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Antes de los megaprogramas como Siempre en Domingo o Teletón, en 1969 TIM realizó 36 horas ininterrumpidas de transmisión en vivo.

Por: Mario Díaz Martínez/ Redacción

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En la historia de la televisión, 1969 es recordado por los avances técnicos que se fueron introduciendo, como el videotape. En sus orígenes, la televisión se hacía totalmente en vivo, enfrentando miles de imprevistos como ruidos ajenos a los programas, escenografías que se caían, cámaras que se movían como locas... Así que, la llegada del videotape fue vista como una verdadera bendición: a partir de entonces, si algo salía mal, se volvía a grabar la escena y listo.

El 16 de julio de 1969 se realizó el primer gran programa en vivo al aire: el viaje del Apolo XI a la Luna. ¡Por fin, el hombre pisaría la Luna y se descubriría el gran misterio! ¿Sería de queso?, ¿tendría un conejo estampado?, ¿un grupo de selenitas recibirían a Neil Armstrong, Michael Collins y Edwin E. Aldrin?, o ¿quizá se encontrarían con los personajes de Perdidos en el espacio? El mundo estaba expectante y México no era la excepción.



Tras intensos meses de preparación, empezó la cuenta regresiva... 36 horas ininterrumpidas de transmisión desde los preparativos del lanzamiento hasta la conquista de la Luna. La emoción que sentían los astronautas era parecida a la que invadía a los técnicos y equipo de producción de Televisión Independiente de México. Era la primera vez que se hacía un programa maratónico en vivo y nadie tenía clara la idea de la continuidad. Pero con el espíritu emprendedor de aquellos pioneros, el ingeniero Mario Díaz Martínez y su equipo se las iban ingeniando. Tras un rato de estar transmitiendo, se escuchó desde el master la voz del productor ejecutivo pidiendo que pasaran escenas muy específicas de lo que hacían los astronautas. Llevaban como 30 cintas de grabación continua, ¡¿cómo localizar de inmediato el momento preciso que pedía el productor?!

Otra vez, el ingenio y la astucia salvaron aquella transmisión... Uno de los ingenieros había grabado en cintas pequeñas algunos aspectos que le parecieron interesantes y que, afortunadamente,  coincidían con lo que estaba pidiendo el productor.

Días después, los productores y ejecutivos realizaron una reunión para festejar el éxito de la transmisión. Sólo entonces, el ingeniero Díaz explicó el problema en que se hubieran metido si no hubieran contado con aquellas pequeñas cintas grabadas por puro instinto. El productor casi se desmaya... Otra vez en la historia de la televisión mexicana, de un acto fortuito nació un importante sistema en la producción: la continuidad.