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No te vayas, que sin tus caricias, para que la vida, para que cantar. Si bien sabes, que con solo un poco, yo me vuelvo loco, con lo que me das.
Soy un ciego, vivo de limosnas, pero si me tocas, soy feliz de más. Si quieres a otro, te vayas, me convierto en nada, para no estorbar.
No hagas caso, si te dicen mala, me las alas. No quiero, si quieres a otro, pero si te marchas, que esta noche negra, me convierte en nada.
¿te saliste de la fiesta solo para preguntarme eso? Salí a despedir a unos invitados.
Yo no veo a nadie. Dime una cosa, ¿por qué no me dijiste que estabas comprometida con césar?
Yo pensaba que eran amigos y él te cortejaba y tú no le hacías caso. Si tú me hubieras dicho que te ibas a casar en un mes, no hubiera pasado nada.
No hubiera hecho el ridículo. ¿qué importa lo que yo hubiera dicho?
De todos modos, hubiera seguido con tus payasadas, ¿no? Tan mal te caigo, ¿eh?
Y entonces, ¿por qué saliste, isabela? Porque esta vez, mi amigo y el destino no tuvo nada que ver.
Bueno, tengo que regresar, tú sabes, a los invitados. Yo no te estoy deteniendo.
Buenas noches. Isabela, espera un momento.
Yo vine esta noche a tu casa por algo muy concreto. ¿ah, sí?
¿y por qué viniste? Yo también tengo algo que darte.
Aunque no sea un anillo de compromiso. ¿no me la vas a dar?
Si me dices por qué saliste, sí. Cosas, ¿verdad?
Cada segundo que pasa me gustas más, mujer. Dime, ¿qué puede ser uno?
Adiós. Pero si te marchas, que esta noche negra me confía...
No lo vuelvas a dejar tirada por ahí. Tengo que...
Que regresar. Isabela, hay muchas cosas que me gustaría decirte.
Adiós, víctor. Isabela, ¿cuál es la prisa?
¿se te corrió el bilé? De verdad, de verdad, me tengo que ir.
Espera, espérame tantito. Adiós, víctor.
Isabela, isabela, por favor. Isabela.
Si quieres ahora, amada mía, soy... ¿isabela?
Hija, ¿dónde estabas? Allá afuera, nana.
¿por qué estabas así? Ay, nana, me voy a acostar.
Es que me duele mucho la cabeza. No lo sé, no me acuerdo.
Y bueno, pero pensándolo bien, me gusta mucho la idea de tu papá. ¿cuál idea?
Esa de buscarte un trabajito. ¿no te gustaría trabajar conmigo?
Óyeme, césar, ¿y tú qué haces por aquí tan solo? ¿dónde está tu futura esposa?
Perdió don clemente. Ay, se me perdió.
Empiezas mal, muy mal. Ja, perdí su vida.
¿qué es lo que te sucede, isabela? Ay, nana, ¿te acuerdas del loquito de las flores?
Por supuesto. Pues estuvo aquí esta noche.
¿y por qué no me lo presentaste? Es víctor izaguirre, el veterinario.
Ah, el que está casado y tiene dos hijas. Está divorciado.
Bueno, eso dice él. ¿y tú le crees?
Ay, no sé. Ya no sé ni qué creer ni qué pensar.
Yo solo sé que no sé nada. Ay, ay, ay.
O sea que cuando ya tienes el matrimonio encima, se te aparece por ahí otro hombre que por lo visto te gusta más que tu futuro marido, ¿no es así? Contéstame, isabela.
Mira que te conozco como si fueras mi propia hija. Te gusta el veterinario, ¿verdad?
Ay, nana. ¿por qué ese loco se vino a aparecer ahora que yo estaba tranquila?
Que estaba yo segura. Ay, ¿por qué no llegó a mi vida antes?
Claro que me gusta. Me encanta.
Me gusta demasiado. Buenos días.
¿y ximena? Se está bañando.
¿a esta hora? Te levantaste de malas, ¿verdad?
Dile a tu hermana que se apure, ándale. Ay, la verdad estuvo padrísima la fiesta.
Yo sé que tú organizaste todo, karina, y te lo agradezco mucho. No era para menos, carolina.
Aquí todos te extrañaban muchísimo. Yo tenía muchas ganas de conocerte.
Gracias, mi amorcito, gracias. Oye, paz, ¿dónde está isabela?
No se ha levantado todavía, don clemente. Anoche le dolía un poco la cabeza.
Bueno, caramba, esa noche no se despidió de nadie, ni siquiera de su novio. Oye, y hablando de novios, ¿cómo te cayó el mío?
Ah, muy bien. Se ve que es un muchacho de dinero y de muy buena familia, ¿eh?
¿y tú, diana, qué me dices? ¿el tal mauricio que me presentaste es tu novio?
No, no es mi novio. Solo somos amigos, papá.
Pues hacen muy buena pareja, ¿verdad, mi amor? Sí.
Pues fíjate que a mí el arquitecto me cayó muy bien. Y si te consigue trabajo, me va a caer mejor.
Buenos días. Buenos días.
¿se puede, arquitecto? Sí, adelante.
Buenos días, ¿cómo está? Pues ya vas llegando tarde, ¿no?
Sí, mil disculpas, ¿eh? Lo que pasa es que anoche estuve en casa de los soriano en una fiesta.
Oiga, arquitecto, a diana le interesa trabajar y, bueno, pues pensaba en la posibilidad de que usted la aceptara aquí en la oficina. ¿y qué, tú quieres ayudarla?
Bueno, entonces déjame pensarlo, ¿sí? Oye, ¿por qué fue a la fiesta?
Para dar la bienvenida a una hermana de diana. Oiga, por cierto, me extrañó muchísimo encontrarme ahí a víctor izaguirre.
Tiene la obligación de checar todos los medicamentos, gladys. Lo que caduca se tira y punto.
¿qué te pasa, hermanito? Como que amaneciste de mal humor, ¿no?
Dime una cosa, ¿por qué no me habías dicho lo de isabela soriano con césar? No, no, no, ivonne, póngase esa cara.
No me digas que no sabías nada. Pues para mí es primera noticia.
Además, a mí no me pasan informes de todos los noviazgos del club hípico, perdóname. Pues son novios.
Anoche me presenté en casa de isabela, le quería devolver su gorra que olvidó ahí en el club y me encuentro con tremendo fiestón. Y a la mitad de la noche se aparece césar y nada más y nada menos que con el anillo de compromiso.
Se van a casar, esparza. Se van a casar y yo mandándole flores.
No, no te rías. Está bien, está bueno ya.
¿sabes una cosa? Esa mujer me gusta.
Y me gusta en serio. ¿se puede?
Sí, pásale, papá. Paz me dijo que te sentías mal.
Fue un dolor de cabeza nada más. Pues qué bueno, qué bueno, porque supongo que fue por eso que anoche ni siquiera te despediste de césar.
Se fue muy preocupado, hijita. Deberías llamarlo para decirle que te encuentras bien.
Sí, después le llamo, papá. Oye, al ratito me voy a ir a la noria, ¿eh?
Con césar. Mira, isabela, yo creo que tú no puedes decidir sola estos asuntos.
Ese hombre va a ser tu marido y le debes respeto. Me comentó césar que ya han visto algunas casas.
Sí, sí, pero ninguna me gustó. Pues a mí me parece que este matrimonio se está retrasando demasiado.
Y a mí me parece que hay demasiada gente opinando acerca de mi matrimonio. ¿demasiada gente?
Sí. ¿yo soy demasiada gente?
Tú, césar, todo el mundo, papá. Ni siquiera tuvieron la gentileza de consultarme si yo estaba de acuerdo con la fecha.
Papá, yo no me quiero casar con tanta prisa. Así no se hacen las cosas, papá.
Un matrimonio se prepara, pues, con calma. Bueno, está bien, vean otras casas, elijan una y yo se la regalo.
No es la casa, papá, no es la casa. Bueno, entonces, ¿qué es?
Mira, isabela, a mí no me vengas con indecisiones. Este asunto ya está decidido y no es para dentro de un mes, sino para dentro de una semana.
¿sabes qué, papá? Ni dentro de una semana, ni dentro de un mes, ni dentro de un año.
Simplemente no me voy a casar con césar. ¡isabela!
¿qué pasa, isabela? ¿qué es eso de que no se quiere casar con césar?
¿ella le dijo eso? Sí.
Ni la semana, ni el mes, ni el año que viene. Eso mismito me dijo y se largó.
Bueno, ¿pero qué se ha creído isabela, que yo voy a aguantarle todas sus intransigencias? Pues está muy equivocada.
Ay, dios mío. Paz, yo sé que tú sabes algo.
Dime qué le está pasando a isabela. No me ha dicho nada.
Ay, paz, me quieres ver la cara de idiota. No, no diga eso.
¿cómo crees? Mira, paz, tú eres como la madre de mis hijas, pero da la casualidad de que yo soy el papá y en esta casa el papá tiene que saberlo, decidirlo y resolverlo todo.
¿estamos? No lo tome así.
Debe ser una crisis. ¿crisis?
¿qué crisis ni qué nada, hombre? Cuando hay dinero, no hay crisis.
Y aquí lo que sobre de esta casa es el dinero. Parece que voy a tolerar una crisis en mi casa.
¿quién le dio permiso a isabela de tener una crisis? Bueno, esas son cosas normales.
Ella siente que no le han dado tiempo para... Para reflexionar sobre su matrimonio y eso la tiene mal.
¿reflexionar sobre su matrimonio? Don clemente, es su vida.
Su futuro. Tiene derecho a decidirlo.
Paz, ¿cuánto tiempo llevas en esta casa? ¿todavía no has aprendido que aquí, en esta casa, el único que reflexiona soy yo?
Aquí la vida y el futuro de mi familia lo decido yo y nadie más. ¿estamos?
Habla con isabela. Que se vaya comprando el ajuar, porque este matrimonio no se pospone.
Isabela, qué sorpresa. ¿cómo estás, pablo?
Oye, ¿qué haces por aquí? Nadie me dijo que venías.
Vengo buscando un poco de tranquilidad, pero también quiero ver a canela. ¿cómo va su embarazo?
No muy bien. Parece que tiene fiebre.
Pero pascual ya está con ella. Sí, la voy a ver.
Gracias. Pascual, ¿qué le pasa a la yegua?
Señorita isabela, no sabía que estaba aquí. Acabo de llegar.
Pablo me dijo que canela tiene fiebre. Sí, desde que amaneció anda muy mal.
Ya le di las medicinas para estos casos, pero pues parece que no le sirvieron para nada. Si sigue así, va a perder el potrillo.
Ay, ¿y ya le avisaste a mi papá? No.
Quería ver si mejoraba para no preocuparlo más. Preciosa, vas a estar bien.
Vas a ver que soy chiquita linda. ¿y cómo fue que conociste a mi papá?
Lo conocí en la oficina. Yo era su secretaria.
No me digas. ¿sí?
¿y cuándo se dieron cuenta de eso? Que se gustaban.
Te voy a platicar toda la historia. Ay, pero no le digas nada a tu papá, por favor.
Mira, yo estaba esperando el pecero y no llegaba. Cuando eso pasó, tu papá en el carro me preguntó que si me podía llevar.
Mira nada más, el viejo. Ay, no seas mala.
¿por qué le dices viejo? Es un hombre muy atractivo.
Bueno, me preguntó muchas cosas y de repente me invitó a cenar. Y yo lo miré y pues le vi un no sé qué, una ternura en sus ojos.
¿cómo explicarte? Era como una tristeza mezclada con una soledad.
No sé, me conmovió. Te juro que me conmovió y me inspiró mucha confianza y acepté.
Hola, princesita. Te descuidaron la última vez, ¿verdad?
Eh, pero ya estás en mejores manos. Buenas tardes, señor.
Buenas tardes. Yo soy clemente soriano.
Sí, ya lo conozco. De vista nada más, señor.
Yo soy el nuevo aquí y estoy a sus órdenes, señor. Bueno, pues cuídame bien a mis caballos.
¿ya ha visto al señor fábregas? Sí, señor.
¿quiere que se lo busque? No, no, déjalo, yo lo hago.
Entonces, con permiso. Adiós.
Don clemente, ¿por qué no me avisó que venía? ¿cómo le va?
¿mal? ¿pasa algo?
Sí, diga. Papá, soy yo, isabela.
Estoy en la noria. Fíjate que canela está muy mal.
Parece que se está complicando el parto. Hijita, lo que trae es allegro en la panza.
¡vale oro! ¿qué es lo que tiene?
¿fiebre? Pues esto está muy grave.
No te preocupes, vamos a enviar a alguien para que la atienda. Sí, sí, aquí estoy con césar.
Y llámame por si se ofrece algo. ¿qué pasa?
Tenemos problemas en la noria. El embarazo de canela se complicó.
Así que ocúpate de eso y rápido. Déjalo en mis manos.
Pues vamos a ver si con esa yegua te va mejor. No entiendo, don clemente.
¿qué pasa con isabela, césar? ¿qué pasa con isabela?
No lo entiendo. Tienes que apretarte esos pantalones, césar.
Y casarte en la fecha que yo te dije. Claro que sí, don clemente.
Por mí no hay ningún inconveniente. Mira, yo conozco muy bien a mi hija.
Y a ese tipo de yegua no se le puede soltar mucho la rienda. ¡frénala, césar, frénala!
Antes de que se te desboque y te tuve. 50 mil dólares por este.
Buenas tardes. Arquitecto, ¿cómo está?
¿cómo le va, don octavio? Hola, bien.
Víctor, yo sé que anoche estuviste en casa de clemente soriano. ¿no estarás trabajando para él?
¿o sí? Le estoy resolviendo un problema temporal.
Me llamó césar fábregas. Tenían una emergencia.
Qué rápido vuelan los chismes, ¿verdad? Mira, víctor, tú eres libre de trabajar con quien quieras.
Pero déjame decirte algo y te lo voy a decir por tu propio bien. Trata de no involucrarte mucho con ese tipo.
¿y por qué me lo dice, don octavio? Yo tengo mis razones, víctor.
Nada, absolutamente nada que venga de clemente soriano es bueno. ¿de acuerdo?
Con permiso. Buenas tardes.
Isaguirre, tengo que hablar contigo. Cálmese, señorita isabela.
No, no puedo esperar más. Voy a buscar un veterinario.
A lo mejor en la hacienda vecina hay uno. Gracias, pablo.
Sí, ya sé lo que dijo, pero no quiero perder más tiempo. No podemos permitir que esa yegua se nos muera.
Me pidió señorita carolina. Gracias.
Con permiso. Gracias.
¿te imaginas que en lugar de ella el que aparece es tu papá? Me encantaría hacerlo para ver tu cara de susto.
Te lo estoy diciendo en serio, hombre. Ay, no te preocupes.
Fue chofi, no mi papá. Ya, no pasa nada.
Oye, ¿no te gustaría pasar unos días en la hacienda? La tienes que conocer.
Tengo muchos recuerdos lindos de la noria. Yo hago lo que tú quieras, mi amor.
Hace más de diez minutos que hablaste con pascual. No seas tan nervioso.
La panza de esa yegua vale oro, karina. Por eso me preocupo.
Debería irme para allá de inmediato. Deja que llegue el veterinario y nos avise cómo están las cosas.
A lo mejor isabela solo está exagerando. Ya sabes cómo es.
Mira, cálmate. Dame una sonrisita.
Dame una sonrisa. Una sorpresa.
¿cómo estás? Bueno, precisamente por eso te quería dar una sorpresa.
Mañana tienes una entrevista con el profesor uriarte. Ay, qué emoción me da.
Muchas gracias. Hola, arquitecto.
Don clemente, ¿cómo está? ¿cómo le va?
Muy, muy bien, gracias. ¿qué pasó?
¿ya empezó a buscarle trabajo a mi hija? Acuérdese que me lo prometió, ¿eh?
Pues justamente por eso vino, papá. Me consiguió una cita y mañana tengo una entrevista.
Qué lindo. Es en el mismo despacho de arquitectos donde yo trabajo, don clemente.
Hombre, estupendo. Eso me va a dar muchísimo gusto.
Gracias. ¿cómo sigue pascual?
Muy mal. No le baja la fiebre.
Ay, no puedo encontrar ningún veterinario, caray. Tráete una cubeta con hielo, ¿sí?
Por favor, no me quiero separar de ella. Sí, señorita.
Ay, estás cansada, canela. Pero te estás portando muy bien, mi amor.
A lo mejor te sientes mejor si te duermes un ratito. Yo también me quisiera dormir, dios mío.
Que a lo mejor así borro estos recuerdos. Ay, isabela, ¿por qué?
¿por qué víctor? ¿por qué ahora?
¿por qué ahora? Víctor izaguirre tenías que aparecer en mi vida justamente ahora cuando todo estaba en su lugar, cuando todo encajaba.
Tu amigo era el destino. Ay, entonces, si tu amigo es el destino, conmigo se ha portado terrible.
Creo que alguien me necesita. No le baja la fiebre a canela.
Sí, se ve muy mal. Pascual dice que no le han hecho efecto las medicinas.
Aquí están los hielos, señorita. Ay, gracias, pascual.
Mira, él es el nuevo veterinario que trabaja para nosotros, el doctor víctor izaguirre. Qué bueno que llegó, doctor.
Sí, vine en cuanto me avisó el señor fabregas. Vamos a ver qué podemos hacer por esta yegua.
Bueno, ya que usted está aquí, me voy a dar un baño para refrescarme. Estoy muy cansada.
Pues sí, don clemente, ya le digo. Esa es la situación.
Eh, sí, aquí mismo está el doctor izaguirre. Bueno, don clemente.
Sí, sí, ya decidí quedarme esta noche, que es lo más prudente. Claro que sí, entiendo perfectamente lo que está en juego.
No se preocupe. Bueno, pues, ya me quedo más tranquilo, doctor.
Gracias. Don clemente, ¿se le ofrece algo?
Sí, un café, por favor, paz. Ya le hablaron de la hacienda.
Sí, la yegua sigue mal, pero no creo que tengamos ningún problema estando isabela y el doctor izaguirre allá. Señorita isabela, ya acomodé todo lo de su maleta.
Está todo en su lugar. Ay, perdón, casilda, pero vuelve a hacer mi maleta porque me regreso a méxico, ¿sí?
Como usted diga, señorita isabela. Mira, hija, esta noche no voy a poder ir para allá.
Lo que pasa es que se presentó un problema con la yegua que estoy... Dice que no va a venir esta noche.
Bueno, papá, ¿que no vas a venir esta noche? No, mi vida.
Mira, por favor, ocúpate de tu hermana, ¿eh? Sí, sí, a ver, pásame trini, por favor.
Bye, papá. ¿qué pasó?
Mi papá quiere hablar contigo. Dígame, señor.
Ajá. Bueno, yo mañana sí puedo llevarlas a la escuela, pero no puedo ir a recogerlas.
Tengo ocupado todo el día. Bueno, entonces hágame un favor, trini.
Le llama al señor esparza y le explica lo que pasa. Sí, sí, en la agenda está su número.
Ándele pues, trini. Me cuida mucho a las niñas y ahí se las encargo.
Doctor, ¿no se le ofrece algo? Si nos lleva un poco de café a las caballerizas, se lo voy a agradecer.
Claro que sí, se lo llevo. Gracias.
Amorcito, estás muy nervioso. Tranquilízate.
El señor no está nervioso, simplemente preocupado. Yo sé perfectamente cómo está mi marido.
Retírate. ¿usted no desea nada de la cocina?
Sí, paz. Tráeme, por favor, más pistaches.
Sí, señor. Ay, mi vida, tranquilízate.
Ya no te preocupes más. Ya el doctor te dijo que se va a quedar toda la noche con tu yegua.
¿sabes cuánto costó ese animal? No.
¿tú sabes cuánto vale el caballo pura sangre que la montó? No.
No tienes idea de lo que lleva en la panza. ¿pistichito?
No, no. ¿y entonces, doctor?
Lo mismo, pascual, lo mismo. ¿cómo va todo por aquí?
Igual. Entonces, ¿te vas a quedar toda la noche pendiente de la yegua?
Sí, ¿qué más? Ojalá que todo salga bien.
Bueno, yo me voy. ¿a dónde?
A méxico. ¿te vas a regresar esta misma noche?
Pascual me dijo que te ibas a quedar. Sí, pero cambié de parecer.
Me voy. Oye, ¿y por qué no vuelves a cambiar de parecer y te quedas?
¿sabes cuándo decidí regresar a méxico? No, ¿cuándo?
Cuando me enteré que te ibas a quedar aquí. ¿ah, sí?
¿y eso por qué? Porque quiero evitar el tenerte cerca.
¿qué no te das cuenta? Contigo me pasa algo que no me debe de pasar.
Nunca debiste atravesarte en mi vida, víctor. Adiós.
Espera un momento. Oye, yo no me atravesé.
Fuiste tú la que me echó el carro encima y de milagro no me atropellaste, ¿ya no te acuerdas? La carretera es larga, víctor.
Así que se me hace tarde y me voy. Espérate.
¿por qué no te quedas? Después de todo esto es tu hacienda.
Aquí tienes tu casa, tu cuarto, todo. ¿hay noticias de la noria?
La situación sigue igual. Bueno, no se preocupe.
Izaguirre está al tanto de la situación y él es un buen veterinario. Ya le dije lo mismo.
Buenas noches, señor fábregas. Buenas noches.
Aquí tiene los pistachos. Vaya, ya era hora.
Paz, por favor, ¿podría decirle a isabela que estoy aquí? Isabela no está.
Isabela está en la noria. ¿y eso qué es?
Ah, pues unos taquitos de pollo para el doctor. No ha comido nada en todo el santo día.
¿quieres? No, gracias.
¿cómo sigue? Ah, lo único que queda es esperar.
Doctor, le traje más café y unos taquitos de pollo. Ah, muchas gracias, señora.
Bueno, por nada, con permiso. Pase.
Bueno, ahora sí me voy a la carretera. Sí, sí, sí, ya sé que la carretera es larga, pero no se va a cortar porque te vas más temprano, ¿no crees?
¿dónde come algo? Adiós.
Oye, ¿desde cuándo eres novia de césar, eh? Yo creo que eso tiene tiempo, ¿no?
Eso debe ser algo reciente. A ver, ¿por qué no me cuentas?
Hay muchas cosas que quisiera saber de ti. Mis cosas son privadas y no hablo de ellas.
Entonces hablamos de mí. Mira, me gradué de veterinario hace muchos años y...
¿te interesa mi carrera o prefieres que te hable de mis hijas? No.
No. Jimena acaba de cumplir 12 años.
Es toda una señorita. Y pili, pili, es tremenda, es un diablo.
Va para siete años. ¿y tu esposa?
Bueno, para mí eso ya no existe. Algo muerto.
Y no hablo cosas muertas ahí, ¿no? ¿y cuándo te divorciaste?
Ya te dije que no quiero hablar de eso. Ah, entonces tú también tienes tus misterios, ¿no?
Dale, vamos a comer. Se van a inflar los tacos.
No me rechaces. Ándale, mira, están buenos.
Vente. Mira.
Aquí hay cebollita. ¿es así o con salsa?
¿no están calientes? Un poquito fríos.
Bueno, pues, es tampoco exigente. César, explícame una cosa.
¿cómo es eso de que tú estás aquí mientras isabel está allá, sola y en la noria? Perdón.
César, a mí no me gusta hablar dos veces. Esa mujer va a ser tu esposa.
Y a las esposas hay que tenerlas bien amarradas. En materia de mujeres no hay que estar inventando el agua tibia.
Las cosas son como son y punto. ¿estamos?
Porque por más que lo disimularas, en el fondo eres una mujer con mucha ternura. Cuídala mucho, ¿sí?
No me diga que se va a su casa ahorita. Sí, pascual.
Pero si ya es tardísimo. Mire que si le pasa algo, don clemente, me va a ser responsable.
No me eche esa bronca. Mejor quédese.
Agarrar carretera ahorita es un disparate. Ya vengo, doctor.
Ándale, pues, pascual. Tienes razón, no es un disparate.
No te das cuenta de todo el tiempo que hemos estado hablando y, sin embargo, no sé nada de ti. Sigue siendo un misterio.
Un inmenso y maravilloso misterio. Eh, creo que la llevo hasta un poquito.
Un poquito nerviosa. Tan nerviosa como tú.
Ay, sí. ¿por qué quieres seguir fingiendo que todo está muy claro entre tú y yo?
Víctor, esto no puede ser. No debe ser.
No sé por qué. ¿por qué no?
¿permesería profesional o sexy? Te puedes ver de las tres maneras.
Yo creo que este es el que mejor te queda, ¿eh? ¿tú crees que este?
Sí. Es el más bonito.
Oye, ¿quién te viera con tantas ganas de trabajar? Se ve que el tal mauricio te está moviendo la hormona.
Niñas, ¿van a bajar a cenar? No, nana, gracias.
Oye, ¿qué sabes de la yegua? ¿cómo sigue?
Pues allá están isabela y el doctor izaguirre. Ay, ojalá que todo salga muy bien.
Pues yo estoy preocupada porque eso arde. Señorita isabela, ahorita le sirvo su desayuno.
No, no, gracias. No tengo hambre.
Un cafecito, por favor. Buenos días.
Hola, isabela. Buenos días.
Hola. Qué rico huele, casilda.
Siéntate, ahorita te sirvo. Sí, si la yegua sigue muy mal.
Víctor se la pasó toda la noche con ella. ¿vas a venir?
Bueno, aquí te espero. Adiós.
¿era carolina? Sí.
¿regresó de estados unidos? ¿y ahora sí viene para quedarse?
Eso dice ella, pero uno nunca sabe. Oye, isabela, ¿y cómo está?
Cuéntame. Igualita.
¿ya está listo don clemente? Sí, doña paz.
Paz, ¿ya estás lista? Lista.
Sí, mujer. Arregla tus cosas, que tú también vienes para la hacienda.
Ay, qué bueno, voy a ver a mi hijo. Gracias, don clemente.
Pero te apuras, ¿eh? Que no te voy a estar esperando.
Sí. No me toques.
¿y carolina, mi amor? Carolina se va a ir después con rafael.
Yo quiero llegar temprano. Chofi.
Sí. No dejes que vea a mi hijo.
Que diana se duerma todo el día. Despiértala dentro de un rato.
Pues sí, pero la señorita diana ya se despertó. Hasta allá se fue.
Dijo que tenía una entrevista de trabajo. Le ofrezco un café, señorita.
Gracias. Sin azúcar, por favor.
Sí, claro que sí. Enseguida.
Buenos días. Perfecto.
Enseguida le llevo su café. Gracias.
Siéntese, por favor. Gracias.
Bueno, yo... Mauricio me dijo que viniera.
Que sí había la posibilidad de trabajar con usted. Señorita soriano, a mí me gusta ser franco con las personas.
Yo la voy a poner a prueba y si las cosas van bien, bueno, entonces por mí no habrá ningún inconveniente. Sí.
Sí, claro. Yo comprendo.
Qué bueno. Aquí tiene su café.
Me dijo sin azúcar. Sí, gracias.
Confermo. Mauricio tiene mucho interés en ayudarla.
Mire, estamos construyendo un complejo turístico. Aquí lo más importante fue resolver el problema del terreno.
Y adaptarnos, ¿eh? Permíteme.
Fíjese, fíjese usted en esta. Perdóneme, por favor.
Qué tonta soy. No, no, no.
Hay cuidado. No se quemó.
Por favor, perdóneme, arquitecto. No, no, no, no, no, no, no.
No, permítame. Permítame.
No sé cómo hice. De verdad, discúlpeme, arquitecto.
Pero qué sorpresa tan agradable. Cuánto tiempo pasa.
Igual. Qué gusto verte, pascual.
Gracias. Y mi hijo.
Míralo. Allá viene.
Óyeme, pascual. Sí, señor.
Supongo que el asunto de la canela ya está resuelto, ¿no? Bueno, si quiere, llamo al veterinario para que...
No, no hace falta. Yo mismo iré a verla.
Hola. Vaya.
La parecida. Tú y yo tenemos que hablar, isabela, pero será más tarde.
Mejor que sea ahora, papá, porque ya me voy. Isabela, ¿llego yo y te vas tú?
Estoy a punto de pensar que todo es por mí. Ella no va a ninguna parte porque antes tenemos que hablar.
Vete a la recámara. Claro.
Un rato nos vemos. Mi tesoro, déjame verte.
¿cómo has estado, hijo? Bien, mamá.
Me enteré que regresó carolina. ¿no vino con ustedes?
No. Ella llega más tarde.
Ay, si la vieras, está igualita. Tan simpática, tan alegre.
Apenas abrió la puerta y entró la alegría a la casa. Isabela, ¿me quieres explicar qué rayos te pasa?
No me pasa nada, papá. Mira, hijita, tú sabes que conmigo no se juega.
Y si tenemos que aclarar algo, pues lo hacemos. Lo aclaramos.
¿pero qué es eso de que te vienes a la hacienda sin siquiera avisarle a tu novio? Pasas la noche aquí y ahora resulta que te quieres ir así como así.
Está bien. Vamos a aclarar las cosas.
Buenos días, don clemente. Hola.
Hola, mi amor. Hola.
Vaya, menos mal que llegaste. Isabela ya está por irse.
¿irse, mi amor? Vete con tu novio, isabela, y que le den una cerveza bien fría.
Vamos. Así es como debe ser.
Bueno, te espero en los corrales, rafa. Está bien.
Tú tampoco, sigues igual de bonita. ¿te sorprende verme aquí?
No, ya me habían dicho que habías llegado. Tenía muchas ganas de verte.
Yo también, yo también. Tenía tantas ganas de estar en la noria.
Uy, no hay nada que se compare a esto. ¿y cómo estás?
Bien, bien. Mira, ven, rafael.
Te voy a presentar a pablo. ¿qué tal, pablo?
¿cómo estás? Es hijo de paz.
Y él es rafael, mi novio. Pues sí, pero vamos mejor adentro de la casa, ¿no?
Para echarme una refrescadita. No, yo no voy.
Si quieres, ve tú. Yo voy a montar.
En sí llame un caballo, pablo. ¿qué pasó, doctor?
¿qué me cuenta? ¿qué pasó, cañilita?
¿cómo estás? Estoy esperando su diagnóstico.
Doctor izaguirre. Buenos días, don clemente.
Me tiene muy preocupado el parto de esta yegua, ¿sabe? Mire, don clemente, para serle sincero, a mí también me tiene preocupado.
El asunto no está fácil. Claro.
Aquí no se tienen las condiciones necesarias. Pero usted me los va a salvar, ¿verdad?
A eso viene, don clemente. Mire, doctor, le voy a ser muy franco.
Esta yegua me costó una millonada. Y el producto que tiene en el vientre también vale una fortuna.
Así que me los tiene que salvar a los dos. Entonces haremos el milagro.
¿te parece lógico que haya hecho este viaje para que me salgas con que te vas? Yo no sabía que ibas a venir, ¿eh?
¿cómo ibas a saberlo si te desapareciste? Ayer hablé con tu papá.
¿y qué te dijo? Eso no importa.
Lo que importa es que tú y yo aclaremos nuestra situación. ¿cuál situación, césar?
Mira, isabela. La noche de la fiesta del caballo, te vi en carolina.
Te di el anillo de compromiso. Pensé que significaría algo para ti y tú ni siquiera te despediste de mí.
Me duele muchísimo la cabeza. Y ayer decides venirte para acá y ni siquiera me llamas.
¿cómo crees que me siento? Lo lamento.
Ah, ¿lo lamentas? Pero, bueno, isabela, ¿quién te has creído que soy yo?
Y encima llegó aquí y me dice que te quieres ir. No, isabela, a ti te pasa algo y es mejor que lo aclaremos ya.
Ahorita no es el momento. Yo exijo una explicación porque tú vas a ser mi mujer.
¡suéltame! Es mejor que lo aclaremos de una vez, pero no en ese tono, ¿me entiendes?
¿cuál tono? Demasiado paciente he sido contigo.
Señor césar, ¿no va a venir a ver a la yegua? Sí, pascual, enseguida voy.
Yo creo que podemos seguir hablando de esto después. Por fin decidiste quedarte.
Ahorita no estoy para chistes, víctor. No sé si yo no he dicho nada.
Hazme un favor, ¿quieres? El que tú me pidas.
Vete. Vete muy lejos, por favor.
¿de verdad quieres que me vaya? ¿por qué?
Porque sí. Estás tan enojada que hasta los caballos lo sienten.
Si eso es lo que quieres, me voy. Pero antes deberías de darme algo que me pertenece.
¿qué? Esto.
Amorcito. ¿qué pasa, mi cielo?
Ay, mi vida, es que no sé cómo decírtelo. Acabo de ver...
Acabo de ver... A ver, isabel no tiene perdón.
Todavía esquiéndose con el veterinario en los corrales. Pero sí te marchas, que esta noche negra.
Pero sí te marchas, que esta noche negra. No sé.
No sé qué hacer.