Rambo: Last Blood

Lionsgate

Rambo: Last Blood es una película que no se toca el corazón ante nada ni nadie

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¿La película más cruda que se ha hecho de esta leyenda del cine de acción? Pero por supuesto

Cuando el escritor David Morrell creó a Rambo para su novela First Blood, no lo ideó como un supervivente. De hecho no sobrevivió a la historia original. Se trataba de un hombre con traumas de guerra, capaz de llegar a las últimas consecuencias para desafiar a la autoridad. Incluso se filmó su muerte para la primera cinta protagonizada por Sylvester Stallone. Sin embargo, la industria del cine lo mantuvo vivo y lo convirtió en una máquina de matar.

Stallone tiene más de 70 años y, al parecer, quiere darle una despedida digna a los personajes que lo convirtieron en un hombre de acción para más de una generación. Ya se retiró como peleador para cederle la estafeta en el ring a Creed, mientras que Rambo: Last Blood está planteada para ser la entrega final de este personaje. Aunque, claro, nadie está tan seguro de ello.

¿Pero vale la pena darle una nueva batalla a este guerrero?

Su corazón... su familia

John Rambo, durante 10 años, ha logrado tener la paz que siempre añoró. Vive con María (Adriana Barraza), una migrante mexicana a la que quiere como una hermana. La nieta de ella, Gabriela (Yvette Monreal), es para este ex militar como su propia hija. Es fácil comprender por qué es tan protector: después de años en la niebla de la guerra, por fin ve la luz.

Gabriela lleva tiempo buscando a su padre. Una amiga suya, quien no tiene precisamente una buena reputación, ha dado con su paradero. Sólo que hay dos problemas. Uno es que este hombre, quien nunca la ha querido y desea olvidarse de ella, vive en una ciudad conflictiva de la frontera con México. Otro es que esta búsqueda no le da buena espina ni a María ni a Rambo, lo cual parece no importarle a la joven quien viaja a México en busca de respuestas que quizá no quiere encontrar.

El destino la lleva, para su desgracia, frente a una banda de traficantes de blancas. Los hermanos Víctor (Óscar Jaenada) y Hugo Martínez (Sergio Peris-Mencheta) lideran la organización. Secuestran jovencitas para explotarlas sexualmente y Gabriela ha caído en sus garras. Ahora tendrán que vérselas con un John Rambo quien no ha dejado de prepararse para la guerra y lleva mucha ira acumulada. Nuestro soldado, además, no está sólo. Cuenta con una aliada improbable: una periodista de nombre Carmen (Paz Vega).

Un tiro de gracia a quemarropa

Una cosa es ser políticamente incorrecto, mostrando sin ninguna piedad la realidad. Otra es ser meramente provocador. Rambo está en la primera categoría. Se trata de un hombre forjado en medio de la violencia. Quien enfrenta a criminales sin ninguna clase de escrúpulos. John va a matar si piedad y con toda crueldad, la misma crueldad con la que abiertamente el crimen organizado trata a las mujeres que secuestra. Algunas escenas las verás abiertamente, en otras queda implícito el maltrato que viven. Éste último, por desgracia, sabemos que en muchas ocasiones es así en realidad.

No esperes que, por ser el héroe, la vida le sonría a Rambo. Es viejo. Tiene traumas. Tiene una familia. Su hija adoptiva es víctima de la delincuencia. Es el John Rambo más vulnerable que hemos visto jamás y, aún así, la cinta lo golpea donde más le duele. La capacidad de Stallone para lograr que seas empático con este personaje, así como de la cinta de retratar la experiencia más cruda de toda la filmografía del actor italoamericano. Al menos desde, digamos, el primer filme del personaje.

El guion no es brillante, pero es efectivo. Tanto Stallone como Matt Cirulnick, los responsables del argumento, saben para qué va la gente a ver en el cine una cinta de este héroe de acción. Va a ver tiros, va a ver muertes, va a ver un campo de batalla. Es lo que ofrecen y es lo que dan. Lo interesante es que, al menos, hay un motivo plausible para ver los tiroteos y cómo brota la sangre.

Arsenal de alto poder

En cuanto a las actuaciones tenemos sentimientos encontrados. Stallone es el mismo Rambo de toda la vida, aunque hay escenas entrañables en las que nos muestra por qué en un par de ocasiones alguien como él ha sido nominado al Oscar. Sin embargo, los actores mexicanos se llevan las palmas. Adriana Barraza es mucha actriz para una película de este tipo y aunque sus escenas son sencillas, da cátedra. Incluso un cameo de Joaquín Cosío nos deja ver sus dotes como intérprete, en varias secuencias que recuerdan a los mejorcito de las narcoseries que están en boga.

Yvette Monreal, cuando no está en el rol de víctima, es muy díficil que logra transmitir a la audiencia empatía. Mientras tanto, Óscar Jaenada no termina de convencer como mexicano. El acento chilango-norteño no le sale y rompe con la magia. La que sí logra retratar a una mexicana de cepa es Paz Vega. No nos extraña que haya logrado tener un rol importante como estrella de telenovela en nuestro país.

La dirección cumple, en plenitud, su función principal. Cuando hay escenas donde se debe mostrar el corazón de John como persona, se logra de manera adecuada más no brillante. Cuando debe amenazar y buscar para encontrar a su hija, logra cumplir con este objetivo. Lo que sí es que, en los momentos violentos, la creatividad para asesinar y hacer volar cuerpos por los aires o destazarlos de una y mil formas puede parecer excesiva. Aunque hemos visto a Rambo por casi 40 años. ¿En realidad alguien espera otra cosa? De hecho esas escenas de acción están para nosotros entre las mejores del género durante los años recientes.

¿Una última batalla?

Estamos ante la película más entrañable, pero a la vez más cruda, de la saga de Rambo. No podremos asegurar si en efecto es una despedida. Pero sí que es una película más que cumplidora. Con buenas actuaciones, pero violencia a tope. Grandes momentos llenos de sangre y testosterona, pero escenas en las que vas a llorar. No es un hito del cine, pero sí un proyecto que si eres fan de este héroe o del cine de acción no hay manera que no disfrutes.