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Tengo el momento de ver tus ojos, tu figura, tu sonrisa, quiero verte entre mis brazos y con mi amor calmar tu llanto, ven, quiero tenerte junto a mi, ven, es como un sueño de un cariño, como no hay otro en este mundo, quiero estar con ti. ¿dónde salieron estas flores tan bonitas, mi vida?
Pero mira nada más, qué primor, linda cajita, todavía hay más, mi vida. La usas en la fiesta del colegio, ¿te gusta?
Pero siento lo más bello que yo he tenido en la vida, mi vida, pero ¿cómo hiciste para comprarla? Trabajando, mamá dolores, para tenerlo todo.
Te amo. Felicidades, ¿te gustó mi regalo?
Está precioso. Gracias.
Voy al despacho por unos papeles, en cuanto regrese te acompaño a misa y luego vamos al cementerio para que visitemos las tumbas de tu mamá y la mía. ¿compraste las flores que vamos a llevar?
Sí, las tengo adentro en agua. No vas a tardar, ¿verdad?
Parece que hoy va a ser mucho calor y ya sabes que en el cementerio es difícil protegerse del sol aun con sombrilla. Llevaremos a josefa y alguna otra de las muchachas para que nos ayuden a colocar las flores.
Y arreglar las tumbas, así podremos regresar más temprano. No, siempre lo hemos hecho nosotros y me gusta rezar a solas cuando vamos allá.
Muy bien, como tú digas. ¿te gustó la sala de ti?
Felicidades, mamá. Gracias, hija.
Buenos días, papá. Buenas días, doña clemencia.
Felicidades por el día de las madres. Muchas gracias.
Buenos días, don rafael. ¿dónde andabas?
Te extrañé en el desayuno. Ah, pues fui por tu regalo.
¿por qué? ¿no estuvo listo ayer?
Ah, sí, hija. ¡qué hermosura!
Muy bonito. ¿de veras te gusta?
Mira, llegó en el barco italiano. Mira, los brillantes de alrededor son auténticos.
Es un trabajo muy delicado. Sí, ya veo.
Papá, ¿puedo ir con ricardo a casa de su mamá? Es que vamos a llevar unas flores.
Sí, desde luego, desde luego. ¿vendrán a comer?
Yo no, porque tengo que acompañar a mamá en este día. Gracias.
Muy bien, muy bien. Bueno, voy a regresar temprano, mamita.
No te preocupes, ¿eh? Adiós, papá.
Adiós, mi hijita. Hasta luego, señora.
Hasta luego. Adiós, mi bebé.
Permiso. Bueno, ¿y maría elena?
¿te ha felicitado ya? Este fue su regalo.
Sí, lo sé. Lo vi cuando lo estaba bordando y cuando lo terminó ayer.
Es una labor muy delicada. Debió llevarle mucho tiempo.
Bueno, tiempo es lo que le sobra a esta niña. Si lo ocupara en algo, en algo útil, no estaría tan amargada, tan triste.
Sabes que no es por eso que está así. ¿y dónde está, en su cuarto?
No. Subió al mirador.
Al mirador. Ve a buscarla, clemencia.
No me gusta que pase ahí horas y horas mirando el mar. A mí tampoco me gusta hablar con ella solas.
Acompáñame. Le pediremos que baje con cualquier pretexto.
Pero, ¿se te ocurre algún pretexto? Sí.
Alejandro llamó por teléfono hace rato y lo invité a comer. Muy bien, muy bien.
Le voy a pedir a maría elena que me ayude a preparar el postre. Pero es absurdo tener que buscar pretextos para hablar con maría elena, para entrar en la habitación donde ella está.
Pronto va a terminar. Así lo espero porque esta situación es verdaderamente insostenible.
¿tú sabes que le pidió consejo a alejandro respecto a su matrimonio con armando castro? ¿de veras?
Sí. Me lo contó ayer.
En el casino. A lo que hemos llegado.
Confía más en un extraño que en su padre y en su madre. Alejandro no es precisamente un extraño.
Lo vemos como de la familia. Y para ti ha sido el hermano que no tuviste.
Pero me duele tener que enterarme por él de lo que le pasa, de lo que le planea, de lo que quiere hacer maría elena. Terrible es esto.
Qué desgracia cayó sobre nosotros desde la noche en que aquel infame... Ya no, ya no hablemos de eso, por favor.
Sí, sí, bueno, no hablaremos, pero existe esto. Está entre nosotros.
Y ella como una muralla de odio, de incomprensión, de resentimientos. Está en nuestros pensamientos, en nuestros sueños, en nuestras vigilias.
Cuando vuelva al despacho iremos a verla. Si es que todavía está ahí.
Está tal parece como si el mar ejerciera sobre ella una especie de hipnotismo morboso. O como si esperara que en un barco llegara maría elena.
O como si no había dolores y su hijo. No, ellos no volverán.
Siempre dices que no volverán. ¿por qué?
¿porque tú no lo quieres? ¿solamente por eso?
Si tú supieras, clemencio. Si tú supieras.
¿qué cosa? Dímelo, que hay que saber.
Puedes creerme o no, pero yo daría mi propia vida porque ellos estuvieran vivos. Porque volvieran.
¿qué me estás ocultando? ¿qué sabes de ellos que yo ignore?
Sé que no volverán. ¿qué tal, eh, mi vida?
Aquí nos tienes en esta nevería tan bonita, tomando helado. Ay, albertico, ¿me creerás si te digo que es la primera vez que yo entro en un lugar así?
Con la mascada de seda que me regaló mi niño. ¿estuviste contenta, mamá dolores?
Ay, estuve feliz, mi vida. No tenía ojos más que para ti.
¿y por qué no me habías dicho que te cogieron para el día de hoy? El discurso del día de las madres, ¿eh?
Era una sorpresa. Ay, qué sorpresa, mi vida.
Ay, le has dado el día más feliz de su vida a esta pobre negra. Primero, las flores.
Luego, la cajita con mi mascada de seda. Y por último, la fiesta de tu escuela.
Ay, casi me muero de emoción cuando oí cómo te aplaudieron, mi vida. ¿y tú qué no querías eso?
Ah, mi vida, compréndelo. Es que yo no soy una mamá como las otras.
Eres mejor que ninguna. Eres mi mamá.
Hace mucho que tú no me preguntas por ella, por tu mamá de verdad, mi vida. ¿por qué te pones triste?
¿sabes, albertico? Cuando salgamos de aquí y ya antes de que yo me vaya para mi lavada de las lomas, entraremos un ratito a la iglesia.
Quiero que reces mucho por tu mamacita, ¿eh? Que le pidas adiós y a la virgencita de guadalupe.
Que siempre la proteja. Y quiero también que la recuerdes este día y todos los días de tu vida.
¿me lo prometes, mi amor? Sí, mamá dolores.
¿tomamos otro helado? Ay, no, mijito, ya no.
Porque si llego tarde a mi lavada, la patrona se pone brava. Oye, mijo, háblale tú al mesero, ¿no?
Pide la cuenta. A mí me da pena.
¡mesero! Seguramente ya está en la escuela.
Y habrá festejado allí el día de las madres. Le hablará maría dolores de mí.
Ay, tiene que hacerlo. No es justo que ella sola disfrute todas las alegrías que da un hijo.
Lo que estoy diciendo, dios mío. Qué ingratitud.
Si mi pobre enana se lo llevó solo para salvarlo. ¿por qué le tengo envidia?
¿por qué siento tanto dolor y tanta amargura al ver que no regresa? Pero claro.
Es que debe vivir muerta de miedo por lo que mi padre hizo y dijo en aquellos días. Sí, alejandro quedó de venir a las dos de la tarde.
Que nos iban en cuanto lleguen. Sí.
Vamos a comer dentro de un momento. Pero se nos ocurrió subir un rato.
Bueno, yo ya me iba. ¿solo porque llegamos nosotros?
No, porque he estado aquí demasiado tiempo. Ni siquiera por ser día de las madres quieres quedarte con tu mamá un rato.
Quiero estar con mi hijo. En este día y en todos los días de mi vida.
Pero a ti tengo que agradecerte que eso no sea posible, ¿verdad? Ya está bien.
Vete si quieres o nos iremos nosotros. Pero no sigas hiriendo a tu padre.
Yo no sé cómo puedes acercarte a comulgar todos los días si tienes el corazón lleno de amargura y de rencor. ¿cómo puedes ser tan cruel?
He tenido expertos maestros. Mira, no te lo permito.
No... Es que cada día es peor.
Ya no puedo resistirlo. Ojalá que se case y se vaya.
O que se vaya aunque no se case. No, no, clemencia.
Es nuestra hija y tiene razón. Yo soy el culpable de lo que sufre.
Y ya no has pagado bastante. No, no.
Nunca será bastante. ¿pero qué culpa tienes tú de que esa negra, ignorante y torpe se haya robado a nuestro nieto?
Cualquiera puede entenderlo menos maría elena. Creo que...
¿qué cosa? Que cuando pasó aquello dijimos para justificar la ausencia de nuestra hija que estaba enferma de los nervios.
Que padecía un trastorno mental. Fue una mentira para cubrir su falta y creo, rafael, que dios nos ha castigado.
¿vas a salir? Dentro de un rato, tía.
Me cité con maría elena. ¿en su casa?
No, en un café. ¿por qué no la visitas en su casa?
Antes esa era la costumbre de los del junco. Las costumbres cambian, tía.
Y las personas también. Ella me citó ahí porque es un lugar muy agradable.
Bueno, si así es. ¿tú sabes cómo fue que se incendió la finca de la buena esperanza?
No sé. Pero no te gustará oírlo.
¿por qué? Porque la gente dice que maría elena estuvo ahí a su regreso de españa.
Reponiéndose de su mal. Y que en uno de sus accesos nerviosos la incendió antes de que volvieran aquí.
La gente dice, la gente cuenta. ¿cómo pueden inventar algo semejante?
No, no, no fue un episodio aislado. Ni la maledicencia que va de boca en boca, no.
Me lo contó don eusebio gallegos, a quien seguramente tú recuerdas como persona muy serio y muy formal. ¿qué te contó?
Que más adelante, ya estando en el puerto, maría elena trató de quemar la casa. No, y eso lo supimos todos, ¿eh?
Llegaron los bomberos y hasta salió en los periódicos. Hijito, por favor, aléjate de ella.
Aún estás a tiempo. Tía, por favor.
Él nunca se retrasa. ¿por qué ahora?
Lo habrá pensado mejor y habrá decidido que no valía la pena seguir insistiendo. O tal vez, tal vez le dijeron algo de mí.
Ay, la gente es mala. Me han criticado tanto.
Me llaman loca. La monja solterona.
Y no sé cuántas infamias más. Perdón por el retraso, mi vida.
La tía luisa me entretuvo. No sabía cómo cortar la conversación.
No te preocupes. Pero ven, ven, ya van a empezar los bailantes, vamos.
Sí, vamos. Volvieron a subir las acciones del ingenio.
Hablar contigo es como hablar con una pared. ¿qué diablos te pasa ahora?
Ni siquiera tocaste la comida. ¿para eso contrataste a una cocinera de alta cocina?
Perdóname, es que no tenía hambre. Estás haciendo dramas, como de costumbre.
Ah, dramas. Sí, sí.
Solo porque dejé a osvaldo que pasara el fin de semana con sus amiguitos. Nada más que da la casualidad de que hoy es el día de las madres.
¿y eso qué? ¿cómo que qué?
Un día como cualquier otro. Un día que inventaron los comerciantes para enriquecerse todavía más.
Es un símbolo, y lo sabes. Será un día como cualquier otro si tú le enseñas eso al niño.
Alfredo, ¿por qué no quieres darte cuenta? Todos necesitamos fechas especiales, sentimentales, de cariño.
Claro que si osvaldo crece pensando que nada de eso importa, pues, ¿qué va a hacer de él cuando sea grande? Será un hombre feliz y seguro de sí, aunque su propia madre se pase la vida criticándolo.
Lo hago por su bien, porque quiero que sea como los otros niños. Como los otros niños no, porque es mi hijo y no quiero que se parezca a ningún otro.
Ya basta de discusiones. No voy a dejar que lo haga sufrir, ni que lo castigues, ni que lo regañes.
Y tú lo sabes muy bien. Sí, claro que lo sé, pero jamás estaré de acuerdo con eso, porque los niños, todos los niños, necesitan disciplina.
Y óyeme bien lo que te digo, alfredo. Tú vas a ser el primero en arrepentirte.
Mira, si tú no le das esa disciplina desde pequeño... Si te duele algo, llama al médico, pero a mí no me hagas estas escenas.
¿por qué te casaste conmigo? Otra vez.
Bueno, además de que querías el dinero y la influencia de mi papá. Mira, si vas a empezar con eso otra vez, me largo, ¿eh?
Como quieras. Después de todo, es igual que estés o no estés aquí.
Y dime, ricardo, ¿te gusta veracruz? Me encanta.
Y cada día me convenzo más de que hice muy bien en venir aquí a instalar mi fábrica. La gente es muy alegre.
Con cualquier motivo hacemos fiestas. Bueno, esto no es cualquier motivo.
Es el día de las madres. Oye, ¿te fijaste en maría elena?
Sí. Y me sorprendió verla tan animada.
No es así como me habías descrito su carácter. Ella no es así.
Te aseguro que es la primera vez que la veo reír en no sé cuántos años. Pues, parecía realmente contenta con armando castro.
¿se comprometieron ya? Oficialmente no, pero tienen relaciones.
¿relaciones? Es la verdad, ricardo.
No sé hasta dónde habrán llegado, porque mi hermana es una hipócrita. Pero hace días, y por cierto, se lo comenté a teté, la sorprendí besuqueándose con castro.
Y solo por no darle más disgustos a mamá y a papá, no se los dije. Tú y yo también nos besamos porque nos queremos.
¿por qué te parece mal en tu hermana lo que hacemos nosotros también? No compares, ricardo.
Tú no los viste como yo. No, no los vi.
Pero no me gusta darme cuenta de que te llevas tan mal con ella. No me llevo ni mal ni bien.
Simplemente nos ignoramos. Bueno.
La indiferencia es otra de las formas del desamor. Y una de las peores, a mi juicio.
Ay, ricardo, es que es imposible llevarse bien con ella. Está chiflada.
De veras, está chiflada, créemelo. ¿estás contenta, marilena?
Sí, estoy feliz. Tan feliz que me parece que sota que está aquí hablando contigo.
Entonces, tú te sientes bien conmigo. Ajá.
¿crees que entre tú y yo podría haber algo más? ¿algo más?
¿cómo qué? Sí lo creo.
Porque si el amor existe, y vamos a formar una familia, y vamos a tener hijos, esa será la base de nuestra unión. El amor.
De los hijos hablaremos más tarde. No vuelvas a mencionarlos, por favor.
¿tuvieron todas las maletas? Pues, creo que sí.
Son tres, ¿verdad? Revísalas, no sea que falte alguna.
No, no, no, están bien. ¿la de ricardo ya está ahí también?
Sí, mamá, también ya está ahí. Bueno, ¿y dónde está él?
Pues, con tu padre en el despacho. ¿qué decidieron papá y tú?
¿nos acompañan al muelle? No, hija, nunca me gustaron las despedidas.
Y menos ahora que te vas de aquí para siempre. Ay, por dios, mamá.
Solo estaremos fuera dos meses. Y cuando regresemos, vamos a vivir aquí a dos cuadras.
Pero no será lo mismo. Ya nunca nada volverá a ser lo mismo.
¿y qué querías? ¿que me quedara solterona como maría elena?
No llames solterona a tu hermana. Todavía es muy joven.
Yo creo que, mejor dicho, estoy casi segura que se va a casar con armando castro. Eso lo creeré cuando lo vea.
El otro día se lo estaba diciendo a teté. A madrina le gusta jugar con los hombres, enamorarlos, esclavizarlos para siempre y después hacerlos a un lado como cosa perdida.
No hables así de ella. ¿qué derecho tienes?
El derecho de haber vivido en esta casa y observar su comportamiento, mamá. Tú no toleras que se le critiquen y que se le diga nada en contra de ella.
Porque el cariño te ciega, mamá. Pero digas lo que digas, la he visto cambiar día a día.
Y me indigna la forma en que los trata. Sobre todo a papá.
Ese fue uno de los motivos principales de mi boda. Alejarme de aquí.
No verla más o verla lo menos posible. No digas eso.
Uno debe ir al matrimonio como a una fiesta, como a un rito sagrado. Y no por huir de la familia o por buscar refugio contra una situación insostenible.
Por favor, matilde, dime qué quieres al que ya es tu esposo. Claro que lo quiero.
De otra manera, no me hubiera casado con él. Pero, ¿qué cosa se te ocurrió?
¿qué te ocurre, mamá? Tengo tanto miedo de que no seas feliz.
No te preocupes por eso. Seré muy feliz.
Porque sé exactamente lo que yo quiero. ¿y qué es lo que quieres?
¿qué es lo que quieres? Pues quiero una posición en la vida.
Firmeza, sólida. Y sobre todo, mía.
Solamente mía. Alejarme de la tutela de papá y hacer de hoy en adelante lo que me venga en gana.
Qué equivocada estás. Nadie puede hacer lo que le venga en gana.
Y mucho menos nosotras, las mujeres. Ya no vas a vivir sujeta a tu padre, ¿cierto?
Pero ahora le debes obediencia a tu marido para que formen un matrimonio verdaderamente feliz. ¿obediencia?
¿sugestión? Ay, mamá, eso sí que no.
Jamás he conocido una mujer más dócil que tú. Pues sí.
Le das gusto a mi padre hasta en sus menores deseos. Claro.
Has tolerado en silencio su despotismo y no eres feliz. ¿o lo eres?
No, claro que no, porque nunca supiste independizarte. Mira, en mi vida de casada ha habido de todo.
Pero oye bien lo que te digo, matilde. No cambiaría uno solo de los minutos que he pasado al lado de tu padre por toda la independencia del mundo.
Por eso te digo que tú también debes... Mamita, gracias por tus consejos, pero ahórratelos porque no voy a seguirlos.
Ay, ¿pero por qué tardan tanto? Ya va a empezar la hora del tráfico pesado.
Y no quiero llegar corriendo a abordar el barco, mamá. Voy a decirle a ricardo que ya estás lista.
Gracias, mamá. Y, por favor, dile que se apure.
¿te sorprendo? Sí.
Nunca te había visto fumar. Bien sabes que papá no lo permite en casa.
Papá puede seguir prohibiéndote lo que quiera, pero a mí ya no. A mí ya no tiene nada que decirme porque desde este momento me convierto en una visita en su casa.
Ay. Ya veo.
¿y sabes qué, marilina? Tú deberías hacer lo mismo.
¿o es que nunca vas a independizarte? No lo sé.
Matilde, todavía no te doy tu regalo de bodas. Tampoco lo esperaba.
Después de todo, el de papá y mamá fue extraordinario y te incluyó a ti también. A mí no.
Yo nada tengo que ver con ellos. Toma.
Espero que lo uses con alegría. ¿tu aderezo?
¿de veras me lo regalas? Claro que sí.
Te gustó desde aquella noche del aniversario de bodas. Desde el momento en que papá me lo regaló.
Y ahora quiero que sea tuyo y que lo uses tú. Bueno, ¿y qué dirá papá si me lo ve?
Te lo había obsequiado a ti. Así es.
Y aunque hace un momento dijiste que yo seguiré sujeta a su yugo, te aseguro que te equivocas. Yo con mis pertenencias puedo hacer lo que quiera.
Aceptalo, matilde. Es muy bonito.
La verdad es que resulta absurdo que yo lo tenga guardado. Lo usé únicamente aquella noche.
En cambio tú, supongo que en tu nueva vida saldrás mucho y tendrás ocasión de lucirlo. Vaya que lo voy a lucir.
Eres muy generosa. No lo creas.
Generosidad es darse a uno mismo. Yo solo te estoy regalando un objeto.
Pero me gustaría, matilde, de veras me gustaría mucho que en tu cambio de vida incluyeras también tus relaciones conmigo. ¿qué quieres decir, marilena?
Que empecemos a ser amigas y que cuando regreses hablemos y nos entendamos. Por mí no hay inconveniente.
Siempre y cuando tú también cambies. Trataré, matilde.
Que seas muy feliz. Que te vaya muy bien.
Gracias. Adiértete mucho.
Felicidades. Gracias.
Niña matilde, ¿ya ponemos las maletas en el coche? Sí, josefa.
Llévalas, yo iré enseguida. Gracias, está precioso.
Salud, ricardo. Salud, don rafael.
Salud por los dos. Gracias.
Estoy seguro que vas a hacer muy feliz a mi hija. Lo intentaré, don rafael.
Quiero mucho a matilde y me siento feliz de que sea mi esposa. Y no solamente ella.
¿cómo? Debes de hacer feliz también, felices, a los hijos que ella te dé.
Quizás ahora no entiendas bien mis palabras, pero cuando empiece a llegar la familia, te darás cuenta de lo difícil que es ser padre. Mira, uno estudia para todo.
Te preparas para cualquier profesión, para cualquier actividad, menos para la de padre de tus hijos. Por eso, para educar a los hijos, nos dejamos a veces llevar por el instinto, por la tradición y en muchas ocasiones por la ira.
No caigas en eso, ricardo. Piensa que si lo haces, esos pequeños seres, esos pedazos de tu alma, se pueden convertir en el futuro en tus peores críticos, en tus jueces implacables y en ocasiones hasta en tus enemigos.
Muchas gracias, don rafael, por el consejo. Bueno, ahora formo parte de la familia y pretendo ser para usted el hijo varón que nunca tuvo.
Sí, gracias. Pero hay algo que nunca he entendido.
La actitud de mi cuñada, maría elena. ¿puede usted decirme a qué obedece?
Ah, ricardo, eso es muy largo y complicado de explicar. Pero sí te puedo decir que yo soy en paro por la parte culpable de esa actitud.
Por todo lo que te he dicho anteriormente. Perdónenme que les interrumpa, pero matilde es impacienta y teme perder el barco.
Hay tiempo de sobra, doña clemencia. Aún así, no la hagas esperar.
Vale más llegar media hora antes que un minuto después. Tiene razón.
Si hay algo que yo pueda hacer por ti mientras estás fuera, quiero decir, en relación con tus negocios... Se lo agradezco, señor, pero lo dejo en buenas manos.
Ah, quédese tranquila, señora. Le acabo de prometer a don rafael y ahora se lo prometo a usted que cuidaré bien de matilde.
Que procuraré hacerla feliz. Que dios te lo pague, hijo.
Y que seas feliz tú también. ¿se animaron por fin a acompañarnos al muelle?
Pues no, ni a mi esposa ni a mí nos gustan las despedidas, aunque el viaje sea corto y por una ocasión tan feliz como esta. Pero vamos con ustedes hasta el coche.
Ahí nos despediremos. Gracias.
Vamos, clemencia. Tía luisa, ya estoy aquí.
Hola, hijo. Te esperábamos hasta mañana.
¿cómo estás? Bien.
Qué bueno. ¿no quieres té o café?
No, gracias, tía. Siéntate.
Me di prisa en concluir unos negocios pendientes para pasar más tiempo con maría elena. ¿y contigo?
No me dores la píldora. Sé que me quieres.
Pero también sé quién es la dueña de tu corazón, de tus pensamientos y de tu tiempo. Qué lástima que no pudiste llegar a la boda de su hermana.
Tenía que hablar con los compradores de ganado, tía. Y además, ya sabes que a mí esas recepciones sociales tan ostentosas y numerosas no me gustan.
Lo digo porque te perdiste de ver a maría elena en sus mejores días. Matilde también estaba preciosa con su vestido de novia, pero debo decir que la hermana la obvió.
Era muy apacada. Ay, qué belleza, dios mío.
Parecía una virgen mientras rezaba con devoción, clavando los ojos en el cristo del altar. Tanto.
¿lloraba? Supongo que era la emoción.
Y eso me desconcierta porque es un secreto a voces que no se lleva bien ni con matilde ni con sus padres. No te entiendo, tía.
Por un lado alaba su belleza y por otro critica su carácter. Digo lo que comentan todos, lo que se sabe.
Perdóname que sea terca, pero estoy muy preocupada porque veo que tu relación con ella se consolida y de veras quisiera que lo pensaras muy bien. Pero si no hay nada que pensar.
Lo único que espero es que maría elena me acepte. Y cuando lo haga, nos casaremos de inmediato.
Y ahora voy a cambiarme, tía, y a desempacar. Te voy a ver ahora.
Ahora de la comida, ¿sí? Sí, mijito, qué bueno que ya estás aquí.
¿qué quieres, albertico? Ven, ven, a la escuela.
A ver. Ya te dije, albertico, que no quiero, que no quiero que trabajes más de lo que ya lo haces y se acabó.
Me lo vendió porque su papá es soldado y lo mandaron a cuernavaca. Tiene arreglado.
La señora ríos me prometió que me iba a regalar hasta los pasajes desde la semana que entra. Hasta esto, mi vida.
De veras. Yo creo que voy a ganar.
¿y a qué hora vas a hacer la tarea, eh? Vamos a ver.
¿a qué hora vas a hacer tú la tarea? Me da tiempo porque la profesora nueva aquí vas a tirar.
Estás decidido, ¿verdad? Sí.
Yo no sé cómo sería tu padre, pero de que tienes el carácter de maría elena no hay la menor duda. ¿mi papá?
¿entonces no lo conociste? No más de mí.
Es mi papito. Y ojalá que nunca hubiera puesto los ojos en él.
Vamos a ver, mi vida. Vamos a ver.
Aquí está, mire. Vamos a ver, a ver cuántos trapitos nos van a salir de estas garritas.
¿así? Sí, señor mendoza.
Sí, tengo los recibos aquí. Alfredo, me vine de la escuela directamente con el niño para acá.
Necesito que hables con él. Sí, le pagaré la semana entrante.
Muchas gracias. ¿me oíste?
No podías esperar a que llegara a la casa. Ya te he dicho que en la oficina no me gustan tratar problemas familiares.
Es que esto se tiene que resolver ahora mismo. Es el tercer colegio del que expulsan a osvaldo.
Esos cretinos. No, no son cretinos.
Son educadores, maestros y saben de los niños más que tú. ¿qué pasó ahora?
Descalabró a un niño más chico que él. Y sus papás dicen que nos van a demandar.
Pues a ver que lo hagan, que lo hagan, que se atrevan. Ya verán cómo les va a ir.
Por favor, alfredo, escúchame. La maestra me dijo que fue a propósito.
Que el niño no lo provocó. Y que si no se lo quitan, lo matan.
Es que siempre se ponen en contra de mi hijo. Y dice también que si sigue así, ya no lo van a aceptar en ninguna escuela.
Pues mejor, mucho mejor. Le voy a poner maestros particulares que lo eduquen en la casa y se acabó el problema.
Eso sería mucho peor. Tú has visto cómo trata a los sirvientes.
Con un asalariado haría lo mismo. No respeta a nada, alfredo.
No quiere a nadie. Bueno, que la gente se ponga en contra de mi hijo, lo acepto.
Pero eso de que su propia madre lo critique es verdaderamente monstruoso. Precisamente porque soy su madre y me importa su futuro.
Por eso es que quiero que lo castigues. Que lo disciplines, alfredo.
Ya hablé con él durante el camino y se lo vine diciendo. Por favor, alfredo, por lo que más quieras, apóyame por una vez en la vida.
Sí, graciela, que entre mi hijo, por favor. ¿qué pasó, mi gordo?
Papi. Venga para acá.
A ver, gordo, ¿qué pasó? ¿qué pasó hoy en la escuela, eh?
Fíjate, papi, que me tropecé con el niño. Y se cayó.
Llegó la maestra, que no me quiere. Dijo que yo lo había tirado a propósito.
La maestra es una mentirosa, papá. Sí, ya lo sé.
Y por eso te voy a poner profesores particulares en casa. Ya no vas a ir a esa escuela más.
Ni a ninguna otra, ¿eh? No le va a acusar a mi hijo injustamente.
Madre lo va a hacer sufrir mientras yo puedo evitarlo. No, no, no.
Están platicando en la sala. Pero si ya quieres comer, ir y avisarlos.
Sí. No, no, no.
Déjalos, déjalos. No los interrumpas.
Ay, dios mío, ¿cuándo formalizarán? Se ven tan contentos los dos.
Pero de casarse no dicen nada. Bueno, ya lo dirán.
Ya lo dirán a su tiempo, si hay algo que decir. ¿qué tanto hablarán?
Pues mientras esta niña no se le ocurra contarle la historia de su vida. Y la pobre negra huyó llevándose a mi hijo.
Yo sentí que enloquecía de pena. Pero tuve que volver aquí con mi tío, alejandro y con mi padre.
Y antes de venirnos, papá incendió la finca. Como si con eso pudiera borrar todo lo que había sucedido en ella.
¿quién fue él? ¿qué importa su nombre?
Además, no fue él el único culpable. Yo no debí escucharlo ni dejarme arrastrar por la pasión.
Pero era mi primer amor. Me había jurado que sería su esposa y le creí.
¿dónde está tu hija? Jamás volví a tener noticias suyas.
Por eso me encerré en mi casa. Por eso no quise ver a nadie.
Pero llegaste tú. Me enamoré de ti.
Y ahora sé lo que es el verdadero amor. Y el amor...
El amor no miente ni engaña. Por eso te lo he dicho todo.
Porque yo no puedo ser tu esposa sin que conozcas mi pasado. Sin que lo sepas todo acerca de mí.
Perdóname. Perdóname por no haberlo hecho antes.
Pero yo necesitaba estar segura de tus sentimientos. De los míos.
Y ahora que lo sabes, ¿aún quieres casarte conmigo?