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Para recrear el ambiente de vecindad, el escenógrafo necesitó de la experiencia de un utilero

Por: Jorge Guerra /Redacción Memorias Televisa

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Yo entré como utilero a Televisión Independiente de México, Canal 8, y me tocó participar como utilero de El Chavo del Ocho. El encargado de realizar la escenografía no tenía idea de cómo era una vecindad de la Ciudad de México, pero yo sí vivía en una típica vecindad. Había dos, tres personas a los que les decíamos los riquitos porque comían diario, tenían hasta su gas.

Reparto de El chavo del Ocho

Cuando entré al foro y vi la famosa vecindad, pensé que estaba muy elegante, pero no dije nada porque era mi primer día. Al poco rato, llegó Chespirito y tampoco le gustó: "¡No, no, no, está muy elegante! -dijo al escenógrafo-. Fíjate que Don Ramón, que va a ser la cabeza, no tiene trabajo, vive de nada, de nada sirve, tiene una hija que ahí nada más la dejó su mujer, toda chamaquita, anda solita y ya... El Chavo, que soy yo, andaba en la calle, me metí aquí y aquí me quedé. Imagínate cómo debe ser la vecindad. Florinda Meza es la que tiene más dinero y hay que arreglar más su cuarto." Cuando escuché a Chespirito pensé "¡No, pues yo estoy en mi mero mole!", así que inicié la transformación: puse varias macetas en huacales; un boiler que ni servía, nomás estaba de lujo, abajito puse unas leñas; en la ventana, cuatro tabiques como escaloncitos y unas macetas en latas de pintura. Se habían puesto pájaros, pero hacían mucho ruido, entonces se quitaron, nomás estaban las jaulas vacías, pero se veían bonitas. El cuarto de El Chavo era un sofá al que se le pusieron unos tabiques de patas y lo ensuciamos para que se viera viejo. Cuando se hizo la fusión y el señor Azcárraga se vino a San Ángel, comenzó a revisar todo, todo, todo. Un día que estaba arriba sacando las cosas de "El Chavo", me vio cargando el sofá y me preguntó si lo iba a tirar a la basura; yo le contesté que era parte de la escenografía de la vecindad. No lo podía creer, "¡Pero ¿esa porquería, así como está?!". Yo traté de explicarle que era la casa de El Chavo, pero él me dijo: "¡No puede ser. Sabes qué, tírala, yo me hago responsable, ve a ver al señor O'Farril" Cuando fui con el señor O'Farril, me pidió que lo arreglara un poco; pero cuando le conté a Chespirito lo que había pasado, me dijo "¡No, no, no, eso no lo corrijas, así déjamelo... Voy a platicar con él." Ya me imagino lo que platicó con él, porque el sillón se quedó así hasta el último programa.