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Antes de hablar de esas cuestiones, me gustaría saber cómo quitó del camino a don carlos larios. Usted lo sabe perfectamente.
No fui yo, sino un ataque cardíaco. Eso dijeron.
Pero ya que no estamos chupándonos el dedo, abramos las cartas. Revisé las notas de los periódicos.
Puede verlos. Todos hablan que don carlos fue enterrado el mismo día en que murió.
Se lo digo porque este dato podría servirle a la policía. Está usted metiéndose en la boca del lobo, señor escudero.
Y si estoy aquí es por... Porque yo la descubrí.
Porque ahora sé que perfectamente que el asunto del ojo es una patraña. Por eso vine a negociar.
Yo no soy un chantajista, señor acril. Soy un hombre que vive de su negocio.
Pero ese parche del ojo y la cuenta de la policía y la cuenta de vidrio del prendedor. Carlos descubrió lo mismo que usted.
Por eso le ordenó poner esa vagatela al centro del prendedor. Una broma, simplemente.
¿y si continúo investigando? Mejor vaya a la policía y que lo hagan ellos.
No es patético que un miserable joyero tenga humos de sherlock holmes. Ese miserable joyero, como dice usted, tiene pruebas de que algo muy turbio ocurrió.
¿qué pruebas? Su marido habló de una restitución moral.
Él estaba a punto de hacer algo que a usted la perjudicaba. Buenas tardes, señor escudero.
Piénselo bien. Podría quedarse con un buen rancho en chihuahua.
Sí, es usted. Va a estar aquí.
Y como me pidió que yo le informara todo paso a paso, estoy cumpliendo. Negó el crimen y me ofreció un rancho en chihuahua.