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¿es cierto que ricardo paga mi sueldo todos los meses? Es inútil seguir mintiendo.
Sí, rosa. Sí, es cierto.
La señora dulcina acaba de llegar. Dulcina, aquí estoy.
¿cómo te fue? De maravilla.
Le canté el rosario íntegro desde el primer misterio a la letanía. Se quedó boquiabierta.
No podía creerlo. Pero lo creyó.
Arranqué varias máscaras. Y ahora la salvaje contempla así como son los rostros de quienes la engañaron.
Rosa, hay mentiras piadosas. Ricardo siempre te ha amado y quiso conseguirte un empleo que tú necesitabas porque tú rechazaste la parte del dinero que te correspondía con motivo del divorcio.
Las personas que quieren nunca mienten. ¿quién te dijo eso?
Mi trampa y la de ricardo no nació de la malicia. Nació del amor.
Del cariño. ¿cómo del amor y del cariño?
Si usted antes no me conocía. Bueno, pero es que aprendí a conocerte por ricardo.
Y la verdad es que no me equivoqué. Luego fuiste mi cocinera, mi enfermera.
Y ahora tú eres mi vendedora. Sí.
Sí. Comando un sueldo así igualitito a todas las compañeras.
Cuando ya saben tanto y yo soy una burra, ¿no? No, no, no, no.
Bueno, mira, al principio sí eras un poco inexperta, pero ahora eres una muy buena vendedora. Don ángel, es que yo siento algo así, un vacío.
Pero como de vergüenza porque siento que me dieron el trabajo como si fuera así una limosna. No, no, no.
Eso sí que no. No te hemos dado una limosna, sino un sueldo.
Un sueldo porque tú te ganas la vida trabajando. Nadie, absolutamente nadie te regala nada.
A ver, ¿acaso tú estás en la juguetería de brazos cruzados mientras tus compañeras trabajan? No, clarín, que no.
Vamos a ver con qué cara voy a mirar a ricardo. A ver, dígame.
No, no, no. No, no, no.
No, no, no. No, no, no.
Rosa, tú debes mirar a ricardo con la cara del amor que le tienes. Si él hubiera seguido lejos de ti y comprometido con otra persona...
La abuela resbalosa es santa. Sí.
Sí, entonces sí. Su recomendación y este empleo quizá pudieran ofenderte, pero si tu marido te ayuda, si él te ofrece un modo de ganarte la vida, es porque te ama.
Te ama. A ver, a ver, dime, ¿dónde está el orgullo lastimado?
¿dónde está la humillación? Bueno, pero pues es que yo me gané la vida gracias a él.
Cuando andábamos de la greña, ella andaba de compromiso con la güera y divorciándose de mí. Rosa.
Rosa, por favor, no le busques cinco patas al gato cuando únicamente tiene cuatro. No debe importarte que ricardo y tú hayan estado distanciados.
Entonces, como ahora, te seguirá queriendo. Ahora hasta te has reconciliado con él.
En vez de enojarte con ricardo, tienes que agradecerle. ¿y le dijiste a la salvaje algo de lo de anoche entre ricardo y yo?
Le exageré las cosas. Le di a entender que habías pasado la noche en su recámara.
Ay, señora. Señora dulcina, no se le escapa una.
¿y ella cómo reaccionó? Ay, la cara se le encendió.
Sí. Y casi me tiró un camión de juguete a la cabeza.
Genio y figura hasta la sepultura. Nació salvaje y morirá salvaje.
Bien, dulcina. No me queda más remedio que felicitarte.
Y ahora a esperar las consecuencias. Ahora encima le tengo que dar las gracias.
Sí, señor. Ricardo no te ha dado ninguna limosna.
Ricardo ha sido bueno contigo. Se ha portado como el hombre que te quiere.
¿entendido? ¿eh?
Sí, señor. Bueno.
Ya, tranquila. ¿eh?
Pues, ahora sí. Bueno, chicos.
Pues, ya me voy a chambear. Rosa.
¿eh? Prométeme algo.
Ordenen por esa boca de santo. ¿eh?
Prométeme que serás razonable. Y que no vas a buscar pleito con tu marido.
¿sí? Está bien.
Yo lo que siempre digo es que... Digo, los hombres siempre se salen con la suya.
Gracias, don ángel, por haber aclarado, pues, todas mis dudas y... Por haberse puesto la camata que le escogí.
Con mucho gusto me la pongo. Rosa.
¿y ahora qué haces aquí? Me llamó ángel de la huerta.
Supe que dulcina vino a buscarte. ¿en dónde podemos hablar tranquilos?
Pues, este... Vamos a la bodega.
¿qué le pasa, malena? Rosa garcía.
En lugar de estar trabajando, se lo ha pasado todo el día. Plática y plática en la bodega y en la oficina del señor de la huerta.
Bueno, pero ¿qué se habrá creído esta descarada? Claro.
Dulcina te habrá contado el plan que urdimos rogelio, ángel y yo. Mmm.
Todos contra mí y yo en la luna, ¿no? No, contra ti no, rosa.
Los tres poniendo todo nuestro cariño para ayudarte. Estábamos separados.
¿de qué otra manera hubieras aceptado algo de mí? No, pues, eso ni lo dudes, ¿eh?
Yo no hacía más que pensar en tus carencias y me preocupaba mucho porque te quiero. Rosa, si acaso habré cometido un pecado venial, los pecados veniales...
Los pecados veniales se perdonan. ¿sabes qué, ricardo?
Ya me estoy hartando de tanto perdonarte, hijo. Rosa, rosa de mi vida.
Esto es lo único que me faltaba. ...
Antes de entrar. Ay, señores, que con lo que está pasando uno ya no puede pensar en protocolos.
¿y qué es lo que está pasando? Rosa garcía está en la bodega besándose con un hombre.
¿cómo? Sí, sí, sí.
Ese, ese amigo de usted, ricardo linares. Ah, está bien, elena, está bien, déjelos.
Pero, don ángel, besándose. ¿y por qué no?
Al fin y al cabo son marido y mujer, ¿no? No.
¿sabes, rosa? Tenía miedo.
¿por qué? Por lo que hicimos.
Creí que no ibas a entenderlo nunca. Ni te mandes a ver porque ya soy un poco menos salvaje que antes, ¿no?
Ricardo, te quiero pedir un favor. ¿que te aumente el sueldo?
Hombre, es otra cosa. ¿vas a venir por mí a la salida?
Ah, por supuesto, a las seis en punto de la tarde me tendrás en la puerta. Es que, es que a esa hora tengo un compromiso.
¿cómo que un compromiso? ¿con quién?
No, con una de mis compañeras de trabajo. Está bien.
Entonces a las seis me voy a encontrar con ella ahí en la fonda para que me aconseje. ¿para que te aconseje respecto a qué?
No me preguntes. Bueno, es que yo quisiera...
No, mamá, por favor, no me preguntes. De acuerdo, respeto tu voluntad.
Hijo molestísimo de su coche. Buenas tardes, joven.
Buenas tardes. ¿dónde está dulcina, está?
Arriba, en su recámara con la señorita leonela. Vine para acá, es lo más probable.
Hola, ricardo. Dulcina, ya sé que estuviste en la juguetería y hablaste con rosa.
Bueno, pero ¿cómo vuelan las noticias y eso que leopoldina no trabaja en la juguetería? Entiendo perfectamente qué es lo que se proponen.
Tú y tú. Ricardo, yo no sé de qué me hablas.
Bien que lo sabes. Las dos se pusieron de acuerdo.
Creyeron que cuando rosa supiera el cómo y el por qué de su empleo, reaccionaría contra mí indignada y mortificada. Por fortuna, no ha ocurrido así.
Entonces, ¿cómo ha ocurrido? ¿de verdad tú y ricardo están casados como dios manda?
Claro, américa. Bueno, como dios manda no, porque nomás estamos casados por lo civil.
Por la iglesia todavía no nos casamos. ¿y dices que mientras él arregle ese asunto, como tiene un departamento, te invita a que vayas con él ahí?
Pues sí, oye. Digo, tú has visto mayor desvergüenza, hija.
¿así que tú no quieres ir? ¿cómo voy a querer?
Supuesto que no, ¿no es, hija? ¿cómo?
Ay, pero perdóname, rosa, por lo que te voy a decir, pero qué tonta eres. ¿tonta por qué, hija?
Sí, rosa, yo te tengo mucho aprecio, pero no puedo dejar de reconocer que eres la mujer más tonta del mundo. Soy el marido de rosa y ella sabe que ese empleo lo recibió de su marido que la quiere.
Así se lo dije y ella lo entendió. Vaya, también la salvaje sabe acomodar su orgullo a conveniencia.
¿esto qué han hecho ustedes dos? Para destruir a rosa, para destruirme a mí.
Hace que rompa este periodo de compasión que me había impuesto, leonela. Sigo sin entenderte.
Respetaba el dolor por la muerte de tu abuela, constanza, y no quería agregarte nuevos sufrimientos. Pero ya que ustedes se hacen cómplices en la persecución de rosa y hemos llegado a una situación límite, quiero que sepas que rosa vuelve a ser mi esposa.
No voy a divorciarme de ella. Pero, ¿y lo nuestro?
Lo nuestro es solo un recuerdo que mucho te agradezco. Estás muy exaltado, ricardo.
Ustedes tienen la culpa. Ricardo, me estás queriendo decir...
¿todavía no lo has entendido? ¿quieres que te lo diga más claro?
Pues ahí te va. No cuentes más conmigo.
Nuestro compromiso está roto. Ya no voy a casarme contigo.
Estás ciego, ricardo. Con ustedes jamás lo he estado.
Sé de qué clase son. Defiendes a la salvaje que no tiene ni moral ni vergüenza.
Tú no quieres creer. Pero yo sé de muy buena fuente que rosa fue o es una aventura de ángel de la huerta.
Dulcín, esto es tan absurdo que me da lástima oírte. Ni la mente más retorcida conociendo a rosa podría creerlo.
Yo soy el único hombre en la vida de rosa. Antes.
Pero ahora... Sigo siendo el único, el único hombre.
¿pero le hiciste eso? Sí, olga.
Papeles, puros papeles, encontró federico cuando abrió el paquete. Basura en lugar de dinero como creía.
¿cómo se habrá puesto? Fato, engreído.
Todavía tuvo el valor de pensar que seguía loca por él después de lo que me hizo. Y quise darle un escarmiento.
Lo llamé por teléfono cuando consideré oportuno. Y me burlé de él de lo lindo.
Estaba furioso. A gritos me pedía que no me siguiera riendo de él.
Se merecía eso y algo peor. Debe estar desesperado.
Ya me lo imagino. Creía que yo lo iba a salvar.
Y lo que he hecho ha sido hundirlo aún más. ¡maldito!
¿ya oíste, ricardo? Llevo oyéndolo toda la vida.
Convenció a la salvaje. Tu plática con ella fue inútil.
Ya me di cuenta. Bueno.
¿y ahora qué hacemos? No te preocupes, queridita.
Como siempre. Yo tengo la solución.
¿por qué no tendré yo a alguien que me pida lo que tu marido te ha pedido a ti? ¿qué?
América, estate quieta, hija. No, hija, si yo lo he dicho siempre.
Dios le da pan al que no tiene quijadas. ¿quiere decir que tú sí dirías?
Por supuesto. Tratándose de mi marido.
Ay, ricardo linares, tú misma lo has dicho. Ha vuelto a ser tu marido, ¿no?
Sí, eso sí, sí. Te fuiste con él de luna de miel cuando él y tú estaban juntos.
¿se sentían a gusto? Sí, pues claro que sí.
¿cómo no? El estar juntos les trae felicidad.
Tienen al mismo tiempo el derecho y el deber de disfrutar de esa intimidad. ¿de acuerdo?
Pues sí. De acuerdo.
Pero en su departamento es soltero. No, no, no.
Ay, rosa, pero qué terca eres. A porfiada no hay quien te gane, ¿eh?
Mira, hazme el favor de no abrir la boca para nada y escucharme hasta que yo termine, ¿eh? De aquí no sales hasta que yo te haya convencido de que tu marido tiene la razón.
¿a qué solución te refieres, dulcinea? Antes de separarse definitivamente, pídele una noche a ricardo.
¿qué clase de noche? Salir juntos, cenar juntos, bailar juntos, supuestamente traicionar juntos a la salvaje.
¿y qué ganaría con eso? Yo haré que la salvaje esté presente en esa supuesta traición.
¿me quieres explicar mejor, dulcinea? Ya está, rogelio.
¿ya está qué? Terminé con leonela.
¿de veras? Se lo dije hace un momento.
Me alegro por rosa. Ya sabes lo bien que me cae.
Y me preocupaba que te fueras a tardar más tiempo. Dulcinea y leonela me obligaron a decidirme.
Estoy libre de todo compromiso. ¿y qué hicieron esas, por fin?
Lo que tramaron entre las dos y dulcinea llevó a cabo. Fue a la juguetería y le dijo a rosa toda la verdad sobre el trabajo.
Que yo se lo había conseguido y que yo le pagaba el sueldo. Te lo había advertido, ricardo.
Nuestra comedia pendía de un hilo. Y tarde o temprano caería sobre la cabeza de rosa o sobre su corazón.
En cuanto de la huerta, me lo dijo por teléfono. Corrió a la juguetería.
¿y hablaste con rosa? Sí.
¿y qué pasó? ¿cómo te trató?
Yo me encargaré de montar la farsa. ¿pero cómo?
Elige un restaurante donde además de cenar se baile. ¿el restaurante inglés?
Ya fui ahí con ricardo a mejores épocas. Bueno, supón que vas con ricardo al restaurante inglés.
Supón que alguien va y le dice a la salvaje, ricardo estará con leonela en el restaurante inglés a tal hora. La salvaje correría a comprobarlo.
Y podría llegar en el preciso momento en que tú y ricardo se estuvieran besando. ¿cómo crees que reaccionaría rosa garcía?
Y no habría ningún problema. Tú feliz, él feliz y colorín colorado.
¿qué hubo? ¿te convencí?
Entéstame. ¿te convencí de que debes de complacer a tu marido?
No. Seguro que el restaurante inglés quedaría convertido en escombros.
El restaurante inglés y la vida de rosa salvaje. No está mal el plan.
Pero, ¿quién pondría sobre aviso a la salvaje? ¿tú acaso?
No, yo no puedo. A mí esa ya no me cree ni a la salvaje.
Ni el padre nuestro. Pero tengo buenos amigos.
Por lo menos buenos corresponsales. Me ofrezco.
Si se trata de hundir para siempre a esa trepadora. Me tiene a su completa disposición, señora dulcina.
Creí que iba a encontrar a rosa hecha una furia, pero no. Ángel de la huerta me la había domesticado.
Resangó un poco, claro. No dejaría de ser ella, pero al fin y al cabo comprendió que el empleo no se lo daba a un extraño.
Sino su marido. Y hasta me dio las gracias.
Qué buena noticia. Terminó esta situación, límite.
Y ya no existirán problemas entre rosa y yo. Entre marido y mujer, por más avenida que esté la pareja, siempre existen problemas.
¿será por eso que continúo soltero? Por cierto, rogelio.
¿no has pensado que los años pasan? Y deberías de formar una familia.
Es que pienso que mi familia va a ser como la que vive en esta casa ahí. Me lleno de terror.
Tiemblo. Eso no ocurrirá si para conseguir mujer tienes la misma suerte que yo.
¿sabes que rosa se sigue negando que nos encontremos a solas en el departamento? Ya me imagino cómo te sentirás.
Rosa es muy testaruda. Se le mete una idea en la cabeza y no se la sacas ni con tirabuzón.
Este pudor suyo, lo que sea, suena ridículo. Pero en el fondo, ¿no te hace feliz?
La verdad, sí. Y ahora falta poco para que se vayan a vivir juntos.
Acabo de decidir que será la semana próxima. Buena idea, muy buena.
Leonela y dulcín han hecho lo posible por sabotearnos. Pero se han quedado con un palmo de narices.
De todas maneras, cuídate, ricardo. Cuídate.
Gracias por tu ofrecimiento, leopoldina. Tú siempre tan servicial.
La familia linares es como mi familia. Pero la salvaje te aborrece, especialmente a ti.
No sé si es aborrecimiento o es envidia. Bueno, sea lo que sea, no permitirá siquiera que te la acerques.
Entonces, ¿quién se encargará de llevar a la salvaje hasta el restaurante inglés? Todavía no lo he pensado, pero ya encontraré quién.
Lástima que no pueda ayudar. De todas maneras, leonela, desde este momento vas a hacer lo que yo te diga.
¿de qué me debo cuidar? Dulcina y leonela seguirán luchando hasta el final.
El final será únicamente mío y de rosa garcía. Buenas noches, rogelio.
Quizá no. Qué lástima que en tantas horas no te haya convencido para que le hagas caso a tu marido.
Te digo una cosa, américa. Dime.
La neta es que eso de decirle a ricardo que ni loca iré a donde me pide, pues, no lo hago únicamente por mi honor, ¿no crees? ¿ah, no?
No, mesita. Lo hago para presionarlo a él también.
Y así contarte termine con la huereja esa resbalosa. Sí, lo estoy como, como quien dice, lo estoy contorsionando, ¿ves?
Extorsionando, rosa, extorsionando. Bueno, eso.
Mira, yo sé que si me pongo difícil, uno va a tener más remedio que hablarle claro a la rueda. Y entonces así todas esas ruedas de una vez, ¿te das cuenta?
¿sabes una cosa, rosa? Después de todo, no eres tan burra como dices.
Eso es lo primero que tienes que hacer, leonela. ¿entendido?
Perfectamente, dulcilla. Mañana mismo doy el primer paso con ricardo.
Que ricardo me quiere un chorro, manita. A ver, ¿has visto la cara de susto con la que llegó pensando que yo iba a molestar por lo que, pues, por lo que hizo?
Que se puso de acuerdo con mi cuñado y con don ángel, ¿no? Bueno, fue un bien el que te hizo.
Pues, sí, claro que sí. Lo hizo por mí para que, pues, no pasaran necesidades ni nada de eso.
Y así ha sido, mija. Gracias a tu sueldo en la juguetería, hemos comido tantito mejor.
Ya no estamos a la cuarta pregunta. Ay.
Si hubiera, se puso a todo dar conmigo. Más romántico.
Luego, me besó ahí no sé cuántas veces. Ay, me besó.
¿cómo me besó? Ahora sí sé que nunca me voy a separar de él.
Adrián, adrián, el te va, hijo. Muévete, entra, entra.
¿qué onda, hijo? ¿qué onda?
¿qué onda? ¿cómo se ve que entran a las diez a la escuela, eh?
Desde el temprano están jugando fútbol. ¿yo qué, hijo?
Ya te dije que yo, una señora casada, no puede jugar fútbol. Bueno, a ver, pesa, pesa.
Que sea la última patada que venga. Yo me pongo, yo me pongo.
Órale. Pero párala, ¿no?
Órale, tito. Viene de ahí.
Tú estás grandote. Oye, si se pone mi marido a apagar los cristales, qué roto se queda, pobre.
Ni modo, apelarse antes de que venga don benasio. Ya, ni modo, ros, ándanos.
Qué raro que no haya llegado la señorita garcía. Ay, no te apures.
Ella puede llegar tarde. Vuelves con lo de don ángel.
No, no, si ya no lo digo por él, sino por otro. El que la puso a trabajar aquí sabe dios por qué.
Su marido. ¿marido?
¿pero acaso rosa garcía...? Es casada.
Y con quien menos te puedes imaginar. Con ricardo linares.
Buenos días. Qué bueno que bajas a desayunar ahora, porque quiero hablar contigo.
Comunicarte de la decisión que he tomado. He decidido...
Irme pasado mañana de tu casa. Pero no hay más, no hay más.
No hay. Señor marín, quiero...
Sí, señorita. Este...
Es decir, señora. Ya me contaron esa historia increíble y de verdad la felicito.
Gracias. Créame, cuando usted abandone la juguetería, nuestra soledad será muy grande.
Pues, la mía también. Quisiera hablar con el señor de la huerta, ¿puedo?
Usted siempre puede. Y más ahora.
Adelante. Permiso, don ángel.
La señorita... Perdón.
La señora rosa garcía quiere hablar con usted. Ah.
Ella. Que pase.
Sí, señor. Este matrimonio de rosa garcía tan...
¿cómo le diré? Tan singular.
Nos ha sorprendido a todos. Menos a mí.
Adelante, señorita. O señora.
Con permiso, don ángel. ¿necesitas algo, rosa?
Pues, ¿qué? Puedes quedarte cuanto quieras.
Nadie te está corriendo. Después de nuestra escena de anoche, no tendría caso quedarme aquí.
En mi departamento me sentiré muy sola, porque ya ni siquiera vanessa está. Pero tú te irás de aquí dentro de poco y esa sería otra forma de soledad.
Don ángel, usted tenía un hermano padrecito, ¿verdad? Lo tenía y lo tengo.
Y espero que sea por muchos años. Gracias.
Y, este, oiga, ¿cuándo podría yo verlo? ¿para qué quieres ver a mi hermano?
Es que estoy... Bueno, es que tengo un problema de conciencia y necesito, pues, confesión.
Yo por eso pensé en su hermano y a mí me parece un padrecito serio, ¿no? Todos los curas son serios.
Porque no es bueno y le dicen, ¿no? Teníamos que hablar claro, leonela.
Pero me hiciste daño. Lo lamento.
Pero encontré mi camino y debo continuar por él. No te preocupes.
Yo sé que voy a tener que resignarme. Gracias.
Estuve ciega. Ahora lo comprendo.
Una puede mandar en la voluntad de los demás, pero no en sus sentimientos. Rosa, a veces un problema de conciencia uno puede depositarlo en un amigo.
Yo soy tu amigo. ¿por qué no me lo cuentas?
Porque, pues, es una cosa muy personal y... Pues, los curas tienen secreto de confesión y a lo mejor, pues, usted se lo cuenta ahí a medio mundo y...
Parece que tienes muy poca confianza en mi discreción. Bueno, ¿manuel?
Leonela, ¿me pareces solamente o eres otra persona? Cuando uno baja la guardia, siempre es otra persona.
Te escucho hablar así y créeme, siento un gran alivio. Que tengas suerte, ricardo, la que me ha faltado a mí.
Lo nuestro fue tan breve como agradable. Y nunca lo olvidaré.
Entonces, demuéstramelo. Aquí estoy con rosa garcía.
¿la recuerda? ¿cómo no la voy a recordar?
Necesita confesión y... Y me pregunta cuándo puedes recibirla.
Cuando ella quiera. Esta tarde, por ejemplo.
Cuando termine su trabajo, ¿puede pasar por aquí? Espera y le pregunto.
¿puedes pasar por la parroquia después de terminar con tu trabajo aquí? Clarín.
Está bien, manuel. Pasará por ahí más o menos entre seis y media y siete.
La espero entonces. ¿le das la dirección?
Por supuesto, gracias. Hasta pronto, ángel.
Ya está arreglado. Enseguida te anoto la dirección.
Don ángel. De verdad que es usted un tipo a todas, margarita.
Pasado mañana, como ya te dije, abandonaré la mansión de los linares. Por lo tanto, mañana podrás concederme nuestra última noche.
¿nuestra última noche? No te entiendo.
Todas las noches que te queden serán tuyas y de tu mujer. A ver.
Pasado mañana, desaparezco de tu vida. En nombre de los hermosos momentos que nos debemos.
¿podemos despedirnos como amigos? Así nos estamos despidiendo.
¿cómo? ¿friamente y con un apretón de manos y a otra cosa?
Es muy poco para lo que fuimos y para lo que pierdo. Yo había pensado...
¿mañana no podrás llevarme a cenar al restaurante inglés? Como en otros momentos tan felices para mí.
Leonela, creo que esa despedida sería aún más dolorosa de lo que ya es. No te lo pido.
Te lo estoy suplicando. La noche de mañana.
La inofensiva noche de mañana. Y después cada uno seguirá su camino.
Desde mañana en adelante, solo nos encontraremos por casualidad. Recuerda cuánto he tenido y qué poco te pido.
Tú, yo y la noche. Después tú a la felicidad con tu esposa.
Y yo al olvido. Por dios, no me abandones así.
Leonela, yo... ¿qué me respondes, ricardo?
¿me concedes esa última noche que te pido? ¿me la concedes?
¿quieres decir que aceptas? No te quito tiempo en tu trabajo.
No oigas. ¿no ves que ni hay clientes?
¿qué? ¿cómo te ha ido?
A ver, cuéntame. Pues bien.
Pasé por aquí y me dije, voy a contarle a rosa. Tengo novedades, rosa.
A ver, dímelas. Tus escudos están todos bien, ¿no?
Pues sí. ¿sí?
¿y la chamba cómo va? También.
Pero no voy a durar mucho tiempo ahí, rosa. ¿qué pasó?
Pues, no hace poco que te enganchaste, hija. Pues sí, sí.
Y la verdad, aunque los señores no son una perita en dulce, pues yo no tengo de qué quejarme. Pero el caso es que...
Ay, rosa, cuando te enteres... Ya, hija, no me la hagas de emoción y se desembucha.
Pues, resulta que nacho, mi marido, el padre de mis chamacos, pues, quiere regresar conmigo. Saldremos, leonela.
Saldremos. Iremos a donde tú quieras.
Ricardo. Gracias.
No podía esperar otra cosa de ti. Pues, la verdad, estela, mira, si tu marido te ofrece ya portarse bien, te ha pedido perdón, arrepentir y todo eso, yo creo que lo mejor que puedes hacer es perdonarlo, ¿no?
Más que nada por tus hijos. Te van a agradecer algún día que les hayas devuelto a su papá, ¿no?
Es que yo me pongo a pensar y pienso que debe ser a todo dar, tener al lado de uno, pues, al papá y a la mamá, a los dos juntos. Pues, sí.
Y además, pues, yo todavía lo quiero al sinvergüenza. Pues, cómo no.
Ni modo, no, así es la vida. Claro.
Bueno, pero, ¿por qué dejas la chamba? Pues, es que nacho quiere que yo me quede en la casa con los chamacos.
Y, pues, dice que él se va a hacer cargo de todos los gastos. Yo cómo iba a decirle que no.
No, no, pues, así sí. Se va a poner con la lana perfecta, ¿no?
¿y qué te puedo decir? Te deseo lo mejor del mundo y que esta vez, pues, tu felicidad que dure pa' siempre, ¿no?
Ay. ¿qué pasó con ricardo?
Mordió el anzuelo. Maravilloso.
Ahora solo hace falta la persona que nos ayude con la salvaje. Ya la tengo.
Es alguien que la odia. No creo que se niegue a ayudarnos a hundir a esa zarrapastrosa morita de hambre.
¿te acuerdas de rosa garcía, lulu? Por supuesto, dulcina.
¿cómo no la voy a recordar? La mujer de tu hermano ricardo.
Un día, en una fiesta, en tu casa se me vino encima porque me vio bailando con él. ¿exacto?
Pues, esa misma es la persona que quiero que me ayudes a destruir. ¿qué me dices, lulu?
Quédate con la chamila. Qué bueno que se le arregló su vida, hija.
De veras, porque, mira, imagínate tú. Los chavitos solos ahí en su casa.
Que ella tenía que trabajar. Ay, pero por fin se reconcilió con el marido.
Por lo que veo, el año comenzó así como con muchas reconciliaciones, ¿no? Mmm.
El jefe. Sí.
Rosa. Sí, sí, jefe, dígame.
Casi no hay trabajo. Si quieres, puedes irte.
No, no. Este, yo salgo a la misma hora que todas.
Con permiso. Acuérdate que tienes un compromiso con mi hermano manuel en la parroquia.
No, sí, sí. ¿cómo olvidar, don ángel?
Pues, eso depende. Pues, como le diría yo, pues, hasta mi vida.
Entonces, hazme caso. Ya puedes irte.
Mmm. De aquí a la parroquia hay una tirada muy larga.
De verdad, es mejor que llegues a la hora en punto. No, no.
Anda, yo te doy permiso. No, no.
Es más, te lo ordeno. Mmm.
No, bueno, pues, es una orden, ni modo. Las órdenes de los jefes siempre se tienen que cumplir.
Sí. Y sin chistar, ¿verdad?
Mmm. Bueno, entonces, me voy a cambiar.
Nos vemos. ¿sabes mi plan?
Apruebo todo lo que signifique hacerle la vida imposible a esa salvaje. Dime qué tengo que hacer.
Sabía que ibas a aceptar. Tenemos entonces que hablar, lulu.
¿qué te parece si nos encontramos en donde siempre? Dentro de una hora.
¿padre manuel? Sí, soy yo.
Este, vengo a confesarme, padre. Soy rosa.
Rosa garcía. Sí, rosa garcía.
Mi hermano ángel me dijo que vendrías. Reza tus oraciones y luego empezaremos tu confesión.
Bien, dulcina, explícame. Mañana en la noche, leonel y ricardo cenarán en el restaurante inglés para despedirse.
¿despedirse? ¿cómo despedirse?
Hemos roto nuestras relaciones. Bueno, aparentemente, claro.
Pero si estabas a punto de casarte con ricardo. Salió en los periódicos.
Pues, ya ves, lulu, no ha sido así. ¿qué pasó?
Ricardo volvió a enredarse con la salvaje. Ay, pero, ¿no se habían divorciado ya?
Casi. Poco antes de la última firma, la salvaje encontró la manera de engatusarlo de nuevo.
Imagínate. Ya sabes cómo me preocupa la felicidad de mis hermanos.
Y estoy luchando para desbaratar ese matrimonio que nos llena de vergüenza. Bueno, dulcina, pues, ¿qué es lo que tengo que hacer?
Según mi hermano ángel, necesitabas confesarte con urgencia. Pues, sí, padre.
Bueno, rosa, cuéntame. Padre, padre, un hombre quiere que yo lo visite en su departamento.
¿puedo? ¿qué?
Bueno, ¿y qué te parece el plan? No sé.
La salvaje podría reconocerme. Ay, no creo.
Apenas si te vi un minuto, una sola vez, y hace ya mucho tiempo. Además, te pones una peluca oscura, unos lentes negros y ya está.
No te reconocerá. ¿qué me dices, lulu?
¿podemos contar contigo? Adelante.
Su medicina. Verdaderamente es muy noble la actitud del joven ricardo.
¿a qué actitud te refieres, leo? Concederle una última noche a la señorita leonela.
Gracias, leopoldina. ¿concederle qué?
Muchas parejas se separan con un adiós, que te vaya bien. Pero el señor ricardo y la señorita leonela son personas civilizadas.
Y mañana cenarán juntos en el restaurante inglés. Conmovedor, ¿verdad?
Dime, candidata. ¿te has vuelto loco?
Rosa garcía, creo haberte entendido mal. ¿qué fue lo que me preguntaste?
Que si yo haría mal en hacerle caso a un hombre que me pide que vaya a su departamento, padre. Bueno, esto es lo más irreverente que he escuchado en el día de hoy.
Levántate y te sientas ahí. No, no, no, padre.
Es que mire, yo me vine a confesar. Es que necesito verte de frente.
Ahí efectuarás tu confesión. No, padre, pero es que la confesión se hace aquí en la jaulita, no sentadas en la banca.
No, yo se lo digo por si usted no sabía, padre, nada más. Esto no es ninguna jaula.
Es un confesionario. Y no me vas a enseñar cómo se confiesa, ¿no?
Siéntate. Sí, padre.
Continúa. De manera que un hombre te invita a su departamento y tú me preguntas quién es ese hombre.
Pues yo me imagino que usted sí lo conoce. Es ricardo linares.
¿ricardo? ¿pero ricardo linares es tu marido?
Pues sí, por segunda vez. Ay, rosa, rosa.
Me devuelves la sangre y el corazón. Ricardo y yo estaremos a la hora acordada en el restaurant inglés.
Ya tienes la dirección de la juguetería donde trabaja esa. Vas ahí, pides hablar con rosa garcía y le cuentas lo que me es convenido.
Si me deja hablar con lo maleducada que es. Ay, bueno, mira, por las dudas, llévate esto con todas las instrucciones, la hora exacta, la dirección del restaurante inglés y ya sabes, esperas en la puerta y cuando veas llegar a la salvaje, entras enseguida.
Le haces una seña a leonela y ella comprenderá que la otra ha llegado y procederá con su parte en el plan. Que todavía no me has contado totalmente.
Ay, siempre causa fuerte efecto un beso dado justo a tiempo de que lo vea quien no lo debería de ver. ¿estás muy segura del éxito de tu plan?
Ay, pero por supuesto que lo estoy. ¿y si no hay manera de convencer a la salvaje de que vaya a ese restaurant?
Si la hieres en su amor propio, irá. Claro que irá.
No creo haberme vuelto loco, cándida, aunque nunca se sabe. ¿pero a qué viene eso?
Acabo de enterarme. Mañana en la noche saldrás con leonela disque para despedirte.
¿es eso cierto? Sí, sí es cierto.
Ricardo. Ricardo, ¿cómo puedes ser capaz?
Seguimos casados. De reconciliación me llevó a un lugar pero bien bonito, que se llama manzanillo.
Sí, sí, ya sé. Ángel me lo dijo.
Vamos a vivir a la larga en su departamento, ahí donde ahora quiere que yo vaya. Porque yo, la verdad, mire, yo en casa los linares no los hago.
Allí no vuelvo a vivir de veras. ¿y dónde estás viviendo ahora?
Pues ahí estoy, con la manina. Pero, ¿y por qué no vives con ricardo?
Es tu marido, eres su mujer, su esposa. Es que...
Mire, padre, resulta que ricardo tiene que arreglar primero su situación con la novia que tuvo cuando se estaba divorciando de mí. Y no lo ha hecho porque a la abuela se le murió su abuelita en monterrey y, pues, era como una madre para ella.
Entonces ahora no quiere encasquetarle otro sufrimiento más. Bueno, con eso me quieres decir que mientras las cosas llegan a feliz término, ricardo linares te ha pedido que se encuentren en su departamento.
¿y usted es el mismo? Yo lo consulté con una cuata.
Me dijo que era una mensa, pero al decirle que no... Eva, soy mensa, padre.
A ver, dígame. Hija, antes aclárame una cosa.
¿tú y ricardo linares están casados como dios manda? Leonela dejará esta casa para siempre.
Me pidió una noche para despedirnos. Lo hizo humildemente.
No pude negársela. ¿por qué no pudiste?
Quizá ya fui excesivamente cruel con leonela. ¿para qué hacerlo más?
Leonela es como dulcina. Las dos están llenas.
Están llenas de trampas. Yo las conozco.
Tal vez, candidata. Pero ahora soy invulnerable.
Y yo pregunto una cosa. Mera curiosidad.
¿rosa sabrá que sales a cenar con leonela? Bueno, ricardo y yo nomás estamos casados por lo civil, padre.
Bueno, eso está muy bien. Pero al señor le gustaría que le hicieran partícipe de esa unión.
Entonces usted no está de acuerdo en que yo acepte la proposición de ricardo, ¿verdad? Legalmente.
Él está en su derecho. Pero la mujer debe habitar bajo el mismo techo que su marido para compartir toda su vida.
No solo unas cuantas horas de felicidad. Habla con él.
Coméntale lo que yo te he dicho. Si él te ama, me dará la razón.
Sí, padre. Hay feligresas que me esperan.
No puedo darte más tiempo. Vuelve pronto.
Pero vuelve con tu marido. Me daría mucha alegría darles la bendición del señor.
Que dios te bendiga y te ilumine. Gracias, padre.
¿cómo se te ocurre que rosa pueda saber que voy a salir con leonela a cenar? ¿acaso no la conoces?
Reaccionaría. Reaccionaría como una mujer decente frente al devaneo de su marido.
Por favor, candidata. Esto no es ningún devaneo.
Es una cena, una copa y es el último brindis. Y luego cada quien a su casa y a hacer su vida.
Vas a traicionar a tu mujer. La traicionaría si saliera de paseo como una aventura.
Pero simplemente me sentaré a la mesa con un recuerdo. Esto te traerá malas consecuencias, ricardo.
Tengo un presentimiento. No vayas, ricardo.
No vayas mañana en la noche con leonela a ese lugar. ¡no vayas!
Ya le dije que sí. No puede echarme para atrás.
Además, nada desagradable va a pasar. Estás echando a volar tu imaginación.
Está bien, ricardo. Está bien.
No me hagas caso. Si algo malo sucede, recuerda que yo te lo advertí.
¿cómo está don ignacio? Yo...
Déjeme explicarle. Yo...
Ya sé, rosa. Ya sé.
Volviste a romperme otro vidrio de mi casa. Todos los de la palomilla dicen que fuiste tú.
¿lo vas a negar? Pues, no.
No, pero es que yo ahora no tengo dinero para pagarle. Pero más tarde vienen a buscarme.
Y entonces así le pido al que viene y yo se lo pago ahorita. No.
No, rosa. Esta vez no hará falta.
¿cómo que no hará falta? Es que el balón le dio la meritita cabeza a mi suegra.
Ya sabes cómo es de enojona. Ya me tiene hasta el copete.
Así que en lugar de que tú me pagues a mí, yo tendré que pagarte a ti por la buena puntería. Híjole.
Candida siempre dramatiza. Tratándose de celos, rosa, también.
Suponte que rosa se enterara de tu salida con leonela. Será una salida inofensiva y discreta.
¿cómo se va a enterar? ¿quién se lo va a decir?
Nunca falta una leopoldina que lo desea. Si rosa se llega a enterar, ¿crees que te perdonaría?
Por supuesto que no. Entonces, ¿por qué arriesgarte, ricardo?
¿por qué? ¿no lo viste, rogelio?
Di mi palabra. No puedo retroceder.
Tú sales con rosa todas las noches. ¿ahora no?
¿sí? La llevo a cenar, a dar la vuelta.
Ya que no puedo llevarla donde yo quisiera. ¿y cómo le justificarás ahora?
Soy una persona ocupada. Puedo inventar cualquier compromiso.
¿y no te remuerde la conciencia mentirle a una persona tan auténtica como rosa? No me hace ninguna gracia, pero no es más que un pecado venial.
Ya está. Sí, voy a arreglarme.
¿vas a salir? Clarín, hija.
Hoy también, rosa. Pues sí, es que ricardo me va a llevar a la fonda.
¿nomás a la fonda, mija? Pues, ¿seguro, hermanina?
Pues, ¿dónde más? Desde que me ocurrió el accidente estoy especialmente sensible.
Y casi siempre mis presentimientos se cumplen. También a mí.
Esa salida de ricardo con leonela me tiene sobreascuas. ¿y todavía no empiezan a cenar?
Las esperábamos. Pasemos al comedor, entonces.
¿qué vas a hacer? Contestar el teléfono.
En esta casa leopoldina es quien atiende el teléfono. Leopoldina tuvo que salir.
Bueno, ¿quién habla? Federico.
¿cómo estás? Hola, linda.
Hola, rosa, ¿cómo están? Hola, don feli, ¿cómo están?
Hola, ¿cómo estaban? ¿qué tal?
Oiga, don feliciano, mire usted que si por mí fuera usted se hacía rico en este momento. Me paso casi la mitad de la vida metida aquí en la fonda.
Para mí es un placer. ¿nos das una mesa, linda?
Claro que sí, enseguida. Oye, espérame tantito.
Ya va a ser tu cumpleaños, ¿verdad? Sí.
¿y no lo vas a celebrar? No.
Tengo que trabajar. Bueno, pues, lo puedes celebrar aquí, ¿no?
Aquí, don feli. Don feliciano le puede dar una hora aquí a linda para que, pues, no sé, entre todas hacemos una cooperacha y te lo celebramos acá.
¿qué te parece? Muy buena idea.
Cuenta con esa hora. Gracias, don feliciano.
Muchas gracias. Bueno, dáselas a rosa, que es la de la idea.
Invita a alguno de tus conocidos. Ah, no, tenga cuidado, don feliciano.
Mire que rosa termina trayéndole todo el barrio. Ay, dios mío.
Bueno, vengan conmigo, les doy una mesa. Gracias.
A ver. ¿está bien esta?
Está re bien. Muy bien.
Bueno, enseguida estoy con ustedes. Gracias.
¿te pasa algo? Es que le quiero decir una cosa, pero es que no me atrevo.
¿una cosa? ¿qué, rosa?
No sé cómo, pero sigo viviendo. ¿y no me preguntas cómo estoy yo?
No vale la pena. ¿con quién quieres hablar?
Con, con dulcina. ¿y ella querrá hablar contigo?
Por favor, cantidad, pídele que me atienda. Espera un momento.
Ricardo me concede la noche de mañana por misericordia, pero estoy muy castigada. Igual se la acepto.
Dulcina, dime, la llamada telefónica es para ti. ¿y quién me llama?
Federico robles. No tiene vergüenza.
Dile que no estoy. Por supuesto que sí.
Sí, cándida, dime. Dulcina te manda decir que no está.
Por favor, cándida, convéncela para que no me mande preso. Eso pídeselo tú.
Bueno, bueno, cándida, bueno, bueno. Ya no me hagas esperar más, rosa, dime lo que sea.
¿no me vas a criticar? No, habla.
Es que fui a ver al padre emanuel, al hermano de don ángel, para pedirle consejo y... Respecto a nuestra situación.
Ay, es clara de huevo. ¿y qué te dijo, si se puede saber?
Pues es que él opina que debemos casarnos como dios manda y vivir juntos para toda la vida. Así será, rosa, si tú lo deseas, solo dame tiempo.
¿me lo prometes? Te lo prometo.
Ay, casi no te he demostrado cuánto te quiero. Pensándolo mejor, creo que sí.
Sí me gustaría conocer nuestro departamento. ¿ahora?
Cuando tú quieras. Gracias.
¡feliciano! Champagne para todos.
Va a reconocer. No vayan a pensar mal, estamos casados los dos.
Toma, este es para ti. ¿para qué para mí?
Si es nuestro departamento, puedes entrar y seguirme. Puedes salir de aquí cuando quieras.
¿en serio? Pues un día voy a hacer una rinocita aquí con mis cuatachas de la juguetería.
Hermosa idea. ¿vas a prender la luz?
Tienes razón, es mucho mejor así. ¿pensando en rosa, ernesto?
¿qué remedio me queda, zoraida? ¿viste por fin a verla?
Sí. ¿cómo está?
¿qué te dijo? No me lo dice, zoraida.
Llegué hasta su casa y cuando iba a entrar la escuché hablando de su marido. De que le había besado, de que lo amaba.
Me saqué de rabia. No pude entrar, di media vuelta y me fui.
Tiene que creerlo, ernesto, es su marido. ¿y se ha arreglado con él?
Pues estuvo otra vez en la fonda con él. No sé qué le habrá dicho, que ricardo linares se puso muy contento.
Y le invitó champagne a todos los que estaban ahí. ¿y cómo tú lo sabes?
A uno le interesa una mujer, zoraida. Sobran medios para averiguar sus pasos.
Ay, ernesto, cualquiera diría que a ti te encanta sufrir. Está bien con él, pero ¿cuánto va a durar su felicidad?
Esperemos que le duremos siempre. Y perdóname, porque sé cuánto la quieres.
Pero ricardo es su esposo. No, si yo también le deseo todo lo bueno.
No sé que ricardo linares todavía la va a hacer sufrir. Yo lo sé, zoraida.
Yo presiento que rosa volverá a ser infeliz con ese rotillo. Pues no se lo merece.
Rosa es buena. Quizá no la vea en un tiempo.
Pero cuando ricardo linares la vuelva a engañar, yo estaré a su lado, queriéndola como la he querido desde que la conozco. Dispuesto a protegerla con mi amor.
¿linares? ¿leopoldina?
Habla el licenciado robles. Ah, licenciado.
¿qué se le ofrece? Hablar con la señora dulcina.
Avísele, por favor. Tengo entendido que no quiere hablar con usted.
Insista, por favor, leopoldina. Me urge.
Espere un momento. Con permiso, señora.
¿sí, leopoldina? El licenciado robles la llama por teléfono.
Es la tercera vez que federico llama esta noche y es la tercera vez que le digo que no estoy para él. ¿entendido, leopoldina?
Por supuesto, señora. Licenciado, es la tercera vez que llama por teléfono a la señora dulcina y es la tercera vez que la señora no quiere atenderlo.
Pero, leopoldina... Lo siento, licenciado.
Nada puedo hacer. Tendremos algo más amplio que esto.
Una casa con jardín. Mientras aquí nos arreglaremos.
¿qué te pareció? De padre.
Y no se te olvidó nada. Ni siquiera la habitación de marina tomás y de justina.
Olías como de la familia. Ahora ve.
Esta es la recámara principal. La más acogedora de nuestra recámara.
¿te gusta? Clarín, qué me gusta.
Está preciosa. Rosa, desde que regresamos de manzanillo, no hemos tenido un solo momento de intimidad.
Señor roque. ¿cómo estás, nana?
Contentísima de teneros nuevamente aquí. Bueno, de pronto, polet quiso regresar y no pude negarme a complacerla.
¿y pablo, nana? Se fue a acapulco con sus amigos.
¿y ha habido alguna novedad importante? Pues no, la verdad, nada.
Lo de rutina, solamente. Eduviges.
De rosa no se ha sabido nada, ¿verdad? No, mi niña, nada.
Pero ya estamos de regreso y vamos a reiniciar la búsqueda de mi hija. Pienso que quizá dulcina linares haya tenido alguna noticia de rosa.
Ay, mi niña, se me había olvidado. Dulcina linares estuvo en la cárcel.
Aquí seremos muy felices. Oye, ¿qué pasó con la abuela?
¿ya le diste el cortón? Sí, rosa.
¿la debes? Casi mata a la amiga de su marido, pero ya está libre.
Ricardo linares la sacó. ¿y ya se casó ricardo con mi prima leonela?
No, se canceló el matrimonio. Eso me lo contó celia, la muchacha de los linares.
Me la encontré en el mercado. Se supone que ricardo linares quería contentarse de nuevo con su esposa.
Roque, estás oyendo. Su esposa, rosa garcía, mi hija.
Decía que no había novedades, nana. Los linares deben haber vuelto a conectarse con rosa.
Sí, sí, seguramente. Pero, ¿qué haces, paulette?
Voy a llamar a dulcina linares. Ella tiene que saber dónde está rosa, mi hija, y me lo va a decir.