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Menos, tomasa, ¿recuerdas dónde vives? Sí, eso sí.
¡dios santo! Tomasa, por el amor de dios, por lo que más quieras en la vida, habla de una vez, dímelo.
¿dónde vives, tomasa? ¿dónde vives?
¿dónde vives? Tengo una casita en la ciudad perdida.
¿y eso es para que aprendas, eh? ¿con qué quieres llevar las cosas por las manos, eh?
Mira, no te acerques, ricardo. ¡no te acerques porque de veras...!
No, rosalía, si fue no, puede ser peligroso. ¿ay, sí, peligroso?
Puede explotar, rosalía. Tras el...
... Que yo recuerdo, la casa donde viví estaba en la ciudad perdida.
Haga un esfuerzo, por favor, y recuerde. Tiene que tener otra casa donde vivirá con rosa.
Sí, tomasa, con mi hija. No, no me atormenten más.
No me atormenten más. Déjela en paz.
Es como un animal. ¿sí?
Pues muy me gusta, fíjate. Una fiera salvaje.
Ay, sí. Botequita de jerez.
Todo lo que me digas será al revés. Contigo es imposible razonar.
Sí. Pues a palabras necesito oídos sordos, fíjate.
No quiero nada que ver contigo. Ay, pues qué bueno.
Yo tampoco, fíjate. Cada chango a su mecate.
Vente a verte a mi abogado. Mira, pero que venga con gabardina, ¿eh?
Porque también lo voy a mojar. Salvaje.
¡salvaje! ¿sí?
¿qué? ¡morón, hinchona!
¡salvaje! ¡salvaje!
Ay, eres tú, hombre. Pásale.
Déjame explicarte. Sabía que tenías...
¿tienes a alguien aquí? Encontré al doctor alvarado al llegar.
Me estuvo explicando. Me habló de dos nombres.
Tomasa. ¿qué es ella?
Y rosa. Sí, roque, rosa, mi hija.
Esta mujer llegó a nuestra casa de la manera más extraña. Y ella es tomasa.
La que huyó hace muchos años de casa de mis padres, llevándose a mi hija rosa para salvarla de la muerte. Acabo de ver a ricardo linares saliendo de aquí hecho una furia.
¿qué pasó? Le di un buen baño con este sifón.
¿de veras? ¿qué, no me crees?
No, no, no, no. Sí, sí, sí, claro que te creo.
Pero, ¿por qué lo hiciste? Que el muy calijo me ofendió.
En mi honra y en mi honor. Ah, caray.
Eso sí es grave. Deja sentarme para que me cuentes la ofensa.
Para recordar. Debe descansar.
El doctor alvarado me lo dijo. Tiene que descansar mucho, si no, no podrá poner sus ideas en orden.
Tienes razón, roque. Dejémosla sola, nana.
Sí, mi niña. La última esperanza que me queda.
Vivía con rosa. Yo vivía con rosa.
¿vas a subir por las escaleras? Me tengo que acostumbrar.
¿y tú qué raro que andes sola? Ay, ¿pero por qué?
Como siempre andas con leonela y cándida, aparecen los tres mosqueteros. Ay, leonela está hablando por teléfono.
Y cándida está en su recámara, acostada. ¿se siente mal?
Hace un momento quise hacerle una confidencia y me echó de su recámara. Fue una lástima.
Porque era una confidencia que atañe a toda la familia. Así que a toda la familia.
Entonces a mí también. Claro que sí, rogelio.
Pero aún no te puedo decir nada. Pero deberá conocerla cándida.
Solo entonces la conocerán tú y ricardo. ¿qué tipo de confidencia, dulcina sentimental?
Todas las confidencias son sentimentales, hermanito. Qué bueno eres, roque.
Sabes que esa mujer, tomasa, puede llevarme a donde está mi hija. Y no te has negado a darle alojamiento en nuestra casa.
Me costó aceptar tu pasado. Al principio el golpe fue muy fuerte.
Perdóname, roque. Ya lo dice la biblia.
El que esté libre de culpa, que arroje la primera piedra. Fue entonces cuando me ofendió y...
¿y cuál fue la ofensa? Que quería darme chamba de esposa divorciada.
Rosalía, ¿de qué hablas? ¿qué es eso?
Que quería pasarme un sueldo así como si fuera una empleada suya. Oye.
Ay, rosa, rosa. Pero es posible que no hayas entendido.
Claro que entendí, ñero. No.
No entendiste. Mira, si ricardo linares vino para lo que yo supongo, pues...
Él se ha portado como un caballero. Ay, sí.
Caballero es de baboso. Así que la puerca torció el rabo.
Mira, hijo, ¿sabes qué? Ricardo es un caballero.
Si de veras él es un caballero, yo soy rigo tobar. ¿en serio?
No te rías. De veras soy rigo tobar.
Chico che o laura león o cualquiera de esos. En serio.
La neta, hijo. Rime.
En cambio, yo sí vine a contarte lo que me pasa a mí. ¿otra vez?
Sí. Y no pierdas tu tiempo en negarte a escucharme, queridita, ¿eh?
Porque ahora sí voy a hacerte una confidencia que no pude hacerte esta tarde. Está bien, dulcina.
Te escucho. ¿por qué no hay luz?
Ni tampoco hay muebles. Todo está vacío.
Tampoco aquí hay nadie. Tampoco hay muebles.
Pero yo viví aquí. Dios mío.
Viví aquí. Yo viví aquí.
Estoy segura. Yo viví aquí.
Yo viví aquí. ¿cómo puedes decirme que ese malvado, que tuvo la suerte de ser mi marido, es un caballero?
De veras ya ni la muelas. No lo digo.
Lo supongo. Ahí en la casa de los linares no hay ni caballero, ni caballera, ni nada de eso.
En serio. No te rías.
Bueno, sí hay un caballero. Un hombre bueno.
Se llama rogelio. Pobrecito hermano ese que estaba enfermo de sus patitas.
Que mira, ¿sabes lo que son ellas, las hermanas de ellos? Son argüenderas, son mitoteras.
Hablan más que diez loros juntos, más que este. Ricardo.
Ya, hijo, ¿eh? No te metas, en serio.
Contigo ni estoy hablando. Y además me la debes.
Bueno, a ver, dime, ¿por qué dices que ricardo es un caballero? Me vino a ofender, me ofreció dinero.
¿eh? Rosa, rosa, mira, escúchame con paciencia y yo te lo puedo explicar.
Tomasa no está. Se ha ido seguramente.
Es nana eduviges. Niña poli.
¿qué pasa, eduviges? ¿qué tienes, nana?
Tomasa, tomasa. ¿qué le ha pasado a tomasa?
Desapareció, mi niña. Desapareció.
Tomasa desapareció. Tomasa desapareció.
Tomasa desapareció. ¿qué dices, nana?
¿cómo que desapareció? No está en la recámara.
¿estás segura, nana? Estoy segura, claro que sí, mi niña.
Le fui a llevar un plato de caldo calientito y enseguida que entré me di cuenta que la cama estaba vacía. Quizá haya ido al baño.
No, mi niña, no. Al venir para acá pasé junto al baño y lo vi por dentro y no estaba.
No, no es posible que se haya ido. Sí, mi niña, sí.
Se fue, estoy segura. ¿pero por qué estás tan segura?
El camisón estaba tirado sobre la cama y la ropa que traía puesta ya no estaba sobre la silla. Se la puso y se fue.
Tomasa se fue de la casa. Roque, roque, por favor, salgamos a buscarla.
Probablemente no está lejos. Sí, sí, vamos, vamos.
¿quién es usted? ¿qué le pasa, tomasa?
No sé. No sé.
Usted... Pero, tomasa, doñita, ¿es posible que no se acuerde usted de mí?
¿sonríes? Claro.
Alegre. Alegre para mí y espero que también sea alegre para ti.
¿estás esperando para contármelo? Hola.
Hola. ¿te dejaron solo?
Dulcina subió hace un momento a la recámara de cándida. Tenía que hacerle no sé qué confidencia.
Solo hay dos cubiertos. Es que cándida no bajó a cenar.
No se sentía bien. Hace algunos días que la encuentro sombría, nerviosa, tal vez.
¿dónde está daniela? No sé.
Debe estar en su cuarto. ¿ricardo?
¿estás con la mente lejos de aquí? Sí.
¿por qué? Estuve en la cantina esa donde encontré a rosa y ya no está ahí trabajando.
Y la dueña del hogar, la tal zoraida, me contó que rosa había desairado a todos los hombres que querían acercársele. Y saberlo te ha hecho feliz.
Naturalmente. ¿sabes por qué?
Porque sigues enamorado de rosa. Mi confidencia se refiere a...
A un hombre. ¿lo conozco?
Ay, pero por supuesto, queridita. Por supuesto.
Nos visita casi todos los días. ¿y quién es él?
El licenciado robles. ¿enamorado?
¿enamorado aún de rosa? ¿enamorado aún de rosa?
No es verdad. Te equivocas, rogelio.
Ya no siento por ella absolutamente nada como ella lo siente tampoco por mí. ¿entonces por qué te hizo feliz lo que te dijo la dueña de la cantina?
Reconforta saber que rosa se haya portado en ese lugar decentemente. Al fin y al cabo, continúa siendo mi esposa, ¿no?
¿machismo? ¿dignidad?
Solo dignidad. Después fui a verla a su casa.
Quería que analizara los papeles del divorcio. ¿y cómo te trató?
Como lo que es. Como rosa la salvaje.
Cuéntame. Primero me habló duramente.
Después me dio una patada en la espinilla. Y terminó empapándome con el chorro de un sifón.
Es lo más gracioso en mi vida. No te rías.
¡no te rías! Está bien, hombre.
Sígueme contando, por favor. Así que tu confidencia se refiere al licenciado robles.
Sí, queridita. ¿y qué tienes que ver tú con el licenciado robles?
Bueno, pues... ¿qué tienes que ver con el licenciado robles?
¡habla! Usted es mi vecino celso.
Era su vecino antes. Pero ahora ya no lo somos.
¿qué anda haciendo por aquí a estas horas? A ver.
Busco, busco mi casa. La tomasa.
¿cómo no lo recuerda? Su casa ya no es esta.
¿más tranquila? Sí.
Ya me tranquilicé. Vaya, menos mal.
Bueno, pero ahora que ya estoy tranquila, a ver, explícame. ¿por qué dices que ricardo es un caballero?
Federico maneja de maravilla nuestros bienes. Y gracias a él hemos hecho negocios afortunados.
Sí, eso ya lo sabía. Pero...
Pero hay algo más. ¿qué más?
Nuestro trato frecuente ha hecho que nazca entre los dos una mutua simpatía. ¿qué quieres decir con eso de mutua simpatía?
Ay, cándida. Ay, creo que se entiende.
No, yo no lo entiendo. Ay, los dos somos jóvenes.
Aún somos jóvenes. Él es un hombre libre y yo soy una mujer libre.
¿por qué no puede suceder que entre nosotros exista una relación seria y con perspectivas? ¿perspectivas?
¿de qué? Bueno, ¿a quién podría extrañarle que federico robles y yo terminásemos siendo novios?
Mira, rosa. Cuando un hombre y una mujer se casan, deben de compartir todo lo que tienen.
Lo tuyo es de tu marido y lo de tu marido es tuyo. ¿la neta?
Sí, sí, rosa, sí. Pues no, a mí eso no me parece buena onda.
¿por qué no? No, porque yo cuando me casé con ricardo él tenía su casota, tenía su carro, tenía su lana y yo no tenía nada.
Y yo tampoco tengo ahora nada. Si apenas ahí tengo cuatro garras viejas y, bueno, mis jeans, mis gorras y mis cosas así.
Con mayor razón. Debe de garantizar tu seguridad económica si van a divorciarse.
La ley así lo exige. ¿y entonces quiere decir que ricardo vino porque quería cumplir con la ley?
Exactamente, rosa. Mira, muchos maridos cuando llega el momento de la separación andan con tranzas para darle a la mujer menos de lo que le corresponde.
Sin embargo, ricardo linares actuó con toda la decencia del mundo. Entonces, este...
¿ricardo no... No vino a verme la cara?
Por lo que veo, no. Nada más lejos de su intención que eso.
Pobre ricardo, ¿no? La neta, pobrecito, es que...
Le di una patada en la espinilla y luego le vacié el sifón ese encima. ¿empapaste?
Pues sí, todito. ¿y ahora lo compadeces?
No. Bueno, pues sí.
¿por qué? No lo comprendes.
Porque todavía lo quieres. Y esta no es mi casa.
Pero porque... Haga memoria, doña tomasa.
El dueño de los terrenos nos pidió que desocupáramos. Nos dio lana para mudarnos.
Lo hicimos. Y cada quien agarró su rumbo.
Yo vine a recoger algunas cosas que se me quedaron. Pero me sorprendí mucho cuando la vi.
Usted se mudó, tomasa. Se mudó como todos.
Dios mío, celso. Ay.
Qué confusión. Es que...
Se me van las cosas de la mente. Yo...
Yo vivía aquí con rosa. Usted vivió aquí toda la vida con rosa.
Que cuando tuve que irme de acá me fui con rosa. Naturalmente, tomasa.
¿y dónde vivo ahora? Celso.
¿sabe usted dónde vivo ahora? ¿dónde?
¿dónde? ¿novios?
¿tú y el licenciado robles novios? Ay, aún estoy en edad de merecer.
Y él es un hombre muy guapo. Claro que podríamos ser novios.
No, no. Tú y el licenciado no pueden ser novios.
No, eso es imposible. Imposible.
Todavía quieres a tu esposo. No lo niegues.
No, no. Ya no lo quiero.
Has vuelto a quererlo. Naranjas.
¿sabes cuándo va a suceder eso? Nunca.
Entonces, ¿por qué? ¿por qué le tienes lástima?
Porque... Porque se va a casar con la abuela esa, la desabrida, y le va a ir de temal.
Por eso. No sabe.
No sabe dónde vivo. No, doña tomasa.
No habíamos vuelto a vernos. Y cómo nos desperdigamos.
Y tampoco sabe dónde... Dónde vive rosa.
Pues tampoco. Debe ser ahí mismo donde vivía usted, o donde vive.
¿y qué voy a hacer ahora, celso? ¿qué voy a hacer?
¿qué voy a hacer, celso? La puso como loca.
No entendió razones. Bueno, ella nunca entiende razones.
Dijo que ella siempre se había bastado sola, ni que yo no tenía que darle ningún sueldo si no era ella mi empleada. Rosa salvaje.
Entonces, al verla tan terca, pues yo también me exalté. La tomé duramente de los brazos y empezamos a forcejear.
Y ahí es donde vino la patada en la espinilla y el chorro del sifón. Exactamente.
Era... Era una fiera salvaje.
De veras no entiendo cómo se me pudo ocurrir casarme con una muchacha así. Ricardo, ¿quieres un consejo?
Dime. No te divorcies de rosa.
¿seguir juntos rosa y yo? ¿para qué?
¿para que un día se consiga una pistola y me la vacíe entera? No exageres, no es para tanto.
El primer error que cometiste fue casarte con ella solo por fastidiar a nuestras hermanas. Pero el gran error fue traerla a vivir a esta casa.
El desprecio y la burla que recibió aquí envenenaron su carácter contra ti. ¿dices imposible?
Sí, sí, eso digo. Imposible.
Esto sí que está bueno. Bueno, ¿y por qué imposible?
El licenciado robles tiene fama de mujeriego, dulcina. ¿y qué hay con eso, candy?
Siempre saltando de una falda a otra. ¿no te hará feliz?
Los solteros mujeriegos son los que hacen los mejores maridos. Ya están cansados de las aventuras fáciles y necesitan la tranquilidad del hogar.
Pero... Mira, ya sé, queridita, ya se sabe.
Desconfía del hombre que va al matrimonio sin experiencia. El que no la corrió de soltero la corre de casado.
Pero, pero, piénsalo, dulcina. Piensa, piensa, piensa lo que dirá la gente.
¿pero qué va a decir la gente? ¿que un hombre libre se une a una mujer libre?
No, no. Ellos van a decir que se casa contigo por interés.
¿qué pasó, mi niña? Roque se fue por un lado y yo por otro.
Y ya no pude encontrar a tomasa. Hice preguntas.
Alguien la vio pasar, pero hacía mucho rato. Y roque llegó también sin encontrarla.
Dijo que no se sentía bien y se fue a acostar. Lo vi muy pálido.
Subo con él. Dios mío.
¿cuándo encontrará mi niña la verdadera felicidad? Roque.
Roque. Su carácter es salvaje desde que nació.
Si ustedes hubiesen tenido un hogar, pero el hogar íntimo a solas que exige cada pareja, habrías tenido oportunidad de amansarla. Yo no tengo vocación de domador de fieras.
Ricardo, ¿cómo es posible que no te des cuenta? ¿de qué?
De que todavía la sigues queriendo. Si la siguiera queriendo, no iría yo a casarme con leonela.
Tomasa, usted tenía buenas amigas en el barrio. ¿acaso le haya dejado una nueva dirección a alguna de sus amigas?
Se la dejé. Se la dejé a filomena.
Sí. La que tiene un puesto en el mercado.
Ella sí sé dónde se mudó. Vamos a buscarla.
Véngase. Por mí la gente puede decir lo que quiera.
Yo pienso en federico, no en la gente. Además, a él le deberemos nuestros mejores negocios.
Pero todo es tan repentino, tan inesperado. Tómate un poco más de tiempo.
Mira, lo haría si fuera un poco más joven, pero ya no tengo 18 años para perder el tiempo en un noviazgo largo de manitas sudadas. Nurcina, por favor.
Por favor, te lo pido yo a ti. Vine a traerte una noticia que supuse te alegraría y la recibes con esta incomprensión y esta histeria que no estoy dispuesta a soportarte.
¿quieres un consejo? Tómate una taza de tila.
Es delicado, pero por el momento no lo vamos a internar. Gracias a dios.
Necesita reposo absoluto y cuidados escrupulosos. Lo dejo en sus manos, polita.
Descuide, doctor del castillo. De hoy en adelante no haré otra cosa más que cuidar a mi marido.
Entonces, ¿no quieres que vayamos a comer unos tacos? No, de veras, ernesto, es que no tengo ánimos.
Ya te conté lo de la manina y... La verdad, mientras no hay regresa de la casa, no tengo ni humor para andar divirtiéndome.
Apenas si puedo trabajar. Eh, está bien.
Me voy entonces. Mañana puedo volver a visitarte.
Clarín, si eres un cuate a tu edad. Bueno, el mejor cuate que tengo.
Y la neta, hijo, de veras, este es tu cantone cuando quieras. Gracias, rosa.
¿quiere la virgencita de guadalupe que cuando vengas y regrese otra vez aquí, pues vayamos a comer los tacos los tres? Tú, yo y...
Y, pues, la manina. Sí, sí.
Así lo espero. Hasta mañana.
Hasta mañana, ernesto. Y gracias.
No debo hacerlo. Buenas noches, carmelita.
¿cómo estás? Buenas noches, mija.
¿tuviste noticias de tomasa? Todavía ninguna, pero ya le he rezado muchísimo a la virgencita y yo confío en que manina pronto aparezca.
Todos confiamos, todos confiamos, hija. Ojalá que pronto tengamos la dicha de volverla a ver.
Oiga, ¿no me permite su teléfono? Sí, claro.
Mientras no te lo lleves, aquí está. Qué alegría verla.
Desde hace unas semanas que se cambió no nos habíamos visto. Andaba perdida.
Sí, perdida. Esa es la palabra.
¿cómo? Filomena, es que algo le pasa a mi memoria.
Bueno, esos achaques que tenemos los viejos. Es que no recuerdo dónde vivo ahora con rosa ni cuándo me cambié.
No, no le di un papelito con mi nueva dirección. ¿papelito?
Sí. No.
No, yo no recuerdo que me haya dado absolutamente nada. Si no la he visitado, no sé dónde vive.
De acuerdo, ricardo. A rosa ni la quieres, ni la extrañas, ni la soportas.
Pero por lo menos tienes que reconocer una cosa. Ella no es como leonela.
Rosa es la mujer más desinteresada que has conocido. Algo bueno había de tener.
¿está aquí el joven ricardo? Joven ricardo, aunque parezca mentira, lo llaman por teléfono.
¿y por qué puede parecer mentira que me llamen por teléfono? Bueno, porque quien lo llama es salvaje.
¿rosa? ¿estás segura?
Sí, le conoceré la voz. Con permiso.
¿sí, rosa? Sí, sí, soy yo.
¿qué quieres? Pues es que...
Bueno, una cosa muy importante. Casi estoy segura de haberte dejado mis señas, filomena.
Ay, puede ser, pero no me acuerdo. Es que tengo tantas cosas en la cabeza.
Tú tienes una libreta donde apuntas las cosas, ¿no es así? Sí, mi libreta negra, donde anoto lo que me piden fiado y las ventas del mercado.
La libreta negra. La libreta negra, sí.
Sí, sí. Yo te di mi dirección y ahí la anotaste.
¿tiene la libreta aquí, filomena? Sí, sí, aquí la tengo.
Bueno, es que tú me dijiste que ibas a mandar a tu abogado por lo de los papeles del divorcio, ¿no? Sí, ¿y qué hay con eso?
Pues es... Es que...
Es que... ¿qué?
Habla. Pues dile que puede venir sin gabardina porque no lo pienso bañar con el sifón.
Rosa. ¿qué te pasa, rosa?
Parece que hubieras echado una carrera. Híjole, pues sí, doña carmela.
Y parece que fue como de mil kilómetros por hora. Me lleva la tristeza.
Oiga, no me atreví, doña carmela. No me atreví a decírselo.
Colgó. ¿pero qué te dijo?
De veras que es increíble. Me llamó para decirme que mi abogado puede visitarla sin gabardina porque no piensa bañarlo con el sifón.
Ah, la misma rosa de siempre. Una de dos.
Es para reírse o para que me agarre un ataque de furia y empiece a romper todos los muebles. No, cuidado, ricardo.
Que los muebles no son tuyos. Buenas noches.
Buenas noches. Tomasa.
No te dije. Bendito sea dios.
No, esperen. Esperen, a lo mejor es alguna cuenta.
¿qué dice, filomena? ¿qué dice?
Sí, aquí hay una dirección. Una dirección, tomasa.
Qué raro que no estés con cándida y dulcina. Ellas tenían algo muy importante que platicar.
Cosas de mujeres. Quiero hablar contigo, ricardo.
¿me permites, rogelio? Por supuesto.
Prometiste llevarme esta noche a una disco. ¿de veras?
Lo había olvidado. ¿y qué pasó con rosa?
¿hablaste por fin con ella sobre el asunto del divorcio? Sí.
Hoy estuve en su casa. Semejante casa debe tener.
¿dulcina y tú ya terminaron su confidencia? Ricardo.
Ricardo. Necesito hablar contigo.
Tomasa. Ya es muy tarde para que regreses a tu casa.
Espera mañana. ¿y dónde voy a pasar la noche?
Pues aquí, en mi casa, por supuesto. Siempre tengo un lugarcito a disposición de mis buenas amigas.
Así se habla, mi filo. Hay que ayudarnos los unos a los otros.
Ay, filo. Cómo puedo agradecerte tanta amabilidad.
Ay. Siendo feliz al lado de rosa.
Siempre soy feliz al lado de rosa. Oye, ¿y qué pasó por fin con su matrimonio?
Va muy mal. Ay, ¿por qué?
El marido no salió bueno. A veces los hombres se portan como no deben portarse.
¿qué pasa, candida? ¿te sientes mal?
No, no, no es eso. Entonces, ¿podríamos hablar más tarde?
Es muy urgente. No puede pasar de esta noche.
Esta noche, imposible, querida candida. ¿por qué?
Ricardo y yo vamos a una discoteca. Cuando regrese, hablaremos, candida.
Te esperaría despierta hasta la hora que sea. Es una vida muy extraña, como si le hubiera pasado algo.
Todos tenemos siempre problemas. Bueno, pero cuéntame, ¿cómo te fue con rosa?
Entonces, ¿qué? ¿estás arrepentida?
Simón, caridad. Pues, qué mala onda que te equivocaras.
Pues, sí, hombre, pero yo creí que ricardo me había venido a ofrecer su dinero así como quien le tira un hueso a un perro, pero... Pues, después ya ernesto me explicó.
Pues, mira, yo no entiendo mucho de esto, pero el tal ricardo seguramente vino nada más a ofrecerte lo que te corresponde, rosa. Pues, sí, eso es.
No era un sueldo, hija. Era una orden de la ley para los matrimonios que se divorcian.
Cuando uno se arrepiente, debe de hacer algo para remediarlo, ¿no? ¿qué, no piensas hacer algo?
Pues, es que a veces soy bien bruta, de veras. ¿a veces?
Casi siempre, mano. ¿qué onda, hija?
¿qué pasó? Digo, no me defiendas tampoco, ¿no?
Oye, ¿te acercaste por teléfono? Ajá.
¿y pa' qué? Solo una cosa.
Pero, pues, le prometí otra. ¿y qué le prometiste?
Pues, que cuando venga su abogado a hablarme del divorcio no lo voy a recibir con el chorro del sifón. No, eso sí, no me voy a ofrecer lana, ¿eh?
Ni te rías, porque entonces sí lo voy a poner como camote. Ay, mano, tú no cambias.
Ya vuelves otra vez a las andadas. Ay.
Aunque ese mal hombre me lo pida de rodillas, no le voy a aceptar ni un centavo de su mugrosa fortuna. ¿a poco dijiste mal hombre?
¿o sí? ¿a poco el ricardo linares es mal hombre?
Pues, claro, caridad. Si me llevó a su casa nada más para que le sirviera de puerquito a sus hermanas, ¿no?
Y a la leonela esa. Las tres, junto con la sopilota esa, valen mucho menos que una corcholata.
Ay, rosita, bueno. ¿ya te vas?
Ya, mija. Voy a tener que llegar a lavar trastes.
Nada más vine para saber si sabías algo de la tomasa. Híjole.
¿ya te vas a acostar? No, no, bueno, le voy a rezar un ratito a la virgencita de guadalupe para que me devuelva la manina mañana.
Sí, es lo mismo que hago yo todos los días. Bueno, no nada más yo, todos los del barrio.
Pero, pues, a ver. Buenas noches, rosa.
Gracias. Gracias, querida.
Traté de discutir con rosa las condiciones de nuestro divorcio. Uy, me imagino que te habrá vuelto loco con sus exigencias.
Al contrario, se niega a recibir de mí un solo centavo. Qué tonta.
¿no crees que debiste decir que es digna? ¿la defiendes?
Defiendo la verdad. Que ella no sienta nada por ella es una cosa y que valore su gesto desinteresado es otra.
Ay, bueno, ricardo, ¿para qué discutir por quien no lo merece? ¿nos vamos?
Cuando quieras. No dijiste que ibas a acostarte, ¿eh?
Ay. Voy a tomar agua.
Yo sí me voy a dormir. Mañana me voy con ingrid de estados unidos.
Vuelva la manina, de veras. Te lo pido con todo el alma.
Y de pilona y me perdonas por la patada en la espinilla que le di a ricardo y, pues, también la mojada, ¿no? No la vuelva a hacer, de veras.
Pero no me vas a castigar por eso, ¿eh? Que aparezca la manina, por favor.
Mañana estaré con rosa. Mi manina, por favor, vuelve.
Es la hora de tu medicina. Te ayudo.
¿cómo te sientes? Supiste algo de tomasa, de tu hija.
Y seguirás buscándola. Por el momento, lo único que buscaré es tu salud.
Mira, ahí viene el joven ricardo y la señorita lionela. Estás sinvergüenza, siempre se aprovecha de mí.
Híjole. Hasta en sueños me quieres ver la cara, hija.
Pues mira lo que hago contigo. Hola, de plano.
Si te muero, no te voy a pedir perdón, fíjate. Ricardo, ¿qué pensabas o en quién?
Se trata de un trabajo muy complicado que tengo que presentar mañana en la universidad. Perdona que te traiga a esta mesa mis preocupaciones.
Después de todo, no queda tan peor, ¿verdad? ¿cuánto se te vuelve a ocurrir de andar de resbaloso y besándome en sueños?
Te vuelvo a romper, hijo. ¿qué llamas?
¿para qué? ¿nos sirva otra?
La próxima mejor la tomamos en mi departamento. Traje las llaves.
Ya, candida dijo que necesitaba hablar conmigo. También dijo que te esperaría despierta hasta que llegaras.
Anda, vamos. Quiero que nos casemos cuanto antes.
Ya te dije que los trámites de divorcio van a ser rápidos. Esta negativa de rosa recibir un solo centavo acelera toda la cosa.
¿no quieres que nos casemos? Yo había pensado únicamente en una ceremonia civil.
Ay, ricardo. Siempre soñé con una iglesia llena de flores.
¿vas a negarme ese gusto? Después de la boda religiosa ofreceremos una gran fiesta.
Esa es pura frivolidad. Un pretexto para que los invitados se hartan de comer y beber gratis.
¿tú me quieres? Sí.
Entonces no puedes negarme esa boda vestida de blanco con la que soñamos todas las mujeres. Por fin.
Todavía despierta. Te dije que te esperaría.
Ven, vamos al despacho a platicar. Habla, ¿qué te pasa?
Dulcina me dijo que quería hacerme una confidencia. Sí, algo me comentó.
¿te la hizo? Sí.
Ricardo, ricardo. Dulcina y federico robles están a punto de entablar relaciones amorosas.
Dulcina dice que ella y el licenciado robles han simpatizado. Hablo de un noviazgo.
Estaban haciéndolo a mis espaldas, ricardo. Robles es un miserable.
Ay, dios mío. Es posible que yo pueda amar a ese hombre.
Iré a buscarlo y le voy a romper el alma. No, no.
No, por dios, ricardo. No, eso no.
No puedo quedarme cruzado de brazos ante una infamia semejante. Ricardo, ricardo, por favor.
¿qué va a hacer de mí? ¿le contaste a dulcina de tu embarazo?
No, no. ¿acaso no conoce su carácter?
Ella es la que manda. Ella es la que decide.
Me mataría. Tiene que saberlo para que renuncie a federico.
¿y crees que porque ella renuncie a federico él va a ser para mí? Federico no puede ser para ninguna de las dos.
Es que lo amo, ricardo. Es que voy a tener un hijo de él.
¿qué hiciste cuando dulcina terminó su infancia? ¿quién te lo dijo?
Pues me puse como loca. Le dije que todo era muy precipitado, que la gente pensaría que se casaba por interés.
Hablaré con dulcina. No, no, no.
Por supuesto que no haré. Apúrate, por favor.
Vamos a llegar tarde a la escuela por tu culpa. Decirte la condición.
Vamos. Es muy larga de contar.
¿dónde está rosa? En la casa.
¿dónde está? Sí.
Dígame, joven. Dígale a la señorita dulcina, donde quiera que esté, que necesito hablar con ella.
¿qué espera para llamar a dulcina? Lo siento, joven ricardo, pero no es posible que la llame.
¿no es posible? ¿por qué?
Porque la señorita salió muy temprano, desde la mañana fuera de méxico. ¿dónde se fue dulcina?
A los estados unidos, a nueva york. ¿cómo que a nueva york?
Porque la señorita dulcina sonleía en esta casa. ¿no dijo cuándo regresa?
No, y no se lo pregunté. A la señorita dulcina, a veces, no le gusta que le hagan preguntas.
... Se va de viaje, dulcina, cuando a mí me urge hablar con ella.
Rogelio, nuestra familia está ante un problema terrible. Debes conocerlo.
¿terrible, dices? Siéntate.
Te hablaré sin rodeos. Candida está al borde de la locura.
¿por qué? ¿de qué me estás hablando?
Candida tuvo relaciones con el licenciado robles. Híjole, lo que he sufrido, de veras.
Yo también, mija. No sé.
Es que yo pensé que ya te había llevado el tren. ¿en serio?
Te pensé, dije, no, pues ya se murió toditita, está tirada por ahí nomás. Y de veras que te buscamos, marina, no sabes, en serio.
¿dónde estaba, pues? ¿relaciones candida con el licenciado?
¿relaciones candida con el licenciado? Ricardo, pero eso es ridículo.
Ricardo, pero eso es ridículo. Lo grave del asunto no es eso.
Lo grave es que candida está embarazada. Lo grave del asunto no es eso.
¿embarazada candida? Sí, ella misma me lo dijo.
Sí, ella misma me lo dijo. ¿cómo es posible que candida tenga la desvergüenza?
No la condenes, rogelio. Todos nos equivocamos alguna vez.
Esta equivocación solo tiene un remedio. Esta equivocación solo tiene un remedio.
El licenciado robles se tiene que casar con candida. El licenciado robles se tiene que casar con candida.
Se niega. Me enfrenté a él y tuve que amenazarlo.
¿y dulcina lo sabe? No.
Y precisamente porque dulcina no lo sabe, el problema se complica hasta límites que no te imaginas. ¿qué límites?
¿recuerdas que anoche dulcina fue a la recámara de candida a hacerle una confidencia? Sí.
Pues la confidencia fue que dulcina se ha enamorado del licenciado robles que dulcina se ha enamorado del licenciado robles y está a punto de entablar un noviazgo. De veras, rosa, no sé dónde estuve.
Ay, manina, ¿cómo no vas a saber, hombre? Ay, manina, ¿cómo no vas a saber, hombre?
Pues solo sé que dos chamacos me asaltaron para robarme. Pues solo sé que dos chamacos me asaltaron para robarme.
Bola de rateros. Mira, si se tropiezan conmigo, de veras les daba hasta por debajo de la lengua.
Qué bárbaros. ¿luego?
Luego perdí el sentido. Luego anduve vagando y no podía recordar nada, mija.
Y no podía recordar nada, mija. Hasta que llegué a una casa donde me atendieron con toda preocupación y cariño.
¿y la casa de quién era o qué? ¿y la casa de quién era o qué?
Pues la casa de una señora muy guapa que me preguntó por ti. El licenciado es un canalla.
Y candy da una tonta enamorada. Y candy da una tonta enamorada.
Tienes razón. Lo único que debe importarnos ahora es lo único que debe importarnos ahora es la desdicha de nuestra hermana.
Ella quiere tener su hijo. Si yo tuviera las fuerzas suficientes iría donde ese miserable y le rompería hasta el último pedazo del cuerpo.
No te preocupes. Las fuerzas que te faltan a ti a mí me sobran.
Pero tú conocías a sandy. ¿conoces a esa señora, manina?
No, mija. Ay, a ver, y si no la conoces, ¿cómo te preguntó por mí?
No lo sé. Ay, manina, de veras, no me la hagas más de emoción, hombre.
Pues, ¿qué onda? Perdóname, mija, pero es que ay, no sé qué es lo que me pasa.
Los recuerdos no me vienen a la cabeza. Bueno, pero esa señora, sí, esa señora guapa que te atendió, ¿cómo se llama?
¿quién es o qué? ¿puedo entrar?
Sí, sí, entra. Trata de recordarle.
Tenemos que dar las gracias. Espera, espera, espera.
Creo que dijo. Sí, ahora lo recuerdo.
Esa señora se llama polet. Manina, polet es el nombre de mi mamá.
Ricardo acaba de contarme lo que te sucede. ¿y me desprecias, verdad?
No, no te desprecio. Simplemente te compadezco.
Dime lo que tengas que decir, rogelio. Condéname de una vez.
¿quién soy yo para condenarte? ¿dios, acaso?
Ni siquiera te juzgo. Gracias, rogelio.
Mis reproches no cambiarían estas cosas que están pasando. Entonces, ¿para qué gastar palabras inútiles?
Tú y ricardo son buenos y comprenden esta desgracia pero ¿qué dirá dulcina cuando lo sepa? Ella es la que manda en esta casa.
Se cree dueña de federico. Ella no puede comparar lo que le ocurre a una o a otra.
Entre ella y robles solo existe el principio de algo. Lo tuyo es otra cosa.
Algo más que un noviazgo. Me ha dicho ricardo que quieres tener el niño.
Sí, sí lo quiero. Aunque se burlen de mí, aunque me señalen con el dedo.
Haz bien, hermanita. Dios puede perdonar tu error.
Pero nunca te perdonaría que sacrificaras la vida de un inocente. Hay cosas sagradas y el chisme y las murmuraciones valen una migaja comparadas con la vida de un niño.
Gracias, rogelio. Gracias.
Era una casa muy bonita con un jardín por el que me escapé. ¿por qué te escapaste, manina?
Pues porque quería verte. Bueno, pero esa casa donde te recogieron esa señora llamada polet tú sabes que ella puede ser mi mamá, ¿no?
Ay, manina, por favor, por lo que más quieras de ver, acuérdate dónde queda esa casa. Dímelo, por favor, manina.
Te lo suplico, ¿sí? Acuérdate.
Manina, por favor, te tienes que acordar. Es que te tienes que acordar dónde queda la casa de mi mamá.
Por favor, acuérdate. No lo sé, mija.
Ay, por favor, manina, te tienes que acordar. ¿cómo no te vas?
Ay, mija, me haces daño, rosa. Perdóname, manina, perdóname, por favor.
Perdóname, te lo suplico, pero es que te tienes que acordar dónde queda esa casa. ¿en qué lugar?
Tiene que ser alguna avenida por aquí cerca, ¿no? Manina, por favor, acuérdate.
Te lo suplico, manina. No me hagas más preguntas, por favor, mija.
Es que nos... Me duele mucho la cabeza.
Manina, manina, tienes que entenderme, manina. Es la vida de mi mamá.
¿eh? Y nuevamente mi hija se me fue de las manos, pablo.
Ten confianza, mamá. Ten fe.
Ojalá pudiera tenerla. Cuando esa mujer se encuentre con tu hija, le contará lo que pasó en esta casa y volverá con ella.
Gracias, pablo. Gracias por tus buenos deseos.
Pero ahora no debo pensar solo en mi hija. Tengo que pensar en la salud de roque.
Federico, le va a encantar. No lo dudo ni tantito, ¿eh?
Yo voy, yo voy. Ok.
Buenas tardes, señora. Gracias.
¿algo más? Nos gustaría un poco de té, por favor.
Sí, señora. Estos están preciosos.
Y los que faltan. De ahora en adelante quiero lucir siempre divina para mi prometido.
Ay, dulcina, de veras te felicito. Claro.
Aún es prematuro hablar de boda. Si tú eres libre y él es libre, ¿quién puede impedir que lleguen a casarse?
En eso tienes toda la razón. Buenas tardes.
Buenas tardes. Quiero ver al licenciado robles.
Por favor, rosa. Deja poner mis ideas en orden, hija.
Está bien, manina. Ya no te voy a hacer más preguntas.
No, no te pongas mal. Ya te vas a acordar después.
Espérame tantito. ¿estás bien, no?
Sí. ¿cómo vas, ernesto?
Pásale, hijo. Gracias.
Mira, ya apareció. Esta es la manina.
Él es ernesto, el periodista. Es un cuate a todo dar, manina.
Mucho gusto, javi. El gusto es mío, señora.
No sabe lo que me alegra verla bien y con rosa otra vez. La tuvo a la pobrecita con el alma en un hilo.
¿verdad, híjole? Eso me andaba metida.
No, bebé, de eso ya hablaremos después. Ahora, pues, no, no es el momento.
Bueno, ¿qué, hijo? ¿te acuerdas de la promesa que me hiciste ayer, sí o no?
¿eh? Esa de que si la manina regresaba al cantón nos íbamos los tres a comer tacos.
Tú dijiste. No, no, no, yo soy hombre de palabra.
Es más, no las voy a invitar a comer tacos. Las voy a llevar a un restaurante veracruzano para celebrar el regreso de tu madrina.
¡híjole! No se moleste.
No, bebanina, no se molesta. ¿verdad que no?
Para ernesto no es ninguna molestia, al contrario. Claro que no.
Por supuesto. Bueno, entonces en la noche vengo a buscarlas, ¿de acuerdo?
Bueno, sale, de acordeón. ¿cómo, a qué horas?
A las ocho, como a las ocho, para recogerlas. Y ya nos vamos.
Gracias, hijo. Muchas gracias, señora.
Nos vemos, rosa, y ponte lo mejor que tengas. Así me doy taco contigo y en el restaurante.
Pues a ver qué puedo hacer, hijo. Ahora pues, ahí nos vemos.
Gracias, ¿eh? Adiós.
¿este? Pues este es nuevo, este, lo conocí hace poco.
Se ve simpático. Y querentón.
¿sabes qué buena onda? Sí.
Rosa. Sé sincera, mija.
¿qué significa ese muchacho ernesto para ti? Híjole, ya vas a usar otra vez, es mi cuate.
¿en serio? Bueno, digo, no me vas a creer ahora.
¿eh? De veras, manina, si es un cuatachón nomás.
En serio. ¿y ricardo?
¿dónde está ricardo? Fue a la oficina del licenciado robles.
¿qué dices? Fue a enfrentarse con él.
No, no, no. Dios mío, no.
Entiéndalo, licenciado, no puede atenderlo ahora porque tiene una llamada de larga distancia. Además, esas dos señoras están antes que usted.
Basta, ya el momento en que me reciba el licenciado lo decido yo. Oiga, pero...
¿pero qué significa esto? ¿cómo te atreves?
Siempre sospeché que era usted un sinvergüenza. Ahora estoy seguro.
¿pero qué haces? ¿te has vuelto loco?
Eres una gata. Supe lo de cándida, ahora sé lo de dulcina.
Entre dulcina y yo no hay nada. Es un malentendido, ricardo.
Miserable. Véngase mal, por favor.
Con eso tienes bastante. Voy a tener que ir a casa a adelina para ver si me pesa una garra nueva para hoy en la noche.
No tengo que ponerme. Y yo voy a estrenar mi chal nuevo.
Sale. Yo lo vi ahí en el armario, allá abajito.
Ahorita vengo, ¿eh? Nunca me vayas a volver a salir porque te me pierdes.
No tardes, ¿eh, mija? Pobrecita.
Mi rosa salvaje. ¿qué, hija?
¿cómo la ves desde ahí? Te queda padre.
Pero con los tenis, no. Te voy a prestar unos zapatos.
Tienes una patota regandota. Tú anda chanteando.
Oye, vas a deslumbrar a ernesto. Porque quieres deslumbrarlo, ¿no?
No, estate quieta. No, pa' nada, hija.
No, si nada más me quiero arreglar para verme bien. Ricardo, ¿qué pasó?
Le rompí la cara. Es un cobarde.
¿y eso qué? ¿me sirve de algo, qué?
Es una manera de empezar a vengarnos. La venganza no será mi felicidad, ricardo.
Pero sí la mía. Tranquilo.
Así que tus hermanos no saben nada de tu romance con federico. No.
Únicamente cándida. ¿y cómo lo tomó?
De muy mala manera. Dijo que recapacitara, que habría murmuraciones.
Supongo que eso no será un obstáculo para ti. Pero por supuesto que no.
En nuestra casa yo impongo las leyes. Si a cándida no le gusta peor para ella, no va a poder separarnos a federico y a mí de ninguna manera.
Por encima de cándida o de quien sea, yo me caso con federico robles.