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Y así pasaron seis años, seis largos años sin que al puerto llegara noticia alguna de la negra maría dolores o del niño a quien se había llevado en su loca huida. María elena miraba y miraba el mar, ya había perdido la esperanza de encontrar a su hijo, veía llegar y partir los barcos y sus sirenas eran como un largo quejido que le partía el corazón.
Vivía como un autómata y no se comunicaba con nadie, de su casa a la iglesia y de la iglesia a su casa. También en maría dolores habían dejado su huella aquellos seis años, blanqueando sus cabellos, la buena negra no cesaba de darle gracias a dios por el amparo que ella y su albertico del alma habían encontrado en la persona de don alfonso cabrera.
En su casa nada les había faltado, ni a ella ni al niño, pero maría dolores cuando estaba a solas lloraba en silencio recordando a su niña maría elena. Aunque nunca ni por un momento pensó en volver a su lado, en su alma inocente y primitiva había quedado grabada como un fuego la escena de la noche en que bruno intentó matar al recién nacido.
María dolores no pensaba que la gente pudiera cambiar y arrepentirse de sus pecados, para ella rafael del junco era la personificación del mal y estaba segura de que si algún día la descubría acabaría con la vida de albertico. Su albertico, su niño adorado.
En el mar. Yo quiero conocer el mar.
Ya lo conocerá mi vida. Y quiero ser marinero.
Ah no, eso no, los barcos son muy peligrosos, tu serás doctor, un gran doctor. Otra vez como ser mar.
Es como un hombre muy grandote y muy fuerte, a veces se enoja y parece un tigre, y a veces se está quietecito, tranquilo. Y a veces se está quietecito, tranquilo.
Como el gato del dueño de la tienda. Así es el mar, a veces ruge y a veces ronronea.
Y como la arena de la playa. Ah, va mi vida, calientita y tibia, como el regazo de tu mamá dolores mi vida.
¿cuándo me llevas a veracruz? No mi niño, a veracruz no, hay muchas, muchas otras playas.
Pero yo quiero que vayamos a las que tú conoces. Cuando sea grande mamá dolores, te voy a comprar un barco grandote y vamos a vivir en él.
¿y de qué color va a ser albertico? Rojo como lo de los piratas.
Ah. Y yo seré mi capitán.
Bueno estás tú para capitán, eh. Mire, un capitán que no ha acabado de forrar su libro, vamos a ver.
Dijiste que ibas a enseñarme. Ahorita mismo lo hacemos.
A ver, detén aquí con tu manita, para que no se me vaya ni choca las tijeras. Mañana va a ser tu primer día de clase y todo tiene que estar muy en orden.
¿por qué no puedes ir conmigo a clases? Las escuelas son nomás para los niños mi vida.
Pero tú no sabes leer. Pero ya me enseñarás tú mi vida.
Tengo que quedar aquí para cuidar de don alfonso. ¿para cuidar la casa?
Ay, don alfonso no está bien. No está nada bien.
¿se va a morir? Ay, no mi vida, no diga eso.
¿cómo se va a morir si él es tan bueno? ¿los malos se mueren?
No, no, niño. Claro que no.
¿pero qué cosa se te ocurre? No me enredes con tu pregunta, bandolero, caramba.
Andri, ayúdeme porque vamos a acabar con esto. Deténle aquí.
¿cómo va todo? Ah, apenas estamos empezando, sí, señor.
Yo no sé por qué le piden tanto libro a un niño tan chiquito. No soy chiquito, mamá dolores.
Mira. Ah.
No, ya eres todo un hombrecito, ¿eh? Y un hombrecito que va a ir por primera vez mañana a su escuela.
¿estás contento, albertico? No sé, tío.
¿cómo que no sabes? Allá conocerás niños de tu edad, tendrás amigos.
Ya has pasado mucho tiempo pegado a las faldas de mamá dolores. No me lo reproches, señor.
Es que yo he querido cuidarlo lo mejor que se puede. Y vaya que lo has hecho bien.
Con su ayuda, señor. Si no, solo dios sabe qué habría sido de nosotros.
Ha sido muy bueno. Muy buena con él, maría dolores.
Pero ya es tiempo de que le suelte las riendas. Y de que aprenda a ser independiente.
Porque ni tú ni yo somos eternos. ¿por qué me dice eso, señor?
Porque hay que pensar en el futuro. Y precisamente por eso he decidido hacer testamento a favor de ustedes.
No soy rico, pero tengo ahorros. Y podrán vivir cómodamente.
Y pagarán la carrera de albertico. Su carrera de médico.
Mañana mismo por la tarde, mañana. Tú y yo iremos a ver al notario.
¿para qué son los notarios, señor? Para arreglar las cuentas de uno en esta vida.
Ya que las otras no las ajusta dios. Bueno, bueno, mijito.
A ver, llévame la charola al estudio. Allá merendaré.
Sí, señor. Adiós, adiós.
Enseguida. Adiós, mi hijo.
Adiós, mi hijo. ¿tú me vas a llevar a la escuela, mamá dolores?
Ah, claro que sí. Te voy a llevar y luego te voy a recoger.
Ya sabes que no me gusta que andes solo por esas calles. Esas calles están llenas de coches y llenas de ruido.
Ah, si te supiera saber, tico. Ver a cruz era tan distinto.
Ahí no tenía que cuidarte de los carros. En unos minutos, caminando a prisa, llegabas hasta el mar.
¿mamá dolores, así sonaban las sirenas de los barcos? Sí, mi vida.
Pero esa era una ambulancia. Y su sonido es muy triste.
No se puede comparar, mi vida. No se puede comparar.
Y así, mientras albertico crecía al amparo bondadoso y tierno de la negra, su medio hermano osvaldo martínez, un año menor que él, se había convertido en la desesperación de magali y en el tirano de la casa. Osvaldo.
¿no te he dicho mil veces que no tienes que jugar con los cerillos? Son míos, dámelos.
¿qué? No te doy nada.
Y ahorita mismo te me vas a tu cuarto. Bueno, ¿qué pretendías, incendiar la casa o qué?
Eres una mala, ya no te quiero. Te voy a casar con mi papá.
Acúsame con quien quiera, pero vete ya. Ándale, vete a tu cuarto.
Cada día está peor, ¿verdad? Ay, ramón.
Verdaderamente, yo ya no sé qué hacer. Habla con alfredo.
Es inútil, ramón. Por un oído le entra y por el otro le sale.
Además, sí es él quien lo malcria. Él quien le permite todo.
¿te acuerdas los problemas que tuvimos cuando iba a nacer? ¿te acuerdas que alfredo ni siquiera se presentó en el hospital el día que di a luz?
¿cómo no voy a acordarme? Juraba y perjuraba que no se le acercaría el niño.
Y que iba a dejar su educación completamente en tus manos. Y mira ahora.
Para mi marido, el mundo empieza y termina con su hijo. Eso no está bien, magali.
A un alamor hay que ponerle límites. Claro.
¿cuántas veces arruinamos la vida de una persona por quererla demasiado? ¿y cuántas veces la arruinamos por no quererla?
¿quién es maría elena, ramón? Te pregunté quién era maría elena.
Porque cuando alfredo estuvo en el hospital con la tifoidea, una noche en que le subió mucho la fiebre, repetía constantemente ese nombre. ¿así se llamaba su mamá?
Por favor, ramón. Su mamá se llamaba elena solamente.
Él decía maría elena. María elena.
No lo sé. ¿tardará mucho tu marido?
No lo sé. Yo nunca sé nada de él, ramón.
Y yo quería niño. Pero fue varoncito otra vez.
Y adrián está encantado. Porque es un vanidoso, como todos los hombres.
No, no son tan malos como parecen. Oye, matilde.
El primo de adrián vino a instalar una industria aquí. Y queremos presentártelo.
¿para qué? Es soltero, rico y guapísimo.
No te das por vencida, ¿verdad, teté? Dime, ¿a qué viene ese empeño en casarme?
Porque te quiero. Y me duele pensar que puedas convertirte en una solterona como tu hermana maría elena.
No me compares con ella. No, si no te comparo.
Porque lo suyo ya parece patológico. Si fuera monja, no viviría tan encerrada.
Hoy le llegó carta de jorge luis. Y hace seis años que se fue a inglaterra, ¿verdad?
Sí. Seis años.
Y yo no he podido olvidarlo. ¿por qué no te lo propones?
Porque estás tan chiflada como tu hermana. Él jamás te escribe.
Cuando mucho en las cartas que le manda maría elena pone una postdata enviándote saludos. No puedes seguir así, matilde.
No puedes esperarlo eternamente. Todas las amigas de tu edad ya nos casamos y tenemos hijos.
¿qué piensas hacer con tu vida, por el amor de dios? Tienes razón.
Debo casarme yo también. ¿cuándo quieres que conozca al primo de adrián?
Mi querido jorge luis, qué alegría tu última carta. Pero cómo puedes pensar que me aburra la relación de tus viajes y de tus éxitos que minimizas, pero que yo adivino rotundos e importantes.
Cómo importante eres tú. Soy yo quien temo fastidiarte cada vez que te contesto, porque qué puedo decirte si apenas salgo de casa.
Sin embargo, cuando lo hago para ir a la iglesia o a la plaza o a pasear un momento por el malecón, siempre pienso en ti. Y tu recuerdo, bueno, cariñoso, me acompaña donde quiera que voy.
Rafael del junco y su esposa, al paso de los años, habían arreglado sus diferencias conyugales. Pero nada volvió a ser lo mismo entre ellos.
Y a clemencia el cambio radical de su marido, que ahora era un hombre pasivo y triste, no le gustaba. ¿cómo iba a saber que no era el remordimiento de haber propiciado la huida de maría dolores, sino la idea fija de que ella y el nieto estaban muertos lo que le torturaba?
¿en qué piensas? En que tendré que ir al cafetal antes de que termine el mes.
Debo hacer cuentas con el administrador. ¿te quedarás por allá mucho tiempo?
No. Dos o tres días, como de costumbre.
¿por qué no quieres que te acompañe? Te ha vuelto a molestar el estómago y no me quedo tranquila cuando estás así.
Ya se me va a pasar, mujer. En esta vida no hay nada irremediable, excepto la muerte.
No pienses en cosas tristes. Estaba acordando de la noche en que celebramos aquí nuestro aniversario de bodas.
Desde entonces no hemos vuelto a dar ninguna fiesta. Porque ya no hay nada que celebrar.
Aquel fue mi último gesto hipócrita. Y mira qué caro lo pagué.
Yo no sé cómo pudieron anunciar su boda maría elena y jorge luis para salir con que él se iba al extranjero y que se casarían después. Mira, después.
Lleva para seis años. Él le sigue escribiendo constantemente.
Estoy segura que tarde o temprano maría elena terminará por corresponderle. Ah, yo estoy seguro de que no.
¿le dijiste al padre juan que quería hablar con él? Sí.
¿para qué quieres verlo, rafael? Te lo diré después.
Ahora sí ya me voy, albertico. Aportarse bien mi vida.
A la salida yo te voy a estar esperando aquí. Aquí mismo, mi vida.
Sí, mamá dolores. No, no, nada de llorar ni de hacer puchero, mi vida.
El colegio es una cosa muy buena. Y los niños todos tienen que ser instruidos.
Nada de llorar, mi vida. Nada de llorar.
No, mamá. No llores.
Se porta bien, mi amor. ¿qué pasó, vida mía?
¿cómo vienes, mijito? ¿quién te golpeó?
¿con quién peleaste? Con un niño que me dijo que tú no eras mi mamá porque tú eres negro y yo soy blanco.
¿verdad que sí eres mi mamá? ¿verdad que sí?
Albertico, mi niño. No le hagas caso a lo que te digan esos malvados muchachos.
Las mamás, todas las mamás del mundo no quieren a sus hijos con el color de la piel. A los hijos se les quiere con el corazón, mi vida.
El corazón de la madre no tiene raza. Tú me comprendes, corazoncito.
No, mamá dolores. Yo no te comprendo.
Yo te pregunté si eres mi verdadera mamá y no me has contestado. No te basta saber que yo, negra y todo, daría la vida por ti, mi vida.
Eso ya lo sé. Yo sé que tú me quieres mucho y por eso yo también te quiero.
Pero eres mi mamá de verdad porque tú eres negro y yo soy blanco. ¿por qué dios lo quiso así, mi cielo?
Por favor, anda. Mira nomás.
Vamos para la casa y ya no me estés preguntando nada, ¿eh? Sí, pero antes di una cosa que nunca me has dicho.
¿qué cosa, cielo? ¿quién es mi papá?
¿cómo se llama? ¿dónde está?
¿y para qué quieres saberlo, eh? ¿no te basta con tu mamá, dolores?
Sí. Sabe el nombre de su papá y cuando a mí me lo preguntaron, me tuve que quedar callado y entonces se rieron de mí y me dio vergüenza.
Cuando te pregunte, mi vida, pues dile que tu papá se murió. Blanco como yo.
Se acabaron las preguntas, mi vida. Vámonos ya, que te he preparado un almuerzo que te vas a chupar los dedos.
¿pero quién es mi mamá? La pobre negra escondía su angustia tras un fingido optimismo.
Se había librado del interrogatorio de albertico, pero a pesar de su ignorancia era inteligente y se daba cuenta de que a medida de que pasaran los años el niño seguiría preguntando más y más y le sería difícil, imposible convencerlo de que ella era su verdadera madre. ¿quién es mi papá?
Uno de los problemas que han tenido en jalapa para seguir atendiendo esta obra benéfica a la que ella ha contribuido de tan buena gana. No hay ningún problema.
Lo único que pasa es que su esposa y las señoras de aquí quieren poner otra casa en el puerto. Yo les he explicado que de momento no es posible iniciar una labor tan grande, ya que apenas nos alcanza para sostenerla de allá.
Bueno, yo venía a decirle precisamente que sí es posible. ¿sabe?
En los últimos años mis negocios han ido muy bien, mejor de lo que yo esperaba. De modo que, pues, estuve haciendo números y puede usted contar con la casa que tengo en la calle juárez, usted ya la conoce.
Voy a cederla ante notario para que puedan tener allí otro grupo de madres solteras como el de jalapa. Lo demás, pues, ya es cosa suya y de las señoras del patronato.
Pero el primer paso ya está dado. ¿qué sucede, padre?
¿no le da gusto esta noticia? Sí, rafael, sí me da gusto, pero no puedo aceptar su ofrecimiento.
¿cómo? ¿por qué no?
Le pido a dios que me ilumine para decírselo y que usted no lo tome a mal o se sienta lastimado. Siéntese.
Eh, ¿para decirme qué? Rafael, yo sé que su intención es buena, pero sé también, puesto que soy su confesor, que tiene la esperanza de evitarse con este gesto generoso de su terrible remordimiento.
Y no va a suceder así. Bueno, sí, hay algo de eso, pero...
Pero nada. No le servirá de nada, porque ni con todo el oro del mundo podrá olvidar su crimen o comprar un minuto de tranquilidad.
Lo siento, hermano, pero tenía que decírselo. El sentimiento de culpa es algo muy sutil que vive dentro de nosotros y que la conciencia se encarga de despertar a cada momento.
No hay dinero, poder ni lágrimas que puedan comprar un minuto de paz cuando, en lo más íntimo de nuestro ser, sabemos que hemos pecado y que el perdón se condiciona a nuestros actos en la vida y a nosotros mismos, a lo que pensamos, a lo que sentimos, a lo que somos. ¿entonces no hay solución?
Sí, sí la hay, pero está en manos de dios y solo a través de él, de la oración y del sincero arrepentimiento podremos encontrarla. Pero yo estoy arrepentido, padre, si alguien lo sabe es usted.
No olvido nunca. Basta que yo vea en la calle a un niño de la edad que tendría ahora el niño de maría elena para que yo vuelva a sentir toda la tristeza y el dolor de estos años.
Ese es el castigo del que le hablé en su primera confesión. Sí, ese.
Y ver a mi hija que parece que perdió el alma desde aquella noche. ¿cómo pude ser tan ciego?
¿por qué no tuve junto a mí a un hombre como usted que me obligara a ver la verdad? Que me dijera todo lo que iba a pasarme si yo no me detenía a tiempo.
Se lo dijo su amigo alejandro y usted no lo escuchó. Pero no se torture más.
El perdón y la paz tienen que llegar algún día. ¿cuándo?
¿cuándo? Eso solo lo sabe dios.
Cuando él quiera. Tal vez mañana.
Tal vez en el último minuto de su existencia. Tenga conformidad y resignese.
Bueno. Hasta pronto, hermano.
Tengo algo que hacer. Y si de algo le sirve, quiero que sepa que yo he unido mis oraciones a las suyas y sufro con usted esta pena tan grande que le embarga.
Lo sé. Gracias, padre.
Pero no hemos terminado, padre. Mi intención fue generosa.
Fue a la vez egoísta, como usted decía, ¿de acuerdo? Yo quería comprar el perdón, pero sé que esto no puede hacerse.
Sin embargo, insisto en seguir adelante con esa obra benéfica. ¿sin condiciones?
¿sin falsas expectativas? Así es, así es.
Bueno. En ese caso, acepto su ofrecimiento.
Y le doy gracias a nuestro señor de que aún por los medios más extraños o torcidos nos envíe esta caridad que tanto necesitamos para ayudar a nuestro pueblo. Gracias, rafael.
Y hasta luego. Hasta luego.
Esto no puede seguir así. No, claro que no puede seguir así.
¿por qué lo tratas de esa manera? Es tu hijo.
Alfredo le arrojó a la cocinera una taza de agua hirviendo. ¡es un monstruo!
Tuve que llevarla al hospital para que la curaran. Algo le habrá hecho esa mujer, ¿eh?
Sí, algo le hizo. Se tardó en servirle el desayuno.
Eso es todo. Eso le hizo.
Alfredo, por el amor de dios, date cuenta. Cada día, las reacciones de mi mamá, las reacciones de nuestro hijo son peores.
Si esto hace a los seis años, imagínate cuando sea un hombre qué va a hacer. Pues a la cumbre del mundo, que es donde yo lo voy a poner.
Y escúchame bien lo que te digo, ¿eh? Yo tengo que salir a trabajar y no puedo cuidar al niño como quisiera.
Pero si yo vuelvo a saber que tú vuelves a regañar al niño, ¡que lo maltratas! ¿que yo lo maltrato?
Dios mío, pero si me trata como si fuera la última de las sirvientas. No más, alfredo.
Ya no puedo más. Te empeñaste en tenerlo, ¿verdad?
Que hiciste que naciera a pesar de que yo me ponía. Pues bien, ya nació.
Lo trajimos al mundo y ahora va a ser feliz. Pésele a quien le pese.
Estás loco, alfredo. Estás loco para no darte cuenta del enorme daño que le estás haciendo.
Los niños necesitan amor, pero también necesitan disciplina. Yo te suplico que lo alejemos un tiempo de aquí.
Que se vaya de interno a alguna escuela donde... ¿qué?
¿pero estás loca? ¡jamás lo oyes, jamás!
Mientras yo viva, mi hijo va a estar a mi lado. Y le daré todo lo que el dinero pueda comprar.
Y todo lo que pueda. Y todo el amor a que un ser humano tiene derecho.
¿pero cómo se te ocurre? ¿cómo se te ocurre enviarlo a una escuela?
¿pero qué clase de madre eres? Menos mal que él me tiene a mí.
¿qué estás haciendo, mi vida? Nos dejó la maestra para aprender la o.
Ay, qué cosa más grande, mi hijo. Cómo me gustaría a mí saber escribir para ayudarte con la tarea.
Yo te voy a enseñar, mamá dolores. Cuando sea más grande y aprenda.
Ay, qué raro. Don alfonso dijo que quería comer temprano hoy para que fuéramos con el notario.
Y todavía no llega. ¿con quién?
El notario. Un señor, es un abogado que va a escribir muchos papeles.
Para que si don alfonso y yo te faltamos, tú puedas seguir estudiando, mi vida. ¿faltar es irse?
Sí, mi niño. Pero si nos vamos, tú quedarás protegido.
¿casa de don alfonso cabrera? No, señor.
Habla la cocinera. Don alfonso no ha llegado todavía.
¿cómo dice, señor? En la cruz roja.
¿pero qué le pasó? ¿qué le pasó a mi patrón, señor?
No. No, no, señor.
No hay nadie más en la casa. No, señor.
Él es viudo. No tiene familia.
No, señor. Nomás una sobrina que nunca lo ve.
No, no, señor. Yo no tengo el teléfono de ella.
Sí, señor. Pero dígame, por piedad, dígame qué le pasó.
¿es grave? Sí, señor.
Enseguida me voy para allá. Don alfonso se puso malo, mi niño.
Está en el hospital. Yo me voy a verlo enseguida.
Te quedas aquí, mi vida. Te vas a quedar solito porque ahí no te puedo llevar.
¿por qué no? Porque...
Porque en los hospitales no dejan entrar niños. Acaba la tarea, albertico.
Luego te vas al cuarto a oír el radio. No le vayas a abrir a nadie, mi vida.
No te asomes ni a la puerta. Me lo promete, mi hijito.
Sí. No me tardo, mi vida.
No me tardo nada. Cuídate, mi vida.
Durante. Háblame más de matilde del junco.
Es la mejor amiga de mi mujer. Ahora está ayudándola a bañar al niño.
Ya la conocerás dentro de un momento. Ella pertenece, como te dije antes, a una de las familias más prominentes del puerto.
Hubo un tiempo que hasta yo le hice la ronda. ¿de veras?
Sí, pero nunca me correspondió. Y me alegro.
Porque teté era la mujer de mi vida. Sólo que no me había dado cuenta.
Bueno, el caso es que matilde es un gran partido. Pero el padre las educó a ella y a la hermana como si fueran monjas o si vivieran en el siglo pasado.
Yo creo que por eso ninguna de las dos ha tenido novio. ¿que no ha tenido novio?
Oye, eso me encanta. Te lo digo en serio.
Me parece fabuloso conocer a alguien totalmente virgen para el amor. Ya puedes entrar a ver a tu hijo.
Gracias por ayudar a teté a instalarse. Mira, te voy a presentar a mi primo ricardo del castillo, que vendrá a vivir muy pronto al puerto.
Mucho gusto. El gusto es mío.
Con permiso. Es usted mucho más bonita de lo que me había dicho adriana.
Muchas gracias. Te vas a quedar aquí en el cuarto albertico.
No vayas a salir para nada, mi vida. ¿por qué señora que te gritó tan feo?
Esa es la sobrina de don alfonso, mi hijito. Don alfonso, que en paz descanse.
Voy a hablar con ella. Pero yo no quiero que tú andes cerca.
No quiero que te vea, mi vida. Te quedas aquí.
Yo vuelvo enseguida. Ponte a estudiar, mi vida.
Esta casa debe valer una fortuna. Viejo tacaño.
No me dio quinto en vida. Pero ahora todo lo suyo pasará a mi poder.
Acérquese, maría dolores. Siéntese.
Ya estuve hablando con mi abogado. Y dice que no tengo por qué darle un centavo de la herencia de mi tío.
Soy su única pariente. Y por lo tanto, me corresponde todo.
Así que ya denuncié el intestado. Señora mercedes, yo no sé nada de abogados ni de intestados.
Yo sólo sé lo que le dije. Que don alfonso me había prometido dejarle una cantidad a mi niño para que pudiera estudiar.
Qué cómodo, ¿verdad? Trabaja usted seis años en su casa y ya se cree con derecho a todo.
Pues señora, yo nomás le digo lo que el difunto que en gloria esté me dijo. ¿le firmó algún documento?
¿o hay algo que pruebe que le ofreció eso? No.
Pero yo no digo mentiras, señora. ¿cómo iba a inventarlo?
Muy fácilmente. Lo inventó creyendo que yo era una estúpida.
Pero no lo soy. Así que ahora mismo empaca y se puede ir de aquí.
Señora, ¿qué...? Si quiere puede buscar un abogado y pelearme lo que pretende.
Pero no se lo aconsejo. Confórmese con lo que le ha robado a mi tío.
Mientras estuvo aquí y asunto concluido. María dolores limonta no es una ladrona, señora.
Yo no he tomado nada. Ni siquiera mi sueldo.
Porque don alfonso lo ponía en el banco para que dejara algo. Me lo explicó muy bien.
Nos daba casa, nos daba comida, nos daba todo. Algo los domingos.
Pero nada más... Ya déjese de cuentos.
Que de mí no va a sacar nada, ¿lo oye? Ni un centavo.
Yo le he dicho la verdad. Y dios es testigo.
Pero si usted no quiere cumplir la voluntad de su tío, pues yo creo que sí voy a hacer lo que me aconseja. Buscar un abogado.
Porque... Porque mi niño no se va a quedar sin nada.
Mi niño tiene que estudiar, entienda. Esa es otra cosa.
Además, ¿por qué está en su poder un niño blanco? ¿lo robó o qué?
Ya veo. Envolvió al viejo ingenuo.
¿con quién sabe qué mentiras? Pero a mí no.
Y escuche bien lo que le digo. Si se atreve a insistir en que quiere dinero, le echo encima a la policía.
Y entonces va a perder hasta ese niño, que solo dios sabe de dónde se lo robó. ¿y yo qué tengo que ver con eso?
¿lo hiciste acaso por mí? No, maría elena.
Mi decisión de fundar en el puerto otra maternidad fue porque tu madre me lo ha pedido. Y porque considero que es una buena obra.
¿y de cuándo acá te importa ayudar a esas desdichadas? Si a tu propia hija la arruinaste la vida por tus prejuicios y tu orgullo.
Bueno, me importa desde que te veo sufrir. Pienso sinceramente que si colaboras con tu madre en esta obra, tendrás algo con que llenar tu vida, tus días.
Lo único que podría llenar mi vida es tener otra vez a mi hijo entre mis brazos. Pero eso ya no puede ser, ¿verdad?
Ya perdí la esperanza de encontrarlo y no me voy a conformar con arrullar hijos ajenos. María elena, yo pienso que tal vez si hicieras un esfuerzo...
No quiero volver a hablar del asunto. Porque si no nos vamos te van a arrancar de mi lado, mi vida.
Y eso no, eso nunca. Tendré trabajo en otra parte, lavaré ajeno, lo que sea.
Pero tú y yo tenemos que seguir juntos, mi vida. Sí, mamá dolores.
Y yo te ayudo a trabajar. Ay, mi amor.
Pero no llores, ya no llores, por favor. Nadie nos va a separar de albertico.
Nadie. Nadie.
Tú y yo siempre juntos, mi vida. Siempre juntos.