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Tú son verte entre mis brazos y con mi amor calmar tu llanto. Quiero tenerte junto a mí, es como un sueño de un...
No hay otro, quiero... El vertigo, el plato lleno.
Es que me sirvió mucho. Has llorado, mi amor.
En los ojos. Hijo, a ver cuándo se nos hace comprar una estufa nueva.
¿cómo te fue la escuela, mi vida? Así que nada más gané esto.
Lo suficiente, mi amor. Además, yo ya te lo he dicho.
Lo primero son los estudios. La última vez que fui a tu escuela me dijo la maestra que eras muy aplicado.
¿es cierto que ya le es de corrido, mi vida? Sí, mamá dolores.
Mira, te voy a enseñar. Ahorita te enseño, ¿eh?
¿de veras dice todo eso allí, mi hijo? Sí.
Mira, esta es la m. Esta.
Y esta es la e. Cuando sepa bien, te voy a enseñar a ti.
Está bien. Bien, mi niño.
Mi niño, leyendo, leyendo, como los señores grandes que tienen harta postición. Puedes aprender, mamá dolores.
¿qué va, mi vida? Si soy reburra.
La maestra dice que todos podemos. Ya verás que aprenderemos los dos.
Y agua caliente para tus pies. Ahora no vengo cansada, mi vida.
Me tocó recocer. Estuve sentada un buen rato.
Además, ¿qué cree, mi amor? ¿eh?
La señora, mira, me dio doscientos pesos. Doscientos por ayudarle a doblegar una sala.
Cincuenta. Y el portero dijo, si no pagamos completo, nos corre de aquí.
Ay, mi vida, de aquí a fin de mes, todavía nos faltan muchos días. Dios proveerá, mi vida.
Dios proveerá. No te preocupes así, corazón.
No te preocupes. Anda, apúrate a hacer la tarea, ¿eh?
Apúrate para que yo limpie todo esto y tú te bañes temprano. Y descanse, mi amor, ¿eh?
Sí, mamá dolores. Mamá.
Hija, pero mira nada más cómo estás, hija. ¿qué tal?
¿qué tal? ¿cómo estás, señora?
Bien, bien, pasen. Siéntense, por favor.
Gracias, mamá. Gracias.
¿cuándo llegaron? Llegamos por la mañana.
Nos instalamos en la casa y venimos a verlos inmediatamente. Mamá, te veo muy desmejorada.
¿ha estado enferma, señora? No, no.
Tuvieron buen viaje. Estupendo.
Ricardo tomó no sé cuántas transparencias y está loco por mostrárselas. Aunque yo le decía que era mejor que las compráramos en alguna tienda.
No es lo mismo. Aunque no sean tan perfectas, prefiero haberlas tomado yo.
Claro. ¿cómo está don rafael, señora?
Bien, gracias. Bueno, ¿y la boda de marilena?
Cuéntamelo todo, mamá. No hubo boda.
¿lo ves? Qué lástima que no apostamos.
Tú no me quieres creer, pero marilena es una inconstante. Cállate, matilde.
No hubo boda porque su prometido murió. Pero, ¿cómo?
Una cosa terrible. En un accidente el día antes de la boda.
Dios mío. ¿y mi hermana cómo está, mamá?
Imagínate. ¿cómo está?
Está deshecha. Desde entonces se ha encerrado en su cuarto y no quiere hablar con nadie.
Tu padre y yo estamos muy preocupados. No sabemos qué hacer.
Voy a verla. No, no.
Por favor, no. Mamá, es que tengo que hablar con ella.
Darle el pésame. Ahora no.
Por fin, después de muchos ruegos, accedió a recibir esta tarde al padre juan. Espera a que hable con ella y luego la veremos nosotros.
Pero, mamá, tengo que verla. No insistas, matilde.
Tu mamá tiene razón. Lo siento muchísimo, señora.
No sabíamos. Es que, como anduvimos de un país a otro, debimos hablarles, estar en contacto.
Pero es tan, tan difícil las largas distancias. Sí, lo comprendo.
Por favor, no te disculpes. Pobrecita.
¿qué importo yo, hija? Es ella.
Ella. Justo cuando iba a rehacer su vida.
Yo no encuentro respuestas. ¿por qué pasan estas cosas?
¿por qué mueren los hombres buenos cuando hay tanto malvado en el mundo? Oye, ¿cómo está eso que me decías del padre juan?
Ah, que esta tarde iba a ver a maría elena. Yo creo que ya debe estar ahí.
¿y ella aceptó recibirlo? Ya ves que no quiere hablar con nadie.
Mmm. Pues en este caso sí aceptó.
Pero yo me salí de la casa porque estaba muy inquieto. Aquí por lo menos me distraigo un poco.
No, ya verás cómo la tranquiliza la charla con el sacerdote. Ya no me hago demasiadas ilusiones.
Y la verdad no sé. No sé qué va a pasar, pero que pase algo.
Ese silencio, ese aislamiento suyo es lo que no tolero. Pero antes estaba igual.
No, no te creas, te equivocas. Estaba distanciada de nosotros.
Se aislaba en su cuarto, es cierto. Pero al mismo tiempo no perdió ocasión de echarme una puya, de discutir con su madre.
En cambio ahora este silencio... Es como si ella se hubiera muerto también.
Como si hubieran enterrado su corazón hace ocho días en el ataúd. El ataúd de armando.
Sin embargo se mostró muy entera. No derramó ni una lágrima.
¿y eso te parece normal? Si eso es precisamente lo que más me asusta.
¿por qué? ¿por qué habrá tenido que sufrir tanto, maría elena?
Hay destinos trágicos y lo sabemos. Pruebas que manda nuestro señor a todas sus criaturas.
Yo ansiaba que recibiera al padre juan. Y al mismo tiempo tengo miedo de esa visita.
De lo que puede surgir de esa visita. ¿y qué es lo que temes?
¿o qué es lo que sospechas? Pues no lo sé.
Pero puedo decirte que es un mal presentimiento. Pues ojalá te equivoques, porque después de lo ocurrido no creo que pueda pasarle nada peor a maría elena.
No sé qué decirte, maría elena. No encuentro las palabras.
Porque no existen, padre juan. Yo también las busco para consolarme.
Que es inútil. No existen.
Quizá pensar que estar condenado a una inmovilidad absoluta y eterna te sirva de algo. Piénsalo, maría elena.
Un muchacho como él, fuerte, lleno de vida, condenado a un destino semejante. Lo habríamos compartido juntos.
¿no me creo? Sí, sí te creo.
Pero el sacrificio del ser amado es algo muy difícil de sobrellevar. Y ese sacrificio tuyo hubiera duplicado sus sufrimientos.
No era sacrificio, padre. Yo lo adoraba.
¿y él a ti? ¿no es esa una alegría inmensa?
Haber conocido por fin el verdadero amor. Piensa, hija, que muchos de nosotros pasamos por la vida sin encontrarlo nunca.
Y nos refugiamos, claro, en el amor perfecto que es el amor a dios. Porque amándolo a él, amamos a todas sus criaturas.
Extraño. Lo mismo me dijo armando unos minutos antes de morir.
Con distintas palabras, pero lo mismo. Llegó a enterarse de la gravedad de su accidente.
No, yo se lo iba a decir, pero no me dejó hablar. Sabía que su tiempo estaba terminando.
Ahora me alegro de no haberle dado esa última pena. ¿lo ves?
Aún en los dolores más grandes se encuentra un poco de alegría. Alegría triste, sí, desolada.
Pero alegría al fin. Qué bueno es usted, padre juan.
Y qué bueno que viene a verme hoy. Yo te he buscado todos los días, desde que lo sepultamos.
No diga esa palabra horrible, por favor. Sepultar.
Dejar bajo tierra todas nuestras ilusiones. La tierra es buena, marilena.
Es la madre amorosa que nos acoge en su seno cuando nuestra alma vuela hacia el creador. Piensa que él descansa ahora bajo el suelo que le vio nacer, que recorrió con sus inseguros y primeros pasos de niño.
Que hizo fructificar con su esfuerzo y donde se asentaron después sus firmes piernas de hombre. Sí, padre.
Sí, pienso en todo eso. Como le dije antes, nada calma la pena.
Quizás aminorando la de otros sea menos punzante. Me refiero a tus padres, marilena.
Están muy tristes, preocupados. Sí, lo sé.
Pues si lo sabes, acércate. Acércate a ellos.
Tal vez en su amor volverás a encontrar el amor del hombre que perdiste. ¿por qué repite usted sus palabras?
¿cuáles palabras? Las de armando.
Es increíble. Es como si usted hubiera estado en el cuarto cuando hablamos por última vez.
No estaba yo, marilena. Pero estaba dios.
Dios que nos acompaña siempre. Y que a veces pone en nuestro corazón y en nuestros labios los pensamientos buenos de nuestros hermanos que se fueron.
¿hablarás con tus padres? ¿los tranquilizarás?
Lo haré ahora mismo. Bueno, yo tenía que pensarlo mucho antes de tomar una decisión.
¿y cuál es esa decisión que has tomado? Osvaldo es muy inteligente.
Sí, precisamente por eso le tienen envidia a los chamacos de la escuela, hasta a las propias maestras. Sí, es muy inteligente.
Hay que cuidar su educación, disciplinarlo como te pide magalén. ¿y tú me vas a dar consejos?
¿cómo puedes darlo sin cuatro años de casado? No has tenido un hijo.
Ni los tendré. Mi esposa está muy enferma del corazón.
Un embarazo en su estado sería mortal. Disculpa, yo no sabía.
Por favor, sigue actuando como si yo no te hubiera dicho nada, ¿quieres? Ella vive con la ilusión de que algún día va a curarse, de que algún día podríamos tener familia.
Le apena que se enteren los demás. Te lo he contado porque a ti no te oculto nada.
Ni yo a ti. Y eres el único, créeme, a quien le permito que critique a osvaldo.
Tal vez tiene razón. Voy a ser un poco más firme con él.
Ojalá lo hicieras. Piensa que de ti depende mucho la suerte de ese niño.
Lo que tú le toleras no se lo aguantarán los demás. Oye, por cierto, hablando de niños.
¿qué pasa? Hace un momento me visitó en la oficina el señor salazar.
¿tú te acuerdas de él? Sí, claro.
Hicimos varios negocios con su agencia cuando trabajábamos en veracruz. ¿qué tiene que ver él con nuestra conversación?
Pues, como quien no quiere la cosa, le pregunté por... Por marielena del junco.
¿otra vez? Sí, ya sé, ya sé.
Te juré que no me iba a ocupar de ella, pero... Y lo cumplí, te consta que lo he cumplido durante todos estos años.
Es que hoy la tentación fue demasiado fuerte. Vive en veracruz, conocí al padre de marielena y sí supieras lo que me contó.
¿qué te contó? ¿te acuerdas del compromiso con aquel tipo?
¿se rompió? Se rompió sin mayores explicaciones.
Pero ella estaba a punto de casarse hace ocho días cuando su prometido murió en un accidente. Pero qué mala suerte tiene esa muchacha.
¿y del hijo? ¿te platicó del hijo?
No existe. Es lo que yo pensé siempre.
Seguramente se malogró y ella sigue pasando como señorita. Debe estar más bella que nunca.
Alfredo, no sé qué estás pensando, pero te conozco. Oye bien lo que te digo.
No me parece correcto que te metas en la vida de esa mujer cuya vida destrozaste. Llegaste, mi niño.
¿qué pasa, eh? ¿por qué vienes tan contento?
Cierra los ojos. Ábrelos.
¿y de dónde salió esto? Vamos a ver, mi niño.
¿de dónde salió? Me lo dio un señor.
Por bolearle los zapatos. ¿pero cómo cien pesos por una boleada?
Estaba muy contento. ¿quién sabe por qué?
Pero estaba muy contento. ¿ah?
¿lo ves mandando dolores? Ya complementamos lo de la renta.
Porque dios es muy grande, mi niño. Muy grande.
Mi vida, muchas gracias. Todavía están ahí.
¿ah, sí? Vaya, y tanto tiempo, pues, ¿de qué hablarán?
No sé. Pasé por su recámara.
Oí murmullos como si estuvieran rezando juntos. Pues, mira, yo definitivamente no creo que el padre juan pueda hacer algo por maría elena.
No me digas eso, rafael. No mates la poca esperanza que aún me queda.
Uf. Pues, perdóname, es que yo perdí hace mucho la mía por completo.
¿sabes? Desde que murió armando he pensado mucho en el otro.
¿dónde estará? Bueno, ¿y a nosotros qué nos importa dónde esté ese?
Otro. Seguramente estará pagando porque en la vida todo se paga, clemencio.
Sí, eso pienso. Y me pregunto por qué no murió ese infeliz en vez de armando.
Sí, tienes razón. ¿por qué no murió ese...?
Vamos a acompañar al padre juan a la puerta. ¿cómo estás?
Estoy bien, papá. Gracias.
Estábamos preocupados por ti. Sí.
¿por qué? Pues, porque...
¿lo ves, rafael? Yo te decía que el padre juan hace milagros a hecho que volvieras a salir de tu cuarto.
Tenía que salir. Tenía que hablar con ustedes.
Sé que estaban preocupados por mí y eso me apena. Pero era preciso que pensara las cosas y que pusiera en orden mis ideas y mi vida.
Te veo muy tranquila. Sí, mamá.
Sí lo estoy. Porque ya he tomado una decisión y quiero comunicárselas.
¿y cuál es esa decisión? ¿sabes?
Desde que murió armando he pensado mucho en el otro. ¿dónde estará?
Bueno, y a nosotros qué nos importa dónde esté ese otro. Seguramente estará pagando porque en la vida todo se paga, clemencio.
Sí, eso pienso. Y me pregunto por qué no murió ese infeliz en vez de armando.
Sí, tienes razón. ¿por qué no murió ese...?
Acabo de acompañar al padre juan a la puerta. ¿cómo estás?
Estoy bien, papá. Gracias.
Estábamos preocupados por ti. Sí.
¿por qué? Pues porque...
¿lo ves, rafael? Yo te decía que el padre juan hace milagros a hecho que volvieras a salir de tu cuarto.
Tenía que salir. Tenía que hablar con ustedes.
Sé que estaban preocupados por mí y eso me apena. Pero era preciso que pensara las cosas y que pusiera en orden mis ideas y mi vida.
Te veo muy tranquila. Sí, mamá, lo estoy.
Porque ya he tomado una decisión y quiero comunicárselas. ¿y cuál es esa decisión?
Nosotros te amamos. Pienses lo que pienses.
Espera, espera, clemencia, déjala que hable. Estos últimos años de mi vida han sido terribles.
No sé cómo los he soportado y cómo me han soportado ustedes. Yo no busco culpables.
Creo que todos lo somos y siento una infinita piedad y una infinita lástima por ustedes, por mí y por todos los que no encuentran la felicidad. Por las madres que pierden a sus hijos y por los hijos que pierden a sus madres.
Pero yo, la verdad, no puedo seguir llenando mis días y mis noches de ese dolor, de esa compasión estéril. ¿y qué has decidido?
Sé que ustedes, bueno, principalmente tu papá, sostienen en gran parte la maternidad amparo para madres solteras. Ajá.
¿y qué? Eso tiene que ver con...
Bueno, yo creo que lo haces para callar tus remordimientos, pero no importa por qué lo hagas. El hecho es que yo quiero colaborar contigo en esa obra.
Pero, ¿y cómo? No tengo fortuna.
Jamás he trabajado y tú me habrás dado todo a través de los años. Pero creo que todos, por pobres que seamos, siempre tenemos algo que ofrecer.
Y ofrecer a nuestros semejantes. Tú no eres pobre.
Nos vas a heredar a los dos cuando... Clemencia...
No, mamá. Claro que no soy pobre.
Tengo mucho que darle a esos niños en quienes veré a mi hijo huérfano. Me dice el padre juan que la maternidad la tienen monjas carmelitas, ¿no es cierto?
Sí. Así es.
En el convento hay monjas contemplativas que no salen jamás. Llevan una vida de meditación y oración.
Y monjas activas que han estudiado una carrera o que simplemente trabajan en el mundo para sus semejantes. Pero, ¿trabajan religiosas allí?
Sí, ya te dije que trabajan religiosas y también trabajadoras no religiosas. Las doctoras, la recepcionista...
Y la señora de la administración... Ah, y la conserje.
¿por qué haces estas preguntas? Porque quiero pedirles a papá y a ti que me permitan colaborar desde mañana en esa obra social.
Pero no sabes lo que estás diciendo. El trabajo en la maternidad es pesadísimo.
Ninguna muchacha de nuestra sociedad... Si maría elena quiere ir allí, será muy bien recibida.
Pero rafael... Tú sabes que no es fácil.
Bueno... Ya te he comentado que muchas de las madres solteras que ayudamos son rebeldes, insolentes y de muy baja extracción social.
Han llegado a insultarnos. Ay, a veces son tan malagradecidas.
Pues sí, porque son desdichadas. ¿puedo empezar mañana mismo?
Sí, sí, claro que sí, mi hijita. Te pondré al frente de la maternidad...
No, no, no, papá, no. Ustedes no me han entendido.
Yo no voy a llegar ahí como la hija del señor que sostiene esa obra, sino como una voluntaria, como una trabajadora más. Pero eso no es posible, hija.
¿cómo? Pero mira, tú haz lo que quieras, maría elena.
Y qué bueno, qué bueno que al fin dios ha tocado tu corazón. No fue dios.
¿qué has dicho? Lo que tenía que decir.
Pero todavía no termina. Les pido perdón a mi padre y a ti por mi actitud de estos años.
No trato de justificarla, porque no tiene justificación. Ustedes me dieron la vida y yo sé que a su modo me aman.
Hija... Sí, mamá, yo también sé que no va a ser fácil que cambie la vida entre nosotros, porque nos hemos herido demasiado, pero...
Por mi parte... Yo, yo voy a hacer lo posible, porque los quiero mucho también.
No llores, mamá, no, no llores. Me has hecho tan feliz, tan inmensamente feliz.
Tenía mucho miedo. Creí que ibas a decirnos...
Creí que... Ay, no sé, no sé qué creí o qué temí.
No te preocupes. ¿y papá por qué se fue?
Porque a ningún hombre le gusta que lo vean llorar. Buenos días.
Hola, mi amor, buenos días. ¿cómo estás?
Bien. ¿por qué te levantaste tan temprano?
Porque se acabaron las vacaciones, pero no la luna de miel. Tengo que atender mis negocios, amorcito, para seguir dándote todo lo que quieres, todo lo que mereces.
Yo solo te quiero a ti. Y me tendrás siempre, pero a sus horas, corazón.
No hice dinero enamorando muchachas preciosas como tú. Pero no vas a trabajar mucho, ¿verdad?
No, lo necesario, te lo prometo. Trabajaré lo necesario para volver cuanto antes a estos brazos que tanto amo.
Siéntate. ¿y qué vas a hacer hoy?
Pues lo primero tengo que ver a angelita. ¿y quién es angelita?
Mi modista. Quiero que me arregle unos vestidos que compré en europa.
Es que todos me quedan largos. Lo primero es visitar a tu hermana.
¿para qué? ¿ya oíste lo que dijo mamá?
Lo oí perfectamente. Dijo que marielena iba a hablar ayer con el padre juan y que hoy podríamos visitarla a todos.
Mamá, se hace demasiadas ilusiones igual que tú respecto a mi querida hermana. Ni el padre juan ni nadie logrará hacerla cambiar.
Es posible. Pero aún así quiero que la busques hoy mismo y que trates de consolarla.
Sería inútil, ricardo. Inténtalo al menos.
¿es una orden? Es una súplica.
Yo no doy órdenes. Y menos a ti que eres el amor de mi vida.
No vendré a comer. ¿por qué?
He abandonado mi negocio durante cuatro semanas y ya me imagino todos los pendientes que voy a encontrar cuando vuelva. Hasta la noche, querida.
Hasta la noche. Ya empezó a darme órdenes.
Dígase. Alfredo.
No sé qué estás pensando. Pero te conozco.
Y oye bien lo que te digo. No me parece correcto que te metas en la vida de esa mujer cuya vida destrozaste.
Alfredo. ¿pero qué haces en la oficina?
Vine a hablar contigo, naturalmente. Pero parece que estás en otro mundo.
¿no quieres sentarte? Sí, gracias.
¿por qué te vestiste de negro? Hoy cumple cinco años de muerto mi papá.
Claro, claro. La visita obligada al cementerio.
Obligada no. Tú irás si quieres, que seguramente no vas a querer.
Pero osvaldo tiene que acompañarme y no quiere. ¿por qué?
Lo invitó a comer un amiguito de la escuela. Pues está bien, ¿no?
Que vaya. Yo creo que es un niño.
No tienes por qué llevarlo a tus peregrinaciones. Solo una vez por año visito la tumba de papá.
Podrías ir a diario si quisieras. Pero no nos obligues a acompañarte.
Alfredo, entiéndeme, por favor. En una familia se deben de compartir lo mismo las penas que las alegrías.
Osvaldo debe aprender a respetar la muerte. A honrar la memoria de sus parientes difuntos.
¿pero para qué? Que viva feliz.
Es lo único que yo quiero. Y lo que yo quiero no importa.
Soy su madre. Sí, sí.
Una madre que solo piensa en regañarlo y en distorsionar su mente de niño. Ten cuidado, magalín.
Lo que tú estás haciendo es muy peligroso. Es muy peligroso lo que tú estás haciendo.
¿pero qué haces tú, alfredo? Y el tiempo nos va a poner a cada uno en su lugar.
Pero óyeme bien lo que te digo. Cuando osvaldo crezca, tú vas a ser el único que sufra.
Porque yo ya no voy a estar aquí para verlo. Adiós.
Ahora, mi vida, vamos a pedirle a la virgencita que proteja siempre a tu mamá. Que la consuele en este día de su cumpleaños y en todos los días de su vida.
¿cómo sabes que hoy es el cumpleaños de mi mamá? ¿cómo no lo voy a saber, mi vida?
Los festejé con ella desde el día que tú naciste. Y donde quiera que tú y yo estemos, mi amor, en ese día y en todos los días de nuestra vida, vamos a pedir por ella.
¿tú sabes dónde vive mi mamá? Sí, mi vida.
¿y por qué no me llevas a verla? Porque no se puede, mi vida.
¿nunca voy a verla? Yo creo que no, mi amor.
Porque tu mamá vive con tu abuelo. Que es un hombre muy malo.
El mismísimo demonio. Vuelto a nacer.
No sé quién fue tu intermediario para mover el corazón de mi hija. Pero lo hiciste.
Y yo jamás, ni con todas mis caridades o buenas obras, podré agradecértelo. No por mí, tú lo sabes.
Yo merezco cuanto castigo quieras enviarme. Es por ella, por ella que al fin sale del marasmo en que vivía.
Del profundo pozo de su soledad y su amargura. Comes todo lo que te sirva y te portas bien, osvaldo.
Yo iré a buscarte cuando salga del panteón. Ya ves que papá dijo que no fuera.
Y yo le obedezco porque es mi marido. Como deberías de obedecerme tú porque eres mi hijo.
Pero papá manda, él es el hombre. Ser hombre, osvaldo, es ser bueno.
Respetuoso con los mayores. Tierno con el débil y fuerte con el fuerte.
Cuando tú entiendas eso, entonces serás un verdadero hombre. Tú nada más dices puras tonterías.
Osvaldo. Sí, puras tonterías.
Papá dice que se hubiera... Ojalá se hubiera casado con maría elena.
Mis trofeos. ¿cuánto tiempo hace que no monto a caballo?
Yo también debería salir del marasmo. ¿qué pasó?
La presenté con las personas de la maternidad y la dejé ahí. Dijo que no vendría a comer.
No hemos podido hablar con calma de este asunto. Pues, yo solo puedo decirte que estoy feliz.
Me parece increíble. Temo que haya sido un impulso del que se arrepienta después.
Pero mientras dure, estoy feliz. Imagínate cómo me sentiré yo.
¿hablaste con el padre juan? Sí, pero muy brevemente porque tenía dos bautizos y dos visitas a enfermos graves.
Quedó de venir a comer con nosotros. Ah, qué bien, qué bien.
Tenemos tanto que agradecerle. Pues, de eso no estoy tan segura.
¿qué? Él dijo que nada había influido en la decisión ni en el cambio de maría elena.
¿y entonces quién? Supongo que nos lo va a explicar más tarde.
Clemencia, voy a pedirte un favor. Sí.
Cuando llegue el padre juan, déjanos a solas un momento antes de servir la comida. Pero yo también quiero escuchar lo que tiene que decirnos respecto a maría elena.
Sí, sí, sí, sí, bueno, pero déjame hablar antes con él. Te lo suplico, haz lo que te digo.
Sí, rafael. Yo tengo que saber a quién debemos agradecerle este renacer de maría elena.
Adiós. Sí, bueno, desde luego que adiós, pero hay algo más, algo más que debo aclarar con el padre juan.
Ramón. Magaly.
¿cómo estás? Bien.
Recordé que hoy cumpleaños de muerto tu papá y quise venir a acompañarte un rato. Sí, gracias.
Yo vengo llegando del cementerio. Oye, ¿te ofrecieron ya algo o te sirvo un café?
Mejor un poco de agua. Es agua de limón.
No sabes cuánto te lo agradezco. Alfredo, como de costumbre, se negó a acompañarme.
Y en esta ocasión le hizo segundo osvaldo, con el apoyo naturalmente de su papá. Con que fueras tú es suficiente.
Gracias. Siéntate.
Gracias. Ramón, de verdad no sabes la suerte que tiene en tu esposa de tu dedo.
Perdóname, no debo pensar así, lo sé. Pero es que hay hijos que...
Pobre alfredo. Los que va a pasar cuando osvaldo sea hombre y yo falte.
Es la segunda vez que dices eso. Desde la última ocasión en que nos vimos.
¿por qué? ¿por qué estás tan segura de que te vas a ir antes que tu marido?
Pues porque visito al mismo cardiólogo que tu esposa. Viviré pocos años, ramón.
¿sabes? No me importa.
Porque ya me convencí de que nada puedo hacer por mi hijo. Mientras su padre lo echa a perder con ese consentimiento.
¿también tú? No te apenes por mí.
Y no se lo digas a nadie. Piensa que para algunas personas como yo, a lo mejor la muerte es una bendición.
Un alivio, ramón. No llores, mi reina.
Ya no llores. Ay, qué linda está.
A ver si no tiene frío. ¿ya no vas a llorar?
¿ya se te quitó? Ay, mira a tus amigos.
¿qué? Se están prestando ya las manos.
Disculpe, señorita. ¿no ha visto a la hermana jacinta?
Lo siento. No la conozco.
Yo acabo de entrar. Seguramente por eso está arrollando al niño.
No hay que perder tiempo en eso cuando hay tantas cosas que hacer aquí. Bueno, es que estaba llorando la niña.
Pues que llore. Desarrollarán muy pronto sus pulmones.
Deje eso y vaya a ordenar la sala de espera, que es un verdadero desastre. Haga lo que le digo.
Soy a su disposición. Soy asunción montero, una de las benefactoras de esta maternidad.
Me asignaron al cuidado de los recién asiduos y aquí me voy a quedar. No discuta mis órdenes o la reportaré con don rafael del junco en la próxima junta de consejo.
Le conozco bien y él siempre toma en cuenta mis palabras, así que más le vale obedecerme o no durará mucho tiempo aquí. Toma, mirce.
Pero qué insolencia. ¿cómo se llama usted?
Marilena del junco.