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Y rápido lo que sea y vete a seguir trabajando. No, pues sí, lo que quiero es que me liquide mi lana.
Sí, zoraida, quiero que me pague mis des de trabajo que me debe porque ahorita mismo me voy y ya no regreso más a trabajar. Oye, pero ¿qué mosca te ha picado?
No, es que, bueno, puede que ya me convencí que también en otro lado también puedo trabajar y puedo ganar para vivir. Te dije que no te dejara grabar el cerebro por ernesto.
No, no, de veras no lo hago por él. Lo hago porque, pues es que de veras no me gusta este lugar, porque es más que la neta.
Que aquí para evitar problemas hay que aflojar y yo la verdad pues no me dejo faltar respeto por nadie. Déjate de cuentos.
Zoraida, te ha ido muy bien como eres. Eres arisca seria.
A lo mejor eso es lo que atrae a los hombres. Pues sí, pero de todas maneras, pues, no me da el pastel, ¿no?
¿qué fue arrastrarme a tu casa a pedirte para no morirme de hambre? Cuando tú quieras te firmo ese papel que dices para divorciarnos.
Es todo lo que se te debe. Gracias, zoraida.
De todas maneras, piénsalo. Si decides volver, aquí tienen las puertas abiertas.
¿sabe qué, zoraida? Igual que usted, después de todo, no es tan mala gente como parece.
Es que, ¿sabe? No sé, es que si el lugar fuera, no sé, de ahí, no sé ni cómo les diría, pues un poquito así menos peor de como es, pues entonces yo sí trabajaría a gusto, pero, pues ya ve, por trabajar aquí piensa mal de uno.
Y... Pues hasta la hermana de zoraida, ¿no?
La hermana de mi marido y la mujer esa que venía con ella, casi se infartan. Pues ahorita acaba de venir mi marido, ya le fueron con el chisme y sinvergüenza no me bajó por encontrarme aquí en este lugar y...
Ah, ¿estuvo aquí tu marido? Sí.
Se me acaba de ir. Sí, ya nos vamos a divorciar.
De veras, zoraida. Ya no voy a regresar.
Linda, la verdad, no sé si se quede, pero... Pues yo no vuelvo.
Oye, pero por lo menos déjame a linda, ¿no? No, no, ella es la única que puede decidir, ¿no?
Bueno, pues, adiós, zoraida. De veras, me dio un churro de gusto conocerla, ¿eh?
Adiós, hija. Ni modo.
Perdí la gallina de los huevos de oro. Óyeme, por favor, dile al muñeco que venga.
Sí, señora. ¿muñeco?
Dice zoraida que vayas a la oficina. A ver, quédate en la casa.
Ya vengo. Cuidado, hijo.
¿le dijiste a zoraida? Sí.
Sí, hasta me liquidó lo que me debía. Te llevó entonces.
Espérame tantito, ¿sí? Linda.
Ven, hija, ven. Y ahora, ¿por qué estás sin uniforme?
Es que... Pues ya me pinto.
¿te dio permiso zoraida? No, no, no, es que...
Ya no voy a chamberar. La neta, ¿sabes qué, qué?
Me está trayendo esto un churro de problemas, hija. Pues tú tenías razón, porque la verdad no es tan fácil acostumbrarse.
Yo creo que tú también tendrías que dejar esto, ¿no, linda? Yo, pero es que...
No, no, no, si no... Yo no te digo que ahora, ¿eh?
Pero... Bueno, mejor mañana echamos una platicada, ¿no?
Ya me voy. Ernesto me va a echar un aventón a la casa.
Y mañana los videos. Mejor dicho, dentro de unas horas, ¿no?
Está bien. Hasta luego, rosa.
Hasta luego. Adiós.
Adiós. Que me entregues el cheque, te digo.
No, ese dinero es mío. Entrégamelo.
Mira que si no te denuncia la policía. Que no se te ocurra, ¿eh?
Bien sabes que sí lo hago. Ya me conoce.
Entrégamelo ahora mismo. Oye.
Llama a la policía. Verás.
Espera, espera. Aquí está.
¿para qué lo quieres? Mira, para esto.
¿lo ves? Esto.
¿pero estás loco de la soledad? Es un melón.
¡dama! ¿pero qué te pasa?
Me pasa que has echado a perder mi negocio. Por tu culpa he perdido a rosa.
Metiéndote en lo que no te importa. Por eso la perdí.
¡vamos, ya! ¿qué pasa?
Ya. Es que no me lo voy a poder sacar de la cabeza.
No sé cómo decírtelo. ¿qué pasa?
¿por qué estás tan asustada? Pues es que la tomasa.
¿qué le pasó a la maniña? Pues sepa la bola, pero míralo ahora qué es.
Y no ha llegado. ¿y no ha llegado?
¿te lleva la ropa esa? Sí, sí, rosa.
Yo también. Pero nadie nos abrió.
Ay, hombre, no la mueles. Ahí debe de estar, hija.
Ah, pues entonces ¿le pasó algo? ¿por qué no nos contesta y no nos abre?
Ay, viejecita de guadalupe, hombre. Ay, vamos, ¿no?
Sí. Sí, yo ya sabía que no había regresado.
Híjole, pero es tardísimo. Oye, de veras nunca lo había hecho.
Pues algo le debe de haber pasado. ¿pero qué, caridad?
Pues no sé. Hay un cochito.
No, hombre, cállate. Le he dicho que no vaya tan tarde a dejar esa ropa, caray.
Pues yo también, rosa. Pero ya ves lo cumplida que es.
Oye, ¿qué no estará en la casa de lina y con doña felipa? No, no, no.
Yo ya fui a ver. Mientras te estaba esperando, hasta fui por el barrio.
Nadie la ha visto regresar. Ay, hombre.
Algo le tiene que haber pasado. ¿pero qué hago?
¿qué hago? Tengo que hacer algo.
Pues no sé. ¿qué se te ocurre hacer?
Pues tengo que salir a buscarla, ¿no? Ay, sí, tú sola.
Pues sí, hombre. Pues ni modo, pues la tengo que encontrar, ¿no?
Espérate, yo te acompaño. Pero mira, si se sintió mal o le dio un baido, o se le atropelló un coche, pues capaz que se la llevaron a la cruz roja.
No, no, hombre. Y a lo mejor se peleó con alguien y se la llevaron a la jefatura, hija.
Ay, no, hombre. Tomasa no es de esas.
Puede que nunca sabe uno, cariño. La verdad es que en estos momentos hay que pensar en todo, ¿no?
Bueno, mira, primero vamos a la cruz roja y vemos. Y después vamos a la jefatura.
Pues sí, ¿verdad? Pues sí.
¿quién del barrio nos podrá llevar? No, mejor vámonos en un taxi para no molestar a nadie, hija.
Uy, de aquí a que encontremos un taxi. ¿por qué no le avisamos a rigo?
Él quiere mucho a la tomasa. De segurito que si le decimos, él nos acompaña.
Está bien, pues vamos a decirle, ¿no? Órale.
Hijo, ¿cómo estás? Ay, perdónanos por venirte a despertar, ¿eh?
Pues, ¿qué pasa, rosa? Pues es que fíjate que la marina tomasa fue a traer una ropa y es hora que no ha llegado a la casa.
Algo le tuvo que haber pasado, hijo. Bueno, ¿y ya fueron a la jefatura y a la cruz roja?
No, pues es lo que queríamos hacer ahorita, pero... Sí, pero como que nos da miedito ir solas.
Esperen un minuto. Enseguida me cambio para acompañarlas.
Híjole, gracias. Buenas noches, señorita.
Buenas noches, ¿qué se te ofrece? ¿sabe qué?
Es que mi marina salió anoche del cantón para entregar una ropa porque, bueno, es que ella lava ajeno y, ¿sabe qué? Es que es la hora que no ha regresado y, pues, yo quiero saber si la trajeron aquí, no sé, lastimada o herida o qué sé.
¿cómo se llama tu madrina? Tomasa.
Tomasa gonzález. Lo siento, muchacha, pero no hemos recibido a nadie.
No hemos recibido a nadie con ese nombre. Ay, señorita, ¿está segura?
Sí, muchacha. Híjole, pero, bueno, ¿que no hay otra puerta por donde pueda entrar o qué, nada más por esta?
No, hija, todas las personas que llegan a la cruz roja están registradas aquí. ¿y dónde más la podría yo buscar, eh?
Bueno, pues, es que hay tantos hospitales que... ¿por qué no vamos a la delegación, rosa?
A lo mejor ahí nos dan razón. Sí, ¿verdad?
Ajá, ¿verdad? Sí, pues, vamos para allá, pero ahorita mismo ya.
Bueno, gracias, ¿eh? No tiene de qué.
Hasta luego. Buenos días, camila.
Ay, ricardo, ¿qué haces levantado tan temprano? No pude dormir en toda la noche.
Yo tampoco he pegado un ojo. ¿estás temblando?
Sí. Debe ser el frío.
Más bien hace calor. ¿viste ayer a la salvaje?
Ay, perdón. ¿a rosa?
Sí, dulcina y leonela tenían razón. Si vieras el sitio tan deprimente donde fue a caer.
Sí, sí, ellas me dijeron que era un lugar muy feo y que está de mesera. ¿sabes?
Yo estaba pensando que a lo mejor no tiene tanta culpa. Quizá por necesidad cayó ahí.
Oye, ¿a ti te pasa algo? No.
No, ¿qué me va a pasar? Estás muy extraña.
Si tienes algún problema, cuéntamelo. Ricardo, no, ricardo, de veras, yo, yo no.
Lo ves, estás a punto de llorar. Vamos al despacho.
Ahí podemos hablar con tranquilidad de nuestros problemas. Quizá tú puedas ayudarme y yo pueda ayudarte.
Bien. Empieza tú primero.
¿qué es lo que te pasa? Mejor empecemos por ti.
¿vas a divorciarte de rosa? No tengo más remedio.
¿pero lo quieres hacer? Sí, sí.
¿nunca llegaste a quererla? Sí, pero fue tarde.
Y ella no me perdonó. ¿quieres divorciarte de ella porque dejaste de quererla y porque la encontraste en ese cabaret?
Sobre todo por lo último. No voy a permanecer casado con una mujer que se regrese.
Ella no trabaja tanto. Seguramente no hace mucho tiempo que trabaja y quizá aún puedas rescatarla.
No, aquí no aparece ese nombre. Oiga, ¿lleva usted mucho rato aquí?
Yo estoy de guardia desde anoche. ¿me pueden dar las señas de la persona que buscan?
Pues usted es este... Ay, pues es que, ¿cómo le tiene?
Oiga, es que... Pues es una señora delgada, no muy alta, de más de 50 años.
Tiene el pelo peinado atrás y un lunar. Pues no, no he visto a ninguna persona con esas señas en toda la noche.
Está de guadalupe. Aquí tampoco está.
¿y entonces dónde? ¿dónde la encuentro?
No, cándida. No.
Lo mejor es divorciarme de rosa. Ya me ha buscado muchos problemas por la tontería que cometí.
Claro. Y si no te divorcias, dulcina se muere.
¿tú no? ¿yo?
¿tú no deseas también que me divorcie de rosa? ¿yo?
Ya no sé ni lo que quiero. ¿qué tienes, cándida?
Cuéntame. No.
No, nada de importancia. Nada de importancia y lloras de esa manera.
Ten confianza en mí, soy tu hermano. Aunque haya habido diferencias entre nosotros, si puedo ayudarte en algo, lo haré con mucho gusto.
No, no puedes ayudarme, ricardo. Ni tú ni nadie puede ayudarme.
¿tan grave es? Para mí, sí.
Cuéntame lo que te pasa. Hazlo.
Ricardo. Ricardo.
Yo... Yo voy a tener un hijo.
Manina. Mamá.
Manina, tomás. No, no está.
Virgencita de guadalupe. ¿dónde puede estar?
Pues ya buscamos en muchos lados. Sí, pero...
No aparece ninguno. Algo tiene que haber pasado, porque si no, ya estaría aquí.
Yo creo que debemos buscarla por los alrededores. Los muchachos nos pueden ayudar, porque hoy no tienen clases.
Los voy a llamar. Bueno, al palillo no, porque creo que amaneció enfermo.
Pero ahorita voy. Federico es el padre de mi hijo.
¿él ya lo sabe? Sí.
¿y qué dice? Pues...
Pues está confundido. No...
No se lo esperaba. ¿pero cómo no se lo iba a esperar, habiendo lo que ha habido entre ustedes?
Bueno... Bueno, quiero decir que para él ha sido una sorpresa, porque siempre me estaba diciendo que me cuidara, pero yo me descuidé.
Ay, ricardo, yo soy la única culpable de lo que me pasa. No, tú sola no eres.
Él también. Y tendrá que responsabilizarse de ese hijo.
Si no es por las buenas, será por las malas. Yo lo voy a obligar.
No, no, no, ricardo. No hables con federico.
¿te dijo que se haría responsable de la situación? No.
Tiene que casarse contigo. Pero es que...
Me pidió tiempo para arreglarlo todo de la mejor manera posible. ¿cuánto tiempo?
Dos o tres meses. Y yo lo que no quiero es que dulcina se entere.
Me va a matar. No tiene por qué hacerlo.
No, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no. No es nadie para ello.
Prefiero que por el momento no lo sepa, hasta que llegue el día en que no pueda ocultar mi embarazo. Para entonces ya federico robles tiene que haberse casado contigo.
Bueno, pues yo hace tiempo que dejé de ser menor de edad. Si él no quiere, ¿quién puede obligarlo?
Yo. Puedes estar tranquila.
Deja en mis manos esto. Federico robles va a tener que responder como me dijo.
Yo no he visto a tomasa. Ni yo tampoco.
¿se habrá perdido? Ay, hombre, pues ni que fuera mensa, hijo.
A lo mejor como nos cambiamos, no le es tan fácil encontrar el camino. Ay, por favor, hombre, si manina conoce todo esto desde hace mucho tiempo.
No se le va a olvidar así nada más, por mucho que nos hayamos así alejado de donde vivíamos, hijo. ¿y qué vamos a hacer?
Pues, ¿cómo que qué? Pues, vamos a buscar entre todos, hijo, ¿no?
Pues, sí, oye, vamos a los naturales. Yo lo voy a buscar en los naturales.
Y por la barraca también. Tenemos que buscar ahí mejor.
¿sabes qué? Nos vamos a dividir en grupos y nos vamos por los alrededores en bola, ¿no?
A ver qué podemos hacer. Rosa, rosa, ¿no crees que sería bueno ir a preguntar allá a la casa esa donde llevó la ropa?
Pues, sí, ¿verdad? Sí, sí, tienes razón.
Entonces, voy a ir yo primero a ese lugar antes que a ningún otro, ¿verdad? Claro.
¿ya tienes alguna respuesta? Todo va perfectamente bien.
Claro, hay que depositar la otra parte del dinero en el banco. ¿y cuándo habría que hacerlo?
Cuanto antes. Solo que no quiero presionarte.
Te haré el cheque ahora mismo. Solo restan 25 millones.
No sabes cómo te agradezco que te preocupes por aumentar nuestra fortuna. Lo hubiera hecho antes, pero entonces no tenía la seguridad de obtener ganancias.
En cambio, ahora triplicaré este dinero, si es que no lo quintuplico. Gracias por confiar en mí, dulcina.
Federico, ¿no crees que debemos ir pensando ya en un compromiso entre tú y yo? Entonces, ya estuvo aquí ayer, ¿verdad?
Sí, vino aquí como eso de las ocho. Por cierto, que le estuve diciendo que no tiene necesidad de venir de noche.
Es peligroso andar por la calle después de que oscurece. Pues, sí, imagínese, oiga.
Si de día salta, ¿cómo va a ser de noche? El caso es que marina no ha llegado a la casa desde anoche.
Nadie sabe nada de ella. Oye, pues ya algo tiene que haberle pasado.
Ay, ¿y ya preguntaste en los hospitales? Sí, sí, ni ninguno está.
¿y en las delegaciones? También, si no hay lugar donde no hayamos preguntado.
Y todos nos dicen lo mismo, que no, y que no, y que no. Pues, como te digo, estuvo como a las ocho de la noche, pero enseguida se fue.
Aún no es prematuro un compromiso entre nosotros. Creo que tenemos que conocernos, dulcina.
Más. Por dios, federico.
¿cuántos años hace que nos tratamos casi a diario? Sí, pero en otro plan.
Pasa, ricardo. No es necesario.
Solo quiero que cuando termine, licenciado, suba a mi cuarto. Me urge platicar con usted.
Bueno, si quieres, pueden platicar aquí. No, quiero que sea a solas.
Lo espero arriba, licenciado. Enseguida estoy contigo, ricardo.
Quiere pedirte dinero, seguramente. No vayas a aflojarle mucho la mano, porque este mes le he dado casi el doble de lo que le corresponde.
Pues, si se trata de dinero, no le daré ni un centavo. Total, para que lo despilfarre.
Es mejor duplicarlo en los negocios. ¿no te parece?
¿qué pasó? No ha salido nada de la manina.
¿manina? Con permiso.
Hace usted, licenciado. Bueno, pues, aquí me tienes.
Ya me imagino para lo que me quieres. ¿seguro, licenciado?
No lo creo, se ve usted muy tranquilo. Si supiera lo que quiero hablar con usted, no estaría así.
¿que no se trata de dinero? No, se trata de mi hermana, candida.
¿no quieres un traguito de café, rosa? No, no, caridad, se me va a abrir aquí en el estómago.
Es que estás muy nerviosa. ¿te hago un té de tina?
¿dónde pudo haber ido la manina después de haber dejado la ropa ahí en esa casa? ¿qué pasó?
Cuando salí de esa casa, vine preguntando por el camino a ver si la habían visto y nadie me dio razón de ella. Vamos a esperar que vengan todos los muchachos.
Si ninguno trae noticias, salimos en bola a buscarla por los matorrales, por la barranca, en donde sea. No, hombre, hijo, yo tampoco, digo, no me asustes.
Detalles porque le pasó algo malo. Ay, no, por dios, no.
Ay, no, mi licenciada guadalupe, por favor, no lo vayas a permitir. ¿qué pasa, hijo?
Naranjas, ¿verdad? Naranjas, rosa.
Tu marina no aparece por ningún lado. Platicar tú conmigo de la señorita cándida, la verdad no entiendo.
No finja, licenciado. Bien sabe usted de lo que le estoy hablando.
Cándida está desesperada y se sinceró conmigo. Ya sé que va a tener un hijo de usted.
Así que te lo dijo. A alguien tenía que confiarle su problema.
Me prometió callar. Sí, ya sé que usted le pidió un plazo de algunos meses para solucionarlo todo.
Quedamos de acuerdo, no debió decirte nada. Soy su hermano, la vi desesperada.
Le pedí que confiara en mí y lo hizo. Y gracias a eso pudo tranquilizarse un poco.
Pero ¿por qué se molesta usted? Sabía que esto podía suceder.
Entiendo que quiera usted un plazo para arreglarlo todo. Bueno, sí, para pensar bien lo que tengo que hacer.
No puede ser más que una cosa. Casarse con mi hermana cándida.
¿qué onda, hijos? ¿la encontraron?
Tampoco, rosa. Dimos más vueltas que un trompo.
Hasta estuvimos en la ciudad perdida donde vivíamos antes. Pero no estaba ahí ni su rastro.
Yo creo que no hay nada más que hacer que lo que les dije antes. Vamos todos en bola a buscarla por la barranca, por los matorrales.
Y ojalá que la encontremos. Que la encontremos viva.
Yo le dije que tomara precauciones. ¿ahora quiere echarle la culpa a ella solamente?
No, no, claro que no, pero eso de casarme... Es la única solución.
No hay ley que me obligue. Yo lo obligaré.
Disculpa, ricardo, pero este asunto es solamente mío y de cándida. Se equivoca.
Cándida es mi hermana. La vida es válida sin culpa.
Cándida no tiene fuerza para defenderse. Y yo la voy a defender.
Y ya se te olvidó todo el daño que te han hecho tus hermanas. Mire, licenciado...
Tienes muy mala memoria por lo que veo, ricardo. Por culpa de tus hermanas, tu matrimonio fue un desastre.
Y ya se hicieron todo lo posible para conseguir que tu esposa saliera de esta casa. ¿y tú todavía sientes compasión por una de ellas?
Me está usted resultando más cénico de lo que creía. Y tú más tonto.
Licenciado, no le permito. No te metas en mi vida privada y yo no me meteré en la tuya.
Se va a casar con mi hermana, aunque no quiera. Y se va a ser responsable de este hijo, aunque no quiera.
¿o no la quiere? Sí, sí, sí la quiero, pero es que eso de casarme...
La señorita dulcina pensaría enseguida que lo hago por interés. Dulcina puede pensar lo que le venga en gana.
Ahora se trata de cándida. Puede disponer del tiempo que le pidió para pensar cómo hacer las cosas.
Pero sepa usted que yo me encargaré de que se case con ella. ¿es una amenaza?
Tómelo como quiera. Buenas tardes.
Ricardo, escucha. Ni una palabra más.
Ni en la barranca ni en la maleza. Es que nada, no hay forma ni manera de que la marina aparezca.
Pues después de todo, yo le doy gracias a dios de que no haya aparecido tirada allí en la barranca. Dime qué pasa.
¿te imaginas lo que hubiera sido, rosa? Caridad tiene razón.
Allí seguramente hubiera aparecido muerta. Segurito eso fue lo que pasó.
Que a lo mejor como andaba de noche ahí por la calle, alguien la agarró para robarle. Pues ella no se dejó.
Y a lo mejor la mató y la tiró para el fondo de la barranca por la carretera. ¿y sabe por dónde, caridad?
Ay, mati, rosa. No pienses locuras.
Es que debe estar muerta, caridad. Marina debe estar muerta ya.
Cuatro días. Cuatro días y la marina no aparece.
Pues sí que está raro. Ya debe estar muerta, linda.
No, rosa. Si la hubieran matado, ya hubiera aparecido su cadáver tirado por ahí.
Ale, tú sabes lo lejos que la irían a tirar. ¿pero por qué iban a matarla?
Ni que tomasa fuera un agente de la jai. O tuviera enemigos.
No, es para mí que la quisieron robar. Ya ves, sabes cómo es ella para defender sus centavitos, ¿eh?
Me voy a quedar sola y ellos nos vamos a quedar solos. ¿y tu marido?
¿no lo has vuelto a ver? No.
Que ni se le ocurra venir ahora. Con este dolor que tengo y encima tener que aguantar sus reproches y sus regaños.
A lo mejor él te ayuda a encontrar a tu madrina. No.
Ni él ni nadie me puede ayudar, linda. La manina ya la he perdido para siempre.
Adelante. Ernesto, y esta sorpresa.
Pasé por aquí y entré a saludarte. Quería platicar contigo.
Siéntate. Gracias.
Dime. Quiero hablarte de rosa.
No debería de dirigirte la palabra. Me la espantaste.
Quedé sin mi gallina de los huevos de oro. ¿quieres decir que no ha vuelto?
Para nada. Linda su amiga sí sigue viniendo.
Pero ella no. Zoraida sí viene.
Por favor. No la recibas.
¿estás loco? Claro que la voy a recibir.
Zoraida rosa es una muchacha limpia. No permitas que se ensucie aquí.
Tú, a pesar de todo, eres una mujer de buenos sentimientos. Te lo pido como cuate.
Su marido se va a divorciar de ella. Y yo...
Yo la pienso conquistar. ¿te pasa algo, señora?
¿se siente usted mal, señora? Se ve muy cansada.
¿tiene hambre? ¿tiene sed?
¿quiere agua? Agua.
Espérame, aquí no se mueva. Voy a traerle agua.
No desde el día en que fui a dejarla a su casa no la he vuelto a ver. ¿piensa visitarla?
Sí, sí. Ay, es una buena muchacha.
Tiene una mente muy limpia. Por eso te va a ser más difícil conquistarla.
No importa lo difícil que se me haga, zoraida. Yo sé que si me lo propongo, conquisto a rosa.
Con... Con mi amor, con mi ternura.
Juraré que ella también se enamore de mí. Pero no me contestó, señora.
Tan solo repetía agua, agua. Y cuando yo se la ofrecí...
Gracias, dora. Puedes retirarte.
Déjanos a solas con ella. Es una persona conocida.
De hace muchos años. Bien, señora.
Con permiso. Algo tiene tomasa.
Es como si hubiera perdido la razón. O la memoria.
Tomasa. Soy yo, paulette.
No me recuerdas. Soy la madre de rosa.
¿dónde está rosa, tomasa? ¿dónde está?
No entiende. No nos reconoce.
Algo tiene que haberle sucedido. Y muy recientemente...
Según las informaciones que tenemos, vivía con rosa. Y estaba completamente bien de salud.
Carmen habló con ella varias veces. El destino juega contigo, mi niña.
Sí, nana. Juega conmigo cruelmente.
Me acerca y al mismo tiempo me aleja de mi hija. Hay que hacer algo por tomasa.
La vas a dejar aquí, ¿verdad? Por supuesto.
Y enseguida la pondremos en manos de un médico. Mira, rosa.
Te traje unos frijolitos para que te desayunes. Híjole.
Gracias, caridad, pero no tengo apetito. Tampoco tengo apetito.
Te vas a dejar morir de hambre, ¿no? ¿para qué quiero vivir yo sin la manina?
Así es la vida, rosa. A mí se me murió mi marido.
Y mi primer hijo. ¿ya ves?
Me tuve que resignar. Con eso no quiero decir que tu manina esté muerta.
Al contrario. Tú todavía tienes la oportunidad de recuperarla.
No. Parece que nunca más la voy a volver a ver.
Ve, rosa. Mira, el día menos pensado la ves aparecer por esa puerta.
Ay, sí, chucha. ¿qué vales?
¿le ves qué fácil? ¿lo ves tú, caridad?
¿en serio? ¿vas a salir a vender?
Pues sí. Aunque maldita las ganas que tengo.
Pero pues tengo que comer, ¿no? ¿y vas a volver a trabajar con linda?
No, maría, ya no. De momento voy a seguir con esto de la...
Pues de la venta de los libros, ¿no? A seguir el consejo de ernesto y de su amigo.
Y, pues, me voy a poner a estudiar un oficio y... No, pues sí, es buena idea.
Siempre hace falta estudiar. Sí.
La gente de los libros tiene ahí sus academias y... Es una estudia ahí de gorra.
Caridad, lo que quisiera es no moverme de aquí de la casa para esperar a la manina. ¿vas a clases?
No, hoy no tengo. ¿y cómo va lo de tu divorcio?
Aún no he buscado un abogado. Ay, yo conozco uno magnífico.
Con una buena paga te divorcia de la salvaje enseguida. Gracias, no es necesario que te molestes.
Bueno, lo digo porque me imagino que debes estar desesperado por librarte ya de ella, ¿o no? Sí, sí, claro.
¿no has vuelto a verla? No.
Ricardo, no debes esperar más. Por favor, leonela, déjame tranquilo.
Yo sé lo que tengo que hacer. Bueno, no te lo digo para que te enojes conmigo.
Lo voy a divorciar, no lo dudes. Pero no quiero que me esté impresionando.
Lo hacemos por tu bien. Es lo que queremos tus hermanas y yo para ti.
Solo tu bien. No es para que me trates de esa manera.
Discúlpame, estoy nerviosa. ¿por qué no te decides a librarte de una vez de ella?
Hoy mismo hablaré con un abogado para que vaya a verla enseguida con la demanda del divorcio. ¿por qué estás tan molesto?
Le fuiste con el chisme a tu hermano. ¿para qué le dijiste lo de tu embarazo?
Estaba desesperada. Alguien tenía que contárselo para no ahogarme.
A dulcina no le puedo decir nada y con rogelio no tengo esa confianza. Ricardo apareció en el momento preciso y se lo dije.
Para que viniera a reclamarme, ¿no? No, no, no, no es cierto.
¿acaso habló contigo? Sí, con amenazas y todo.
Te juro que yo no le pedí que te dijera nada. Pues dice que tengo que casarme contigo.
Es lo natural, ¿no? Pero es que yo no quiero casarme.
Pero, federico, dices que me quieres y vamos a tener un hijo. Lo natural es casarnos.
Lo que pasa es que me has mentido todo este tiempo. No estás enamorado de mí.
No me quieres. No, no, no es eso, no es eso.
Lo que pasa es que no pienso casarme. Yo no nací para el matrimonio.
Pero es que voy a tener un hijo tuyo. Ese es tu problema.
Y te advierto que aunque me amenace tu hermano, no voy a casarme contigo ni con nadie. ¿ha regresado candy?
No, no la he visto. ¿salió?
Sí, a la iglesia. Tú estabas hablando con ricardo, ¿verdad?
Hasta hace un instante. Me pareció oír que discutían.
Se molestó porque dice que insistimos mucho en lo de su divorcio. Como no se vaya a arrepentir.
Acaba de salir. Sí, lo vi desde mi ventana.
¿sabes a dónde? No.
A buscar a un abogado. ¿para el divorcio?
Para el divorcio. Vaya, por fin.
Creí que nunca iba a llegar ese momento. Hasta yo lo estaba temiendo.
Ya no tardará la salvaje en recibir al abogado de ricardo. Dará ricardo en ser libre.
¿no piensas casarte conmigo? ¿y me lo dices así tan tranquilo?
No dramatices, por favor. Pero, federico, es que todavía no has entendido.
Estoy embarazada. No es la primera vez que ocurre.
Para mí es la primera vez que ocurre. Habla más bajo, que nos están mirando.
¿y qué me importa que nos miren? No acostumbro a hacer papeles ridículos delante de los extraños.
Pero yo me tengo que aguantar que tú te rías de mí al decirte que voy a tener un hijo, ¿no? No me importa.
No me estoy riendo de ti, cándida. Además, ¿por qué dices tan categóricamente voy a tener un hijo?
¿y cómo quieres que te lo diga? No es algo definitivo.
No es algo que tenga forzosamente que suceder. ¿qué quieres decir?
Ahí es lo más razonable, cándida. Pues nunca lo aceptaré.
No caeré en el pecado mortal. Esas son supersticiones pasadas de moda.
Lo serán para ti, que al proponerme semejante monstruosidad demuestras carecer de principios y de moral. Además, yo quiero tener a mi hijo.
Pero yo no. Ay, crespín, si la manina no regresa de veras me voy a morir de tristeza, hijo.
Y tú también, ¿verdad? Vamos a andar los dos ahí bien a chico palaz con ganas de que nos lleve el tren.
Para mí es como, como si me hubieran dado toda la chapa. La neta, crespín.
¿qué hubo, rosa? ¿que no fuiste a chambear?
Sí. Fui, pero...
Apenitas y chambeó una hora. No, no debe de haber vendido nada.
No. Casi no, pero...
Papá, ¿crees que tengo cholla para andar vendiendo ahí tranquilamente? Si nomás pienso y pienso en la manina y...
Estoy con, con un vuelco en el corazón. Con ganas de regresar a ver si ya llegó.
Ya llegó aquí de nuevo. Pero nada que vuelve, rosa.
¿sabes qué, tito? No sé, pero yo tengo la corazonada de que la virgencita de guadalupe me va a hacer el milagro.
Pues en el barrio ya todos dicen que manina no va a regresar. Que debe haber quedado por ahí toditita, muerta.
Cállate, hijo. Lavo que se te haga chicharrón.
Baboso usted. Pues sí, rosa.
Tantos días sin saber nada de ella. Ya, ya, hijo, ya.
Cállate. Hijo, pareces ave de mal agüero, caray.
Pues sí, de eso se trata. Y se te va a hinchar.
Idiota. Oye, pero no es para que te pongas así, rosa.
Pues sí, ¿por qué andas diciendo esas cosas de la muerte? Ya sabes cómo estoy.
Nada más porque no aparece la marina y tú hablando de la muerte, caray. ¿y sabes qué, hijo?
Yo quiero estar sola. Ya vete.
Ya, mujer, trae señal. Buenas noches.
Ah, eres tú. ¿qué te trae por aquí?
Vengo a ver a rosa garcía. Niña tomasa, de guadalupe.
Esa misma noche, poco después del que habló contigo, rosa, dijo que no quería seguir trabajando aquí. Se marchó y hasta ahora ha cumplido la palabra de no regresar.
¿trabajó mucho tiempo aquí? No, casi nada.
Ay, si viera cómo me ha bajado la clientela después de que ella se fue. Y se corrió la voz de que ella no va a regresar.
La verdad que rosa llamaba mucho la atención. Por bonita.
Sí. Ya me la imagino coqueteando con todos.
¿coquetía rosa? Mira, estás muy equivocado.
Rosa nunca coqueteó aquí con nadie. En estos lugares es una obligación, ¿no?
Pues sí. Pero a rosa nunca hubo quien la obligara.
Si alguien ponía a todo en su lugar era rosa. La verdad que aquí nadie puede decir que rosa fue una sinvergüenza.
¿cómo se llama? Tomasa.
Por favor, ¿me pueden dejar solo con ella? Por supuesto, doctor.
Vamos, nana. Señora tomasa.
¿dónde estoy? En casa de la señora paulette.
¿quién es paulette? Entonces, ¿rosa se portaba aquí decentemente?
Aunque te parezca mentira, así fue. Pues en este lugar me parece muy difícil.
Una cosa es el lugar y otra cosa muy distinta es rosa, fíjate. Bueno, iré entonces a buscarla a su casa.
¿para reconciliarte con ella? Es que debe firmarme unos papeles.
Eh, ¿qué papeles? Los del divorcio.
Buenas noches. Oiga, ¿dónde está rosa?
¿qué te dijo zoraida? Que se va a la casa de rosa para que le firme los papeles del divorcio.
¿lo ves, zoraida? ¿lo ves?
Al final de cuentas, rosa será para mí. ¿qué pudo haberle pasado?
Quizá un accidente, no lo sé con certeza. Pero es un evidente caso de amnesia.
Le dije que estaba en casa de la señora paulette. Y ella me preguntó que quién era paulette.
Dios mío, pobre mujer. Sin embargo, luego me hizo otra pregunta que me dejó confundido.
¿una pregunta? ¿cuál pregunta, doctor?
¿dónde está rosa? ¿no me esperabas?
No, ya nunca en la vida te espero. Creo que hemos platicado demasiado, candida.
Horas, muchas horas. ¿y sigues pensando igual?
Exactamente igual. Federico, ¿te comportas conmigo como el hombre que dices que eres?
No te juro por la memoria de mi madre que me las vas a pagar. Me amenaza tu hermano ricardo.
Me amenazas tú. Ahora solo falta que me amenace también dulcina.
Solo te advierto una cosa. Cuídate de mí.
Por favor, doctor. Repítame la pregunta que le hizo tomasa.
¿dónde está rosa? Dios mío, mi niña.
Ya tomasa ha empezado a recordar. ¿conocen ustedes a alguien que se llame rosa?
Ya lo creo que sí, doctor. Rosa, rosa.
Rosa. Rosa.
Rosa, ¿dónde está rosa? Rosa.
Rosa, en verdad es desagradable lo que nos ha pasado. Pero hace falta el rencor.
Sí. A mí sí me hace harta falta.
Cállate, hijo, ya. Ya vas a empezar con tus payasadas de plano.
Ya, pónle a volar. ¿no crees que en el momento de despedirnos podríamos perdonar?
Conmigo no te adornes, ¿eh? Porque la verdad tú a mí no tienes nada que perdonarme.
Soy yo la que en última instancia tendría que perdonarte a ti. Y ya sabes bien por qué no te perdono.
¿por qué? Ya sabes por qué.
Porque eres de lo peor. Porque me agarraste de tu puerquito.
Casi barriste el piso conmigo. ¿qué pensaste?
¿que era un frijol picado así dentro de una ollota de frijoles buenos? Claro, y pues como siempre fue una burra y una salvaje.
¿creíste que yo me merecía todo lo malo? No.
Si ya me imagino lo que pensarás de mí ahora que estuve ahí trabajando de mecer en esa cantina, ¿no? Precisamente vengo de esa cantina.
No, hombre. ¿a poco tú tan fufurufo, así tan popofón regresaste otra vez a la cantina de zoraida?
A buscarte. Y platiqué con ella.
Por lo que no te había dicho de mí. Debe estar encorajinada porque le dejé colgada la chamba.
Pues te equivocas. Me dijo que a pesar de aquel ambiente de la clientela, tu conducta en la cantina fue intachable.
¿y eso con qué se come? ¿qué quiere decir eso de intachable?
Que te portaste bien. Que no diste pie a que hablaran mal de ti.
¿y para qué te sirve que me haya portado bien en la cantina? ¿para pedirme que no sigamos adelante con lo de nuestro divorcio?
Ahora vas a decirme que ya no te quieres divorciar, ¿verdad? No, rosa.
Eso es algo que ya está decidido. Pero nos vamos a divorciar.
Se tarda cándida en regresar, ¿eh? No me explico por qué.
Cándida sabe perfectamente que no me gusta que ande fuera de la casa de noche. Y ricardo tampoco ha llegado.
Ay, ojalá haya encontrado un buen abogado. Le insistí en que un abogado amigo mío podía acelerar los trámites del divorcio.
Mejor que cualquier otro, pero no le pareció. Ricardo es un exagerado que siempre se pone intratable.
Sobre todo en cuestiones de dinero. Siempre me he preguntado por qué ricardo y rogelio, siendo los hombres de la familia, no son quienes manejan los intereses de los linares.
Queridita. Tú sabes muy bien que esos intereses siempre los he manejado yo.
Y claro, asesorada por fede... Digo, por el licenciado robles.
Tiene talento y sabe hacer negocios espléndidos. Tú misma le has dado poderes para manejar tus asuntos.
Dulcina, ¿puedo hacerte una pregunta? Ah, bueno.
Mientras no me comprometa, te la puedo contestar. ¿qué es lo que sientes por tu administrador y licenciado robles?
¿confianza en su talento o una muy marcada simpatía personal? ¿no me crees?
Lo del divorcio es definitivo. Ah, bueno.
Pero siempre es bueno saber que una persona que se aprecia mucho se ha portado bien. Tú nunca me apreciaste ni tantito así.
Más bien me trataste rete mal. Así que todo lo que me digas, la verdad, me vale un soberano cacahuate, hijo.
La neta, de verdad. Rosa.
Rosa. Ahora somos dos extraños.
Híjole, ojalá lo hubiéramos sido siempre, fíjate. Pero aunque sientas un puñal clavado aquí, no puedes decir que nunca me quisiste.
Por algo fuimos marido y mujer. Pues sí.
Pues si te quise, ¿sabes qué? Que ya ni me acuerdo.
Por ti sí aprendí a bañarme todos los días. Ojalá también después me pudiera yo bañar también la cholla.
Aquí, el coco. Para poder borrarme así tu recuerdo.
Cerebro, se dice cerebro. Sí, se dice.
Bueno, y sabes que como se diga, hijo, la verdad. A mí no me vas a corregir.
¿qué? ¿también así corriges a la güera desabrida esa?
¿eh? ¿la güera tiene su nombre?
Sí. Ay, sí, por favor.
Se llama leonela. Sí, sí, sí, sí, sí, claro.
Perdón, ¿eh? Perdón, joven.
Perdón que le haya faltado al respeto a su futura esposa. ¿y quién te dijo que leonela es mi futura esposa?
Ay. O sea, es que vino un pajarito con una cartita así en el pico y me lo vino a decir.
Bueno, no. La verdad no era un pajarito.
Me lo mandó a decir un zopilote. ¿ah?
Bueno, ¿qué? ¿qué?
¿guillora, qué? ¿qué?
Digo, tengo monos en la cara o se te perdió una como yo. ¿qué?
Rosa. Y si yo verdaderamente después de divorciarme de ti me casara con leonela, ¿qué harías?
Si quieres que te sea sincera, el licenciado robles me cae maravillosamente bien. Buenas noches.
Ah, por fin, queridita. Me tenías muy preocupada, scandi.
Para haber ido a la iglesia fue demasiado tiempo, ¿no crees? Tuve otros compromisos.
Me gustaría que esos compromisos tuyos me los comentaras antes de salir. Acabo de darme cuenta que ya soy mayor de edad, dulcina.
Y espero que así lo entiendas tú también. Dios mío, qué tono, ¿eh?
Nunca había hablado así. A ver si no se le están contagiando las groserías de ricardo.
Ay, bueno, olvida cándida y cuéntame. Sigue contándome.
¿al licenciado robles tú le caes tan bien como él a ti? Exactamente.
Bueno, ¿y qué esperan entonces? Ay, ¿para qué, leonela?
Ay, ¿cómo para qué? Para disfrutar el amor.
Ay, ¿sabes qué, leonela? Creo que dentro de poco habrá grandes sorpresas en esta casa.
Y el matrimonio no me va. No me va.
No nací para casarme. No pienso casarme contigo ni con nadie.
No, eso no. Tu problema puede resolverse fácilmente.
Fácilmente. Fácilmente.
Te mataré, federico. ¿no me contestas?
¿qué haría si yo me casara con leonela? Naranjas.
¿te gustaría que lo hiciera? Vete harto.
¿no estás mintiendo? ¿hace cuánto te he dicho mentiras?
A ver, ¿cuándo te he mentido? ¿eh?
Yo soy una fiera salvaje, así como dicen tus hermanas, pero yo siempre te he hablado con la neta, ¿sí o no? ¿eh?
Sí. Siempre dijiste las cosas de frente.
Entonces, ¿qué hubieras preferido? ¿que yo estuviera por atrás de la gente, con chismes y argüentes y todo eso?
A ver, contéstame. Rosa, en la vida uno no siempre puede ser sincero.
Ah, ¿sí? Pues yo sí lo voy a hacer, fíjate.
Yo siempre, sincera y además bien salvaje. ¿eh?
Bueno, pues ya que eres tan sincera, dime, ¿por qué te gustaría que me casara con leonela? Ah, pues porque tú y la abuera son igualititos.
Así como dicen, cortaditos por la misma tijera. El uno pa'l otro.
No creas que he cumplido, ¿eh? No he cumplido.
Porque si se casan, les va a ir como en feria. Porque tú y esa se van a terminar diciendo hasta del mal que se van a morir los dos.
¿eh? Y me alegro.
¿quieres decir que si ese supuesto matrimonio fracasara, te pondrías contenta? ¿por qué, rosa?
¿por venganza? ¿y de esa simpatía que existe entre el licenciado robles y tú, no piensas hablarle a tu hermana cándida?
Ay, pero por supuesto que sí, lea. ¿cuándo?
Veo que esta misma no... ¿despierta?
Sí, señora. ¿más reanimada?
¿más tranquila? Aquí me tratan muy bien.
Muchas gracias. Gracias.
Pero ¿por qué lo hace? Porque queremos que nos hables de rosa.
¿qué me importas tú para que yo me quiera vengar? ¿o qué me importa la güereja esa?
Ya te dije que me valen gorro. ¿entonces por qué te alegras?
Porque ¿sabes qué? Que la gente que obra mal le tiene que ir mal en la vida.
Por eso. ¿no?
Es que ya estuvo suave. A ver, pajaritos a volar.
Es que ya estoy harta, ricardo, en serio. Órale, por favor, ya.
Tú y yo tenemos un litigio. Yo no tengo nada de eso.
Tú sabes que yo soy pobre, pero soy honrada. Te hablo de nuestro divorcio.
Traje los papeles para que me los firmes. Pero como no quiero que firmes a ciegas, voy a dejártelos.
Los lees. Y luego, si estás de acuerdo, los firmas.
Ay. Pues nada, de luego.
Mejor dame un lápiz y dime dónde, ¿sabes? Dime dónde.
Te los firmo ahora mismo. A ver.
Hola, querida. ¿qué quieres?
Primero que nada, reclamarte el tono con el que me hablaste. Nunca lo habías hecho.
Discúlpame. ¿qué más?
Y también vine para contarte un secreto. Mi secreto.
¿firmarlo sin leerlos? De ninguna manera.
Ahí figura la suma estipulada que te pasaré mensualmente. Y debo de saber si estás conforme con ella.
¿qué es eso de la suma, eh? Te lo explicaré.
Cuando un marido y una mujer se separan para que la esposa no quede desamparada, el que fuese un marido debe pasarle una cantidad de dinero todos los meses. ¿tú quieres decir un sueldo?
Bueno, algo así. ¿sabes qué, hijo?
Yo el sueldo me lo gano cuando tenga la chamba. Esto que tú ves aquí, rosa garcía, antes, mucho antes de recibir la ana tuya, se corta las dos manos.
Y si es necesario, hasta la cabeza. Es lo que se acostumbra, rosa.
Ah, sí, se acostumbra. Puede ser una costumbre de tu clase, fíjate.
Porque yo soy de mi clase. Gracias a dios.
Rosa, no se puede tener tanto orgullo. ¿y sabes qué?
Hay dos clases de orgullo, ricardo. Uno, el de los rotillos como tú y tus hermanas.
El orgullo que se usa allá, en el cantón de los linares. Y el otro, el mío.
Ese que tú ves aquí, el orgullo de los pobres. Ese es el que vale para mí, ¿lo oyes?
Y para que lo sepas, a mí no me mantienen ningún creído, ni embustero, ni payaso como tú. Porque yo ya aprendí a mantenérmelo, ¿oíste?
¿cómo lo ves desde ahí? Rosa.
No estoy con ánimos para escuchar secretos de nadie. Ay, ni siquiera de tu hermana.
Ni de nadie, dulcina. ¿cómo debo hablarte para que me entiendas?
Ay, candy. Ay, mira que se trata de una confidencia que conmoverá a toda la familia.
¿quieres irte, dulcina? Ay, candy.
Ay, queridita. ¿quieres dejarme en paz?
Ay, tú vuelves a la actitud de cuando llegaste de la calle hace un rato. Vete, dulcina, vete y déjame tranquila.
Ay, candy. A ti te ha pasado algo en la calle.
Ay, cuéntame qué es. Nada, nada que te importe.
Vete ya. Vete de una vez.
Vete de una vez. Quiero estar sola.
¿no lo entiendes? Quiero estar sola.
Si te necesito, te mandaré llamar. Ahora quiero estar sola.
Está bien. Como quieras.
Me voy. Y aunque no me llames, regresaré cuando crea que estás más tranquila.
¿ya te vas? Sí, soledad, sí.
¿por qué tan pronto, hombre? A ver, ahora se empieza a poner buena la noche.
No quiero que se me haga más tarde. Voy a casa de rosa.
Quiero verla. ¿a que a poco soy templada como don sebas?
¿o como el zopilote de la leoparda para que me pagues un sueldo a mí? Estás equivocado, ricardo.
¿lo oyes? A mí no me tienes que pagar nada.
Y ya me voy a la casa de rosa. Ya no me fastidies más, por favor, ya.
Lárgate de aquí. Ya vete.
Oye, ricardo, entiéndeme. El que está harto soy yo.
Y ahora vas a entender las cosas, quieras o no quieras. ¡oye, suéltame!
¡no seas payaso, ricardo! ¿quién es rosa?
¿de veras no te acuerdas de ella, tomasa? Hay una historia, tomasa.
Una historia que tú no puedes haber olvidado. Yo soy polet, la madre de rosa.
La madre de aquella niña que un día tuviste que llevarte de mi casa huyendo. ¿qué?
Rosa, rosa, polet. Nunca había oído esos nombres.
Pero usted le preguntó al médico que la atendió dónde estaba rosa. Se me va la cabeza.
Aquí dentro todo está en blanco. Al menos, tomasa, recuerdas dónde vives.
Eso sí, dios santo. Tomasa.
Por el amor de dios, por lo que tú quieras en la vida, por lo que más quieras, habla de una vez. Dímelo.
¿dónde vives, tomasa? ¿dónde vives?