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Me quería cobrar de más, pero lo mandé al demonio. ¿quieres que te prepare algo de comer?
No, no tengo hambre. Además, tengo la boca amarga.
Pero no te pongas así. Bueno, lo del asilo ya no se hizo, pero alguna solución encontraremos.
No, mamá, eso está decidido. Vamos a tener que hacer lo que ellos dicen.
Necesitamos dinero, mamá, mucho dinero. Ay, mijito, pues es muy fácil.
¿por qué no buscas trabajo? No tengo cabeza para eso.
¿sabes qué? Voy a empezar a vender las cosas, los muebles y todo lo que quede de valor.
Pero ¿a poco vamos a dormir y a comer en el piso ahí como animales? ¿y qué tiene?
Así cuando me vengan a hacer la entrevista no me van a cobrar de más. ¡apúrate, mamá!
Órale, vamos. Ah, y de paso me trae las escrituras de la casa porque la voy a hipotecar.
Dime, pero no te doy las escrituras para que malgastes mi dinero. ¿qué?
Es mi herencia. No, las herencias se dan cuando las personas se mueren.
¿y entonces qué? ¿tengo que esperar a que te mueras para que me lo des?
Primero me muero yo. Pues si te mueres ya no vas a necesitar ninguna herencia.
¡por favor, mamá! Lo que pasa con esa mujer es que no es dinero, es amor.
Te doy tu herencia. Claro, te la vas y te la gastas en una noche.
¿y qué? ¡es mi dinero!
¡no! ¿no me entiendes?
¡mi dinero! ¡dame fuera!
Dame mi dinero. Y ese dinero lo ahorré yo.
Dame mi dinero. Porque tu papá era igual que tú.
Era un borracho. Si no se lo bebía, se lo gastaba en puras...
Mira, ya no me hagas hablar. ¡dame mi dinero!
¡dame mi dinero! Me lo vas a dar hasta que te mueras.
Te vas a morir ahorita.