Capítulo 8: Pelea entre hermanos

Lagarto le cuenta lo ocurrido a Julio y éste ordena que liberen a Gastón, quien llega a su casa y encuentra a Inocencia moribunda.

Con un rencor instigado por sus padres, los mismos mineros que siempre han atacado a Gabriela, Lucas y sus amigos siguen a David para robarle la computadora.

David trepa a lo alto de un campanario, pero la escalera se rompe y el niño queda en grave peligro, hasta que Alejandro y Gabriela logran rescatarlo.

Gabriela vuelve a la feria, enloquecida, y grita con micrófono en mano que si algo le ocurre a David, ella, con sus propias manos, matará a los mineros que han alimentado el odio de sus hijos contra el suyo.

Todos la miran atónitos, como si fuera una demente peligrosa. Los mineros la abuchean, gritándole “loca” y “asesina”. Alejandro la protege y la baja de la tarima.

A solas, Antonia amenaza a los mineros, advirtiéndoles que acabará con quien se atreva a tocar a David Suárez.

Luego se presenta ante el niño con una nueva computadora, pero Gabriela rechaza el regalo, pues sabe que la rifa fue amañada y le pide a Antonia que no le enseñe a hacer trampas a su hijo.

Alejandro está presente y le reclama a su madre lo que hizo. Ella finge resignación, pero al salir se encuentra con David, quien le agradece todo lo que ha hecho por él.

La cercanía y la influencia de Antonia sobre su nieto siguen creciendo.

Inocencia muere en brazos de Gastón sin alcanzar a decirle quién la atacó. Julio sabe que fue Lagarto, pero aprovecha la tragedia para acusar a Gastón del asesinato.

Ricardo lo interroga como fiscal y nota que es inocente, pero Aníbal lo obliga a hundir al periodista porque es su enemigo.

El Tigre Suárez acude a la comisaría en defensa de Gastón, pero ni siquiera le permiten verlo. Se marcha sospechando que todo es una trampa para eliminar a sus aliados.

Decide ir al Chamuco y allí descubre a Alberto y a Ramón, quienes no notan que El Tigre los espía y siguen buscando la mina por órdenes de Antonia.

Julia no cae en la manipulación de Irene, se niega a llamar a Fernando al centro de rehabilitación, pero Irene anota el número telefónico y, a escondidas, es ella quien llama a su cuñado para avisarle que Alejandro y Gabriela van a casarse.

Fernando enloquece y logra escapar del centro de rehabilitación. Antonia se entera y le exige a Julio que capture a su hijo antes de que llegue a San Pedro, pero ya es demasiado tarde, pues Fernando se presenta ante Alejandro en su habitación del hotel, armado y a punto de dispararle.

Ricardo cede a la presión de su padre y le pide a Gastón que firme una confesión, declarándose culpable por homicidio no intencional contra Inocencia.

Alejandro logra desarmar a su hermano. Fernando se desmorona y le confiesa que Gabriela fue su mujer y David es su hijo. Alejandro queda absolutamente atónito.

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