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No fue ella. Fue leopoldo.
Pero ya está muerto. Y es sobre ella sobre quien tengo que descargar mi odio y mi cólera.
Tengo que saber cómo es. Pero, rafaela, ya te lo explicó javier.
Además, ella es muy joven para disponer por sí misma. Tendrá una familia que será la que resuelva.
Ay, no han de tardar a venir a esta casa a tomar posesión de sus bienes. Yo he estado pensando como javier.
Si no sería mejor llegar a una transacción con ella o con ellos. Nunca.
Bueno, entonces podemos aceptar una buena cantidad y dejar el campo libre. Quiero decir, esta casa no tiene buenos recuerdos para ti.
Dejarle mi casa, esta residencia, esa jorobada, nunca. Le prenderé fuego antes.
Aunque vaya a la casa. Pero si es de ella también, rafaela.
Vendrá aquí y nos harán la vida imposible. Piensa en qué clase de familia tendrá.
La vida imposible a mí. Tú sabes de lo que puedo ser capaz.
Sí, pero carlos augusto no es de los que se deja gobernar. Ahora ya no puedes retenerlo.
Mi hijo hará lo que yo quiera. Tendrá que obedecerme.
Me da gusto verte tan valiente, pero recapacita. Recapacita en lo que hemos sufrido al lado de aquel infame para seguir padeciendo más humillaciones.
Tal parece que es nuestro trágico destino. ¿no ibas a salir?
Sí, voy a salir pero de tiendas. Con ese dinero que encontré en las habitaciones de leopoldo voy a comprarme ropa para mi hijo y para mí y para ti.
No, no, no. Regresaré de la calle transformada.
Dejaré este vestido odioso de buitre. A mi hijo le agradará tener una madre elegante que no masculle ejaculatorias y llave marías.
Es preferible que tomes esa actitud en vez de la postración. ¿vienes conmigo?
No, prefiero quedarme. Voy a usar el auto.
Ya no más taxis ni camiones. Rafaela, estás muy alterada.
Este rencor lo llevaré para siempre en el alma. Voy a tomar todas las represalias que me sean posibles.
¿contra quién? Contra la jorobada.
Contra todos mis enemigos. Sólo mi hijo y tú se salvarán de ese rencor.
Cuídate, dionisia. Cuídate de hacer causa común con esa desgraciada.
Cuídate mucho porque iré en contra tuya también. Claro que no.
Ahora soy otra. ¿puedo saber qué significa todo esto?
Primero dime qué te parezco. Ay, mamá, pero muy distinta, caramba.
¿pero de dónde sacaste el dinero? Lo tomé del cuarto de leopoldo.
Les traigo unos regalos. Ábranlos para ti.
Todo esto es tuyo. También tú, dionisia.
Sonia, sonia, sonia. Mamá.
Te cambiaste el peinado también, ¿verdad? Y tiré la ropa negra en la misma tienda donde me vistieron.
De arriba a abajo. Ya no soy la mujer triste que me ganas.
Se acabó el sufrimiento. Pero, mamá, ¿y luego qué va a pasar?
Ya sé lo que vas a decirme. ¿que de dónde seguiré sacando el dinero?
Del dinero de leopoldo que me pertenecí. Mira las camisas.
¡qué bárbaro! Hay otras más que dejé pagadas en la tienda.
Y sacos. Ay, mamá, yo no sé qué decirte, pero no me gusta que hayas hecho todo esto.
Espérame, espérame, espérame. ¿qué me trajiste a mí?
Una mantilla finísima. Y espera, esto es lo mejor.
Qué bárbaro. Una cadena de oro.
Ay, gracias. Gracias.
A ver. Qué linda.
Y vas a dejar las agujas de tejer. Mi pobre dionisia.
Siempre me diste tus ahorros para carlos augusto. He pagado todas las deudas que teníamos con el sastre y algunas tiendas.
Ay, qué bueno. Gracias.
Nos ha llegado la hora de sacudirnos la miseria. Soy la fuerte.
La que siempre ha luchado y seguirá luchando. No, mamá, no te sientas tan segura, ¿eh?
Eso será hasta que yo tome el dinero. Tengo una decisión.
Y voy a decidir muy pronto, ¿eh?