra vez.
Ya no le esperes, señora. Esta noche no regresa.
Buenas, caridad. Voy a conseguir una chamba nueva.
¿otra chamba? ¿y la juguetería?
No, pues ya no trabajo ahí. Ahí después te cuento.
Ay, pues que tengan más suerte entonces. Pues ojalá la necesito porque luego se me olvida que la tengo.
Pues luego regresa. ¿luego?
Bueno. Nos vemos.
Que nos traigas buenas noticias. Gracias.
Ellos no pueden verla a usted. Obsérvelos con cuidado.
Reconocen a alguno de ellos al que le hizo los disparos en su departamento. Así que fue culpa de tu hijo.
¿ves cómo la conducta de rosa tenía una explicación? Rosa se sintió herida en su dignidad.
Reaccionó como una fiera. Ahora la justifico.
Ángel, ¿puede ser sincero conmigo? Es más fácil que ustedes coman el domingo para llegar.
Buenos, buenos días. Buenos días.
¿en qué puedo servirle? Este, yo quiero saber quién es el que manda aquí, ¿eh?
Pues como en todas partes, el jefe. El que está ahí.
Ah, bueno. Con permiso.
Óigame, no. Usted no puede entrar así.
Ay, perdón. Buenos días.
¿quién es usted? Señor fajardo.
Entró sin mi permiso, ¿eh? Está bien, paulina.
Retírese. Sí, señor.
Le he preguntado quién es usted. Este, yo soy rosa garcía.
Para servirle a usted. Pero, ¿por qué entra aquí sin pedir permiso?
Es que, mire, señor, yo busco una chamba. ¿que busca qué?
Lo que acabo de decirle, una chamba. Sincero.
Aunque tu hijo raúl haya actuado con esa falta de respeto, ¿no habría algo de verdad en lo que dijo? Ricardo, pero...
No sentirás por rosa garcía algo más que la simple simpatía entre un jefe amable y una empleada digna de que sean amables con ella. ¿no te habrás enamorado de rosa garcía?
Así que usted busca... La chamba, la chamba.
Querrá decir un empleo. Es la misma gata, nomás que revolcada.
No, no es igual. Bueno, ¿usted tendría un empleo para mí?
Señorita, este no es el procedimiento habitual para obtener un puesto. Ah, ¿no?
No. Aquí, para conseguir una chamba...
A ver, ¿qué decís? Yo también dijo chamba.
Quiero decir, un empleo. Pues hay que actuar de otra manera.
¿y de qué otra manera? Siéntese.
No puedes estar hablando en serio, ¿verdad? ¿por qué no?
Por la diferencia de edades. ¿cómo está don ángel?
¿ya mejor? Sí, leonela.
A ti ni te pregunto. Siempre está bien una novia a punto de casarse.
Supongo que lo tendremos en la fiesta de nuestra boda. Bueno, ya sabes que estoy convalesciendo y me han prohibido muchas cosas, pero podría ser una excepción.
Hágala. Ricardo y yo se lo agradeceremos.
Voy a la prueba del vestido de novia, ricardo. Ah, ¿también?
Así es, en estos casos. Hasta luego, cariño.
Hasta luego, leonela. Buenas tardes, don ángel.
Hasta luego. Y salúdeme a su hijo, raúl.
Prefiero no hablar de mi hijo, leonela. Disculpe.
Me hiciste señas para que me callara. Leonela sabe que recomendé a rosa para un empleo, pero ignora que te la recomendé a ti.
¿y eso? Es largo de explicar y debo conservar el secreto, pero estábamos hablando de la edad de rosa.
Y de la mía. Yo ya no estoy para romances.
Ni siquiera para aventuras. Voy a cumplir 50 años.
Pues, te ves mucho más joven. Tu matrimonio fue feliz.
Mucho. Pero sabes, dios hizo perfecto al hombre, puesto que le enseñó a olvidar.
Yo no olvidé, ricardo. Aprendí a recordar.
Y gracias a quién aprendiste a recordar. ¿gracias a rosa?
Ángel. Aún estás en condiciones de rehacer tu vida.
Hombres mayores que tú lo han hecho con toda facilidad. Pero entiendo tus escrúpulos.
¿escrúpulos? Rosa fue mi mujer.
Y seguramente ese detalle te impide aceptar lo que sientes por ella. ¿hasta cuándo van a tenerme aquí?
Creo que no vuelves a salir a la calle por mucho tiempo. Pero si yo no he hecho nada.
No he cometido ningún delito. Eso dices tú.
Sin embargo, hay una mujer que te ha identificado como el que quiso asesinarla a tiros. No creo que encuentren nada.
El muñeco es inocente. Nosotros creemos que no, señora.
Mira, mendoza. ¿qué me dice de esto, señora?
El muñeco lo tenía para su protección personal. Miren, las noches por aquí son muy peligrosas.
Para su protección personal. Vamos a ver qué dice nuestro jefe de esta arma.
¿dónde cree que podría colocarla? Allí en...
Allí con las... ¿cómo se...?
Aeromozas, con las aeromozas, ¿no? Una aeromoza no se improvisa.
Debe hacer un curso, tener determinadas condiciones, idoneidad. Entonces yo no tengo eso que usted dice.
Hace falta dominio del idioma. ¿usted sabe hablar inglés?
Eh, no. No, no, no sé.
Pues para trabajar en una línea aérea hace falta que usted sepa hablar inglés. Mire, jefe.
Yo, la neta, soy... Pues medio tapada, ¿no?
Pero la verdad, cuando le meto al trabajo y me empeño, pues yo me empeño de verdad. ¿sabe qué?
Mejor voy a buscar a alguien que me enseñe a hablar inglés y entonces en 20 días regreso para que usted me dé la chamba. No hay que ser así, ¿sale?
¿cómo te dejas llevar? Por la fantasía, ricardo.
Yo admiro a rosa garcía por su integridad. Eso es todo.
Pues si la admiras, ¿por qué no la reintegras a su trabajo? Me faltó el respeto.
Sus compañeras de trabajo lo saben. Yo quedaría en una situación desairada.
Piensa en la situación en que ha quedado rosa. Lo siento, ricardo, pero no puedo retroceder.
Es de sabios cambiar de opinión. Lo siento, ricardo.
Si rosa es obstinada, yo soy tan obstinado como ella. ¿y si decidiera pedirte perdón?
De veras se lo digo. Hablar inglés no se aprende en 20 días.
¿y entonces? Nada puedo hacer por usted.
Busqué trabajo en otro lado. Está bien, mi modo.
Pero, pues, de todas maneras, este, muchas gracias, ¿eh? Con permiso.
Si rosa me pidiera perdón lo consideraría, pero en este caso rosa tuvo la razón. Ella lo sabe y no va a agachar la cabeza.
Me consta. Bueno, hasta pronto, ricardo, y gracias por tu buena voluntad.
Hasta pronto, ángel. Que te vaya bien.
Podría jurar que ángel está enamorado de rosa. Es lo que temo.
Lo que debe preocuparnos ahora es el porvenir de rosa. Algo dijo de la huerta que me dio esperanza.
¿qué? Si rosa le pidiera perdón.
Si rosa estuviera equivocada. Quizás se lo pediría.
Pero esta vez no se equivocó ella. Se equivocaron nosotros.
No pedirá perdón. Déjenme a solas con él.
Muñeco. ¿qué me dices de esta arma?
¿la encontraron en tu habitación? La, la tenía por protección.
El barrio donde vivo es algo peligroso. Faltan proyectiles en la cámara.
Fue disparada hace poco. Los proyectiles que hirieron a la mujer que te identifica como su agresor salieron de esta arma.
Será mejor que confieses. Estás descubierto.
Bueno, ¿pero robaron algo en la casa de esa mujer? No, nada.
Entonces, ¿qué, qué, qué ganaba yo con querer matarla? Te lo encargaron, seguramente.
Fue eso, ¿verdad? Te encargaron que la mataras, ¿no?
Sí, sí, esa es la verdad. Lo hice yo.
Lo hice porque me lo encargaron. Yo traté de matar a esa mujer.
No fue por mi cuenta. Me pagaron para que lo hiciera.
¿quién te pagó? Un hombre.
¿cómo se llama ese hombre? Ramón...
Mabaladez. A mabaladez lo mataron la otra noche a puñaladas.
Y cuando se te llamó a declarar, aseguraste ser inocente. Sí, jefe.
Le juro que yo no lo maté. ¡yo no lo maté!
¿acaso dije que hayas sido tú? Jefe, te faltó el respeto.
Si es así, dímelo. Dímelo porque me voy a la juguetería y le rompo el alma.
Mami, a ver, bájale, por favor. Tú no le vas a romper el alma a nadie, por favor.
Me corrieron porque tuvimos una discusión. Fue por un asunto de la chamba.
Y en cuanto a eso de que si me faltaban el respeto, pues tú ya sabes que no les voy a dar chance a nadie. Rosa, ¿y qué pasó con lo del trabajo de la compañía de aviación?
No me la dieron. Es que ¿por qué no?
Sé hablar inglés. No, rosa.
Por eso hay que tomar cursos, estudiar. Pues eso me dijeron.
Ay, qué bonito. ¿sabes una cosa, ernesto?
De pronto se me acaba de ocurrir una idea. ¿cuál?
Que tú me consiguas una chamba. Y por fin confesó.
Dijo que le habían pagado para eliminarla. ¿quién?
Un tal ramón valadez. ¿lo conoce usted?
No. Nunca he conocido una persona con ese nombre.
Ramón valadez murió la otra noche. Al parecer en un arreglo de cuentas.
Pero parece que a ese ramón valadez, el encargo se lo había encomendado otra persona. ¿quién?
El detenido lo ignora. Según él, ramón valadez nunca le dijo su nombre.
Y ahora ramón valadez está muerto. Señora, ¿no cree usted que determinada persona, por un motivo o por otro, haya querido eliminarla?
No sé, no sé. ¿desean probar más queso parmigiano?
No, es todo. Gracias.
Bueno, por fin regresamos a méxico, ¿no? Ya te dije que es demasiado pronto.
Pero no pensemos en eso, ¿quieres? ¿qué te pasa, dulcina?
Es que me extraña esa decisión tuya. La estamos pasando de maravilla, ¿no?
Mejor imposible. ¿tú quieres regresar?
No. Pues entonces, ¿qué tiene de extraño que quiera prolongar nuestro viaje?
Es que tengo una sensación. ¿cuál?
Que tienes miedo de volver a méxico. Por dios, dulcina.
¿qué tonterías dices? El cuatachonis, el...
Ese amigo tuyo que te presta el camión, me dijiste que tiene otros camiones, ¿no? Y tiene choferes que se lo manejan.
¿cierto? Sí, sí, claro, sí.
¿no podía yo chamar ahí manejando uno de los camiones? ¿qué carátula pusieron los dos?
Bueno, pues, ni que hubiera dicho un disparate, ¿o qué? ¿ah, no?
¿y qué dijiste entonces? Tiene de malo que maneje yo un camión.
A ver. He visto muchas mujeres ahí en la calle manejando taxis y camionetas y coches y todo.
¿por qué yo no puedo? Rosa, ellos aprendieron a manejar.
Pues, ahí está. Pues, yo también puedo aprender, ¿no?
Pues, sí, pero no con el camión de mi cuate. Ay, hijo.
¿no entiendes que yo necesito chambear, hijo? Sí.
En trabajos adecuados para ti, rosa. No manejando camiones, por favor.
Ernesto tiene razón, mija. Mira, si me tropezo en la vida con pura gente como ustedes ya y como la de la compañesa de aviación, es que nunca va a conseguir nada.
Tienen que entenderme que yo necesito trabajar, hombre. Hola.
¿qué pasa, hijo? Qué sorpresa.
Y ya le dije, ¿eh? Nada de tabaco ni nada de alcohol.
Adelante. Me había olvidado de darle esto.
¿qué es? El pago que usted me ordenó para la señorita garcía.
¿y por qué me lo da así? Ella no quiso recibirlo y lo rompió así como usted lo ve.
Verdaderamente no he conocido una mujer más desinteresada que rosa garcía. No le he pedido su opinión, carlos.
Disculpe, señor. Permiso.
¿cómo supiste que me corrieron? Es que pasé cerca de la juguetería y se me ocurrió entrar a saludarte y ahí me dieron la noticia.
Pero cuéntame, ¿qué pasó? Señor de la huerta, yo nos agarramos del chongo.
¿cómo fue? Pues es que empezamos platicando tranquilos, luego terminamos peleando y discutiendo.
¿por qué fue la discusión? Mira, hijo, es que...
De verdad, yo lo cuidé en el hospital. Luego en su casa también me encargué de chiquearlo, de hacerle su comida sin sal, de esto y lo otro y así.
Luego el sopetón viene y me pregunta que cuánto me debe. Digo...
No, pues sí, le faltó delicadeza. Tenía razón para enojarte.
Pero quiero que sea sincera conmigo. Ya, pues, cuando no lo he sido, hombre...
Dime, ¿le faltaste al respeto? La neta, pues sí se me fue un poquito la mano, pero...
Pues siempre te sucede. Y tenías un empleo maravilloso, rosa.
¿no crees que si le das explicaciones a tu jefe, te devuelve el trabajo? Eso de dar explicaciones es como pedir perdón, ¿no?
Pues, más o menos. Sí, pues eso fue lo que él me dijo.
Que si le pedía disculpas, que a lo mejor me perdonaba. Sí, pero...
¿quién se piensa que es para que yo me hinque así en frente de él? Tampoco, hijo, no puede ser.
Es que, hijo, es que yo solamente me arrodillé. Entre la virgen de guadalupe y no más.
Además, en la chama de la juguetería solamente regreso sí él. Él así personalmente me pide perdón, él a mí.
¿va a salir don ángel? Sí, amalia.
¿con el frío qué hace? Voy abrigado.
Y tengo que salir de todas maneras. Hasta más tarde, amalia.
¿qué haces? Estoy marcando chamas para mañana, marina.
Así voy tempranito. Bueno.
Cuando quieras cenar, me avises para calentar la comida. Voy al cuarto a recoger cosas.
Vale. Pero cuéntame, ¿qué pasó?
Rosa dice que únicamente se arrodilla a pedir perdón ante la virgen. Entonces no le va a pedir perdón a ángel.
Ya la conoces. Su cabeza es mucho más dura que una piedra.
Pero, rogelio, rosa necesita de ese trabajo. ¿cómo va a ser para vivir?
Dice que antes de pedirle perdón a alguien, vuelve a trabajar vendiendo en la calle, en las esquinas. ¿qué vamos a hacer con ella?
En esta casa no le entra ni el alcohol ni el tabaco, ¿eh? Además, aunque pudiera ofrecerse cualquiera de las dos cosas, pues, la verdad que no lo haría.
Sí, ya sé. Ya sé, son las órdenes del médico.
Lo único que podría darles es un poquito de café, pero, pues, el café también está ante las órdenes del médico como prohibidas, ¿no? Mmm.
¿con quién hablas, mija? Perdón.
Mira, este, manina, el señor, este, don ángel de la huerta es el dueño de la juguetería. Sí, lo recuerdo muy bien.
Yo también, señora. Gusto en saludarla.
Bueno, rosa, me voy a dormir. Órale, pues.
Buenas noches, señora. Me alegro de verlo mejor.
Gracias. Buenas noches, señora.
Hasta mañana. Hasta mañana, manina.
Rosa. Podemos hablar.
Supimos armar una trampa para ayudar a rosa. Pero, ¿ahora qué podemos hacer?
Lo que sea. Pronto me caso, luego el viaje de bodas, y ella se queda sola, sin dinero, pasando necesidades.
Estaré preocupado pensando en ella todos los minutos del día. Solo hay una solución.
¿cuál, rogelio? Que don ángel le pida perdón a rosa.
Cinco meses viajando. Ay, y estaba loca por regresar.
Y lo primero que hice fue venir a verte. Ay, no te imaginas cómo me sorprende verte en esa silla de ruedas.
Han pasado tantas cosas, mireia. Ay, ¿y qué me contarás?
De aquí no me voy esta noche sin enterarme de todo. Ay, ya sabes cómo te quiero, irma.
Y lo amigas que hemos sido siempre, desde el colegio. Oye, ¿y olga?
Siempre viene a verme. ¿y federico?
¿problemas con federico robles? No, ángel no le va a pedir perdón.
Es tan testarudo como rosa. Aunque...
¿aunque qué? He estado pensando en mi plática de hoy con ángel de la huerta.
Y cada vez estoy más convencido que hay en él hacia rosa sentimientos que me llenan de alarma. Sí, hago una información.
Está bien. ¿qué dices del muñeco?
No me quieren decir nada. Hasta mañana.
Por lo menos esta noche se queda en los separos de la policía. Ay, ese muñeco.
Si le hiciera caso. ¿se cobra, zoraida?
Libre. Zoraida.
Yo quería decirle algo. Sí, dime.
Pues quiero ser sincera con usted. Me están consiguiendo un trabajo en la fonda.
Porque ya no quiero seguir trabajando aquí. Pero me dejas con la boca abierta.
¿quién puede desear tu muerte? Solo existe una persona que podría tener interés en quitarme de en medio.
Federico robles. Irma.
¿pero esa es una acusación terrible? No es una acusación, miriam.
Es un presentimiento. Pues deberías de comunicarle tus sospechas a la policía.
No, miriam, no. La policía únicamente haría justicia.
Y yo quiero venganza. ¿por qué te preocupan los sentimientos de ángel hacia rosa?
Salvaje como es, rosa ha empezado a ganárselo. ¿piensas que ángel se ha interesado en ella como mujer?
No tiene derecho. Aún es joven y está libre.
¿y esa suposición te hace daño? Sí.
Eso quiere decir que sigues enamorado de ella. No, por favor, eso no.
¿entonces sientes celos? Quizá.
Pero los celos pueden permanecer aún después de haber terminado el amor que los inspiró. Y este...
¿y ya ha vuelto a fumar? No, rosa.
¿me lo jura? Te lo juro.
Rosa, nuestro último encuentro fue tan tormentoso. Y ahora qué bonito es verte sonreír.
Ya ves. ¿no te preguntas cómo después de aquella escena tan desagradable que tuvimos, vengo a verte?
¿por qué sabe que yo hace, la verdad, un resto de tiempo que prefiero no hacerme preguntas? Porque...
Rosa, hable con mi hijo, raúl. Entiéndalo.
Sigue así. Te entiendo.
¿qué te puedo decir? Si es por tu bien, cambia de trabajo.
Yo me las arreglaré. Toma.
Usted supo desde el primer momento que la salvaje había conseguido trabajo por recomendación del joven ricardo, ¿no? Así es, leopoldina.
Pero aunque usted y la señora dulcina insistieron, el joven ricardo no quiso decirles dónde trabajaba la salvaje. Queríamos saberlo para ir a contarle a la salvaje que está recibiendo una limosna del que fue su marido.
Señorita leonela, usted sabe que a mí nunca se me escapa un secreto de la familia. Me consta.
Señorita leonela, averigüé quién le dio el trabajo a la salvaje. ¿quién?
¿quién le dio el trabajo? Don ángel de la huerta en su juguetería.
Le di dos bofetadas a raúl y lo eché de mi casa. Y esta vez para siempre.
Ya no quiero volver a verlo. Oiga, ¿y por qué hizo eso, caray?
Es que él no tenía derecho a proponerme. No quería casarse contigo.
Y sin embargo, te ofendió en lo más íntimo. No, es que...
Yo... Es que la verdad, yo no sé de qué me habla y...
Sí lo sabes, rosa. Raúl te pidió que hablaras conmigo para que yo lo perdonase.
Porque tú, según él, tenías una especial influencia sobre mí. ¿ya no lo recuerdas?
¿por qué? Es que luego a veces la gente, pues...
Es que no saben lo que hacen o lo que dicen y... Raúl sabía perfectamente lo que decía.
Te acusó de... Tú ya lo sabes que entre tú y yo había un entendimiento de hombre a mujer.
Sería monstruoso si no fuera ridículo. Tú eres joven y yo ya soy un hombre mayor.
Ay... Ni tanto, ni exageró, ¿verdad?
Cuando reaccionaste agresivamente y yo te despedí, ignoraba que detrás de... De tu reacción estaba tu decencia de mujer herida en carne propia.
Dime que no lo he sabido demasiado tarde. Cuando discutimos en la juguetería y creí que te faltaba el respeto, te exigí que me pidieras perdón.
¿tenía por qué hacerlo? No, rosa.
Ok. La verdad, yo en aquel momento lo ignoraba.
Por eso he venido esta noche. Yo soy quien te pide perdón.
Ricardo. ¿por qué no te has acostado?
Estaba pensando en la posada. La que vamos a celebrar mañana.
Candida, ¿te parece que la casa y la familia están para posadas? ¿a los niños les gustan las posadas?
Quiero que mi hijo se divierta. Candida, tú no tienes hijo.
Entonces, eres como los demás. Tampoco tú quieres que nazca mi hijo.
¿por qué quieres ser mi enemigo, ricardo? ¿por qué quieres ser mi enemigo?
Ay, usted es el jefe pidiéndole perdón a un empleado, hombre. Rosa, simplemente soy un hombre pidiéndole perdón a una mujer.
Pues sí, pero es un hombre muy popófilo. Rosa.
¿qué soy yo ahí al lado de usted? Pues...
¿sabes quién eres, rosa? Una vendedora a la que necesito.
Ni es cierto. Ni quién se acuerda de mí en la juguetería.
Sí, las cuatrachas son re buenas para la chamba. Pues mira, yo no sé si le haces falta a la juguetería, pero...
Pero sí sé que le haces falta a mi conciencia. Por favor, rosa.
Dime qué puedo esperarte mañana. ¿qué podemos esperarte todos en la juguetería con los brazos abiertos?
Yo sabía que la virgencita de guadalupe no podía abandonarme. ¿irás a trabajar mañana, entonces?
Clarín, don ángel, sí. Gracias, rosa.
Me vuelves el alma al cuerpo. Bueno, yo regreso a trabajar mañana, pero con una condición.
Yo no quiero ser tu enemigo, candida. Mira, te llamo a la realidad.
Estás dentro de un sueño. Candida, por favor, sal de él.
Dulcina se ha casado con el licenciado robles y todo lo demás son recuerdos. Quiero que lo sepas.
Todos los niños tienen sus posadas. Y el mío también tendrá la suya.
Permítame entrar hasta en la tarde porque es que por la mañana vamos a preparar aquí las cosas para una posada que queremos hacer. Rosa, rosa, tengo una idea.
Hagamos esa posada en mi casa. ¿en su casa?
Sí. Antes, cuando aún no me faltaba mi esposa, hacíamos las posadas más alegres del mundo.
Haz la posada en mi casa. Híjole.
Sí, es que... Es que, ¿sabe qué?
No, es que, no, es que es para la gente de aquí, de mi barrio. Pues llévalos a todos allá.
Ay, don ángel, pues es que no, no. Ustedes ni los conocen, no.
Rosa, me basta con conocerte a ti. Pues sí, pero es que...
Ven acá. ¿aceptas?
Híjole, es que todavía no puedo creerlo. A mí me va a dar mucho gusto.
Mañana en la juguetería arreglaremos los temas. Y los detalles para la posada en mi casa.
Bueno, pues... Este, abríguese bien aquí, porque entonces...
De ver, lo agarra una corriente de aire, se petatea y luego... Por favor.
No seas ave de mal agüero. Gracias, rosa.
Gracias por permitir que te pidiera perdón. Hasta mañana.
Hasta mañana. Ay.
Ay. Ay.
Manina. Tengo la chamba.
Otra vez tengo la chamba, manina. Y ya le dije, eh.
Nada de tabaco ni nada de alcohol. Bueno.
Pronto, la señora robles, que mando de roma a italia. Chetate la telefonata.
Pero claro, sí, señorita, acepto. Señora dulcina, ¿cómo está?
Bien, ¿y ustedes? Ay.
Todos bien también. ¿dónde está ricardo?
Pues aún no se levanta y el joven rogelio salió temprano a ver al doctor. ¿y leonela?
Aquí está. Enseguida la comunico con ella.
Dulcina, qué bueno que llamas. Precisamente te tengo una noticia que no te esperas.
¿qué noticia? Descubrí dónde trabaja la salvaje.
¿qué pasa? No la haces, sales vos.
No, yo primero. ¿qué obas, palomilla?
Saliste, rosa. Apúrate para preparar la posada, rosa.
Para eso, venganla con ustedes, hijo. Tenemos que armar una pachanga, pero de aquellas va a ser picudísima.
No la vamos a hacer aquí, no la vamos a hacer aquí. La vamos a hacer en una de esas casas popofonas.
Como aquella que hicimos la otra vez. Se invitaron a la palomilla.
Pero ahorita te digo. Dije que con ángel de la huerta.
Debimos haberlo sospechado. Bueno, leonela, ¿y qué piensas hacer?
Iré esta misma tarde a esa juguetería. Enfrentaré a la salvaje y le contaré que trabaja ahí porque ricardo quiso darle una limosna.
Le contaré toda la verdad. Amalia, otra vez lo mismo.
Es la orden del médico, señor. ¿del médico o de rosa garcía?
¿sabes que volví a darle la limosna? En el puesto en la juguetería.
Ay, dios lo bendiga, señor. Anoche platicamos y entendió razones.
Por cierto, la veremos en la noche. ¿viene a cenar?
No, viene a la posada. ¿cómo, señor?
Amalia, volveremos a tener posadas. Están invitados ella y sus amigos.
Oh, dios mío. Igual que cuando vivía la señora mariana.
Será como si no hubieran pasado los años. Pero han pasado, amalia, han pasado.
¿tú es qué, mi gordis? No me vayas a fallar, hija.
Gosta que estás invitada a la fiesta, ¿eh? Mira, ¿sabes qué?
Ahora en la tarde que venga aquí la palomilla, te la vienen a decir a ti y a tu mami y a invitarla otra vez para que vayan a la fiesta y les digan dónde queda la casa, ¿eh? No se te vaya a olvidar.
Ahí nos vemos. Oye, vamos a seguir, ¿no?
Porque falta un chorro de gente. Ahí nos vemos, gordis.
¿cuándo te dijo cándida semejante cosa? Anoche.
¿vuelve a desvariar entonces? Sí, leonella, y se puso agresiva conmigo.
Quiere hacer una posada para que se divierta su hijo. Traté de convencerla de que ese hijo no existe.
Me levantó la voz, me dijo que era su enemigo. Ricardo, ¿no crees que deberíamos llamar al doctor que atendió a cándida en la clínica mental?
¿el doctor castillo? Es doloroso, pero debo reconocerlo.
Cándida ha vuelto a ponerse violenta. He quedado muy mal con el doctor castillo, pero está de por medio la salud de cándida.
Ricardo, supongo que este contratiempo de tu hermana no influirá en la fecha de nuestra boda. No te preocupes.
Tarde o temprano nos casaremos. Es que los preparativos ya están avanzados.
No me gustaría tener que posponer la fecha. Hasta he repartido ya invitaciones.
¿qué imagen daríamos ante nuestras amistades? Soy enemigo del protocolo y nuestras amistades me tienen sin cuidado.
Ricardo, no eres capaz de pensar en mí. Voy a casarme contigo, leonela.
¿cómo no voy a pensar en ti? Pero la salud de cándida está en peligro.
Eh, joven ricardo, teléfono. ¿quién?
El señor de la huerta. Con permiso.
¿bueno? Te tengo una noticia que te alegrará.
Oye, disimula si hay algún testigo peligroso. ¿por qué?
Se refiere a rosa garcía. Ah, sí.
Dime. Desde esta tarde vuelve a trabajar en la juguetería.
Qué bueno. Te preguntarás cómo ocurrió después de que rosa estaba tan decidida a no regresar.
Pues sí, la verdad me intriga. Es que bajé la guardia.
Fui anoche a su casa a pedirle perdón. ¿en la casa de tu jefe va a ser la posada, rosa?
Sí, doña felipa. A él se le ocurrió, ¿eh?
A mí me pareció buena la idea. ¿y por qué lo hace rosa?
Es que es de buena gente, linda. ¿vieras?
Oye, rosa. ¿y es un hombre joven?
Pues más o menos, doña felipa. Está, pues, es entre azul y buenas noches.
Tiene como, como un tostón. Es viudo.
Y, pues, ten cuidado, rosa. Mira que cuando un viudo se quita el luto empieza a mirar a cuánta muchacha pasa a su lado.
Ay, estás mal pensada, linda. Ya ni la muela.
¿y qué a ti te van a dar permiso a día de la posada? ¿allá?
Me lo darán. ¿sabes?
Anoche le dije a la señora que voy a dejar la chamba de noche. Ah.
Es que me van a conseguir una de día. Y ni te imaginas dónde, ¿verdad?
¿de dónde? En la fonda.
¿en la fonda? ¿dónde tú vas a comer?
La que está cerca de la juguetería. ¿en serio?
Sí. Uy, pues, qué buena onda.
¿a usted qué le parece, doña felipa? Pues, si ella cree que es mejor.
Pues, sí. Lo que mi nieta diga.
Claro. La verdad, prefiero que trabaje de día en una fonda y no de noche de enfermera.
Bueno, pues, sí. Yo también creo que es mejor.
Pues, ya me voy porque se me hace tarde. Tengo que hablar con ernesto a ver si nos lleva a todos en el camión.
Ahí nos estamos viendo, ¿eh? Adiós.
Que estés bien, linda. Adiós, rosa.
Fue una actitud muy valerosa de tu parte, ángel. Otros podrían decir que fue una actitud cobarde del jefe pidiéndole perdón a la empleada.
Pero salí de casa de rosa con la conciencia muy tranquila. Además, me pidió permiso para no venir a trabajar esta mañana porque están preparando su posada.
¿harán alguna ustedes? Para eso haría falta que existiera una familia en pleno.
Y de la nuestra solo queda una sombra. Por cierto, la posada de rosa la vamos a hacer en mi casa, como cuando vivía la pobre mariana.
Le dije a rosa que podía invitar a todos sus amigos y vecinos del barrio. Quizá te parezca una extravagancia.
En tu casa tú eres muy dueño de hacer lo que quieras. Hasta extravagancias.
Por supuesto. Lamento no poder invitarte.
Quizá rogelio sí pueda venir. Le preguntaré.
Aquí cada quien decide sus cosas. De todas maneras, sé que te hace feliz que rosa vuelva a ser tu empleada.
Sí, bueno. Que se diviertan.
Hasta pronto. ¿qué quería de la huerta?
Esta noche hay posada en su casa y quería invitarme. Igual que cuando su mujer vivía.
La ha olvidado muy pronto. Oye, ricardo, ¿no será que hay una nueva mujer en la vida de ángel de la huerta?
Ni lo sé ni me importa. Te llamaste por teléfono y me citaste aquí para pedirme otra vez el camión.
¿pero qué te pasa, rosa? ¿tú crees que el camión es un carrito de juguete que lo pides prestado y te lo metes debajo del brazo y ya, o qué?
Ya, ya, ya. No le hagas de tos tampoco.
No te estoy diciendo que yo lo vaya a manejar, hombre. Es lo único que nos faltaría, ¿no?
No. Bueno, ernesto, ¿no dices tú que me quiere?
Todavía me lo preguntas. Pues, ahí está, hijo.
Claro que sí te quiero. Pues, ahí está.
El cariño hay que demostrarlo así. Si yo quiero que consigas el camión para poder ir todos juntos allí, todos los del barrio, la posada, la casa de don ángel, pues...
Además, ni somos tantos. Hombre, somos 30 o 40 nomás.
¿qué? ¿40?
Pues, sí. Lo que necesitas es un camión, pero de la ruta cierta.
Además, ¿qué sentido tiene hacer eso? Hacer la posada en la casa de tu jefe.
Nunca te había despedido. Oh, sí.
Pues, ya me dio la chamba otra vez. Esto no es asesoría.
Ándale, ¿sí? Mira, si nos vienes a buscar al camión, te dejo que me des un beso.
Es clara de huevo ahora. ¿estás haciendo así?
No, espérate, espérate, hijo, espérate. Yo te había hecho un beso de cuates, no de novios así.
Qué vergüenza. ¿cómo lo...
... Restorsionan a uno?
Ya ves. Está bien, está bien, me alego del camión.
De cuates. Ya ves el interés que se toma por ella.
Una fiesta en su casa. Dijo que lamenta no poder invitarme.
Naturalmente. Pero que si tú quieres, puedes ir.
¿por qué no? Esta casa ya es poco menos que un panteón.
Será una buena manera de entretenerme. De pasar un grato momento junto a rosa garcía.
Ah, te vas a tragar, bachor, y estas gorditas de frijoles están... Violeta, ¿no vas a comer algo más?
Sí. Solamente el consome americano.
Como noche volví a pelearme con luciano, todo lo que como me va a saber a veneno. ¡muchachas, el jefe!
No, no, no. Por favor, muchachas, siéntense.
Las buenas noticias hay que recibirlas sentadas. ¿buenas noticias?
Rosa garcía vuelve a trabajar con nosotros. Nosotros esta tarde.
Ay, qué padre. Gracias a rosa.
Gracias a rosa que aceptó volver. Te llamé por teléfono.
¿por qué no te comunicaste conmigo? Pienso en eduardo y no quiero colocarte en una situación difícil.
Eduardo ahora no es más que indiferencia o agresión. Sigue siendo tu marido.
¿hasta cuándo? Hasta que tu compasión se convierta en rebeldía.
Buenas tardes. Buenas tardes, señor.
Buenas tardes, señor. Manrique, por favor, vuelva usted a incluir en la nómina a la señorita rosa garcía.
¿cómo, señor? Ya se superó nuestro malentendido y dentro de un rato estará trabajando con nosotros.
Es una buena noticia para todos. Sobre todo para de la huerta.
Es obvio que se entiende con esa. Se pelean y ahora se reconcilian.
Era de esperarse. Joven como esa ignorante lo debe de traer marcando el paso.
Eduardo me ofrece a cada momento la libertad. A veces me pregunto por qué no aceptarla.
¿para quién la necesitas? Quizá para ti.
El tiempo ha pasado sobre nosotros e hizo su obra. ¿y qué quieres decir con eso?
Que los sentimientos cambian, vanessa. No se puede creer dos veces a la misma persona.
Señora, muchas gracias. Sí, por nada, señorita.
Regrese pronto. Gracias.
Hasta luego. ¿por qué tardará tanto?
Rosa siempre fue muy puntual. Ay, mi novio también tiene la costumbre de hacerme esperar siempre.
Ay, a mí los nervios me hacen un vacío en el estómago. Ni esto me lo llena.
Si tuviera unas enchiladas suizas o algo así, pues apenas... ¡ya llegó!
Aquí, oye. Llegaste muy a tiempo, ¿eh?
Sí, ¿por qué? Sí, mira, en el edificio de enfrente, en el tercer piso, hay un güero que me trae loca.
Qué bueno. Me lo pienso recetar.
Hombre, perfecto. Ven, ven, ven para que lo veas.
Ay, perdón, perdón. Ay, sí.
Allá está. Allá en aquella ventana.
¿lo ves? ¿dónde?
Pues yo no veo a nadie. Eh, mira, toma esto para que lo veas.
Un momento. Sí.
No se me siente nada, oye. Es un poquito más arriba.
Apítalo bien, bien, bien a los ojos, ¿eh? ¿y ahora qué?
Oye, pues no. Me sigo sin ver nada.
No hay nadie en ninguna ventana. Regresa ya.
Ay, no. Es la bienvenida, rosa.
A ver, perdóname. A ver, perdóname.
Señoritas, más trabajo y menos plática. Sí, sí.
Tenía que ser. Ya regresó la manzana podrida.
Buenas tardes. Buenas tardes, señorita.
¿está el señor de la huerta? ¿de parte de quién?
De leonela villarreal. Un momento.
Enseguida le aviso. Señor, señora, ¿dónde iremos a parar?
¿ya se fue? No.
Acaba de entrar al despacho del jefe. Oye, ¿por qué te escondes de ella, eh?
La conozco, pero no le cae nada bien. Buenas tardes.
Leonela, qué gusto verte. Siéntate.
Gracias. ¿cómo van los preparativos para tu boda?
Comiéndose el poco tiempo de que dispongo. Por eso, vayamos directo a nuestro asunto.
¿y cuál es nuestro asunto? Estoy enterada de que ricardo recomendó a su exesposa para que usted le diera empleo.
Hablo de rosa garcía. ¿puedo pedirle, por favor, que venga?
¿tampoco saldrá hoy el muñeco? Señora, el caso de ese muchacho es muy delicado.
¿qué es de usted? Mi ahijado, señor.
Tenemos entendido que usted y él... No me ofenda, por favor.
La gente puede pensar lo que quiera del muñeco y de mí, pero la verdad es que siempre lo he querido como un hijo. Disculpe usted.
Ese niño lo recogí desde chiquito. Lo quería ser un hombre de provecho.
Desgraciadamente, creo que no ha sido posible. Ahora no puedo decirle nada en concreto, señora.
Hay mucho que averiguar. Lo que sí le puedo decir es que el muchacho se confesó culpable de una de las acusaciones que se le hacen.
Por lo tanto, pasará algunos años en la cárcel. Cuando entraste a la juguetería, ¿viste a las vendedoras?
Sí, don ángel. Y entre ellas estaba rosa garcía.
No, no la vi. Por supuesto que no.
Así tenía que ser. ¿por qué?
Porque a rosa garcía hace tres días que tuve que despedirla. ¿despedirla por qué?
Porque me faltó al respeto, y a pesar de la recomendación de ricardo linares, pues no tuve más remedio que despedirla. No me extrañaría que a esa salvaje le hubiera faltado al respeto.
No sería raro en ella. Pero...
No le creo, don ángel. Leonela, leonela, yo no voy a...
No le creo. Y ya que usted no quiere llamarla, ahora mismo salgo a buscarla por toda la juguetería hasta encontrarla.
Porque quiero hablar con ella.