Te quedan: 9 días para ver este capítulo.

La transcripción se genera mediante el uso de inteligencia artificial y puede contener errores o inexactitudes. En caso de una discrepancia, prevalece el audio.
Salva que soy yo. ¿qué pasó?
¿te contentaste con tu marido? ¿por qué no llamas al licenciado robles para que te defienda?
Dentro de poco me casaré con él y me defenderá para toda la vida. Te exprimirá durante toda la vida, que no es lo mismo.
Y cuando ya no tengas para darle ni un centavo, ni una pizca de juventud, entonces te dejará por la primera muchacha joven que se cruce en su camino. A lo mejor píntate.
¿no me vas a responder? Que te pintes, hijo, antes de que me encorajine más.
Solo te pregunté si te habías contentado con tu marido. Ay, dios.
Y mira, ya estuve suada. Pajaritos a volar.
Vámonos para afuera. Vámonos.
Bueno, no te has contentado con él. Entonces tengo esperanzas.
Esperanzas, esperanzas eran verdes. Se las comió un burro creyendo que era pasto, ¿eh?
Así que órale. Bueno, a no ser que ahora tengas novio.
Bueno, pero qué mecio. ¿cómo quieres que te diga que te pintes de aquí?
¿qué quieres? Me vas a obligar a que te cierre la puerta en las norices.
Vámonos para afuera. Órale.
¿por qué me rechazas? Ya te lo dije.
Que estás muy chiquito para mí, hombre. Tú lo que necesitas es una nana que te cambie los pañales.
Pero ya voy a cumplir 18 años. Hombre, pues qué padre.
Que te vaya muy bien y que te diviertas en tu fiestorrona, hijo. ¿me vas a dejar cerrarse o no?
No, federico no me va a dejar por nadie. Está enamorado de mí.
Mentira. Federico me quiere.
Está enamorado de mí, aunque te duela. Supongamos que está enamorado, pero te dejará por otra más joven que tú.
¡no es cierto! Federico solo quiere tu fortuna.
No sabe lo que es el amor. ¿acaso no abandonó a candida en el estado en que estaba?
No es lo mismo. ¿por qué no te va a hacer lo mismo?
¿no puedes comparar? Sí puedo.
Las dos son mis hermanas, sí puedo. ¡eres un bruto!
Desde ahora, candida queda en mi protección. Y tú no vas a hacerle daño.
Igual que la muerta de... Vamos a dar la vuelta.
No. Así platicamos.
¿qué no? Allá afuera tengo mi jeep.
Es que no me voy a dar cuenta de veras que eres bien pesado, hijo. Órale, pues, vámonos para afuera.
Ya, ya, ya estuvo. La señorita dulcina levantaron la voz y yo no tuve más remedio que escucharlos.
¿qué pasó? No hubiéramos hablado en voz baja.
Usted tiene muy buen oído. ¿me permite una opinión?
Como quiera, leopoldina. Total, aunque le diga que no, de todos modos va a decirla.
Bueno, tal como están las cosas, la señorita candida necesita que le examine un médico. Eso lo decido yo.
Es que la señorita candida... Desde hoy, es mi voluntad la que priva en esta casa.
Soñar no cuesta nada. ¿a qué hora vas a poner el despertador?
Al cuarto para las siete, manera. Ay, mi jeep.
¿y por qué tan temprano? Pues, es que es mi primer día de chamba y no quiero llegar tarde.
Ay, pero si entras a las nueve, mija. Pues, sí, pero puede pasar algo, manina.
¿cómo qué? Es que de aquí para abajo los camiones van llenos.
Luego, al metro, a lo mejor se queda parado a la mitad y luego, ¿qué hago? Mejor me salgo temprano.
Me quiero portar bien para que me dure la chamba, manina. Bueno, pues, si es así, está bien, mija.
Todavía no te vas a dormir, manita. No.
Aún tengo que hacer... Justina me está ayudando, pero tengo bastante todavía para rato.
Bueno, pues, hasta mañana. Échamela.
Hasta mañana, mija. Tita andaba buscando.
Quiero hablar contigo. Sí, señorita.
Usted dirá. Quiero que hablemos de rosa garcía.
¿de rosa? Bueno, dígame.
¿hoy no viste a rosa? No.
No. No.
Hoy no. Tremenda.
Algarabía formó anoche en la fonda. Cantando.
Oye, de verdad que esa muchacha tiene una simpatía increíble. ¿sabes, zoraida?
Anoche estuve platicando con ella. Tiene mucha amargura dentro.
Oye, pues, estaba muy contenta. Aparentemente.
Pero vive herida por lo que le hizo ricardo linares. No oye nada.
Es verdad, zoraida. Rechaza a su nombre, que le hablen de él.
Ah, eso lo dice de bien que va afuera, chico. No quiere volverlo a ver en su vida, zoraida.
Por otro lado, también le hablé de lo que siento por ella. Y me sigue rechazando.
Me imagino. ¡ay, ernesto!
Si yo pudiera decirte algo. Me heriste.
Decime qué, zoraida. ¿qué?
Sé que tú eres rosa. ¿por qué visitas a rosa garcía?
Bueno, yo la aprecio. Es mi amiga.
No, no te estoy reprochando. ¿cómo no vas a ser su amiga si son de la misma clase?
Sabrás que consiguió trabajo. Sí, algo supe.
Debe estar muy contenta. Me imagino.
Para una ignorante como ella, debe ser una verdadera suerte conseguir un empleo. Bueno.
¿quieres decirme dónde trabaja la salvaje? ¿te ha dicho algo malo rosa de mí?
No, no, chico, eso no. Zoraida, tú me diste esperanzas.
Me dijiste que algún día rosa se podría fijar en mí. Es que ahora has cambiado de forma de pensar.
¿qué vas a decirme, que me olvide de ella o qué? Zoraida, sería el golpe más terrible que pudieras darme.
Yo aún tengo esperanzas de que pueda llegar a quererme algún día. Sigue teniéndolas, hombre, síguelas teniendo.
Pero tú me acabas de decir que... No verías, mía, cosas que pienso.
Zoraida, si sabes algo, dímelo, dímelo. No sé nada, hombre, no sé nada.
Es imaginaciones nada más. Mira, te prometo que si sé algo, te lo digo enseguida.
¿a qué trabaja rosa? Le digo que no lo sé.
A otro con ese cuento. Si es una amiga, se cuentan todo.
Tiene que haberte lo dicho. Yo lo supe por otro lado.
No he hablado con ella personalmente. Estás mintiendo.
De veras, señorita. Celia, te advierto de una cosa.
Si no quieres perder tu trabajo en esta casa, averíguame dónde trabaja la salvaje. Tienes de plazo hasta mañana para hacerlo.
Puedes retirarte. Sí, señorita.
¿leonela? ¿leonela?
¿estabas ahí? ¿para qué quieres saber dónde trabaja rosa?
Ya sabes cómo somos las mujeres de curiosas. Buenas noches.
¿qué hace más de tarde? Mija, pero si tienes todo el tiempo del mundo.
No, no, no, ¿cómo que? Si las horas pasan volando.
Me tengo que bañar de volar. Sí, el tambo está listo.
Qué bueno. Hola, señorita candy.
Buenos días, celia. Vine a ver cómo había pasado la noche.
Esta vez tuve lindos sueños. ¿ah, sí?
Qué bueno. ¿has visto, celia?
Sí, señorita. ¿sabes que estoy embarazada?
Llevo tarde, manina. Me va a hacer bien tarde de ver.
Apúrate, rosa. No me estés moliendo, ¿eh?
Me vas a poner más nerviosa de lo que estoy. Mija, pero si apenas son como las siete y cuarto.
Ya me voy, ya me voy. Pero...
Acabas... Acábate aunque sea el caldito de frijol.
No, no, ¿qué caldito? Ni qué caldito, no.
Claro, mija. Es que con los nervios ya, la verdad, ya hasta se me fue el hambre.
Bueno, nos vemos. Al medio ya vengo.
Bueno, si me da tiempo. Si no, le tengo que meter la papa por allá.
Ay, nos vemos, mija. Suerte, mija.
Ay, nos vemos, palillín. ¿para dónde vas tan temprano, rosa?
Pues a la chamba, hijo, y empiezo. Hijo, la agarraste con furia loca.
Sí, ay, después te cuento. Voy que vuelo.
Ahora sí necesito que me eches la mano. Una ropita azul por si es niño.
Una rosada por si es mujercita. ¿qué tendré, celia?
Si tú esperaras un hijo, ¿qué preferirías tener? ¿niño o niña?
Pues, lo que dios me mandara. Sí.
Lo importante es tener un hijo. Y yo lo voy a tener, celia.
Lo voy a tener... Con permiso.
Con permiso, señorita. Después le traigo el desayuno.
Nora, ¿dónde trabaja la salvaje? ¿te mintió?
Por supuesto. La está encubriendo.
Son cuña del mismo palo. Yo le di tiempo hasta hoy para que me diera la información.
Si no cumple, eso ya es rebeldía. Y entonces, salvo tu mejor opinión, habría que despedirla.
Estoy totalmente de acuerdo. Si en mi casa nunca les he aceptado rebeldía a mis hermanos, menos voy a aceptárselas a una sirvienta.
La echaré a la calle. Desde que llegaste muy temprano.
Desde las ocho de la mañana, paradota. ¿desde las ocho?
Ay, niña, qué exagerada. Qué bárbara.
No es necesario que llegues tan temprano. Total.
La loba abre a las nueve en punto. Ay, la señorita malena.
La jefa de departamento, la grandota, la güera. Muelan, de veras.
Qué pintada. Te imaginas.
¿sabes, rosa? Cuídate.
Cuídate mucho de ella, de verdad. Es que si te agarra entre ojos, ya estás frita.
Estás amolada, de verdad. Es que yo tengo una receta rebuena para que no me haga nada y para que no pase nada.
¿ah, sí? ¿en serio?
A ver, ¿cuál es? Mira, tú, cada vez que vaya a existir problema o que venga y que tú quieras, no sé qué, que empiece la bronca, te mueres así.
¿y eso para qué? Tú, tú, tú.
Nunca has hecho la prueba. No, pero no sabía.
¿a poco funciona eso? En serio que sí funciona.
¿en serio? Tienes que hacerlo así cada vez que vengas.
Ah, bien. Anoche tuvo bronca otra vez con su novio.
Ay. Buenos días.
Hola. Buenas.
No me digas. Otra noche sin dormir.
Ay, es que quique se puso imposible. Ay, hija, ¿sabes qué es lo que tienes que hacer?
Tienes que pagarle con la misma moneda. Así se va a quedar quietecito.
O sea, los hombres hay que traerles aquí con la rienda, pero bien cortita. Solo así funciona, ¿no?
La verdad. Son iguales todos.
La loma. Buenos días.
Buenos días. ¿para qué soy buena?
¿es preciso que siempre salgas a la calle vestida de esa manera? ¿pareces mal?
¡eres un marimacho! Necesito dinero.
Otra vez. Me pediste ayer.
Tuve compromisos. Sí, ya sé cuáles son tus compromisos.
El hipódromo. El juego.
¿esto es todo? Pues no tengo, talga.
Y la poca que tengo, la tengo guardada porque si no, la saco y se me gasta y la lavo. ¿pero qué no sabes que la mujer debe de tener mucha pulcritud y algo, por lo menos, algo de coquetería?
Ay, oiga, pero si yo estoy viniendo a trabajar, no vengo a coquetear, ni vengo de resbalosa con nadie. Además, ¿qué, oiga?
Si me bañé, mire. Ay, sí, pues no lo parece, ¿eh?
Te ves, te ves fodonga. Si la jefa de vendedoras o el tal carlos se ponen fastidiosos, tú te muerdes el dedo.
Así. ¿hm?
Es todo el efectivo que tengo. No me alcanza para nada.
¿qué? ¿qué?
Si trabajaras. Papá, ¿de qué me hablas?
Si yo estudio. Sí.
Estudias. Hace años que estás por recibirte y nada.
Recuerda que estuve enfermo. Claro.
Estuviste enfermo, pero de vagancia. ¿ya te vas?
Sí, a la juguetería. ¿para qué tan temprano?
Cuando estaba tu madre, era un placer quedarme en casa hasta tarde. Pero ella ya no está.
¿cuándo me das más dinero? Pasa un rato.
Te lo doy por la juguetería, si tus compromisos te lo permiten. ¿ya no has llevado eso donde te dije?
No, pero ya casi terminé de rellenar la charola. Eso es demasiado.
¿se te puede caer? No, hombre.
Ni que fuera mesa. Si puedo con esto y con más.
Tengo galleta. Bueno, basta ya.
No vayas a hacer un desastre, ¿eh? Llévalo inmediatamente.
Ahí voy. Qué pronto la regué.
Mesia, cuéntame lo que acabas de hacer. Recoge todo eso inmediatamente.
Ya hablaremos tú y yo. ¿se dieron cuenta?
El desastre. La loba casi se la come a gritos.
Vamos a ayudarle a recoger los pedazos. ¿adónde van?
Ayudar a rosa a recoger los pedazos. Que lo recoja ella sola.
Ustedes vayan a atender a los clientes. Señorita malena, pero si no hay nadie.
¡he dicho que atender a los clientes! Así que por fin la encontraste.
Para lo que me sirvió. ¿qué?
¿se mostró indiferente contigo? ¿indiferente?
Agresiva. Si hubiera tenido una jaula llena de libros, le habría dejado que leones la abre y me los eche encima.
Oye, ¿y dónde vive? En una ciudad perdida que queda por allá arriba en un cerro.
Te metiste a una ciudad perdida. ¿qué tiene?
La chava me gusta. ¿cómo andan las cosas, mano?
Que una peladita se atreva a darle calabazas a uno que está muy por encima de ella. Yo no respeto por nadie, mano.
Me comunica con el doctor castillo, por favor. Habla dulcina linares.
¿cómo le va, señorita linares? ¿qué se le ofrece?
Doctor, me urge que usted examine a mi hermana cándida. ¿qué pasó?
No se preocupe. Una desgracia la tiene cualquiera.
Oh, sí, imagínese. Es mi primer día de trabajo y no me explico qué pasó porque, no sé, de repente las manos así se me pusieron como de mantequilla y luego me tropecé con esto.
Un oficio debe aprenderse. Y después de algunos inconvenientes como este, usted aprenderá el suyo.
Estoy seguro. Ayúdenla.
La señorita malena nos ordenó no ayudarla. Pues yo les ordeno que sí.
Pues vamos a ayudarla. Pues sí.
Réala, señorita cándida. Desde que tuvo el accidente, divaga.
Para decirlo claramente, parece no estar bien de la cabeza. Incluso ha tenido momentos de agresión física.
Los golpes que recibió y el estado de shock en que se encontraba fueron muy fuertes. ¿se está contenta?
¿se está convirtiendo en un peligro para la familia? ¿se pasa el día entero tejiendo ropa para un hijo que ya no llegará?
Ay, imagínese mi preocupación y mi angustia. Creo que se está volviendo loca.
Y quiero que usted lo certifique. Sí.
Debo examinarla. ¿y cuándo puede venir?
Hoy mismo. ¿a qué hora?
Voy enseguida para allá. Gracias, doctor.
Y lo espero entonces. ¿pero a dónde lo tiro?
Deja. Yo me encargo, rosa.
Qué mal empiezo, ¿verdad? Pagaste el noviciado, es todo.
Lo malo es que te lo van a descontar de tu sueldo. Pues ni modo.
Voy a las tareas de dios, ¿no? Bueno, ¿y ustedes saben cuánto costará más o menos todo eso que rompí?
Pues unos 200 mil pesos. ¿qué?
¿cómo? Bueno, pues...
Por lo menos me van a quedar 50 mil pesos de sueldo. A no ser que rompa otra cosa y más bien salga yo debiendo, caray.
¿te parece correcto lo que hiciste? ¿qué?
Esa pelada ha sido un desastre y tú la disculpas. ¿qué, a ti nunca se te cae nada de las manos, malena?
Cuando lo que se me cae es ajeno, siempre pago por ello. Esa es la costumbre, ¿no?
Buenos días. Buenos días, don ángel.
Buenos días, señor. ¿podría hablar con usted?
Sí, pase usted a mi despacho. ¿te diste cuenta?
La loba entró a hablar con el jefe. Seguramente que quiere chisnearle lo tuyo.
Mira, no es por asustarte, pero te espera una gorda. Y no es precisamente eulalia.
Lo que estaba diciendo, que si sigo así, en vez de cobrar mi sueldo, voy a tener que poner dinero de mi bolsa, hija. ¿qué pasa?
La vendedora nueva rompió una charola llena de juguetes de porcelana. Lo rompió por necia, ¿eh?
Llenó la charola hasta el tope. Yo le dije que era demasiado y no me quiso hacer caso.
Es que es una bruta. Por supuesto que, siguiendo las normas de la juguetería, habrá que descontárselo de su sueldo, ¿no?
Hágalo pasar. Por supuesto, señor.
Rosa garcía. Sí, dígame, señorita.
El jefe quiere verte en su despacho. Hoy o ahorita.
Ni dudarlo. Es por lo que rompiste, rosa.
Pues sí, pero porque es una chismosa y bien metiche. Ojalá le dé viruela, sarampión y paperas juntas al mismo tiempo.
Va a tener que aguantar las heridas. Pregúntale a germón las noticias del descuento de mi primer sueldo.
Mi amor, ¿verdad? Dijo la loba que...
No, este, la señorita malena que quería usted verme. Sí.
Siéntate. Con permiso, ¿eh?
¿qué miras? Esa señora, ¿es su esposa?
Fuió hace un año. Debe haber sido una buena mujer, ¿verdad?
Por supuesto que lo era. Bueno, ¿qué?
¿cómo te sientes en tu primer día de trabajo? La verdad...
Bueno, pues un poco amolada. ¿por qué?
No le han venido con el chisme. Es que rompí una charola llena de figuritas y disque de porcelana.
Ah, sí, sí, sí, pero no, no es buena mercancía. Quiero hacerte una pregunta.
Sí, señor, dígame. ¿cómo andas de dinero?
Como siempre, la cuarta pregunta. Ay, como dicen en mi barrio, así, dando bien bruja.
Estaba pensando. ¿no te vendría bien un adelanto de sueldo?
¿adelanto? ¿a mí?
¿adelanto de sueldo? Eso he dicho.
Ay, ¿y después de lo que rompí? No, no tiene ninguna importancia.
Ya te dije que no era buena mercancía. Llamaré al señor manrique.
Tú vives lejos de aquí, ¿verdad? Ay, sí.
Ahí donde el viento se devuelve. ¿pudiste llegar hoy a tiempo?
No, no, eso sí, a las ocho en punto ya estaba yo aquí. A la puerta de la juguetería.
¿ocho de la mañana? Bueno, tampoco exageres, ni tanto que queme al santo.
Permiso, señor, ¿me llamaba? Manrique, dele a la señorita garcía un adelanto por la mitad de su sueldo.
Buenos días. Adelante, doctor.
Pero no son buenos días. ¿por qué?
Pienso en la señorita cándida. Gracias por haber venido, doctor.
No hay nada que agradecer. Estoy tan interesado en el caso de su hermana como a usted desde que la atendí en el hospital.
Quisiera dejar resuelto el porvenir de mi hermana antes de mi viaje de bodas. ¿se casa usted?
A fin de mes, con el licenciado robles. ¿federico robles?
Sí, ¿lo conoce? Por supuesto, hacen ustedes una espléndida pareja.
Doctor, antes de que examine a mi hermana, venga conmigo. Le contaré los detalles de cuánto ha estado ocurriendo.
Imagínense, ya llamó a manrique. Pobre rosa, la debe estar pasando de lo peor.
La rotura de la charola con la porcelana, cárguela a pérdidas y ganancias. A la señorita garcía no se le descuenta un solo centavo de su sueldo por ese concepto.
Sí, señor. Entendido, señor.
¿algo más? No, eso es todo, manrique.
Con permiso, señor. Híjole, le digo una cosa, jefe.
Ustedes a todas margaritas de veras, qué buena onda de jefe. ¿te digo yo otra cosa?
Sí, écheme la de su ronco, pecho. A ver, dígame.
Yo también fui pobre. De niño, no sabes cuántas veces, por toda comida, tuve que conformarme con tortillas con sal.
Qué suertudo. A mí me fue peor.
Dime que yo muchas veces me tuve que acostar sin comer ni una tortilla con sal. Con eso lo digo todo, ¿eh?
Esto es increíble. ¿qué pasó?
Don ángel me acaba de ordenar que le dé a rosa un adelanto por la mitad de su sueldo y que no le descuente ni un solo centavo por lo que rompió. ¿de veras?
De veras. ¿no te lo dije?
¿no te lo dije que es una aventura de don ángel? Pero ¿cómo es posible, dios mío?
¿cómo es posible que un hombre como él se fije en una bruta salvaje? Adelante.
Permiso, joven. ¿sí, celia?
Joven, quería informarle que el doctor castillo acaba de llegar para examinar a la señorita cándida. Es por el asunto ese de la internación de la señorita en un manicomio.
No es posible. Ricardo lo había prohibido.
¿cándida? El doctor castillo quiere hablar contigo.
No quiso pasarse de vivo conmigo, pero, pues, no. Se tuvo que conformar con el beso que le di en el cachete.
Entonces, yo me quedé con el oro y, pues, luego le puse crispini. Allá en la casa, bueno, que es su casa, ahí lo tengo.
Bueno, rosa, la paso muy bien contigo, pero cada uno debe volver a su trabajo. Ay, sí.
Bueno, con permiso, señor. ¿a poco también le gusta jugar eso?
Sí, bastante. ¿sabe lo que yo juego muy bien?
Las canicas. Yo también era muy bueno jugando canicas.
Ay, de veras. Pues, a ver, conocemos una jugadita, ¿no?
Ay. Ay, perdón.
Te lo aceptaría con gusto, pero ya pasaron aquellos hermosos tiempos. A tu trabajo, ándale.
Sí, sí, señor. Y ya veris, jefe, en serio.
Estoy un santo, en serio. Señorita malena.
¿sí? Este, ¿ya se enteró?
¿de qué? De que el señor de la vuelta no quiere que me descuente de mi sueldo, pues, lo que se rompió aquí.
¿eh? ¿qué tal?
¿cómo le va? ¿cómo le quedó el ojo?
¿cómo le quedó el ojo? Ricardo, qué bueno que llegas.
¿qué pasa? El doctor castillo vino a certificar la locura de candida.
Está en su recámara. Pero si yo le dije a dulcina, vamos a ver quién manda en esta casa.
¿va usted a tener un hijo? No.
¿y para quién ha tejido todo esto? Para obras de caridad.
Nunca falta un niño pobre, doctor. Pero tú dijiste que ibas a tener un hijo.
Quizá lo dije. Me han pasado tantas cosas.
Bueno, su hermana... Ya lo he oído, doctor castillo.
Mi hermana ha sido clara y lógica en sus respuestas. Creo que ya no tiene nada que hacer aquí.
¿cómo te fue? Hombre, re bien.
Si yo traigo hasta lana pa'l gasto. Ay, sí voy.
Adiós, mire. Oh, checa.
Oye, ¿qué es esa chamba que te pagan desde el primer día? Pues ya ves, hija.
Parece que nunca me ha tenido una vendedora así como yo. Mejor pa' romper juguetes de porcelana.
Ay, sí. Ay, cómo estés, amor, si no te entiendo.
No, ya sé que no me entiendes, pero yo sí me entiendo. Ay.
Te ves. Espérame.
¿qué hubo, celia? Pásale.
Buenas noches. Ella es caridad y, este, ella es una amiga.
Bueno, yo las dejo. Tengo mucho que hacer.
Ay, cuando regrese la tomasa, le dices que se dé una vueltecita por la casa, ¿no? Dale.
Con algo. ¿qué te pasa?
¿por qué traes esa cara, hija? Pásale.
Es que la señorita leonela me preguntó dónde trabajabas. Y yo le dije que no sabía.
Me ha dado de plazo hasta hoy. ¿plazo pa' qué?
Si no le digo dónde trabajas, me van a correr de la casa de los linares. Hijo, esa güera es de lo peor de veras, ¿eh?
Mira, todavía no se ha casado con ricardo y es que es la dueña de la casa. Siéntate.
Ay, diego, ¿pa' qué quiere saber dónde trabaja? Pero no lo sé.
No, pues, yo sí lo sé. Seguro pa' hacerme la vida imposible, ir a la juguetería, contar chismes y que me corran, ¿no?
Pero, mira, la verdad es que yo no como, mía, hija. Y, pues, la verdad es que como si tú no dices la verdad, pues, te echan a la calle.
Mejor te doy la dirección, ¿no? Así le dices y, total, que, pues, que se atreva ahí a meterse conmigo, a ver.
A ver, a ver, de veras, como... A ver si así como ronca duerme.
Pues, total. Roque me dijo que ya se sentía mejor, que podía empezar a buscar a mi hija de nuevo.
¿y vas a hacerlo? Sí, nana.
Pero es volver a empezar. ¿quién sabe?
Yo he estado pensando. Esa muchacha estuvo casada con ricardo linares.
Sí, sí. Pero ya oíste a cándida.
Ricardo se separó de ella. Y nunca más la volvieron a ver.
Pero quién sabe lo que puede haber pasado. A lo mejor se han comunicado con ella.
O ricardo y la muchacha se han contentado. Pueden pasar tantas cosas.
¿por qué no llamas a dulcina nuevamente y le preguntas? ¡gracias, elia!
Pedí de plazo hasta hoy para que me averiguaras dónde trabaja la salvaje. ¿qué pasó?
¿lo averiguaste? No, señorita.
¿cómo? No lo pude averiguar.
Delante del doctor se comportó para hacerme quedar mala. Pero yo la voy a encerrar en un manicomio.
¡lo juro! Bueno.
Dulcina, soy yo. Bolet mendizábal.
¿cómo estás? Más o menos.
Discúlpame, pero estoy un poco alterada. ¿se te ofrece algo?
Pues... Quería solamente preguntarte si has vuelto a saber de...
Rosa garcía. No he sabido nada de ella y en este momento no quiero ir ni nombrarla.
Todo lo malo que ha pasado en esta casa ha sido por culpa de esa. Ojalá supiera dónde encontrarla para darle lo que se merece.
¿qué daño te hizo? Casarse con mi hermano.
Ella, un infeliz muerta de hambre ignorante. ¿te parece poco?
Por suerte ricardo ya se divorció. Y discúlpame que no pueda seguir platicando contigo.
Tengo jaqueca. Voy a tomarme un calmante.
Gracias de todas maneras, dulcina. No hay por qué.
Mientes. No, señorita.
Rosa no me quiso decir dónde trabaja. No te creo.
Eres su amiga. No tiene por qué ocultártelo.
Pues no sé por qué, pero lo hizo. Sabes perfectamente dónde trabaja y me lo ocultas.
Ya volveremos a hablar de esto. Retírate.
Sí, señorita. Maldita hipócrita.
¿y cuánto fue lo que te dieron de adelanto, mija? 125 mil pesos.
Es una buena cantidad. Sí, clara, de huevo.
Es muy buena cantidad, hombre. Mija, pues más de lo que hemos tenido nunca.
¿o sí? Pues tuviste suerte, rosa.
Oye, hija, pero ¿cómo te dieron ese dinero después de haber roto la charola llena de juguetes de porcelana? Ay, es que no te imaginas, marina, de veras.
No te imaginas. El jefe es un tipo a todo dar.
Y las vendedoras también. Son bien cuatachas.
Eulalia se la pasa todo el día come y come. Violeta sufriendo porque, bueno, el novio le hace ver su suerte.
Y luego pues américa también nomás echando relajo allí. No, también está malena, la jefa de vendedoras.
Esa sí es, híjole. Re pesada, muy sangrona.
Y carlos, pues el gerente, pues, es el resbaloso. Todo muy finoles, así, muy imperifollado, muy de acá.
Pasa el dedo por el bigote, así. Y lo mira uno así como gato, así, detrás de un canario.
Hombre. Ay, pues, cuídate de ese, mija, ¿eh?
No, o sea, ni te preocupes, manina. Si ya sabes que esos que se quieren creer así como muy, muy, pues, yo me los vacilo de un hilo.
Tampoco te vayas a andar peleando, mija. No, no, no.
No, si a don sebas me aconsejó que antes de agarrarme así a gritos o a golpes, pues, entonces mejor me muera al dedo así. Y, pues, no sé, lo voy a hacer.
A ver qué, qué pasa, ¿no? A ver.
¿cómo estás? Qué gusto de verte.
Hola, rosa. Ya saliste.
¿te soltaron o te fugaste, hija? Ay, ¿cómo crees que me voy a escapar, rosa?
Ay, ¿cómo estás? Sí, ¿te acuerdas de mi hija, no?
Claro. ¿cómo estás, celita, bien?
Bien. Qué bueno.
Pásale. Mira, ella es la manina tomasa.
Mucho gusto. Y ella es justina, una amiga que está viviendo aquí con nosotros.
¿cómo has estado? Qué bonito.
¿es tu perrito? Me lo traje de regalo, rosa.
¿a mí? Sí.
Por lo buena que fuiste con nosotros. Toma.
Ay. ¿qué pasó, leonela?
¿le preguntaste a celia nuevamente dónde trabaja la salvaje? No.
Pero qué capricho inexplicable esto de averiguar dónde trabaja rosa. Tú te callas.
Es evidente tu complicidad con la salvaje. Pero aquí yo no acepto complicidades.
O celia dice la verdad o la pongo de patitas en la calle. Es una crueldad gratuita que no puedo permitirte.
Eres hombre y no te corresponde la administración del servicio doméstico. Eso le pertenece a las mujeres de la casa.
Y en este momento, como cándida está enferma, yo soy la única mujer de esta casa. Esta misma noche le comunicaré a esa traidora que ya no necesitamos su servicio en esta casa.
Estás cometiendo una arbitrariedad. ¿pero qué es esto?
¿ahora hasta rogelio es capaz de reacciones violentas? Fíjate.
Fíjate qué intrigante es la salvaje. Ya se ha ido y sin embargo sigue manejando a los cómplices que tiene en la familia.
Hola, papá. ¿no viniste a cenar?
Estuve estudiando en casa de una mujer. Estudiando, amigo.
Estudiando. Sí, más bien bebiendo.
Apenas te puedes mantener en pie. Pero, papá, dos o tres margaritas, nada más.
Te dejo porque tienes cara de sermoneador. Su café, señor.
Gracias, amalia. ¿lo ha visto?
Sí, señor. Hace cinco días que me siento solo a la mesa a la hora de cenar.
Nunca más habrá una mujer en esta casa. Nunca más habrá una mujer en esta casa.
Aprender a rezar. Ay, rosita.
Un perro en la cama, pero eso es antihigiénico. Ya.
No, si mañana tengo que enseñar a rogelio dónde tiene que hacer sus necesidades, ¿verdad? ¿eh?
Le pusiste rogelio. Pues sí, mañana.
Sí, casi, casi le hubiera puesto rogelio linares, pero si es un cachorrito así tan lindo, no merece un apellido así tan canijo de plano. Me tengo que ir.
Que la ley se lleve bien con el oro. Sí.
Sí, por eso ni te preocupes porque tengo en la corazón de que rogelio se va a llevar muy bien con crispin, ¿verdad? Qué chico, chica.
¿eh? Segurito lo va a enseñar hasta a ladrar.
No te desvistas, celia. ¿por qué, señorita?
Porque esta noche ya no dormirás en esta casa. Qué buena onda es.
Pero, señorita dulcina. La señorita leonela te había impuesto un plazo.
Para que le dieras información de la salvaje. Y tú prefieres callar.
Sigues siendo cómplice de la salvaje y eso no puedo aceptarlo. Aquí tienes el dinero que se te debe.
Recoge tus cosas y te vas de esta casa. Aquí necesito empleados fieles y tú no lo eres.
Señorita, ¿pero irme a estas horas? Bueno, todavía tienes una oportunidad.
¿oportunidad? Dime dónde trabaja rosa.
Y aquí no ha pasado nada. Ya dije que no sé dónde trabaja.
¿pero no se lo has preguntado? Sí, señorita.
Se lo pregunté. ¿y?
No me lo quiso decir. Qué mal mientes.
De verdad, señorita. ¡basta ya!
¡recoge tus cuatro trazos y a la calle ahora mismo! ¡a la calle!
¿ya te vas? Sí, señorita.
Cuando una sirvienta se va de la casa, siempre es hermosa. Se le revisa la maleta.
Yo no soy una ladrona. ¿quién sabe?
Ponla sobre ese sillón. ¿no me estás oyendo?
¿y esto? Es de la fiesta de cumpleaños de rosa.
Uy, qué cursi. ¿y este pañuelo es tuyo?
Tiene mis iniciales. Voy a guardar toda esta mugre y te me vas pero así.
Sí, señorita. Por la puerta de servicio, ¿eh?
Ya lo sé, señorita. Celia.
¿a dónde vas? La señorita dulcina acaba de despedirme.
¿pero por qué? Quisieron obligarme a decirles dónde está rosa trabajando, pero yo no les dije.
Yo en tu lugar hubiera hecho lo mismo. ¿pero a dónde vas a esta hora?
A casa de mis papás. ¿tienes dinero para un taxi?
Sí, sebastián. La señorita dulcina me pagó lo que me debía.
Ahí mismo, en el sitio, tomaré un taxi. Adiós, don sebas.
Usted fue siempre muy bueno conmigo. Porque te lo merecías.
Que tenga suerte. Voy a necesitarla.
Adiós. El destino de los pobres.
Qué triste es. ¿a dónde vas, celia?
La señorita dulcina me corrió, joven. ¿pero por qué?
Quería saber dónde trabaja rosa y yo no se lo quise decir. Por eso me corrió.
Venga conmigo, celia. ¿a dónde, joven?
A la casa, a su cuarto. Pero la señorita dulcina...
Eso yo lo arreglo, no se preocupe. Dios lo bendiga, joven ricardo.
Gracias, joven. Hasta mañana.
Hasta mañana, celia. Acabo de encontrarme a celia en la calle y sé por qué la despediste.
Yo le conseguí un empleo a rosa y quieren saber dónde está para hacer que la despidan y vuelva a su miseria. Pero voy a terminar con todo el veneno de esta casa.
Celia seguirá aquí y quien la humille o la persiga tendrá que vérselas conmigo. ¿de dónde sacaste esa debilidad por la chusma?
No te atrevas. Cándida está loca.
Tú estás loco. Yo también puedo volverme loca.
No, no eres capaz de usarla. Le disparas y ¿con quién se casaría entonces el licenciado robles?
Pasarías gran parte de tu vida encerrada en la cárcel como quieres encerrar a tu hermana cándida en un manicomio. ¡lárgate!
¿qué hemos hecho con nuestra familia? Le gusta la maldita chusma.
Otra vez tomando el desayuno apurada. Me pagaron por adelantado.
Aunque sea cumplida. Y si sales un poquito más tarde, sigue siendo cumplida.
Pero sí tienes tiempo de sobra. No, no, no.
Estoy sentada como en un hormiguero, mani. Es que esta chamba de veras es la alegría de mi vidorria.
Si la pierdo, me lleva a pifas. Mejor me voy.
Haz con la lana lo que tú quieras. Le da su remojo a justina, ¿no?
Está ayudando harto, ¿no? Sí, mija.
No te preocupes. Es una buena muchacha.
Sí, ¿verdad? Venga, venga.
Bueno, nos sentamos, rogelio. Adiós, tijín.
Hasta más ver. Para mí el momento más feliz es cuando cerramos la juguetería aquí a mediodía para irnos a comer.
Sigue comiendo y terminarás como keiko. ¿como quién?
Como keiko. ¿y qué es eso?
Una ballena. Fíjate que no me importa.
Ya lo dice el refrán. De este mundo llevarás panza llena y nada más.
Bueno, nos vamos a la foto. Sí, no, yo para luego.
Es tarde. ¿cómo se siente?
Mejor, doctor. Qué bueno que viene.
Quisiera hacerle una pregunta. ¿usted irá?
Sinceramente, doctor. Volveré a caminar.
Frita, frita, debes terminar. Este caldo largo es...
Dígame la verdad, doctor. ¿qué puedo decir?
La verdad. La verdad es que en este momento no volverá a caminar.
Pero la ciencia tiene aún muchos caminos sin andar. ¿quién sabe lo que pueda suceder, señora?
¿quién sabe? Ay, ya me dio sed.
A de rayos. ¿a qué le pusieron?
Qué payasas. Sal y pimienta.
No la pases. Pedí así.
Ya tendrás que acostumbrarte. Rosa, caíste.
Me acabo de enterar que tienes una nueva vendedora. Y muy bonita.
Me gustaría conocerla, papá. Sobre todo para comprobar si es tan bonita como dicen.
A esa muchacha me la dejas tranquila. Esa no es como otras.
Te lo exijo especialmente. No voy a permitir que le faltes.
A rosa garcía la dejas tranquila. Rosa.
Rosa. ¿con qué firmeza hablas de ella?
¿con qué calor? ¿cómo la defiendes?
¿puedo saber por qué lo haces, papá? ¿cuándo te van de alta, irma?
El doctor dijo que mañana. Ay, qué bueno.
¿volverás a tu casa? Sí.
Volveré. A esperar.
Esperar a que te cures por completo. No.
A esperar la visita de un hombre. Rosa garcía es una recomendada.
¿de quién? No te interesa.
Debe de ser alguien muy importante quien te la recomendó. ¿por qué?
Pues tu presupuesto mensual apenas te alcanzaba para tres vendedoras. Y contratas una cuarta.
Raúl, tú estás tan alejado de la juguetería como del planeta marte. Esto no tiene absolutamente nada que ver contigo.
Aquí solo vienes cuando necesitas dinero. Digas lo que digas, papá.
Tengo curiosidad por conocer a la nueva vendedora. Debe de ser una persona muy especial.
¿un hombre? Siempre hay un hombre, ¿no?
¿y no me dices quién es? Déjame mantener el secreto.
Sé que vino a verme aquí al hospital cuando yo aún no había recobrado el sentido. ¿y ahora ni siquiera te ha llamado?
No, no me ha llamado. ¿por qué?
Supongo que estará de viaje. Él siempre viaja.
¿y tú por qué no le llamas? Tengo demasiado orgullo.
Y no quiero que me vea así. Óyeme, violeta.
¿no puedes estar siempre así con la misma carátula de tristeza todo el día, hija? Ay, hombre.
Sí. La verdad es que nos arruinas la comida con esa novela trágica de tu novio.
¿nos? Será ustedes, oigan.
Porque a mí, francamente, no hay novela por trágica que sea. Me gustaría que me quiten el apetito.
Bueno, pues a ver, cuéntanos cuál es tu bronca, hija. ¿por qué te haces esa sinvergüenza?
A ver, cuéntame. Ay, lo que hacen todos los hombres.
Son unos falsos. Unos egoístas.
Ay, no, no. Bueno, no necesito tener toda la razón.
La verdad, ¿no? La neta, hija.
¿y tú de dónde sacas razones para apoyar lo que dice esta dramática? Uy.
¿tienes alguna experiencia en materia de hombres? Salgodón.
¿tienes no yo? No, ya pasé por esa desgracia.
Entonces lo tuviste. Lo tuve.
Uno solo, ¿eh? En mi vida nada más hubo un solo hombre.
En serio. Fue el primero y el último.
En serio, porque a los hombres los tengo atravesados aquí. O sea, el amor ya ni me interesa.
La verdad, ¿sabes, kiki? Yo teniendo buena salud y una chamba, pues ya qué le puedo pedir a la vida.
Ya qué, ¿verdad? ¿buena comida también?
No. Somos tus amigas.
¿por qué no nos cuentas todo lo que pasó, sí? Vale.
¿podríamos ser tus confidentes? Sí, sí.
Perdona, no lo así, cuatachas, pero la verdad yo pienso que esas son cosas, pues cosas así como muy mías, sí. Me da un chorro de moina hablar de ellas.
Entonces mejor mira. Hijo de sede.
Entonces era un mal hombre. Pensándolo bien, retiro mis palabras.
No todos los tengo atravesados hasta acá. No, pues no todos son malos.
O sea, yo conozco dos también de ellos que, bueno, valen la pena. ¿ah, sí?
Por lo que a mí me tocó en suerte. De veras.
No, se portó como debía. Se portó muy gacho.
¿por qué? ¿nunca te invitó a comer?
Ay, eulalia. ¿qué?
¿qué fijación tienes con la comida? No, eulalia, de veras que eres retragona, hija.
En serio, ¿eh? Para mí es que cuando te acuestas a dormir ahí, la almohadita piensas que es una tortota bien grandota, rellena de frijoles, aguacate.
No sigas, que voy a pedir que me traigan otro postre. Ay, otro.
¿viste? Señoritas, señoritas, faltan cinco minutos para que volvamos a abrir.
Y ya conocen mi norma. Más trabajo y menos plática.
Con permiso. Pero este cangrejo, ¿qué quiere?
¿que coma apurada para que el postre se me quede aquí atorado en la garganta? Apúrate, eulalia.
Más trabajo y menos atraco. Vamos, vamos.
Ya vamos, hija. Ya te lo acabaste.
Vámonos. Tú lo comiste.
¿vas a salir? Termina la luna de miel y voy a casa de los linares.
Uno debe acordarse de sus buenos amigos. Sobre todo después del viaje de bodas.
¿me acompañas? No estoy de humor.
Tú nunca estás de humor. Si por lo menos te rasuraras todos los días.
Ay, llega una clienta, rosa. Es tu primera clienta.
Atiéndela. América, no.
Yo siento ñañas, hija. Ay, ni modo.
Siempre hay una primera vez. Buena suerte, rosa.
Ve. Buenas tardes.
Buenas tardes, señorita. Pues, órale, machata.
Pásele a lo barrido. ¿qué, qué quiere que le dé?
Entonces, ¿puede comenzar de nuevo sus investigaciones? Por supuesto que sí, señora.
¿cuándo? Hoy mismo.
Ah, bien. Entonces, déjeme darle algunos datos que averigué yo por mi cuenta sobre mi hija.
Señorita malena. ¿qué?
Mi idea es que... Aquella señora, esa...
Está ahí. Es que vino a comprar otra muñeca.
Y entonces me pide una rebaja. ¿qué le hago?
Este no es un almacén de mercachifles, sino una casa seria. La mercancía toda tiene sus precios fijos.
Y tú no vas a rebajar ni un solo centavo. ¿entendido?
Sí, sí, sí, sí. Bueno, anda.
Vamos a ver si eres capaz de realizar tu primera venta. Sí, señorita.
Gracias. Y el muy imbécil trató de pegarme.
¿pegarte? Sí.
¿no lo crees? Pero, dulcina, si es tu hermano.
Un hermano que solo sirve para defender a la chusma. Tú deberías pedirle explicaciones.
¿yo? Pero, si dulcina...
Federico, vamos a casarnos y tienes la obligación de defenderme. Dulcina, yo defiendo tus intereses.
Pero cuando tu hermano pierde el juicio, es imposible hacerle frente. Simplemente sería un hombre contra otro hombre, ¿no?
Detesto la fuerza bruta. Creí que el incidente con mi hermano iba a preocuparte.
No se me preocupa, dulcina. Solo habrá sido un mal momento de tu hermano.
Ricardo no va a asistir a nuestra boda. Espero que por lo menos rogelio vaya.
Si no, causaríamos muy mala impresión entre nuestras amistades. No te preocupes por eso, dulcina.
Lo importante es que vamos a casarnos. Tienes razón.
Y vamos a ser felices. Hola, leopoldina.
Señora vanessa, qué sorpresa. Pase.
Gracias. ¿y el señor eduardo?
Prefirió quedarse en casa. Él no es muy afecto a salir.
¿cómo está la familia? Bueno, con algunos inconvenientes.
El único que está en casa es el señor rogelio. Los demás han salido.
Claro, también está la señorita cándida, pero... Como si no estuviera.
Cinco cuarenta, diez cincuenta. La nota.
Muy amable, señorita. Muchísimas gracias.
Hombre, gracias a usted y... Vuelva pronto, ¿eh?
Adiós, nena. ¿te fijaste?
Un espectáculo de circo. Eres demasiado severa, malena.
La alegría de rosa demuestra su entusiasmo por el trabajo. Y es que la vendí.
¡qué escandalosa! No tiene que rever el jefe.
Señorita garcía. Toma.
Gracias. Pero no esperes más por esta semana.
No, esta semana gastaré poco. Como el estudio me tiene absorto, hoy presento un examen.
Don ángel. Don ángel, una muñecota.
Ay, perdón. ¿qué le pasó a cándida?
Sufrió un accidente. ¿ah, sí?
¿cómo fue? Se cayó rodando por esa escalera.
Y no ha quedado en su sano juicio. ¿cuándo fue eso?
Hace poco. Está hecha una ruina.
Ay, ¿puedo ir a verla? Te aconsejo que no.
¿cómo estás, vanessa? Es que no sabía que estaba ocupada.
Te he dicho que se llama antes de entrar. Sí, es que me tenía que acordar.
Pero es que no me acuerdo, se me va la onda. Pero perdóneme, señor.
Mi hijo, raúl. La señorita rosa garcía.
Mucho gusto, joven. Hola, rosa.
¿cómo te va? Pues aquí.
¿qué pasó, hombre? Espérese.
Si usted y yo no hemos jugado canicas, no nos conocemos desde antes. Entonces, ¿para qué me habla de tú?
El desvarío de cándida es de naturaleza especial. Cree que va a tener un hijo y teje constantemente para él.
Ay, pobrecita. Bueno, pero ¿y los médicos qué dicen?
Dulcina quiere internarla antes de su boda con el licenciado robles, pero ricardo se opone. ¿cómo?
¿dulcina va a casarse con el licenciado robles? En unos días más.
Bueno, entonces he llegado a tiempo para la fiesta. No, vanessa, no habrá fiesta.
¿hoy todo el mundo se tutea? Ya, párala, ¿no, hijo?
Yo no soy todo el mundo. ¿de veras que no?
Ya lo he comprobado. Raúl, puedes irte.
Sí, papá. Adiós, rosa.
Espero que volvamos a encontrarnos. Pues a mí me vale, hijo.
Siéntate. Háblame de tu hazaña.
¿de mi qué? De la venta que hiciste.
Ah, es que atendí a la primera clienta. Le vendí una muñeca sin hacer ningún desastre.
Pues eso estuvo muy bien. Sí, bueno, ya usted debe pensar que la verdad es mucho escándalo para haber vendido una triste muñeca, ¿verdad?
No, no, no, no, rosa. Eso fue lo primero que vendiste.
¿cómo sería nuestra vida sin el entusiasmo de las primeras cosas? Como, por ejemplo, el primer beso de amor.
¿el primer beso de amor? ¿por qué no habrá fiesta?
Ricardo no será presente. Rompió sus relaciones con robles.
Y para evitar comentarios, ya sabes cómo es la gente. Solo habrá la ceremonia civil y un brindis en la intimidad.
¿y tú estarás presente? Espero la decisión de ricardo.
Rogelio, ¿cuándo aprenderás a tomar tus propias decisiones? Alguna vez quise tomarlas y no me lo permitiste.
Perdóname, creo que entonces cometí una equivocación. ¿sabe qué, don ángel?
Mejor de esas cosas ni hablamos, ¿no? Bueno, bueno, vamos a poner otro ejemplo.
¿tú no te imaginas el entusiasmo que tenía yo? Yo el día que atrapé mi primera rana.
¿rana? No, yo también atrapaba ranas cuando era escuincla.
¿en serio? Sí, sí, hombre.
Se veía por montones ahí en la barranca donde vivo. Iba mucho con la palomilla del barrio ahí a agarrarlas.
Bueno, ahora ya no lo hago porque, pues, ahora ya no, ya soy persona seria. No, no en algún rincón de su alma el hombre o la mujer debe seguir siendo niño.
Ah, sí. No, ¿y sabe qué, don ángel?
Que yo nunca le hice eso de... O sea, nunca maté un animalito, pero jamás, ¿eh?
Porque, bueno, a lo mejor era porque también tenía mala puntería, ¿no? Pero nunca maté...
No, no, no, no, no, rosa. Lo que pasa es que tú tienes un gran corazón.
Ha tardado en salir rosa. Te lo advertí desde el primer momento.
Es una cana al aire de don ángel. Sí.
No, no cometiste ninguna equivocación. Entonces era un inválido.
¿y qué podría ofrecerte? ¿y cómo te sientes ahora?
Casi completamente recuperado. No sabes qué alegría me da escucharte.
Claro, cuando ya es demasiado tarde. Ahora puedo decirte que te he querido.
Gracias. Ahora cuando te veo guapa como nunca, embellecida aún más por un matrimonio feliz.
Matrimonio feliz. Me fue re bien.
Se vendió una muñecota grandota. ¿de veras, rosa?
Sí. ¿no ves?
Mi jeep. Está huecando, ¿no?
Sacándolo de allí. Órale.
¿cómo va? No.
¿ah, no? ¿y si te obligo, hijo?
¿tú? ¿a mí?
¿obligaron a mí? Ándale, ándale.
¿cómo vas? Ándale.
Mejor sácate de aquí. Tú no me conoces a mí de veras cómo soy.
Yo por las buenas soy re buena, pero por las malas soy de lo peor. Yo no le tengo miedo a ninguna mujer.
Te crees muy salsa, ¿verdad? Déjame decirte una cosa.
Mira, a más de uno que pensaban así como tú, lo menos que he hecho es dejarles un ojo morado. Así que no le busques, hijo.
Mejor súbete a tu jeep y lárgate. Píntate de colores, ¿ya?
La calle no es tuya. Yo puedo estacionarme donde quiera.
No, ya sé que te puedo estacionar donde quieras, pero no enfrente de mi cantón. ¿o no, hijos?
A ver, ese pedazo donde está allí el jeep estacionado de este señor, ¿sí o no es mío? Sí.
Ay, esa lata con ruedas, ya, hijo. Si ni siquiera trae tapa.
Que se vaya, ¿sí o no? Sí, ya, ya.
¿no los oyes? Óyelos.
De todas maneras, no me quito. ¿quién eso eres, hombre?
Píntate, ya no seas payaso, hombre. No piadas el tiempo.
Es que te vas a arrepentir. Puras amenazas.
Ah, ¿sí? Puras amenazas.
Bueno, tú te lo buscaste, hijo. Entonces, éntale.
Éntale, éntale. ¡ah!
¡ah! ¡ah!