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¿qué tal, cata? Señora, me siento muy contenta de estar aquí.
Cuando recibí su recado, enseguida me puse en camino. Me dije, si doña joaquina me llama, es porque desea que le haga algo de costura.
Y aquí estoy. No, no, cata, no te llamé por eso.
Sé que tienes a luciana en tu casa. Pobrecita.
Está a punto de tener su bebé. Quiero que la eches.
No la quiero en el pueblo. Estoy dispuesta a darte una buena gratificación.
Pero esa perdida tiene que largarse del pueblo. No.
Me desampares. Hasta que di contigo, tú y yo vamos a hablar.
No tengo nada que hablar con usted. Por su culpa nadie quiere darme el trabajo, de no ser por doña cata.
Ella también tendrá que deshacerse de ti. Nadie te ayudará más.
No te va a quedar otra más que largarte. No, no voy a hacerlo hasta que el padre de mi hijo sepa que estoy embarazada.
¿crees que no lo sabes? Yo misma se lo dije.
¿usted? Y más te vas a sorprender cuando sepas lo que dijo.
A él no le importa en absoluto. No quiere saber de ti.
¿usted miente? ¡él no pudo haber dicho eso!
¿no esperabas que cayera rendido de amor a tus pies? No seas ridícula.
Él no se siente responsable de nada. Está seguro que antes te habías entregado a otros.
No le creo, ¡está mintiendo! ¿qué tienes para que desaparezcas?
Recógelo y vete. Yo no le he pedido nada.
Ni este hijo. ¿qué voy a tener?
Ni yo. Necesitamos de su dinero.
Sí. Pues peor para ti.
Eres una malagradecida que terminará pidiendo limosna en las calles. Pero la señora ana joaquina me amenazó.
Me dijo que si te sigo ayudando, nadie me va a dar más trabajo de costura. Y yo necesito el trabajo, hija.
Lo siento, pero tendrás que irte.