Se ha catalogo el retrato de un villano como un ente machista, antisocial y, por supuesto, carente de brújula moral. ¿Qué tanto un sector de la población verá este tipo de personaje como un rol a seguir? Será interesante (y terrible) descubrirlo.

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Ya vimos 'Joker' y es una de las mejores películas de DC

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Checa nuestra reseña sobre la historia de Joaquin Phoenix como Arthur Fleck.

Mucho se ha hablado de la película de Joker, que si recibió varios minutos de ovación de pie y ganó el León de Oro en el Festival de Venecia, que si se perfila para estar nominada y llevarse varios premios Oscar, pero lo que en verdad importa es que se trata de una película tremenda, visceral.

Sí, es un personaje nacido en el mundo de las viñetas, pero no es como ninguna película de superhéroes que hayas visto, aunque los más adentrados en el tema sí identificarán elementos que inspiraron el guión provenientes de novelas gráficas como The Killing Joke, como la búsqueda del protagonista de incursionar en el mundo de la comedia, así como la aparición de ciertos personajes y momentos emblemáticos.

Pero dejemos de lado las referencias y metámonos de lleno en la película. La historia, escrita por Todd Phillips y Scott Silver, está centrada en el origen de un ¿villano? Arthur Fleck es un paria, un desamparado de la sociedad por ser diferente, por no ser “normal”, hasta se le dibuja como una víctima, porque en Ciudad Gótica, como en muchos lugares del mundo, las personas con problemas mentales no son integrados por completo en la sociedad. Podemos pensar en el planteamiento de la normalidad del que habla Michel Foucault y el rechazo que se da a quienes no forman parte de esta concepción.

Si bien hay programas de ayuda y Arthur asiste a uno de ellos, el poco o mucho trabajo que hacen con él no basta, pues la gente no sabe cómo convivir con estas personas, aún cuando ellas traten de adaptarse, tal como lo hace el protagonista al llevar tarjetas que explican su condición cuando se encuentra en una situación donde es rechazado.

Joaquin Phoenix es consistente en su encarnación, la inestabilidad mental del personaje y el rango de emociones que despliega para mostrar cómo es la vida de Arthur es impresionante. No es que Arthur se convierta en Joker por tener un mal día, sino por vivir un mal día toda la semana, de cada mes, de toda una vida llena de frustración, de soportar abusos, de ser ignorado. Claro, lo anterior se acentúa cuando no tienes privilegios, los marginados de la clase baja viven peor que los marginados adinerados. Y cuando los de abajo son sometidos, ignorados o insultados por los más afortunados, tarde o temprano tendrás hay una respuesta, al menos en esta historia.

Phillips, el también director, se ha quejado de que subrayen la violencia de su largometraje y no hayan hecho lo mismo con otras cintas como, digamos, John Wick. Si bien cualquiera de las tres cintas de Keanu Reeves es difícil llevar la cuenta de las muertes, aquí tenemos casos contados pero más crudos y contundentes, tal vez por su verosimilitud y, en este caso, ninguno de ellos es fortuito. Hay un acto sangriento, gráfico, explícito, impactante y brutal. Habrá quien culpe a la cinta por mostrar esto o piense que desatará una ola de violencia, pero las películas no provocan esto, pero es falso (así como tampoco lo hacen los videojuegos, ni los libros, ni la música metalera) y hasta parece absurdo culpar a una cinta, por eso Phoenix se fue de una entrevista cuando le preguntaron si temía que la historia inspirara a otras personas y tuviera un resultado trágico.

Es curioso cómo la actuación de Phoenix y todo el contexto te llevan a entender la psicología del personaje e incluso tener empatía por este resuelto anarquista; aunque al final queda muy claro que sus acciones son consecuencia de un camino accidentado y oscuro.

La cinta está tan bien aterrizada y parece tan cercana a nuestro contexto que por eso te deja pensando. La comedia está presente, a veces con un humor negro, y las risas no son exactamente de felicidad en este mundo donde la bromas más grande es el a veces sinsentido de la vida misma.

Hay mil cosas más por decir, especialmente en el terreno cinematográfico, sobre el uso de los colores, las tomas, la música y el hecho de que parezca retomar elementos de películas de Martin Scorsese como Taxi driver y The king of comedy, incluso a Robert De Niro. Así que no basta con verla una sola vez. Tal vez el camino para DC en los live action (sus largometrajes animados son excelentes) está en las películas independientes y no en un universo cinematográfico.