¿Qué pasó con Keiko, la orca de Reino Aventura, después de que la “liberaron”?

Su final no fue tan feliz como el de ‘Liberen a Willy’, pero estuvo muy cerca de serlo

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En la década de los 90 existió una orca que conquistó a todo el mundo. Ni Shamu (la famosa orca de Sea World) le llegó al corazón a la gente de la forma en la que Keiko lo hizo. Esta “ballena asesina” que, aunque era de origen islandés, pasó gran parte de su vida en México, se lanzó a la fama mundial gracias a su protagonismo en la película Liberen a Willy. Además de las novelas y películas mexicanas que protagonizó.

La idea de lograr que una orca en cautiverio volviera a su lugar de origen cautivó a gente de todas las edades y rincones del mundo. El impacto de la película fue tan grande que llevo a la creación de la fundación “Free Willy-Keiko”.

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El plan consistía en lograr que Keiko dejara su pequeño estanque en la Ciudad de México y que volviera a Islandia para reunirse con su familia y pasar ahí el resto de su vida. O sea, convertir la famosa película en una realidad, pero a cargo de científicos y expertos, en lugar de un niño de 13 años. Se hicieron colectas, los actores de las películas se unieron al proyecto y varios inversionistas y asociaciones decidieron apoyar la causa para liberar a Keiko realmente.

En cautiverio las orcas difícilmente viven más de 35 años, incluso Shamu, la imágen de Sea World, murió en 1971 cuando solo tenía unos 6 años dando shows. Estos parques más de 60 orcas han muerto, pero casi nunca nos damos cuenta porque a la orca principal de los shows siempre recibe el nombre de Shamu y parece que ha vivido por décadas. Keiko tenía 20 años cuando inició su travesía hacia la libertad, dándole a todos los involucrados la esperanza de que lograra vivir más allá de los 35 años.

Si viviste en la Ciudad de México a finales de los 90, tal vez recuerdas que hubo todo un evento para despedirlo cuando inició su aventura para regresar a su hogar. La gente salió a las calles para decirle adiós a Keiko y desearle buena suerte en su nueva vida.

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Luego de que Reino Aventura donara a Keiko a la fundación, y de que se aliaran con el Oregon Coast Aquarium en Newport, la orca por fin pudo iniciar su largo camino a la libertad. Primero fue llevado a Oregon, en Estados Unidos. Ahí vivió en un estanque más grande, con agua salada y hasta peces que nadaban a su lado, para que aprendiera a cazar de nuevo.

El proceso de recuperación y re adaptación fue largo, Keiko tuvo que aprender a volver a comportarse como un animal salvaje y dejar de depender tanto de los humanos. Además, su salud en México era muy mala, así que este tiempo también sirvió para ayudarlo a sanar. Después de 18 meses en Estados Unidos, la fundación decidió que estaba listo para el siguiente paso: volar a Islandia.

Keiko llegando a Islandia
Reuters

En 1998 llegó a la bahía de Klettsvik en Vestmannaeyjar, Islandia, en donde le habían construido una especie de corral en el mar que tenía el tamaño de unas 20 canchas de futbol. Keiko fue entrenado para dejar de hacer caso a los barcos que pasaban por la zona, y el contacto humano se le fue limitando, para que entendiera que ya no debía depender de ellos. Pronto comenzó a interactuar con otras orcas en libertad.

El proceso llevó tiempo, el cetáceo se enfermó del hígado y pulmones en esa época y tuvo que ser movido a Noruega por un tiempo para ser tratado. La fundación Ocean Futures Society abandonó el proyecto y la liberación de la orca quedó en manos de la Sociedad Humanitaria de Los Estados Unidos. Regresó a Islandia y después de todo el drama, la rehabilitación y las inversiones millonarias… se decidió que era momento para liberarlo.

El 11 de julio de 2002, Keiko se convirtió en la primera y única orca que fue puesta en libertad tras haber pasado la mayor parte de su vida en cautiverio. Y aunque hasta aquí la historia suena tan inspiradora que da para hacer otra trilogía llamada “Liberen a Keiko”, las cosas no salieron como se esperaban.

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Aunque se acercaba a otras orcas y convivía con ellas, Keiko seguía regresando a buscar a los humanos. Era evidente que estaba atrapado entre los dos mundos y no sabía qué hacer. Finalmente, se unió a un grupo de “ballenas asesinas” y parecía que los esfuerzos habían dado frutos.

El chip satelital que lo rastreaba dejaba ver que, aunque seguía a las otras orcas, realmente nunca se integró al 100%, sin embargo, logró llegar hasta las costas de Noruega tres semanas después de ser liberado, el problema fue que, al ver personas, decidió abandonar a su grupo y quedarse en la costa conviviendo con los humanos.

Obviamente se volvió una sensación, hacía trucos, dejaba que la gente lo tocara y lo alimentara. Imagínate que un día estás en la playa y te sale una orca amistosa que solo quiere que le des amor.

Cuando sus cuidadores se dieron cuenta de lo que estaba haciendo, decidieron llevarlo a una zona aislada de Noruega para intentar evitar su contacto con los humanos. La orca permaneció en la Bahía de Taknes viviendo en un estado que no era precisamente cautiverio, pero definitivamente nunca fue libertad.

Finalmente, Keiko murió la tarde del 12 de diciembre de 2003 a causa de neumonía. Tenía 27 años. Aunque lo normal hubiera sido transportarlo al mar y dejar que su cuerpo se hundiera, la fundación decidió enterrarlo en Noruega.

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Se realizó una ceremonia privada y actualmente hay gente que todavía va y rinde homenaje al lugar en donde fue enterrado. Como parte de una tradición vikinga, existen personas que dejan piedras con mensajes sobre su tumba. Los últimos años de Keiko estuvieron llenos de controversia pero, aunque no logró ser liberado por completo y jamás dejó ir su lazo con los humanos, al menos pudo volver a casa y nadar en mar abierto. Para muchas personas, eso es suficiente para considerar su “liberación” como algo que valió la pena.

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