Un videojuego que tienes que checar.

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Jugamos El Hijo: A Wild West Tale, donde un niño enfrenta con su ingenio a forajidos del viejo oeste

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Sí, así se llama y la verdad es una experiencia interesante

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Los juegos independientes suelen llegar a ser experiencias interesantes. La razón es simple: cuentan historias poco comunes desde perspectivas únicas, a veces mediante gameplay poco explorado. Incluso cuando retoman puntos de vista, la forma en que los aborda puede crear un divertimento fuera de serie.

El Hijo: A Wild West Tale, es uno de estos proyectos en los cuales se busca retomar un gameplay ya conocido y darle un giro, a través de conceptos únicos, para volverlo especial. Hemos visto el sigilo desde hace más de 30 años en los videojuegos. Pero la forma en que se construye en este título se vuelve interesante.

Eres un niño. Tal cual. Vives en la frontera entre México y el Salvaje Oeste americano. Tu madre cuidaba de ti hasta que, un mal día, tu casa ha sido incendiada. Mamá debe dejarte al cuidado de un padre, pero esto no será el fin de la historia. Debes buscar a los responsables y hacerlos pagar. Claro, en un mundo lleno de forajidos.

Por más que sea un videojuego, el concepto deja en claro que estás en desventaja. Eres un pequeño armado con cosas cotidianas. No hay manera en la que puedas combatir a los bandidos que te rodean. A menos, claro, que uses la cabeza y el ingenio.

Al estilo de Hitman GO y otras experiencias ligeras, este título se basa principalmente en evitar que los enemigos puedan verte. Aprovechando los elementos de tu entorno para mantenerte a distancia y, claro, salir avante. El juego evita en la medida de lo posible el combate para que eliminar a los villanos no sea la opción obvia al momento de resolver las situaciones.

Los enemigos tienen patrones muy claros de movimiento, lo cual te da tiempo para pensar muy bien por dónde esconderte, hacia qué lugar moverte y cómo huir. Sin embargo, queda muy patente que la resolución de este acertijo tiene poco lugar para la experimentación. Los developers, visiblemente, han colocado una solución casi única que debes descubrir. Esto puede llegar a ser un poco tedioso, pero al final es parte de la magia.

Visualmente es un juego simpático, con un estilo de arte caricaturesco y de colores coloniales. Los tonos parecen darle aire de un juego infantil, pero no lo es tanto. Este contraste resulta genial a la vista. Por mala fortuna, la música entra en un repetitivo cliché del western y con el paso de los minutos se vuelve irrelevante.

El Hijo no es una obra maestra. Se trata, más bien, de un desarrollo interesante que aprovecha claramente los recursos a la mano. Es un juego de sigilo que suma detalles de puzzle y no explora mucho más allá de lo que desea construir. Así, al final del día, entrega un juego bien hecho a secas. Aunque muy disfrutable si te gusta pensar más que actuar.

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