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La llegada del hombre a la Luna el 3 de marzo de 1969 fue el mayor acontecimiento televisado del siglo pasado. Don Pedro Ferriz Santa Cruz se ganó el derecho de transmitirla con muchos conocimientos y un poco más de picardía...

Por: Pedro Ferriz santa Cruz / Redacción

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Don Pedro Ferriz Santa Cruz era uno de los comentaristas más importantes de la televisión mexicana. Hombre de gran cultura y buen conversador, siempre tuvo una especial inclinación por el espacio. Él fue quien nos convenció de que "Un mundo nos vigila" antes de que Jaime Maussan hubiera nacido y vivido los "encuentros del tercer tipo".

Don Pedro se ganó el derecho inalienable de transmitir la llegada del hombre a la Luna, cuando utilizó todas sus artes de convencimiento para que Mario de la Piedra accediera a realizar un control remoto desde Texcoco para transmitir el lanzamiento del Apolo VIII. Así lo recuerda:

"Mario de la Piedra estaba escéptico acerca de esta transmisión, pues creía que era difícil para esa época. Insistí tanto que, un tanto harto de mí, Mario me puso a prueba y me autorizó a hacerlo, advirténdome que tendría que estar listo a las cuatro de la mañana. Para mí era tan importante que me comprometí a no dormir si era necesario.

Aceptado el proyecto, los meses siguientes me preparé a fondo... La fecha se acercaba y ya era un experto en cápsulas espaciales, satélites, plataformas de lanzamiento. Conocía los códigos usados por la NASA, sus instrumentos, las rutinas de los astronautas...

Tal como lo prometí, el 21 de diciembre de 1968, llegué mucho antes de la hora señalada para el inicio de la transmisión... Me coloqué en el lugar desde donde transmitiría, repasé con cuidado el guión que había preparado... Me sentía muy emocionado, pero también un poco nervioso pues sabía que Don Emilio Azcárraga Vidaurreta estaría viéndome, pues nunca se perdía las cosas importantes...

En el monitor surgió impecable la imagen transmitida desde la plataforma de lanzamiento... Yo estaba muy atento para seguir el curso del audio original... 5... 4... 3... ¡2! Nada... silencio absoluto... La imagen llegó perfecta, pero la señal de audio original nunca llegó... Así que, a la velocidad del sonido, empecé a sacar las notas que había escrito en mi guión... Sin más argumento que mis manos y como si yo mismo fuera en el Apolo VIII, narré minuto a minuto aquel lanzamiento... Don Emilio quedó tan feliz, que ese mismo día ordenó "De ahora en adelante, todas las transmisiones del espacio las tiene que hacer Pedro." Y así fue por muchos años."