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También en maría dolores habían dejado su huella aquellos seis años, blanqueando sus cabellos. La buena negra no cesaba de darle gracias a dios por el amparo que ella y su albertico del alma habían encontrado en la persona de don alfonso cabrera.
En su casa, nada les había faltado, ni a ella ni al niño. Pero maría dolores, cuando estaba a solas, lloraba en silencio recordando a su niña maría elena.
Aunque nunca, ni por un momento, pensó en volver a su lado. En su alma inocente y primitiva había quedado grabada como un fuego la escena de la noche en que bruno intentó matar al recién nacido.
María dolores no pensaba que la gente pudiera cambiar y arrepentirse de sus pecados. Para ella, rafael era un hombre que no podía ser un hombre.
Para él, del junco, era la personificación del mal. Y estaba segura de que si algún día la descubría, acabaría con la vida de albertico, su albertico, su niño adorado.
En el mar. Yo quiero conocer el mar.
Ya lo conocerá, mi vida. Y quiero ser marinero.
Ah, no, eso no. Los barcos son muy peligrosos.
Tú serás doctor, un gran doctor. Dígame otra vez cómo es el mar.
Es como un hombre muy grandote y muy fuerte. A veces se enoja y parece un tigre, y a veces está quietecito, tranquilo, como el gato del dueño de la tienda.
Así es el mar. A veces ruge y a veces ronronea.
¿y cómo es la arena de la playa? Ah, va, mi vida.
Calientita y tibia, como el regazo de tu mamá dolores, mi vida. ¿cuándo me va a llevar a la playa?
Vas a veracruz. No, mi niño, a veracruz no.
Hay muchas, muchas otras playas. Pero yo quiero que vayamos a las que tú conoces.
Cuando sea grande, mamá dolores, te voy a comprar un barco grandote y vamos a vivir en él. ¿y de qué color va a ser, albertico?
Rojo, como lo de los piratas. Ah.
Y yo seré capitán. Bueno, estás tú para capitán, ¿eh?
Ah, mire, un capitán que no ha acabado de forrar su libro. Vamos a ver.
¿dijiste que ibas a enseñarme? Ahorita mismo lo hacemos.
A ver, detén aquí con tu manita, para que no se me vaya ni choca la tijera. Mañana va a ser tu primer día de clase y todo tiene que estar muy en orden.
¿por qué no puedes ir conmigo a clases? Las escuelas son nomás para los niños, mi vida.
Pero tú no sabes leer. Ah, pero ya me enseñarás tú, mi vida.
Tengo que quedar aquí para cuidar de don alfonso, para cuidar la casa. Ay, don alfonso no está bien.
No está nada bien. ¿se va a morir?
Ay, no, mi vida, no diga eso. ¿cómo se va a morir si él es tan bueno?
¿los malos se mueren? No, no, niño.
Claro que no. ¿pero qué cosa se te ocurre?
No me enredes con tu pregunta, bandolero, caramba. Ándale, ayúdeme, porque vamos a acabar con esto.
Deténle aquí. Ayúdame.
¿cómo va todo? Apenas estamos empezando, sí señor.
Yo no sé por qué le piden tanto libro a un niño tan chiquito. No soy chiquito.
No soy chiquito, mamá dolores. Mira.
No, ya eres todo un hombrecito, ¿eh? Un hombrecito que va a ir por primera vez mañana a su escuela.
¿estás contento, albertico? No sé, tío.
¿cómo que no sabes? Allá conocerás niños de tu edad, tendrás amigos.
Ya has pasado mucho tiempo pegado a las faldas de mamá dolores. No me lo reproches, señor.
Es que yo he querido cuidarlo lo mejor que se puede. Y vaya que lo has hecho bien.
Con su ayuda, señor. Si no, solo dios sabe qué habría sido de nosotros.
Has sido muy buena con él, maría dolores. Pero ya es tiempo de que le suelte las riendas y de que aprenda a ser independiente.
Porque ni tú ni yo somos eternos. ¿por qué me dice eso, señor?
Porque hay que pensar en el futuro. Y precisamente por eso he decidido hacer testamento a favor de ustedes.
No soy rico, pero tengo ahorros. Y podrán vivir cómodamente.
Y pagarán la carrera de albertico. Su carrera de médico.
Mañana mismo por la tarde, mañana, tú y yo iremos a ver al notario. ¿para qué son los notarios, señor?
Ah, para arreglar las cuentas de uno en esta vida. Ya que las otras no las ajusta dios.
Bueno, bueno, mijito, a ver, llévame la charola al estudio. Allá merendaré.
Sí, señor. Adiós, adiós.
Enseguida. ¿tú me vas a llevar a la escuela, mamá dolores?
Ah, claro que sí. Te voy a llevar y luego te voy a recoger.
Ya sabes que no me gusta que andes solo por esas calles. Esas calles están llenas de coches.
Y llenas de ruido. Ah, si supieras, albertico.
Veracruz era tan distinta. Ahí no tenías que cuidarte de los carros.
En unos minutos, caminando a prisa, llegabas hasta el mar. ¿mamá dolores, así sonaban las sirenas de los barcos?
Sí, mi vida. Pero esa era una ambulancia.
Y su sonido es muy triste. No se puede comparar, mi vida.
No se puede comparar. No se puede comparar.
¿qué tiene cada una de ellas? No lo puedo explicar.