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¿qué rato hablé con la secretaria de federico? ¿qué averiguaste?
Federico llega el jueves. ¿con su esposa, naturalmente?
¿con quién, si no? ¿y qué piensas hacer?
Vengarme. Voy a vengarme de él.
¿aceptas ir a cenar a la casa? Sí, se aceptó.
Pero con una condición. ¿condición?
Sí, sí, ¿la acepta? Depende, rosa.
¿cuál condición? Tengo que vengarme de federico.
Tengo el derecho de hacerlo. Por supuesto que sí.
Pero, ¿cómo vengarme? ¿tienes cartas?
Esas cartas me habrían servido antes de que se casara federico. Ahora, ¿para qué me sirven?
Dulcina linares tomaría lo nuestro como una vieja aventura de su marido. El pasado de una mujer puede condenarla.
Para siempre. El de un hombre es otra cosa.
Son leyes injustas. Pero existen.
De todas maneras, alguna forma debe haber porque me tengo que vengar. ¿cuál es la condición que quieres imponerme?
Que yo haga la cena como la otra vez. ¿como la otra vez?
No, no, rosa. No, porque ahora ya puedo comer con sal.
Ay, sí. No me quiera jugar, su ciudadana ángel, porque, mire, me acuerdo muy bien de todas las indicaciones.
Y de las advertencias que me hizo el doctor. Mira, las cosas ya no son como antes.
Soy otro hombre. De verdad, el médico me dijo.
No, yo quisiera platicar con el médico mejor primero. Bueno, te doy mi palabra.
¿su palabra? Sí, sí, mi palabra.
Bueno, pues ahí me tendrá en su casa. Acepto la cena.
Bien. Pobre eduardo.
¿cómo fue a tomar esa resolución? Su matrimonio estaba desechado.
¿qué pasó? No lo he escuchado.
Si todas las parejas infelices se quitaran la vida, imagínate. ¿irás al velorio?
Naturalmente. Llévale a vanessa a mi pésame, dile cuánto lo siento.
Pero no me has contado. ¿qué?
¿hablaste con rosa? Sí, anoche en la fonda.
Créeme, me sorprendió. ¿te sorprendió?
Imagínate, rosa siempre tan arisca que a la menor provocación saltaba. Estuvo hecha una seda.
La besé. Qué bueno.
Quiero reconquistarla, candidata. He decidido jugarme el todo por el todo.
Hasta las últimas consecuencias. Ahora depende...
¿de qué? ¿de quién?
De ella. Le pedí que rehiciéramos nuestra vida.
Al fin y al cabo, aún estamos casados. ¿aceptó?
Está indecisa. Los linares le hemos hecho mucho daño.
Y no olvidan. Bueno, pero en algo habrán quedado.
En verse, en llamarse. Celia y sebastián suelen visitarla.
Rosa me exigió que fuese cualquiera de ellos quienes me llevaran su decisión. La estoy esperando como si fuera un adolescente.
No pierdas a rosa, ricardo. No la pierdas.
Entonces mañana sales más temprano para que puedas ocuparte de la cena. Me saqué, gracias, don ángel.
Pero la verdad es que mejor mañana salgo a la misma hora que las demás. Porque es que luego van a empezar la cosa de lo que los favores y que empiezan con los rollos.
Está bien, está bien, está bien. Habla con amalia para que compre lo que necesites.
Ah, bueno. No va a ser mucho, ¿eh?
Porque como buena pobre que soy, yo cocino bien barato. Pero muy sabroso.
No, eso sí, pues cómo no. Bueno, pues con su con permiso voy a la chamba otra vez, ¿eh?
Ahí nos vemos. Oiga, jefe, de veras, ¿eh?
Qué lástima que no se puso la corbata que le regalamos. Porque, serio, mire, le quedan todas margaritas, ¿eh?
No nos está tomando el pelo esto. Sólo trata de ser amable.
No me gustan nada esas pláticas con don ángel a cada rato. Le ha caído en gracia.
Pues a mí no. Y el día que yo pueda despedirla, la despido.
Malena, eso lo decide el jefe. Cuando tenga los recursos, también lo decidiré yo.
¿por aquí tan temprano? Ya te imaginarás, zoraida.
Problemas con rosa. ¿con quién más?
Me lo imaginé desde que supe que se había entrevistado con ricardo linares. Ah, ¿tú lo sabías?
Linda me contó. Dice que no lo quiere, pero fue a verse a solas con él.
Tenía un compromiso conmigo y me dejó plantado por verlo a él. Me siento como un payaso detrás de rosa.
Enamorado. Enamorado como un estúpido.
Quisiera no volver a verla nunca más, zoraida. Nunca más.
¿cómo estará la barbacoa? Aquí todo está siempre rico.
La fonda está llenísima, muchachas. Eh, anoche casi no había gente.
Ah, ¿quiere decir que anoche estuviste aquí? Pues sí, ¿qué?
Digo que ahí está prohibido, ¿qué? No, claro que no.
¿con quién viniste? Pues me invitaron.
¿quién, eh? ¿quién, quién?
Pues un agente, oye. Ay, pues por supuesto, niña.
¿no te iba a invitar un chimpancé? ¿por qué chance, sí?
¿qué tiene? Hola.
Qué uvas lindas. ¿a poco ya estás chambeando acá, hija?
Precisamente hoy comienzo. Mira, te presento a mis cuatachas de la juguetería.
Violeta, américa y eulalia. Hola, hola.
Ella es linda. Mucho gusto.
Hola. Qué buena onda, linda.
Entonces, ¿nos vamos a ver todos los días aquí? Sí.
Oye, rosa, ¿puedo hablar contigo un momento? Claro, de huevo.
Mira, espérame en el salón del fondo. Enseguida voy.
Órale, pues. Ay, me piden lo que se les ocurra, ¿no?
Ahorita vengo. Hola.
¿con quién habrá venido anoche aquí, eh? Pues a lo mejor con su novio.
Pero si ella dice que no tiene novio. Con razón se ve tan feliz.
Ay, pero reservada. Cada una de nosotras cuenta sus cosas, pero ella nunca suelta prenda, ¿eh?
A propósito, ¿qué tanto estaría hablando con el jefe hoy? Ay, bueno, vamos, vamos.
Como diría el señor manrique, menos chismes y más comida. Señor, por favor.
Créame, querido. ¿qué me aconseja, zoraida?
Yo mejor te diría que te olvidara de rosa, chico. Es que no puedo, no puedo.
Aunque rosa diga que no, para ella no hay más hombre que ricardo linares. Pero, pero si ya habían terminado.
Estaban, estaban divorciándose. El destino de rosa está unido al de ese hombre.
Yo le leí el café, y ahí le salió. Tu café se equivoca.
Resígnate o vas a sufrir mucho. El sufrimiento no me importa, zoraida, si al final tengo el amor de rosa garcía.
Es que yo... Quisiera olvidarla, pero, pero no puedo, zoraida.
Ese hombre no la quiere, no la ha querido nunca. Llegará el día en que rosa se convenza de que es así.
Y ese día... Ese día yo estaré a su lado para consolarla de su decepción.
Bueno, allá tú. Guerra avisada no mata sordado, mi niño.
La quiero, zoraida. La quiero tanto que daría mi vida por ella.
¿cómo te fue anoche? ¿ricardo te besó?
Sí, sí, no me lo niegues, te besó. No, bueno, que quede bien claro, ¿eh?
Fue él quien me besó. Déjate de tonterías.
Cuando hay un beso, no besa a uno solo, besa a los dos. Oye, te habló de que volvieran.
Sí. ¿y qué le contestaste?
Pues, no, sí, él ya lo tenía todo resuelto. Pues, ¿sabes qué?
Yo, la neta, hija, yo tengo que pensarlo mejor, porque la verdad no... Pensarlo.
Pero qué ganas de perder el tiempo las tuyas. Lázate a la reconciliación y ya.
Ay, sí, mira, tú qué fácil, ¿no? Por apurarme otra vez, no.
Me vuelvo a dar en las narices, no, linda, no. Ahora sí que naranjas chinas, hija, no, no, no.
Lo tengo que pensar recate bien. Buenas tardes, señor.
Buenas tardes, amalia. Rosa te llamará por teléfono esta noche o mañana en la mañana.
¿a mí? ¿para qué?
Es que mañana cenaremos aquí mi hermano manuel, rosa y yo. Rosa aceptó la invitación, siempre que permitiese que ella cocinara.
Así es que te va a llamar para que tú le hagas el favor de comprar todo lo que haga falta. ¿entendido?
Entendido, señor. Bien.
Rosa, una vez puede pasar. Tu jefe estaba enfermo y había que cuidarlo.
Que ahora vuelve a invitarte no me parece bien. ¿qué tiene de malo, manu nadigol?
Ay, bueno, pero a veces pareces una bebita. Tú no encuentras nunca maldad en las cosas.
Él es un hombre viudo todavía joven, mija. Sí, hombre, pero vamos a cenar los tres allí.
¿los tres? Sí, yo y él y también su hermano.
El hermano de don ángel es un padrecito. Ah, bueno, ¿y a santo de qué viene esa cena con ellos?
Que don ángel dice que el padrecito me quiere conocer mejor. ¿y para qué?
Pues que yo sé yo, es de pa' la bola. Ay, don sebas, ¿cómo está?
Buenas noches. Se lo va a reír, aunque regado no esté.
Mire cómo está creciendo rogelio, ¿eh? Ya se va haciendo un hombre, ¿no?
¿cómo lo ves? Sí, es preferible que siga siendo un perro, ¿no crees?
Los perros suelen ser mejores que ciertas personas. Sí, ¿verdad?
Pero hice por la cosa esa que tiene allá de la güera, la víbora y la zofilota, ¿no? Bueno, ¿y eso que no me lo esperaba aquí?
Pues no te imaginas para qué vine. Anoche me quedé tan impresionado que no me atreví a venir.
No sabes cómo lo siento, vanessa. Gracias, rogelio.
Me siento algo culpable. No, no, no, por favor, tú no.
¿se pudo hacer algo por ti? Gracias, rogelio, pero ya es tarde, demasiado tarde para todo.
Vine porque a lo mejor tienes un mensaje y ya sabes para qué. La manda ricardo, ¿verdad?
Sí, está muy ansioso por la respuesta. Ay, yo le dije que se la mandaría con usted o con celia.
Bueno, ¿y cuál es la respuesta? Pues dígale que todavía no se la puedo dar.
No sé de qué se trata, rosa, pero ¿por qué tardas tanto? Oye, que todavía no he pensado las cosas, ¿cómo se las voy a dar?
No puedo responderle todavía, que no coma ansias. En estos días le doy la contestación.
Mire, joven ricardo, ¿qué pasó, viste a rosa? Sí, joven.
¿qué me manda a decir? Que todavía no tiene respuesta.
Pero ¿cómo es posible? Tenía que haber ido yo.
No, no, joven, no, ni vaya. Ella me lo dijo bien claro.
El mensaje lo mandará conmigo o con celia en cuanto lo piense bien. Pero ¿qué gana con hacerme esperar?
Si no me manda pronto una respuesta con alguno de ustedes, yo mismo iré a buscarla. Híjole, ya me pinto, manina.
¿a qué hora regresas? Pues, ¿yo qué voy a saber?
La primera vez que estando con un padrecito. No vayas a venir muy noche, es muy peligroso.
Te apuesto una cosa, manina. ¿qué?
A que el jefe me va a traer en su coche. Ahí nos vicenteamos, ahí nos vemos.
Hasta luego. Cuídate.
Oiga, doña tomasa, ¿por qué tanta amistad de la rosa con su jefe? Mija, será por la edad, pero cada vez me cuesta más entender las cosas.
Y esta amistad del jefe con mi muchacha, no la acabo de entender. A juzgar por el aroma, todo está delicioso.
Me perdona, don angelé, pero los hombres de la cocina huelen a gallina. Está bien, de acuerdo.
¿no te imaginas las maravillas que está haciendo rosa en la cocina? Por el olor, puedo imaginarlo.
¿qué pasa, amalia? Buscan al padre emanuel.
¿padre emanuel? ¿qué pasa, hijo?
El padre ignacio está muy mal. Me gustaría que fuera a verlo.
Sí, sí, claro. Claro, salgo inmediatamente.
Espérame, hijo. Lo lamento y rosa lo lamentará junto conmigo.
Bueno, discúlpame con ella. Sí, claro, claro, claro.
Ángel, quisiera irme tranquilo dándote un consejo. ¿un consejo?
No sé en esas olas con esa muchacha. Busca un pretexto.
Llévala a su casa. Pero, manuel, la cena está lista.
Hace horas que todo está preparado en la cocina. Ella lleva metida horas ahí.
Sí, pero tengo un presentimiento. ¿qué dices?
Creo que algo ocurrirá esta noche si rosa se queda. Tú y ella solos.
Será una situación tentadora. Y tú lo sabes.
Llévala a su casa, ángel. Llévala a su casa antes de que sea demasiado tarde.
Van a chuparse los dedos. A ver, amalia, prueba este caldo, ven.
Ay, uy, caliente. ¿no está sabroso?
Está riquísimo. Al padre manuel le encanta el caldo tlalpeño.
Sí, eso me dijo don ángel, por eso se lo hice. Uy, se viene un aguacero.
Como que le falta un poquito de sal, ¿no? Pero mejor no le echo porque no es buena para don ángel.
Aunque ya está mejor, pero, pues, de todas maneras... Manuel, rosa y yo simpatizamos.
Sí, ya, ya, ya, ya. Ya sé lo que vas a decirme.
Que una cosa es la simpatía y que otra cosa es el amor. Exactamente.
Pero por algo se empieza, ¿no? Bueno, es tarde, no puedo demorarme más.
Llevarás a rosa a su casa. Mira, después de que se ha molestado haciendo la cena, yo creo que no es justo.
Eso importa muy poco frente al peligro. ¿peligro?
¿de qué hablas? No se puede confiar en ningún hombre capaz de...
Capaz de ponerse la corbata que ella te regaló. No, no, escúchame, no deben quedarse solos.
Prométeme que la llevarás a su casa. Está bien, está bien.
Mira, no tienes razón, pero te voy a hacer caso. Está bien, está bien.
Te dejo. No sea que me agarre la lluvia.
Hasta mañana. Hasta mañana.
¡sebas! Qué pronto usted por aquí otra vez.
Pues sí, vengo a ver a rosa. Rosa no está.
Tuvo un compromiso y no creo que regrese temprano. Ah, caray.
¿no dejó ningún recado para mí? No, no, no dejó dicho nada.
Bueno, ella ni se imaginaba que usted iba a venir hoy, porque nada me comentó. ¿es algo importante?
Bueno, rosa tiene que mandar un recado conmigo, o con celia, al joven riquelme. Es algo que está pensando.
Pues no ha terminado de pensar porque no ha dicho nada. Híjole, ahora sí se vino el aguacero, en serio.
Rosa, dice don ángel que sí puede decir un momento. Está en la sala.
Bueno, pero me cuido que no se me vaya a quemar nada, ¿eh? No te preocupes, estaré pendiente.
Suave. Bueno, ¿llega el padrecito?
Con este aguacero seguro que llega tarde, ¿no? Me estaba llamando, ¿no, don ángel?
Rosa, ya mi hermano estuvo aquí. Ah.
Pero no pudo quedarse. No va a cenar con nosotros.
Así que, ¿tú decidirás? Buenas noches.
Buenas noches, joven. Pase.
Gracias. Hola, hijo.
Ay, ¿dónde te mojaste? Vengo del sur y por ahí está lloviendo recio.
Ah, ¿sí? Pues por aquí no ha caído ni una gota.
Sírvele un cafecito, justina. Sí, doña tomás.
¿qué tienes? Mire, doña tomás, la otra noche rosa y yo tuvimos una escena muy desagradable.
No le di tiempo para explicarse. Estoy arrepentido.
Vine para eso, a decírselo. ¿estaba en el cuerpo?
No, no, ernesto. Rosa, pues hoy también salió.
Cómo que el padre manuel no cena con nosotros. Yo ya hasta le había preparado azucando tlalpeño, hombre.
Digo, no es posible que me haga ese desaire del padre manuel, ¿no? Rosa, no es un desaire.
Él tenía que ir a dar una extrema unción. ¿extrema...?
¿qué es eso? Es un sacramento que se administra a los enfermos en peligro de muerte.
Este, manuel, pues, tuvo ese compromiso. Por eso te digo que tú decidirás.
¿pues yo qué, qué, qué tengo que decidir o qué? Si te llevo ahora mismo a tu casa o te quedas a cenar conmigo.
No, hombre, o sea, que con la cena hecha, pues ya mejor me quedo. Pero cenar conmigo a solas podría resultarte aburrido.
Pues claro, hubiera sido mejor con el padre manuel también, pero... Bueno, aquella noche que cenamos juntos usted y yo, pues, no me la pasé aburrido, oiga.
No, no, no, pero entonces tú me cuidabas porque yo estaba enfermo, pero ahora ya estoy sano. Pero sí, bueno, pero enfermo sano, pues, es el mismo.
Si quiere usted, yo me quedo. Pues, es que para mí sería un placer.
Hombre, pues, no hay más que hablar. Me quedo.
Gracias, rosa. Me voy a regresar a la cocina porque no quiero que nada me quede mal.
Bueno. Ahorita vengo.
¿con quién salió rosa? Pues, el señor de la huerta la invitó a cenar en su casa.
¿y usted se lo permitió? Ay, mijo, ¿y yo qué podía hacer?
Detenerla. Ay, pero querer detener a rosa es como querer detener al viento.
Es un hombre viudo y ella sola con él. ¿está bien eso?
¿está bien? No, no, ernesto, pero si no van a cenar solos.
Sí, el señor de la huerta tiene un hermano sacerdote y cenarán los tres juntos. Hermano sacerdote.
¡quisiera llover a ese sacerdote! ¿fuiste?
Sí, joven, de allá vengo. ¿hablaste con rosa?
No me fue posible. Había salido.
¿y tampoco dejó ningún recado? Ninguno, joven.
Lo que ella tenga que pensar parece que todavía no lo ha pensado. ¿qué tal está la papa?
Exquisita, ¿eh? Exquisita, de verdad, qué bien cocinas.
No se vaya a pensar que tomé clase de cocinera, ¿eh? No, hombre, qué va.
Yo nada más de cocinar de ver a manina y, pues, aprender todo lo que ella me enseña. No sé hacer muchas cosas porque, como la verdad hemos sido pobres siempre, pues, no había ni qué cocinar.
Cocina mexicana, eso sí puedo cocinar casi todo. Pero luego eso ya de comida internacional, que le llaman así, no, pues, ahí sí, mijota, pero mijota.
Rosa, ¿nunca has pensado en tener un esposo? Cocinar para él, sentarse a la mesa juntos y platicar de tantas cosas que platican los que se llevan bien.
Es posible que aún no te haya dado una contestación. Rogelio, me dijiste que te había ido muy bien en tu entrevista con ella.
Y así fue, rogelio. Pero se tarda en darme una respuesta.
No entiendo a rosa. ¿qué es lo que se propone?
¿hacerme sufrir? Rosa voluntariamente es incapaz de hacer sufrir a alguien.
Entonces, ¿por qué demora su respuesta? No le será fácil.
Hay recuerdos. Rosa fue muy castigada por los linares.
Eso pertenece al pasado. Quiero una respuesta de rosa.
Y la voy a tener. Bueno, pues, yo creo que uno siempre quiere en la vida lo mejor, ¿no?
Y también creo que un hogar siempre es lo mejor, ¿no? Gracias.
Yo tuve uno y lo amaba. No sabes cuánto lo extraño, rosa.
Entonces, mi vida era de otra manera. No conocía la soledad.
No piensa perdonar a su hijo, ¿verdad? Si solamente me hubiese herido a mí, lo perdonaría.
Pero tú fuiste la víctima. Y eso sí, no se lo perdonó.
Ay, hombre, pues, ya ni le busco. Ya ni me acuerdo yo.
Además de que fuera yo tan importante para que usted no perdone lo que me haga, hombre, pues, tampoco. Bueno, pues, aunque no lo crea, sí.
Eres muy importante. Hola, ernesto.
Hola, soledad. Ay, pero qué cara trae.
Ay, fuiste a ver a rosa, ¿verdad? Me duele verla.
Entiendo. Pues, no la vi.
Un día ricardo linares, hoy ángel de la huerta. Me parece que rosa está resultando ser una coqueta.
Quedé muy satisfecho, ¿eh? Sí, comió como pelón de hospicio.
Imagínate que hasta me siento mareado. No, no, eso sí está mal, ¿eh?
Sí. ¿ya quieres regresar a tu casa?
Yo creo que sí. Me late, oiga, ya.
Aunque la lluvia de veras todavía no para, ¿sí? Pero, pues, me presto un paraguas y voy a la avenida a tomar un pecero mejor.
¿cómo que pecero? No faltaba más, yo te llevo.
Espérame, voy a buscar las llaves del coche. ¿qué pasa, don ángel?
¿qué tiene? Nada, nada, nada, nada.
Fue un simple mareo que... Te digo, te digo que cenamos demasiado.
No, no, pues, siéntese, siéntese. Mejor se queda aquí descansando en la escena y yo mejor me voy sola, ¿eh?
No, no, no, no, no, no, no, nada, nada, nada. No, no, nada, nada, nada, ¿eh?
De aquí no se va a salir usted. Se puede sentir peor, oiga, o darle algo.
Y si todavía está delicado, don ángel. Yo no quiero cagar con ese remordimiento, así en mi conciencia.
Pues, a mí tampoco me cae nada bien que tú te vayas sola a tu casa. Y menos en un pecero.
Ni siquiera en un taxi me gustaría, rosa. ¿sabe qué, jefe?
No, es que a mí me da pendiente dejándolo así, sintiéndose tan mal y... Rosa, ¿te atreverías a quedarte a dormir aquí en mi casa?
¿vas para la calle? Sí, voy a casa de rosa.
Cálmate, espera mejor hasta mañana. No puedo, me estoy volviendo loco.
No puedo esperar más. Quiero saber qué es lo que piensa de lo nuestro.
Quiero saber qué ha decidido. ¿cómo lo voy a molestar, hombre?
No, no, no, no es molestia. Tú puedes dormir en la recámara de los huéspedes.
Pues sí, pero es que también si la marina no me ve llegar se va a asustar. Sobre todo también porque allá debe estar lloviendo igual que acá.
Sí, pero puedes avisarle. No, eso sí.
¿sabe qué? Le voy a avisar a la tirita de doña carmela.
¿eh? Así sí me quedo.
Le voy a llamar a doña carmela. Con permiso.
Bueno. No.
Soy yo, doña carmela. Soy rosa.
Ah, sí, mija, dime. ¿te pasa algo?
No, oiga, ¿no está lloviendo por ahí? No, pero en la tele dijeron que por el sur está lloviendo a cántaros.
Ah, sí, dígamelo a mí, hombre. Estoy acá en el sur.
Es que quiero que le lleve un recado a la manina. Tomando, ernesto.
Vas a salir de aquí ovado. Y mejor, ¿no?
Más ganas. Pues sí.
Pero tú eres mi amigo. Y a ese precio no quiero ganar nada.
Tú vas a tener que tomar una decisión, ernesto. Todo menos renunciar a rosa.
Pues ese es el único camino que te queda. Si no quiere destruirte para siempre.
Ah, carmela, ¿qué anda haciendo por aquí? Pase, pase, pase.
Siéntese. Siéntese.
No, gracias. Si nomás viene de carrerita a traerle un recado de rosa.
Dice que se va a quedar a dormir en casa de su jefe. Se ha vuelto loca.
Bueno, dice que por allá llueve a cántaros. Que el señor no se siente muy bien para traerla y que ella se queda por si la necesita para algo.
Y sí está lloviendo por el sur, ¿eh? Porque en la tele lo dijeron.
Bueno, carmela, pues, le agradezco que se haya molestado en avisarme. Ay, no se fije, tomasa, pues, para eso estamos.
Así dormirá tranquila. Bueno, pues, hasta mañana.
Sí, hasta mañana. Hasta mañana, carmela.
Gracias. De nada.
Ay, justina, pero esta rosa se ha vuelto loca. Mira que quedarse a dormir en casa de ese hombre.
Bueno, doña tomasa, hay un pedrecito. Sí, es verdad.
Sí, hay un... Hay un padrecito, sí.
¿y quién será ahora? Déjeme ver.
Aquí dormirás, rosa. Híjole, y el colchón está todas margaditas, ¿eh?
Es mío. No es muy bonito, pero está nuevo.
Híjole, gracias. No, pero el difunto era más grandote, mire.
¿verdad? No, pero está bien.
Te vas a ganar. Muchas gracias.
Hasta mañana, rosa. Hasta mañana, amalia.
Gracias. Hasta mañana.
¿por qué me mira así, señor? Buenas noches.
Buenas noches. Pase, pase, joven.
Pase, pero... Ay, qué sorpresa, es que no lo esperaba.
Hace tanto tiempo que no venía usted por aquí. Imagino que ya rosa le habrá contado.
Sí. Sí, me dijo que había platicado con usted.
Quedó en mandarme una respuesta con sebastián o con celia. Me pidió que no viniera yo por ella.
Sí. Pero se tarda tanto que hice caso omiso a su recomendación.
Le avisa, por favor, que estoy aquí. Eh...
Pues, eh... Rosa no está, joven.
¿a esta hora está fuera de su casa? Pues, es que tuvo un compromiso, una cena.
¿dónde? ¿con quién?
Pues, en la casa de su jefe, don ángel de la huerta. Ah, una cena con de la huerta.
Bueno, puedo esperarla, ¿no? Imagino que, siendo la hora que es, no tardará en regresar.
Pues, la verdad, joven, es que rosa no va a regresar esta noche. Sí, se va a quedar a dormir en casa de don ángel.
Pareces una niña. Hace un titipuchal de tiempo que decidí serla.
Sin embargo, tu carácter es el de una chiquilla y muy linda. Tengo un presentimiento, ángel.
No te quedes a solas con rosa garcía. Llévala de regreso a su casa.
Llévala de regreso a su casa. ¿me está haciendo una broma, tomasa?
No, no, joven, no. No es ninguna broma.
Es que por allá, por el sur, está lloviendo a cántaros. Y don ángel, pues, parece que...
Que se sintió muy mal. Y rosa, pues, se quiso quedar por si necesita algo.
Tan solícita con su jefe y tan cruel conmigo. ¿cruel?
Bueno, usted tiene que estar enterada. Rosa le cuenta todo.
Bueno, sí, la verdad, sí. Hace dos días que espero una respuesta de rosa.
Sí, lo sé, pero rosa todavía no está decidida. Así que perdónela.
Ambos debíamos tomar una determinación. Yo ya la he tomado.
Ella, en cambio, vacila. Y en lugar de estarla pensando, se va a cenar y a dormir en casa de ángel de la huerta.
Bueno, iban a cenar ella, don ángel y un hermano de don ángel que dice que es cura. Gracias por todo, tomás.
¿adónde va, joven? A buscar arroz a casa de ángel de la huerta.
¿dónde está ricardo, leopoldina? Salió, señorita.
¿adónde? No me dijo nada.
Estuvo hablando con el joven rogelio de la salvaje. Salió de la casa como antes.
Salió con su alma en pena. ¿quién sabe qué se traerá entre manos?
¿quieres decirle adónde fue a estas horas tu hermano ricardo? Nunca te he preguntado tu edad.
Ay, don ángel, ¿usted no ha oído que a las mujeres no se les debe preguntar eso? Sí, es cierto.
Sí. Si necesitas algo durante la noche, ya sabes dónde queda mi recámara.
Sí, muchas gracias. Porque, ¿sabe qué?
Que yo cuando me duermo no hay ni qué me despierte, nada. Porque yo clavo la cholla en la almohada y me quedo pero como tronco hasta que amanece y canta los gallos.
Que pases buenas noches. Sí, lo mismito para usted.
Una vez más te felicito por la cena. Lástima que mi hermano no pudo disfrutarla.
Ah, bueno, pues... Es que quedó bastante en las ollas, ¿eh?
Así que a amalia le puede dar un recalentadito cuando venga él. Espero que alguna vez podamos cenar los tres juntos.
Pues sí, claro. Pero es que, bueno, ya sin dormir, ¿eh?
Por supuesto. Imagínese.
Imagínese usted, don ángel, si los chismosos supieran esto, de veras ahora quién les para la lengua, ¿no? Sí, la gente siempre chismea.
Ah, sí. Hay quienes tienen la lengua más afilada que los dientes.
Ah, sí. Bueno, pues hasta mañana.
No sé a dónde ha ido. ¡mientes!
Hablaron de la salvaje. ¿sabes a dónde fue?
Yo hago mi vida, leonela, y él hace la suya. Pero la vida de ricardo está ligada a la mía.
No puede dejarme abandonada sin una palabra de explicación. No te ha dejado abandonada.
En la casa hay suficiente gente. Por favor, te ruego que me deje solo.
Ya quiero acostarme a dormir. La verdad, para que el joven ricardo haya salido a esta hora, debe tratarse de algo muy importante.
¿no le quiso decir el joven rogelio? Dice que no sabe nada.
¿y usted le creyó? ¿qué sabes tú?
Solo que hablaron de la salvaje. ¿no es eso más que suficiente?
Don ángel. ¿qué, amalia?
¿necesita algo más? No, nada.
Gracias. Ya puedes acostarte.
Hasta mañana, señor. Hasta mañana, amalia.
Es que no encuentro el momento de explicarle a rosa mis cosas. Y que ella me explique las suyas.
¿tú crees, zoraida, que rosa y ricardo linares se hayan visto nada más para ultimar detalles sobre su divorcio? Eso solo ellos lo saben.
Le voy a exigir que me lo diga. Mejor no la presiones, ernesto.
No, no, no. Se lo voy a exigir.
Y esta misma noche. Es que ya no puedo más, zoraida.
No puedo más. Tengo que ir a verla.
Es muy tarde. Y si vas a casa de rosa, vas a empeorar las cosas.
Mira, mejor vete para tu casa, mijo. Estoy cansando con mis quejas, ¿no?
No, no es eso, ernesto. Te había tomado bastante.
Y seguramente mañana tienes que trabajar. ¿cuánto te debo?
Espérate. Eh, genarito, ven acá.
Acompáñame hasta su casa. Y no regreses hasta que no lo hayas dejado.
¿qué pasó, manuel? El padre ignacio murió hace unos minutos.
Llamo desde el hospital para informarte. Lo siento mucho.
Pero me llamas para informarme o para saber qué pasó con la cena. ¿qué pasó?
¿llevaste a rosa a su casa? ¿llevaste a su casa o no?
Apenas te fuiste. Menos mal.
La pobre no tenía consuelo. Había puesto tanto empeño en la cena.
Y entonces yo... Te perdiste una buena cena.
Agradezco tu comprensión. Le tenía miedo esta noche.
Me quitas un peso de encima. Hasta mañana.
¿qué pasa, don ángel? Me pareció oír ruidos.
Creí que podía hacerte falta algo. No, no.
Yo ya estaba durmiendo como lirón. ¿ese timbe es aquí?
Sí. ¿pero a esta hora quién?
Quizás sea mi hermano manuel. Ah.
Perdóname que te haya despertado. No, ni se preocupe, don ángel.
¿qué haces aquí? ¿dónde está rosa?
¿cómo supiste? Te he preguntado dónde está rosa.
Durmiendo en el cuarto de huéspedes. Llovía muy fuerte.
No la pude llevar a su casa porque no me sentía bien. Tuvo que quedarse.
¿y tu hermano? Tuvo que irse.
Oye, oye, ¿a dónde vas? A buscar a rosa.
Ricardo. Ricardo, espera.
¿cuál es el cuarto de huéspedes? Aquel.
¿quién te dijo? Estaba volviéndome loco esperando una respuesta que no llega.
Fui a buscarla a tu casa y me enteré de todo. Vístete.
Oye, ricardo, espérate tantito. La espero en la sala.
Vístete enseguida. Ya todo había terminado.
¿por qué la trataste así? Todavía soy su marido.
¿pero si hasta vas a casarte con leonela? Todavía soy su marido.
Y porque lo seas, ¿tienes que venir aquí en plan de ofendido como si hubiéramos hecho algo malo? Porque todavía seas el marido.
¿crees que tienes el derecho a venir a humillarla como si hubiera cometido algún pecado? Dime, ángel.
¿por qué invitaste a rosa a cenar? Mi hermano manuel quería conocerla.
¿para qué? ¿qué necesidad hay en que tu hermano la conozca?
Mira, ricardo. Estás pensando algo que me ofende.
A eso que te responda tu conciencia, ¿no, john? En mi conciencia no tengo nada que reprocharle.
¿estás seguro? Buongiorno, signora.
Gracias. ¿tenemos tiempo de desayunar?
Sí, por supuesto. Falta mucho para que salga nuestro avión.
No sabes cuánto me cuesta regresar. Pero es necesario, vilsina.
Entiéndelo. Sí, lo entiendo.
Asuntos importantes te reclaman en méxico. Pero la he pasado tan bien, solos los dos, lejos de todo, que regresar no me agrada mucho.
No, a mí tampoco, no te creas. ¿sigues empeñado en que vivamos en tu departamento?
Sí, por el momento, sí. No olvides que en la casa de los linares mando yo.
Es mejor evitar disgustos. Nuestro matrimonio podría venirse a pique.
No. Eso sí que no quiero que suceda.
Pues estoy pensando no volver a pisar la casa de los linares mientras tus hermanos estén viviendo en ella. ¿qué quieres?
¿que los saque a todos de mi casa? Acuéstate tú si quieres, justina.
¿y usted no va a dormir? No, ¿qué va, mija?
No podría. No podría.
Aquí me voy a esperar hasta ver que rosa regrese. Bueno, ya sea sola o con su marido.
Estoy completamente seguro. Nada tengo que reprocharle a mi conciencia.
Nada he hecho de lo que me tenga que avergonzar. Eso yo no lo sé.
Pero yo sí, y me basta. Ya estoy lista, ricardo.
¿quién sabe si el joven ricardo regrese esta noche, señorita leonela? Imagínese si fue a verse con la salvaje.
¿estás segura? Bueno, yo solamente digo...
Si en realidad fue a encontrarse con ella, el joven ricardo regresará al amanecer. Puede tratarse de una reconciliación.
¿qué pasa, leopoldina? ¿eres mi enemiga?
No, al contrario, señorita leonela. Al contrario.
Me gustaría abrirle los ojos a la realidad. A ver si la salida de esta noche no lleva al traste su matrimonio con el joven ricardo.
Yo me puedo ir en un taxi. ¿ah, sí?
¿por qué no lo hiciste antes? Irás conmigo.
Tú y yo tenemos mucho que hablar. Perdón respecto a las molestias, don ángel.
No, no hubo molestias, rosa. Hubo inconvenientes.
¿qué esperas? Mañana seguiremos hablando de esto, rosa.
Eso voy a decidirlo yo. Vámonos.
Echa a mis hermanos de la casa. No, no puedo pedirte tanto.
Bueno, entonces, ¿por qué no quieres pisar mi casa? Mira, dulcina, entre tu hermano ricardo y yo hay una situación de violencia y no quiero enfrentarlo.
No por temor. No vayas a pensar eso.
Eso no va conmigo. Lo hago por prudencia.
¿ricardo se casará pronto y se irá? Ojalá.
Vamos a desayunar y olvidemos el asunto. Pasemos bien las últimas horas que nos quedan en roma.
Vamos. Señor.
¿oíste? Qué remedio.
Hablaban muy alto. Ricardo linares nos miraba a rosa y a mí como a dos culpables.
Al menos rosa es incapaz de toda malicia. Amalia.
Sí, señor. ¿vas a hacerme un favor?
Por supuesto. ¿qué es esto, don ángel?
Cuando venga mañana mi hermano manuel, no le cuentes nada de lo que pasó. Y si te pregunta, dile que yo llevé a rosa a su casa, que no cenamos juntos.
Como usted ordene, señor. Por las dudas, arregla el cuarto de huéspedes.
Manuel es muy perspicaz y podría darse cuenta de todo. Ricardo, ¿me quieres oír un momento, por favor?
Ya te dije cómo estuvieron todas las cosas. Además, no tiene nada de malo que me haya quedado a dormir en la casa de don ángel.
¿o no me dijiste que íbamos a hablar? Desde que salimos de la casa de don ángel, soy yo la que habla y habla como perica, y tú ni siquiera has abierto la boca, ¿oyes?
Por favor, ricardo, dime algo. Por favor, te lo suplico.
Ahora vas a dormir en tu casa como gente decente. Ricardo, entiéndeme lo que te estoy diciendo, hombre.
Mira, el padrecito no estuvo cenando con nosotros porque se fue a darle la extrema o no sé qué cosa. Un enfermito...
¡entra a tu casa! Pero, ¿tú qué vas a hacer?
¡largarme! Mira, ricardo, es que estás muy enojado.
A lo mejor, cuando se te pase, pues, me vas a entender y me vas a creer todo lo que te estoy diciendo. Cuando te vuelva a ver.
Adiós, rosa. Adiós para siempre.
Ricardo, te voy a explicar todo como estuvo. No te calles, por favor.
Déjame decirte, por favor, ricardo. Ricardo ya no me quiere.
A ver, siéntate y cuéntame qué pasó. Que llegó a la casa de don ángel y se metió allá como loco.
Yo estaba durmiendo en el cuarto de los huéspedes. Me arrancó de la casa y me obligó.
¿y el señor de la huerta dónde estaba? Allí, con nosotros.
Quería tranquilizarlo, pero no pudo. No pudo con él para nada.
Nos subimos al coche. Y no me miró ni una sola vez ahí en el camino.
Yo le hablaba y él estaba como mudo. Cuando llegamos aquí, me dijo que me metiera a dormir como las gentes decentes.
Fue una pérdida. ¿y por eso dices que no te quiere?
Pues, sí. Toma, nina.
Pues, porque estabas durmiendo en la casa de otro hombre. Sintió celos.
Ay, sí. Sí.
Los celos son fastidiosos. Pero demuestran amor.
Sí. ¿tú crees, a poco?
Claro, mi hija, claro. Sintió celos.
Yo sí le estoy explicando cómo fue todo. Además, le dije que no estaba haciendo nada malo.
Bueno, ¿y qué piensas hacer ahora? Lo que ricardo quiera.
Ya te dije cómo me maltrató. Yo no sé por qué ricardo no me entiende, man.
Nina, en serio. Los hombres celosos rara vez entienden razones al principio.
Pero después se arrepienten de las barbaridades que por celos han hecho. Él volverá, rosa.
Volverá. Sí, me dijo adiós.
Me dijo adiós para siempre. Pero no te preocupes, mi hija.
El adiós de los enamorados nunca es para siempre. Puede tratarse de una reconciliación.
¿una reconciliación con la salvaje? Eso sí que no.
Te estaba esperando. Entra, por favor.
¿hablaste con rosa? Sí, pero no estaba en su casa.
Se había quedado a dormir en casa de ángel de la huerta. Todavía soy su marido.
Pero si estabas a casarte con leonela. Todavía soy su marido.
Ya está arreglado el cuarto de huéspedes, señor. Acuéstate ya, amalia.
Usted no se acuesta, señor. No, amalia, todavía no.
Con permiso, señor. Hasta mañana.
Hasta mañana, amalia. Ricardo, te estás comportando como una criatura.
¿acaso tú no te sorprendiste? Sí, pero no me habías comentado la explicación que te dieron rosa y ángel.
Sabiendo las razones, no hay por qué ponerse como te has puesto. Claro, como no te ha pasado a ti, no le ha pasado nada a nadie.
Hubo circunstancias. Además, ¿dónde encontraste a rosa?
En el cuarto de huéspedes de la casa de ángel. ¿no?
¿y el hermano sacerdote? ¿por qué no estaba el hermano sacerdote?
Pues rosa te lo dijo. Alguien se moría y tuvo que irse.
Es que rosa no debió haber aceptado la invitación a cenar de ángel de la huerta. ¿qué había de malo en ello?
Ángel es viudo. ¿y eso qué?
¿un hombre solo, una mujer sola? Es como si se quedaran solos leonela y sebastián.
No te burles. No me burlo.
Pero estás haciendo una tempestad en un vaso de agua. Además, si no querías que otro la invitara a cenar, pudiste invitarla tú.
¿invitarla yo? ¿cómo?
Si no se deja invitar por mí. Tenía que darme una respuesta y ni siquiera me permitió que yo fuera a buscarla.
Me dijo que me la mandaría con sebastián o con celia. Sebastián fue dos días seguidos.
¡y nada! Claro.
¿cómo iba a tener tiempo para contestarme si tenía compromiso con ángel de la huerta? Bueno, no comas ansias.
Dale tiempo para decidir. Se decida o no se decida.
Es tarde ya. ¿quieres decir que no te interesa?
No, no me interesa. Ya no me interesa a rosa garcía.
Este listo, jaime. A la una salimos para el aeropuerto.
Llega la señora dulcina con su esposo. Sí, señorita.
Pierda cuidado. ¿algo más?
No, jaime. Nada más.
Puede retirarse. Sí, señorita.
Con permiso. Buenos días.
Buenos días. ¿vas a desayunar?
Sí. Te acompaño.
Llegaste de madrugada. Te fuiste sin decirme nada.
¿dónde estabas? Por ahí.
No debe haber sido en un buen lugar cuando no me quieres decir. O quizá sea bueno para ti y no para mí.
Pero tengo derecho a saber. Bueno, bueno, hombre.
No te disgustes. Siéntate.
No quiero hablar de eso, leonela. Está bien, está bien.
¿sabes que llega hoy dulcine de europa? No, no sabía.
Llega a las dos. ¿no vas a recibirla?
A ella quizá la recibiría a pesar de todo. Pero viene también ese miserable.
Y te aseguro que si me encuentro con él se armaría un escándalo en el aeropuerto. Por lo tanto, es mejor que tú o rogelio vayan a recibirla.
¿y qué le vas a decir al señor de la huerta cuando lo veas? Después de lo de anoche, a lo mejor don ángel no me quiere ni dirigir la palabra.
Marina, yo me muero de la vergüenza. No tienes por qué, rosa.
¿cómo no? Después de todo lo que hizo ricardo también...
Bueno, hazme caso. Pronto lo volverás a ver como si nada hubiera pasado.
Sí, qué fácil. Ricardo es igual que yo.
Cuando agarramos una bronca va en serio hasta que acabamos. Bueno, ya se me hace tarde.
Vámonos. Adiós, mija.
Hasta más tarde, justina. Adiós, rosa.
Adiós, rogelio. He dormido.
Adiós. Aerolíneas italianas anuncia la llegada de su vuelo 709 procedente de roma.
¡ay, leonela! ¿cómo está, licenciado?
Bien, muy bien, leonela. Me da mucho gusto volver a verla.
Bueno, ¿y cómo anda todo por aquí? Ay, ni te imaginas.
¿y ustedes? De maravilla.
Lo pasamos divino, ¿verdad, mi amor? Tenemos que hablar.
¿vas para la casa de los linares? No, vamos directamente al departamento de federico.
Después iré yo sola a la casa. Federico no quiere ir para evitar problemas con ricardo.
Bueno, ¿y qué ha pasado con la boda de ustedes? Con el viaje de luna de miel.
No ha habido viaje ni boda. ¿qué te parece si comemos juntas?
No creo que federico se moleste. Te ha tenido mucho tiempo sola para él.
Ustedes pueden hacer lo que gusten. Entonces comemos, ¿vamos?
Pero no en casa de los linares, sino en mi departamento. Tengo muchas cosas que contarte.
¿no fuiste en la mañana a la juguetería? Me sentía cansado y no soy imprescindible.
Habrás pasado una noche aburrida. Manuel, he pasado una de las noches más difíciles de mi vida.
Así que eduardo se quitó la vida. Pues fue su liberación y la de vanessa, ¿eh?
¿y candida? En la clínica en reposo, mejorando.
Iré a verla un día de estos. ¿pero por qué se ha ido retrasando tu matrimonio con ricardo?
Aún no ha firmado el acta de divorcio. Y no creo que la firme porque...
¿qué? Ha vuelto a enredarse con la salvaje.
Adelante. Con permiso, señor.
¿me mandó llamar? Siéntate, por favor.
Rosa, quiero que me digas sinceramente. ¿ricardo...
¿ricardo linares sigue siendo tu marido? Pues él dice que sí.
¿y tú qué dices? Pues es que...
Pues yo no entiendo nada de leyes, señor. La verdad...
Anoche, después de aquella escena tan desagradable y tan injusta, te llevó a tu casa. Sí, señor.
Y yo le expliqué cosas, pero... Pues no me hacía caso.
Me bajó del coche y me gritó que entrara a mi casa. Me dijo adiós para siempre.
Y ya luego se pintó de colores. ¿y tú quieres que regrese?
Sé sincera. Híjole.
Es que nada deseo más en el mundo. Pues voy a tener que hablar con él.
Con permiso, joven. Teléfono para usted.
¿quién es? Don ángel de la huerta.
Ay... Con permiso.
Ricardo, tenemos que vernos. ¿tú crees?
Anoche los dos perdimos el juicio. Nos hace falta platicar con serenidad.
Ya sé que en tu casa no podríamos hablar de... De ciertas cosas.
Dime dónde nos podemos encontrar. ¿qué te parece en el club?
Está bien. Ahí te espero.
Colgó. Seguro que esta llamada tiene que ver con la salvaje.
Entonces te enamoraste de rosa. Supuse que tu divorcio era un hecho.
Ahora sé que aún la amas y me hago a un lado. Yo no puedo competir con tu juventud.
Por favor, ángel. Rosa te dijo la verdad.
Mi hermano quería conocerla mejor. Tuvo que irse a dar una extrema opción.
Luego la lluvia. Yo que me sentía un poco mal.
Puedes estar seguro, ricardo. No hubo mala intención en mí.
Y mucho menos la hubo en ella. Discúlpame.
¿piensas unirte de nuevo a rosa? Sí, ángel.
Pues que sean muy felices. Pues es una pena que esa felicidad no te alcance.
Mi felicidad es cosa del pasado. Murió mariana y ahí terminó mi vida.
Mi porvenir. Un mundo de recuerdos es lo último que me queda.
Y ahora ni siquiera tengo un hijo. Llegué, manina.
Sí, rosa. Vine a pedirte perdón.
¿qué?