Te quedan: 10 días para ver este capítulo.

La transcripción se genera mediante el uso de inteligencia artificial y puede contener errores o inexactitudes. En caso de una discrepancia, prevalece el audio.
Este es mi pecado. ¿cuál es el tuyo?
Mi pecado eres tú. El desmayo de su mujer no tiene nada que ver con eso.
Entonces, ¿qué le pasa? La señora está esperando.
¿qué? Que su esposa está embarazada.
¿está completamente seguro? Usted mejor que nadie sabe del trabajo que costó que mi mujer encargará la primera vez.
Y sabe también que desde entonces simplemente no hubo manera de que rosario se volviera a embarazar. Conozco bien su caso, pero no tengo la menor duda.
Su esposa está embarazada. De hecho, desde ayer que la atendí en su casa lo intuí.
Así que aproveché que ahora está aquí para hacerle unas pruebas y salieron positivas. Pues, no sé qué decir.
Sé que están pasando por momentos difíciles y que seguramente por eso la noticia no le provoca demasiada alegría. Pero recuerde, un niño siempre, es una bendición.
No, es que no me da gusto. Por supuesto que me da gusto.
Pero, sinceramente, no sé cómo lo vaya a tomar mi esposa. Es mi mujer.
Salga inmediatamente. Sí, con permiso.
Por lo que más quiera, doctor, haga algo para que ese niño no nazca. Se lo suplico.
Déjeme un momento solo con ella, por favor. Voy a estar aquí afuera.
¿y tú crees que yo no? Pero tienes que entender que césar, ya, ya no está y no podemos hacer nada para regresarlo.
No, no, no. Sé que la noticia te cayó de sorpresa y lo mismo me pasó a mí.
Pero date cuenta de que ese niño viene en camino precisamente en este momento. Debe ser por algo.
Seguramente dios nos quiere compensar por el que perdimos. Los muertos de mi hijo no se puede compensar con nada.
Yo lo sé, mi amor, lo sé. Ay, paulino.
Pero entiende que tal vez el mismo césar es el que nos está mandando a este nuevo hijo. No.
Porque no quiere que sigamos sufriendo por él. No, no, no.
Paulino, ay, paulino, quiero a mi hijo. Yo quiero a cesarín.
Es obvio que no sabe lo que le conviene. Te equivocas.
A pesar de que solo tiene 12 años, es bastante maduro. Pues yo estoy segura que manejaste las cosas bien.
¿tienes algo que decirle a césar para que contestara lo que tú querías oír? Por supuesto que no.
Y si no me crees, ve, anda. Habla tú misma con él.
¿yo pa' qué? ¿voy a perder mi tiempo?
Olvídalo. Mi amor, comprendo que estés preocupada por lo que estamos pasando, pero confía en mí.
Te aseguro que tarde o temprano esto se va a resolver. Esto no se va a arreglar nunca.
Es más, va a ir de mal en peor. Y no solo pa' julián, eh.
Todos nosotros. Yo tengo fe que en cuanto matías intervenga...
Matías. Matías no es dios.
Es un simple mortal. A veces se pone una sotana así.
Pero yo te aseguro que si llegara el momento en que tuviera que decidir y tomar partido, pues lo va a hacer a favor de los córdoba, igual que todo el mundo. Como se ve que no lo conoces.
Matías es mi amigo. Convéncete de una vez, ¿sí?
Tu supuesta amistad con matías, con paulino, con gavino, ya se fue al diablo, ya. Se acabó, no tienes amigos.
Te quedaste solo. Y mis hijos y yo también.
¿sabes qué? De plano no tengo ganas de seguir oyendo necedades.
Si no estoy inválida, yo puedo caminar sola. Acuérdate que el doctor te dijo...
Ya sé, ya sé, paulino. Ya sé lo que me dijo.
Cinco minutos. Está bien, está bien.
Ya no te lo voy a decir. Pero entiende que no puedo dejar de preocuparme por ti, por el niño.
Quiero que los dos estén bien. En ningún momento dije que lo voy a tener, paulino.
Es mi cuerpo. Y por lo tanto, yo decido lo que hago con él.
No, no, no. No tienes derecho, porque ese hijo también es mío.
Es evidente que estás desesperado por reponer a tu varoncito, ¿verdad? Tengo muy claro que nadie va a poder sustituir a césar.
Pero tienes razón. Me gustaría que esa criatura fuera hombre.
Vamos a dejar que dios lo decida, ¿sí? Déjame sola.
Preferiría quedarme contigo. No te preocupes.
No pienso hacer otra tontería. Si algo se te ofrece, voy a estar en el despacho.
¿que le prepare algo de cenar? No, delfina, gracias.
Entonces, con permiso. Espera un momento.
Quiero pedirte que estés muy pendiente de rosario. Ya habíamos quedado en eso.
Pero ahora necesito que lo hagas doblemente, porque... ¿qué iba a decir?
Bueno, de cualquier manera te vas a enterar. Rosario está embarazada.
¿de veras? Nunca me hubiera imaginado que algo así podría pasar.
Sinceramente, yo tampoco. ¿y cómo le cayó la noticia?
Muy mal. Reniega de la criatura.
Válgame, dios. Te digo todo esto porque tú eres su amiga y necesito que me ayudes.
Su esposa y yo no somos amigas. Bueno, o por lo menos, ella no me ve así.
Los dos sabemos que rosario es una mujer muy orgullosa y que nunca lo va a aceptar abiertamente. Pero para mí es muy claro que nadie le tiene más confianza que a ti.
De hecho, eres la única que le permite que le diga sus verdades. Pero muy de vez en cuando.
Y de todos modos, nunca me hace caso. Bueno, eso es otra cosa.
Y si te hace sentir mejor tampoco a mí, que soy su marido, me hace mucho caso. Está bien.
Nada más dígame qué quiere que haga. Ya te lo dije, que estés al pendiente de ella.
Porque yo con el trabajo de plano no puedo hacerme cargo. ¿de qué tiene miedo?
De que vuelva a poner en peligro su vida. Y ahora también la del niño.
A lo mejor tiene razón. Y esa criatura la ayuda a sobreponerse.
Ay, hasta hace que cambien las cosas. ¿a qué cosas te refieres?
Usted sabe muy bien de qué estoy hablando. Apúrense, que se hace tarde.
Papá, por si apenas una siguiente... Pero yo soy el maestro.
Y eso quiere decir que tengo que estar antes de que lleguen los alumnos. Sobre todo siendo el primer día de clases.
Papá, lucrecia va a estar en la escuela. Ya lo sé, hijo.
Mi mamá me dijo que no puedo contarme con ella, ni hablarle, ni nada. Eso también lo sé.
¿y tú? Yo creo que debes hacer lo que tú mismo decidas.
¿y yo también? Sí, josué, tú también.
Pero seguramente a lucrecia le dieron las mismas instrucciones y puede que no les haga caso. Bueno, ya veremos qué pasa.
Ándale, vámonos. Vámonos.
Ya te queda bien zancón del uniforme. Creciste mucho durante las vacaciones y ni cuenta nos habíamos dado.
Y manuel también creció mucho. Voy a tener que comprarle pantalones nuevos.
Ya no me peines tanto, nana. Se me va a hacer tarde.
Está bien, ya acabé. Tú no vas a ir a ningún lado.
Pero, rosario, hoy empiezan las clases. Y no está bien que falte el primer día.
Tú te callas. Ya dije que no va y se acabó.
De ninguna manera quiero que se encuentre con el chamuco malnacido ese. Pero ni modo que la niña deje de estudiar.
Va a seguir estudiando, sí. Pero aquí en su casa, con un maestro particular.
¿qué esperas para quitarte el uniforme? Ándale.
Rosario. Shh.
No entiende que no puedes hacerlo esta tu hija. Ni modo que la dejes encerrada eternamente.
Soy su madre y puedo hacer con ella lo que se me dé la gana. ¿una madre de verdad?
No hace estas cosas. Una madre no se ensaña con una niña.
Y mucho menos si es su propia hija. Lo único que entiendo es que de plano te estás volviendo loca.
Sé bien que el dolor que sientes por lo que pasó con césar es muy grande. Esto es quitarte con lucrecia.
Que ni siquiera ahora que estás esperando un hijo se te hablan del corazón. ¿y tú cómo sabes eso?
Tu marido me lo contó. Pues hizo muy mal.
No tiene por qué decirte nada. Y menos a ti.
Porque tú aquí lo único que eres una simple sirvienta. Y más te vale, delfina, que no te andes metiendo en lo que no te importa si no quieres que te mande a la calle.
Pues tal vez eso sería lo mejor. Que de una buena vez me largara.
Pues tú decides, ¿eh? Avísame con tiempo para encontrar quién te sustituya.
¿y lucrecia no va a venir? ¿está enferma?
No. No, pero su mamá no quiere que venga.
Nos vemos luego. Siéntense, por favor.
Vamos a hablar sobre contaminación ambiental. Saquen sus cuadernos, por favor.
Estoy seguro de que ya todos me conocen porque me habrán visto por ahí. Pero como esta es la primera vez que les toco de maestro, pues me voy a presentar.
Yo soy... Dime, gaspar.
Yo sé quién es usted. Usted es el profesor rodolfo.
Y mi hermano, que es más grande que yo, dice que usted es a todo dar. Se me hace que tu hermano te aconsejó que me dijeras eso para que me cayeras bien y no te jalara las orejas cuando te portes mal como se la sale a él.
Bueno, ya escucharon a su compañero. Me llamo rodolfo y estoy muy contento de comenzar este curso con ustedes.
Nos vamos a divertir mucho aprendiendo muchas cosas. ¿están de acuerdo?
Sí. Bien.
Para empezar, van a sacar su cuaderno de rayas y van a escribir lo que hicieron en las vacaciones. Vamos a ver quién termina primero.
Por esta vez, tú no tienes que escribir nada. Que se esté muriendo del dolor.
Pero eso no justifica lo que le está haciendo a la niña. Si antes era dura con ella, ahora está mil veces peor.
Sí. Yo también estoy muy sorprendido por la actitud que ha tomado.
Traté de abogar por lucrecia, pero no me hizo caso. Y dudo mucho que a don paulino le preocupe.
Por eso vine a verlo, padre. Para pedirle que vaya a platicar con ellos.
Don paulino es su amigo y rosario lo respeta mucho. No servirá de nada, delfina.
Tal vez no lo sepas, pero ayer estuve con ellos hablando del asunto de julián huerta y simplemente no pude hacerlos entender. Es más, por poco y me corren de la casa.
¿de veras? De veras, sí.
Pero mira, yo confío en que con el tiempo su dolor se va a mitigar y tal vez entonces las cosas cambien. ¿y qué vamos a hacer si eso no pasa?
¿qué va a pasar si rosario se vuelve cada vez más amargada y se desquita con su hija? Por favor, delfina, no seas pesimista.
¿cómo no lo voy a hacer? Si estoy viendo cómo están las cosas.
Usted sabe que aunque para rosario yo nada más sea una criada, yo tengo mucho cariño porque me crié en la casa de sus papás. Pero todo tiene un hasta aquí.
Hay veces que me dan ganas de mandarla al demonio y largarme a otro lugar. No, no, no, no, delfina.
No se te ocurra hacerlo. Ahora más que nunca la niña te necesita.
Pues ya lo sé. Que nada más por ella sigo ahí.
Porque de plano no me animo a dejarla sola. Haces bien.
Por lo que más quiera. Dígame qué tengo que hacer.
Yo necesito que usted me ayude con este paquetote que ando cargando. Cuenta conmigo.
Y cualquier cosa que pase, por favor, tenme al tanto. Vas a ver que juntos vamos a encontrar el modo de echarle una mano a esa niña.
Ay, dios quiera que ese nuevo hijo que rosario va a tener la haga reflexionar y la ayude a cambiar de actitud. Si es que lo llega a tener.
Porque, según su marido, no está muy contenta que digamos. ¿y qué quieres entonces?
¿que se vea con ese malnacido todos los días? ¿que siga juntándose con él a escondidas?
Porque lo va a hacer, ¿eh, paulino? Aunque sea para llevarnos la contraria.
Él a mí tampoco me hace muy feliz. Pero lucrecia tiene que ir a la escuela como todos los demás.
Y, desgraciadamente, aquí en san pedro no hay otro colegio que valga la pena. Bueno, pues, ya te dije que le ponemos un maestro particular y se acabó.
Pero, por dios, rosario, no va a ser lo mismo. Pues, entonces, la mandamos a un internado.
No sé, en guadalajara, en monterrey, en... De ninguna manera.
¿no te das cuenta que lucrecia sufriría mucho? Pero no más de lo que yo he sufrido.
Lo único que quiero es tener paz. Sobre todo, ahorita que estoy embarazada.
No pienso seguir haciendo corajes porque lucrecia... Porque lucrecia no la encontré, se fue, se me escapó.
¿eso quiere decir que ya decidiste tener al niño? Sí, paulino.
Pero tampoco soy ninguna desalmada. Tienes razón en decir que si dios nos está mandando este nuevo hijo, pues es por algo.
Sabía que ibas a recapacitar. Yo te prometo que todo va a salir bien.
Y que vamos a tener un hijo sano y fuerte. Vine a darle de comer al caballo de mi hermano.
Porque como manuel se fue a la escuela, a lo mejor se lo olvida. Traté de convencer a tu mamá para que te dejara ir, pero de plano no pude.
Te digo una cosa. Extraño mucho a mi hermano.
Pero ahora lo voy a extrañar más porque me voy a quedar solita todo el día. Te lo sé, mi amor.
Pero a lo mejor muy pronto ya no vas a estar tan solita. ¿por qué?
Pero me tienes que prometer que en cuanto lo sepas, no le vas a decir a nadie que yo te lo dije. ¡te lo prometo!
Te lo prometo, pero vas a tener un hermano, césar. Dios quiera.
Pero si no, tampoco entonces sería una niña tan hermosa y preciosa como tú, mi vida. Ya veo que vienes de muy buen mundo.
Me acabo de enterar, modesto. Voy a tener un hombrecito.
¿te das cuenta de eso, patrón? Ya vuelve por usted y por doña rosario.
Porque yo sé que eso es lo que ustedes querían. Por fin.
Voy a tener a quien dejarle todo esto. Y le hubiera dejado mucho más.
Si el méndigo de gabino roura no hubiera hecho la mala jugada de quedarse con los adams. ¿qué pasó, justina?
¿cómo estás? Caramba, regresaste.
Tengo varios negocios que atender aquí. Pues, lárgate de atenderlos y a mí déjame en paz.
Francamente, no entiendo para qué vienes a buscarme. Bueno, quería ver cómo andaban tú y tu familia.
Digo, porque hasta donde yo sé, desde que me fui, pues, las cosas no les han caminado muy bien. No creo.
Que eso te preocupe mucho. No, no, no.
Aunque tú no lo creas, sí me preocupa. Sí.
Rodolfo es mi amigo. Bueno, pues, ha sido mucho más que eso.
Eres un miserable que no vale nada. ¿qué pasa aquí?
No se queden callados y contéstenme. ¿por qué te pegó mi mujer?
Ustedes dos, entren a la casa. ¿qué nos están oyendo adentro?
Julián, josé, por favor, métanse. Ahora sí explíquenme qué demonios está pasando.
Fue mi culpa. Sin que fuera mi intención, bueno, pues, ofendí a tu mujer.
¿qué quieres decir con eso? Que me enteré que últimamente han tenido muchos problemas y, bueno, me pareció fácil ofrecerle dinero a justina y tal vez fue la manera o el tono en que se lo dije, pero el caso es que se molestó.
Eso es cierto. No me digas que a ti no te indigna que tu amigo del alma haya venido aquí a querernos tirar unas cuantas monedas.
Como si fuéramos ayunos muertos de hambre. Porque a mí, a mí sí me ofenden mucho.
Tú y yo podremos tener todas las dificultades que quieras, pero no estamos esperando limosnas, ni de este señor, ni de nadie. ¿adónde vas?
Voy a comprar la comida. Yo aquí ya terminé.
Discúlpame, rodolfo, de verdad. Te aseguro que mi intención no era ofenderlos.
De verdad. Quiero ayudarlos a que superen este trance.
Gracias, gabino. Pero ya oíste a mi mujer.
No necesitamos tu dinero. No, no, no, no.
No estoy hablando nada más de apoyo económico, ¿no? Sino de cualquier cosa que ocupes.
No se te olvide que soy tu amigo. Así es que si algo se te ofrece, no dudes en buscarme.
Lamento muchísimo que después de tanto tiempo sin vernos, este primer encuentro haya sido tan desagradable. Lino, ¿hasta cuándo vas a tener enclaustrada a esa pobre criatura?
No está enclaustrada. Por si no lo sabes, lucrecia toma sus clases en la mañana y el resto del día puede salir a jugar o a corretear por toda la propiedad si así lo desea.
Por favor, no me contestes con estupideces. Sabes perfectamente a lo que me refiero.
¿qué no te das cuenta que no es sano que la tengas aislada del mundo? Tu hija necesita renacionarse con niños de su edad.
Como si no supieras que entre esos otros niños está el hijo de rodolfo huerta. De sobra sabes que no queremos que lucrecia tenga ningún tipo de trato con él.
¡dime la verdad! ¿de veras estás convencido de esa tontería?
¿o nada más estás repitiendo el discurso de tu mujer? Bueno, ¿pero qué tú no te cansas de venir a repetirme lo mismo semana tras semana?
¡no! No me canso y lo voy a seguir haciendo hasta que te des cuenta de la injusticia que estás cometiendo con esa niña.
Entiende que... No, no, no.
Entiende tú. Ya pasaron muchos meses de aquella tragedia y ya es justo que las cosas vuelvan a cambiar.
Vuelvan a la normalidad. Por lo menos para esa pobre niña.
¿de veras crees que tu hija es feliz viviendo como vive? ¡mira, matías!
Falta muy poco para que nazca mi hijo. Y estoy seguro que cuando eso pase, todo va a cambiar, matías.
En este momento es muy importante que rosal esté tranquila y, por lo tanto, no la voy a contradecir. Ya después, cuando esté ocupada con el bebé, se va a empezar a olvidar de lo que pasó.
Y va a dejar de preocuparse tanto por lucrecia. No cabe duda que te están faltando pantalones para poner las cosas en su lugar.
Pídele a dios que tu hija pueda olvidar las injusticias que tú y tu mujer están cometiendo con ella. Con permiso.
Se nos está acabando el tiempo. Ya voy, ya voy.
Lo siento mucho, pero ya tienes que entregarme el examen. ¿ya me puedo ir?
Sí. Por hoy ya terminamos.
Adiós, señorita carolina. Nos vemos el lunes.
¿es de la escuela? No, mi amor, todavía no.
¿y por qué te urge tanto que llegue, eh? No, no es que me urja.
Pero cuando llegue, ¿le dices que voy a estar en la caballeriza? Sí, mi amor, yo le digo.
Gracias, nara. Adiós, mi amor.
Pórtate bien, ¿eh? ¿le he de invitar a comer a tu amiguito?
Por supuesto que no. Y no te preocupes, porque le dejé bien claro que no necesitamos su apoyo económico.
Menos mal. Ay, no sabes cómo me enferma que nos tratan como pordioseros.
No creo que la intención de gavino haya sido esa. Ni tampoco me parece que tu reacción haya sido lógica.
¿que todavía no me conoces? ¿que no sabes que así reacciono yo cuando alguien me ofende o me molesta?
Ay. Pues si no todos tenemos a tole en las venas como tú.
Lo que pasa es que te estás poniendo a la defensiva. Porque das por hecho que gavino nos va a dar la espalda como lo ha hecho mucha gente.
No hace eso lo que has estado repitiendo desde hace no sé cuánto tiempo. Pues sí.
Y lo sostengo. Si gavino vino a ofrecernos apoyo, cualquiera que haya sido, es una muestra de que su actitud es muy distinta.
¿sabes qué? Yo ya no quiero seguir discutiendo.
Pero una cosa sí te voy a decir. Gavino roura es un hipócrita.
Y dudo mucho que se haya acercado aquí así a nosotros, nada más por buenas intenciones. Así es que, por lo que a mí respecta, no me interesa volverlo a ver en mi vida.
Ya. ¿qué haces aquí?
Buenas, paulino. Qué gusto me da verte.
Ven acá y dame un abrazo. Pregunté que qué haces aquí.
Acabo de llegar a san pedro y, bueno, pues vine a darte mi más sentido pésame por lo de tu hijo. De verdad, paulino, lo siento mucho.
Gracias. Cuando me enteré de lo que pasó, bueno, pues traté de comunicarme contigo, pero simplemente no se te dio la gana contestarme el teléfono.
No tenía ganas de hablar con nadie. ¿qué?
Sí, sí, me lo imagino. Y mucho menos con un amigo que supuestamente te traicionó, ¿verdad?
¿te parece poco haberme quitado las tierras de los alamos? Tú sí ves que yo estaba muy interesado en ellas.
Mi intención era prestarte el dinero, te lo juro, para que tú las compraras. Incluso hablé con inés.
Pero pensando en el futuro de nuestros hijos, bueno, ella me pidió que no las quedáramos. Y en el estado que estaba, bueno, pues, no podía contradecirla, paulino.
Por lo menos me pudieras haber avisado, ¿no? No, no, no, si por supuesto que lo iba a platicar contigo.
Pero se viene la muerte de mi pobre inés y luego me tuve que ir a guadalajara y después, bueno, pues, tú ya no me quisiste contestar el teléfono. Como haya sido, el asunto es que no me jugaste derecho.
Paulino, no vamos a perder una amistad de tantos años por un malentendido, ¿verdad? No te estarás pensando en distanciar de mí como lo has hecho de rodolfo.
Nada, ni me lo menciones. Está bueno, está bueno, como tú quieras.
Pero volviendo al asunto de los álamos, mira, a pesar de que la propiedad esté a mi nombre, bueno, pues, me parece que tú le puedes sacar provecho, ¿no crees? Francamente, no veo cómo.
Formando una sociedad para sacarle jugo al predio. ¿qué te parece?
Sé que rosario está esperando y, bueno, pues, como dice el dicho, ¿no? Los hijos siempre vienen con la torta bajo el brazo, ¿o qué no?
Pásale. Rosario, la maestra de lucrecia quiere hablar contigo.
¿de qué? No sé, pero debe ser algo que tiene que ver con la niña.
¿de qué más, si no? Bueno, pues, dile que pase.
Pásale, pase. Buenas tardes, doña rosario.
Buenas tardes, siéntese. Gracias.
¿qué se le ofrece? Necesito hablar con usted sobre los avances de su hija.
Me escucho. Mira, la verdad, la niña no va tan bien como yo quisiera.
A pesar de que es muy inteligente, pareciera que... Maestra, hágame el favor de ir al grano, ¿sí?
Si le soy sincera, me parece muy importante que lucrecia se reincorpore a la escuela. Le hace falta la convivencia con los otros niños.
Mira, aquí la única que decide lo que le hace falta o no a mi hija soy yo. Y si usted no puede cumplir con su trabajo, pues, dígamelo de una vez para conseguir a otra persona inmediatamente.
Eso no va a hacer falta. Y no se preocupe, que voy a hacer todo lo que esté en mis manos para que su hija aproveche mejor las clases.
Eso espero. Y si no hay algo más, le pido de favor que...
Eso era todo. Con su permiso.
Buenísimo. Igual que siempre.
¿le diste la carta? Sí.
Y él te mandó una a ti. Aquí está.
Ya no quiero andar trayendo y llevando cartas. ¿por qué?
Porque si tu mamá se da cuenta, me va a poner como dios puso al perico. Pero no se va a dar cuenta.
Y a ti no se te vaya a ocurrir decírselo a nadie. Bueno, ya te dije.
Ya te dije que no lo voy a hacer. ¿estás enojado?
No. Nos vemos luego.
Pero prefiere venir a la escuela. ¿y qué más?
Nada más. ¿que no sabes que no se deben leer las cartas de otras personas?
¿por qué es lo que ella nunca me escribe a mí? Ay, no lo sé.
A lo mejor y porque tú nunca le escribes a ella. Un día le hizo una carta, pero el perro no se la quiso llevar.
Ya te he dicho muchas veces que no le digas así a manuel. ¿qué son esos gritos?
Sé que traen. ¿por qué, julián?
Órale, contéstame. Te estoy hablando, contesta.
Porque dijo que manuel era un perro. ¿y me vas a decir que no?
Pues, eso parece, ¿no? Sí.
Pues, si ahí siempre anda, anda atrás de la escuinclita esa, ¿no? No lo vuelvas a hacer.
Vámonos a comer. Ya está servido.
Ay, papito, ¿te pegaste en algún lado? Sí, aquí en el vaso.
Ay, mi amor, te lastimaste. Órale, papi, órale, ya.
Lucrecia, ¿cómo te va? La lucrecia.
Ay. ¿quién le puede escribir a una niña tan chiquita, eh?
Déjeles, mía. Nada más que he sido en estos meses.
Para mí que muy pronto te vas a convertir en una señorita muy, muy guapa, eh. ¿se le ofrece algo, don gavino?
No, nada, gracias. Me estaba diciendo esta niña linda que mi hija teresa y mi hijo carmelo le mandan muchos saludos.
Con su permiso, doña delfina. Más vale que no te le acerques a ese hombre, ¿no?
¿y eso? Nada.
Ay, ¿nada? No, nada.
Es una sociedad. ¿y eso qué quiere decir?
Que aunque las tierras sean suyas, los dos podríamos invertir para ponerlas a producir. Yo me encargaría de la siembra y cultivo de la manzana y nos repartiríamos las ganancias.
Yo preferiría que no hicieras negocios con él. ¿por qué?
Gavino es mi amigo. Al final de cuentas, no tengo nada.
Nada que perder. Bueno, a lo mejor ahorita no, pero ¿quién sabe cuando pase el tiempo y el hijo de gavino crezca?
¿carmelo? Sí.
Por favor. Ese muchachito se está educando en la ciudad.
Dudo mucho que se vaya a interesar en el campo. En cambio, ese hijo que traes cargando va a querer estas tierras tanto como yo.
Estás encantado de que sea hombre, ¿verdad? ¿a poco tú no?
Pues sí. Las mujeres son muy complicadas.
Y, bueno, para muestras, tienes a lucrecia, que, por cierto, vino la maestra y se quejó porque no está cumpliendo como debe paulino. Debe ser difícil para ella ser la única alumna.
A lo mejor convendría ir pensando en la posibilidad de que el año que viene regrese a la escuela. Ay, ay, ay.
Te voy a pedir un favor. Ahorita no me mortifiques con eso, ¿sí?
Sí, está bien, está bien. Pero tampoco te alteres.
¿cómo le va, pinita? Muy bien, gracias.
¿y usted qué anda haciendo por acá a esta hora? Pues vine a traerle unas panzeritas para sus postres.
Son las primeras que se cortan este año. Ah, pues, qué amable.
Gracias. Bueno, y ya que estoy aquí, quiero aprovechar para, pues, para...
Para invitarla al cine hoy en la noche. ¿a mí?
Pues sí, a usted. Híjole, es que...
No sé a qué hora me voy a desocupar. No le hace.
Al fin que hay una función ya tarde. Y hasta le dará tiempo de darle a cenar.
Pero ándele, pues. Vamos al cine.
Así me gusta. Entonces paso por usted, como a eso de las nueve.
No, no, no. Mejor nos vemos afuera del cine, ¿no?
Oiga, pero ¿cómo se va a ir solita hasta el pueblo y de noche? Ay, ni que fuera la primera vez.
Ya luego usted me acompaña de regreso. ¿cómo ve?
Bueno, me parece bien. Si así quiere, así le vamos a hacer.
Con su permiso. Con permisito no le quito más su tiempo y nos vemos, mandolito.
Adiós. Pues, a traerme unas manzanas.
Y todo esto, ¿para qué quería verte, lucrecia, con tanta urgencia? Nada más, para platicar.
Espero que no se traigan algo más entre manos, ¿eh? Para nada.
Lucrecia, quiero hablar contigo. ¿de qué?
Tu maestra me dijo que no estás cumpliendo con ella como deberías. Pero si hago todas las tareas, ma, te lo juro.
No me ha faltado ni una. Una cosa es hacerlas y otra muy distinta que las hagas bien.
¿o qué es lo que quieres? Volverte una burra como los peones que trabajan en el campo con tu padre.
¿así quieres acabar? Lo que quiero es regresar a mi escuela.
¿cuándo me vas a dejar ir otra vez? Si no pasas de año, nena, no vas a regresar a ningún lado.
Ni a tu escuela, ni a ninguna otra. ¿qué estás escondiendo?
Nada. Las lucrecia.
Hazte un lado. Te juro que no hay nada.
¿ah, no? Las cartas.
Sí, eso ya lo sé. ¿quién las escribió?
Nadie, yo sola. Ahora resulta que te escribes a ti misma.
Por lo visto tú no entiendes, niña, que ahora sí nunca vas a regresar a esa maldita escuela. ¿cómo diablos llegaron aquí estas cartas?
¡contéstame! No hace falta que me lo digas porque en este mismo momento le voy a poner remedio a esto.
No. No cortes el jitomate tan grande, por favor.
¿así está bien? Sí.
¿qué? Mira, es que esta mejor.
Yeah! Algún 상황.
No, no, no se asuste.